¿Está cambiando la dinámica de la guerra del Yemen?

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Cuando empezó la guerra de Yemen dijeron que era una cuestión de meses; en realidad los generales casi siempre dicen lo mismo para justificar sus aventuras, pero después de más de cuatro años los saudíes están atrapados sin poder ganar la guerra y sin poder salir de ella por la implicación que su retirada tendría en su conflicto mayor con Irán. Se metieron en un pozo del que no saben cómo salir.

Hace dos semanas su socio más importante, Emiratos Árabes Unidos (EAU), decidió salir por su cuenta del pozo; al fin y al cabo no tiene fronteras con Yemen. Su salida es una forma drástica de reconocer el fracaso militar y la necesidad de llegar a un compromiso político. Arabia Saudí se ha gastado anualmente entre 50 y 60 mil millones de dólares en la guerra y se estima que Emiratos no andará muy lejos de la cifra. De cualquier forma es difícil decir qué les ha llevado a dar este paso, pero posiblemente los nuevos drones y misiles huzíes han contribuido a que tomara esa decisión. Según fuentes saudíes los huzíes habrían disparado más de 500 misiles y mandado al menos 150 explosivos a través de drones, la mayoría en los últimos meses. Estos drones han llegado a golpear instalaciones militares situadas a 750 kilómetros de la frontera, incluido el aeropuerto de Abu Dabi. Expertos de Naciones Unidas han dicho que los drones huzíes tienen un alcance de 1.500 kilómetros. La supremacía aérea incontestable de la coalición ha terminado.

Los soldados emiratíes, estimados en 5.000, habían sido el puntal de la ofensiva terrestre contra el gobierno de facto huzí en Saná. Fueron ellos quienes al inicio de la guerra lideraron la ofensiva por la costa del Mar Rojo, tomando los puertos de Moja y Joja. El año pasado habían sido la vanguardia de la ofensiva por tierra para tomar el puerto de Hodeidah, el principal puerto yemení en el mar Rojo por donde entra el 90% de la ayuda humanitaria. El fracaso de la ofensiva llevó a las negociaciones de paz en Suecia, en donde se acordó a principios de este año dejar a Hodeidah bajo control de efectivos de Naciones Unidas para garantizar la ayuda humanitaria. Nadie quiere tener la responsabilidad criminal de la muerte de hambre de cientos de miles de personas.

También ha tenido que pesar en la decisión que, a pesar de tener 30 frentes de combate abiertos, el avance de la coalición ha sido mínimo. Los huzíes siguen controlando además de Saná un amplio territorio donde vive el 80% de la población. Los drones que han atacado los principales aeropuertos saudíes en sus montañosas provincias fronterizas con Yemen están consiguiendo desplazar el escenario de la guerra hacia el norte, penetrando incluso en territorio saudí. El impacto de estas armas ha sido tan poderoso que Ryad ha tenido que cerrar por la noche el aeropuerto de Abha.

Los soldados emiratíes no dejan buen recuerdo en Yemen. Amnistía Internacional les acusó de mantener cárceles secretas en las que se torturó y violó sistemáticamente a prisioneros yemeníes. Ha denunciado también desapariciones de prisioneros. https://www.amnesty.org/es/latest/news/2018/07/disappearances-and-torture-in-southern-yemen-detention-facilities-must-be-investigated-as-war-crimes/ Emiratos ha dicho que mantendrá una reducida presencia militar en Adén, la antigua capital del Sur de Yemen (parece que apoya un Yemen dividido y ha mostrado interés por la Isla de Socotra); y seguirá pagando los salarios de los 20 mil combatientes que coordinaba, entre ellos niños sudaneses reclutados por los janjaweed. Ha pasado su mando a los saudíes, aunque no está clara la capacidad de Ryad para manejar a estas 16 milicias, la mayoría locales, que combatían lideradas por Emiratos. Reuters denunció que Emiratos reclutó y pagó a militantes de al-Qaeda e ISIS para incorporarlos a sus milicias.

La retirada es significativa porque el príncipe Mohammed bin Zayed, el hombre a cargo de Emiratos, había acompañado a Mohamed bin Salman, el príncipe heredero saudí, en su visita a Washington para obtener a principios del 2015 la luz verde del Presidente Obama para empezar la guerra. Emiratos y Arabia Saudí comparten su aversión a Irán y los Hermanos Musulmanes dentro de una alianza estratégica por controlar los estrechos de Ormuz y Bab al Mandab, por donde pasan diariamente casi 25 millones de barriles de petróleo. Washington, su mentor, anunció recientemente que tiene planes militares para empezar a patrullarlos.

Los drones y misiles balísticos huzíes –fabricados posiblemente por ingenieros locales con la ayuda de ingenieros de Irán y Hezbolah– están cambiando el balance de la guerra y Estados Unidos parece estar dispuesto a compensarlo. En mayo los huzíes fueron capaces de golpear con éxito, en la provincia de Ryad, el oleoducto que une los pozos petroleros saudíes en el este, en Abqaiq, con los puertos de embarque en el Mar Rojo. Un oleoducto estratégico que permitiría al petróleo saudí escapar de los estrechos de Ormuz y Bab al Mandab para llegar al canal de Suez. El golpe muestra, dado el tamaño del oleoducto, 1.200 kilómetros, la imposibilidad de protegerlo en su totalidad. Los sofisticados misiles tierra-aire Hawk que lo custodian no han podido detener los ataques de los drones, que usan un pequeño radar muy sofisticado para esquivarlos.

La retirada de Emiratos parecía abrir una oportunidad para acabar la guerra. Hace una semana hubo negociaciones, facilitadas por Martin Griffiths, el enviado especial de la ONU en Yemen. Las conversaciones entre el gobierno de Hadi y el de los huzíes tuvieron lugar en un barco anclado en el Mar Rojo. Esos mismos días la cadena de televisión estadounidense CBS emitió imágenes de soldados llegados a la base Príncipe Sultán a 75 kilómetros al sur de Ryad, desplegando en el desierto sistemas de misiles antimisiles. Era la primera vez que el Pentágono desplegaba sus tropas en territorio saudí desde la guerra de Irak.

Lo novedoso de estas tropas en la guerra del Yemen es que no están integradas en un comando saudí. Operan bajo mando directo del Ejército de los Estados Unidos. Hasta ahora las tropas de Estados Unidos estaban interviniendo en la guerra, pero integrada con los militares saudíes. Los militares estadounidenses ayudaban a elegir objetivos en donde arrojar bombas de precisión y abastecían de gasolina a aviones de guerra saudíes en vuelo. Comandos de Boinas Verdes han participado en operaciones en zonas fronterizas entre Yemen y Arabia Saudí ayudando a localizar y destruir misiles balísticos. Lo mismo lo han hecho comandos ingleses durante la batalla de Hodeidah. Pero la llegada la semana pasada de un contingente de 500 soldados de Estados Unidos a territorio saudí cambiaba la lógica. Estados Unidos siempre ha caracterizado a los huzíes como agentes de Irán y es notorio, desde que Bolton está a cargo de la Seguridad Nacional, que la guerra contra Irán ha vuelto a la agenda de la política de Estados Unidos en Oriente Medio. El riesgo que de lo que hasta ahora ha sido una guerra local forme parte de una guerra regional aparecía en el horizonte de la mano de los halcones estadounidenses.

La decisión es polémica porque el Congreso de Estados Unidos mantiene un rifirrafe con el Presidente Trump por su ayuda militar a Arabia Saudí. Este mes por segunda vez ha pasado una resolución condenando la relación de la Administración del Presidente Trump con Arabia Saudí, tanto por las atrocidades cometidas en la guerra de Yemen como por el asesinato del periodista Jamal Kashoggi. Una resolución que se espera vuelva a ser vetada por el Presidente como hizo con la primera. El Pentágono ha justificado su decisión aduciendo la situación cada vez más crítica en el estrecho de Ormuz.

Esto ocurre mientras la situación humanitaria sigue sin mejorar. El último informe humanitario presentado al Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas advierte que el cólera en Yemen sigue en aumento y que la mayoría de la población sigue sin tener acceso regular a comida. Doce millones de yemeníes están amenazados de morir de hambre. Las Naciones Unidas calculan que si sigue la guerra la cifra de muertos alcanzará a finales de este año los 233.000. La desnutrición, el cólera y la escasez de medicamentos seguirán matando a más personas que las bombas. No se cansan de repetir que sin acabar la guerra no se puede acabar con la peor crisis humanitaria de nuestro tiempo. Es aterrador pensar en la posibilidad de que Yemen sea arrastrado a una guerra regional viendo su situación humanitaria.

Este artículo ha sido publicado enhttps://www.elviejotopo.com/topoexpress/esta-cambiando-la-dinamica-de-la-guerra-del-yemen/

 

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la disputa por el territorio, VIOLENCIA ETNICA EN EL OESTE DE ETIOPIA

A principio de mayo más de 200 gomuz fueron masacrados por amharas en la zona fronteriza entre las regiones federales de Benishangul-Gumuz y Amhara. Meses antes en Kamashe una zona de Benishangul-Gomuz al sur del Nilo Azul 150 mil oromos tuvieron que huir de sus comunidades instalandose muchos de ellos en campos de desplazados en Oromya. Mark Aguirre ha visitado estos campos para conocer como es la vida allí y las causas de la violencia étnica que esta convirtiendo a Etiopía en el país con mayor números de desplazados del mundo.L1221724.jpg

Esta area del oeste de Etiopía es una zona semi boscosa pero el primer campo de desplazados que visitamos estaba en Sasiga en una llanura de tierra seca. Las lluvias todavía no habían comenzado lo que permitía facilmente el acceso desde Nekemte. Era un campo relativamente nuevo. La ayuda humanitaria apenas había empezado a llegar. Aún con todo había casí12.000 desplazados y esperaban que llegasen 9.400 más durante esos días. Mientras estabamos llegaron varios camiones con familias. La mayoría expulsadas de sus comunidades en la zona fronteriza entre Wollega (1) (Oromya)y Kamashe (Benishangul-Gumuz) donde la tierras altas empiezan a perder altura. La mayoría campesinos oromos que habían sido expulsados de sus comunidades por campesinos gumuz. A medida que las familias de desplazados dscendían de los camiones eran conducidos a sus nuevas viviendas: una cabaña de 5 metros cuadrados construida con palos, tierra como suelo y plástico como paredes.

Habían diseñado el campo con las pequeñas viviendas una junto a otra formando calles como si de un nuevo poblado se tratase. Las letrinas estaban a un lado del campo. La brecha entre lo que necesitaban y la ayuda que recibían era enorme, incluso faltaba agua limpia. Cuando llegamos un grupos de niños empezó a rodearnos. Se pasaban el tiempo deambulando sin ir a la escuela. Contaban que cuando llegaron habían empezado a asisitir -una counidad cercana al campo los recibió bien, son oromos como ellos- pero después de varias semanas habían desistido. Sin trasporte necesitaban dos horas para ir a la escuela y dos para volver. Sólo una niña de nombre Najate había resistido y seguía yendo todos los días. Ahora pasaban el día en el campo ayudando a sus madres a traer agua o leña.

Un hombre se nos acercó. Tenía cubierta la cabeza con una bufanda a cuadros vestida a modo de turbán como hacen los musulmanes, le faltaba alguno de sus dientes. Se llamaba Tafaril. “Todos hemos perdido nuestra forma de vida y necesitamos ayuda para sobrevivir. La huida de nuestras comunidades fue tan difícil como cuando nos echaron violentamente de nuestras casas. Hasta hubo una mujer que dio a luz en el trayecto sin ayuda. Cuando oímos los disparos y los gritos salimos disparados de la casa con lo que llevabamos puesto. Dejamos todo atras. Ni una muda. Fueron tres días duros caminando por el bosque sin apenas comida.Teníamos miedo de que nos persiguieran. Vi morir a gente por las flechas que disparaban (los gomuz) escondidos en los árboles.”

No sabe cuantos murieron durante el conflicto pero tiene conocimiento directo de cuatro personas. Se ha reportado evidencia de al menos 72 muertos , 4 de ellos niños. La mayoría en enfrentamientos armados entre oromos y gomuz. Pudó haber más pero no ha podido ser verificado. El acceso a ciertas zonas de Benisahngul-Gumuz son difíciles. Son datos antes del recrudecimiento del conflicto a principios de mayo en el norte que no se sabe como va a afectar en la zona.

Los conflictos nacen localizados pero en la situación política que vive el país se expanden como el fuego en un bosque seco. La población se alínea rapidamente en términos étnicos. En la Etopía rural todavía el poder comunitario y colectivo es muy fuerte. Estos campesinos sometidos a politicas de modernización productiva y cultural las enfrentan identificandose en etnias con potentes raíces antropólogicas. La modernización y el desarrollo hacen sus estragos en la vieja sociedad. El nuevo gobierno interviene lo menos posible. Hay llamas en todas las esquinas del país. La mediación es difícil y Abiy el nuevo primer ministro no quiere perder la fama que ha ganado al dejar la represión a un lado para enfrentar los problemas. Sólo en Wollega hay 23 campos de desplazados oromos. Toda la frontera entre Wollega y Kamashe esta afectada por el conflicto.. Estamos hablando de cientos de kilómetros de frontera, desde Gimbi hasta Bambasi y desde Haro Lima hasta Nekemte. Al menos 157.240 oromos habían sido obligadas a salir de sus comunidades y buscar refugio en Oromya. La mitad menores de 18 años. Había también campos en Benishangul-Gumuz con gumuz desplazados de Oromya pero los grupos de ayuda humanitaria no podían llegar por la inestabilidad.

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El conflicto estalló en septiembre cuando el gobernador de la zona de Kamashe, el vicegobernador y el jefe de la policia fueron ejecutados por hombres armados. Un comando posiblemente del Frente de Liberación Oromo (FLO) detuvo en Oromya al coche en que viajaban de regreso a Kamashe. Les obligaron a salir del mismo y les dispararon. Estaban regresando de una reunión con funcionarios oromos para discutir la manera de resolver las tensiones crecientes. La presión del nacionalismo oromo se sentía muy fuerte en Khamase y querían pararlo. (2)

Los oromos habían propuesto cambiar el amariña la lengua amhara por el oromo como segunda lengua oficial en Kamashe. Había habido muchas quejas de maltrato y vejaciones de los gomuz en la zona oroma cuando viajaban a Assosa, su capital. Eran días en que había rumores de que Abiy el nuevo Primer Ministro de Etiopía, que es oromo, había llegado a un acuerdo con las autoridades de Wollega para quitar tierra a los gomuz y darsela a los oromos. Eran falsos pero la presencia del FLO en la zona, la paralisis inicial del ejercito (3) y el asesinato de las autoridades gomuz se malinterpretaron disparando el conflicto.

En la ciudad de Kamashe jovenes gomuz salieron a la calle gritando “oromo regresa a tu país¨. El 35% de la población del distrito de Kamashe es oroma. La mayoría campesinos pero tambén trabajadores del gobierno y comerciantes. Los ataques violentos en represalia al asesinato empezaron. Los gomuz responden muerte por muerte. Su sistema de justicia sigue anclado en la vieja ley de revancha. Hubo un intento de asaltar el deposito de armas por jóvenes gomuz pero las autoridades lo impidieron. En medio de los enfrentamientos miles de oromos huyeron de Kamashe y gomuz de Oromya. El conflicto se extendió rapido por todo el área fronteriza. En días había decenas de miles de desplazados.

A principios de mayo me reuní en Adís Abeba con Juan González un misionero comboniano y periodista de la revista Mundo Negro que ha vivido más de una década con los gomuz y ha publicado dos libros de carácter antropólogico sobre ellos. Acababa de regresar de Kamashe. Habían pasado más de seis meses desde el ataque pero la tensión seguía. En Metekel una zona al norte de Kamashe en la orilla norte del Nilo azul al menos 250 personas habrían muerto de forma violenta esos días. La mayoría gomuz masacrados por milicias amharas en los distritos de Jawe y Dangur. Los nacionalistas amharas se vengaban del asesinato de 18 amharas a manos de gomuz después de que varios jovenes gumuz habían sido asesinados por la policía en una disputa por el precio de los billetes en un autobús.

Juan González decía que el conflicto tenía raíces históricas. Benishangul-Gumuz fue incorporada administrativamente a Etiopía sólo en 1902 despues de ser conquistada por el emperador Menelik II y ser reconocido por Gran Bretaña que gobernaba entonces Sudan y con que es frontera Benishangul-Gumuz(4). Los gomuz llegaron a Kamashe atravesando el río Nilo desde el norte a final del siglo XIX , mientras los oromos llegaron desde el sur de las zonas altas de Wollega quizá antes, pero había mucho territerio semi boscoso vacío, era una tierra de nadie. Kamashe era una zona muy poca poblada. Cuando los gumuz empezaron a llegar no había conceptos ni de limite fronterizo ni de propiedad. El que ocupaba la tierra tenía el derecho sobre ella. Los oromos mismos atravesaron el río Nilo hacia el norte colonizando la zona montañosa de Wenbera donde cultivan café.

Las dos etnias reivindican sus derechos. Los oromos les dicen a los gomuz “Vosotros sois sudaneses marcharos a Sudan. Esta tierra es nuestra”. Los gomuz les dicen que cuando llegaron aqui no había nadie y que esa tierra es suya. “Hay una relacion dificil entre otras cosas porque los gomuz son de raza sudanesa son nilóticos y los highlanders sean oromos ó sean amharas los desprecian. El gumuz es muy suceptible y tiende a reaccionar violentamente ante cualquier ataque y eso es lo que esta pasando ahora estos días en el norte, en Metekel”, decía Juan González.

Puede que Benishangul-Gumuz haya sido absorbido como territorio formal de Etiopía a finales del siglo XIX pero ha estado ligado a lo que se ha llamado la Gran Etiopía desde que existe un poder político estructurado en las tierras altas. Estamos hablando de hace más de 2000 años cuando una monarquía empezo a establecerse en Aksum. En estas tierras bajas del oeste los poderosos de las zonas altas, donde residía el poder político, se han abastecido de oro, marfil y esclavos durante siglos para su consumo y el comercio del mar Rojo. Los señores etíopes renunciaron a cultivar estas tierras en nombre del comercio y sus impuestos. Hasta la segunda década del siglo XX hacían razias sistematicas en busca de esclavos y cazaban elefantes y otras especies valiosas. Hacia 1930 la esclavitud había acabado -Etiopía es uno de los países que mas tardó en abolirla- pero los etíopes de las zonas altas siguen discriminando a los de las zonas bajas del oeste. Los consideran inferiores. Sin posibilidad de cazar esclavos las tierras bajas pasaron a ser explotadas de manera diferente.

La vieja manera de explotar el territorio de las tierra bajas había permitido paradójicamente a los gomuz conservar un extenso territorio hasta practicamente finales del siglo XX. Los gomuz vivían cultivando la tierra esparcidos en comunidades poco pobladas y dispersas, apenas comunicadas entre sí, a dos o tres horas de camino de la primera escuela o clínia.

“Cuando llegue a Gomuz rascaban con una azada, quemaban y sembraban. El sitio erá suyo por dos o tres cosechas. A los dos o tres años cambiaban de sitio y buscaban otro. La tierra era muchisima. Para que te hagas una idea le dieron a una empresa india 50 mil hectáreas y no tuvieron que desalojar a nadie. Había abundante tierra. Con esa excusa el gobierno empezó a concentrar a los gomuz en poblados y a disponer de su territorio. Esto ocurre con Meles. Estamos hablando del año 2012-2013, una fecha muy reciente¨decía Juan González.

En Etiopía la tierra es del Estado y puede ajudicarla a su criterio. El gobierno pensaba que los gomuz tenían demasiada tierra en un país que necesitaba al maximo recursos para el desarrollo y para una población creciente. Empezó a concentralos y a construir grandes poblados. Al mismo tiempo repartieron entre tres y cinco hectáreas de tierra a cada familia gomuz. Había suficiente para no tener que echarlos de su tierra como hicieron en Gambella con los anuak. Los convirtieron de la noche de la mañana en campesinos con propiedad. La tierra que sobraba después del reparto, el gobierno la entegó a inversores privados nacionales e internacionales. Necesitaba divisas para financiar su proyecto de industrialización.

La forma tradicional de cultivo empezo a desaparecer. Los gumuz ya no podían moverse a buscar nueva tierra. Estaba ocupada por el agronegocio. El cultivo de corta y quema murió. Para sacar productividad a su lote tuvieron que recurrir al arado que no sabían usarlo. Acabaron trayendo campesinos agaw de las zonas altas que si sabían arar(5). También cambiaron lo que sembraban. Empezaron a hacerlo por dinero y no para consumo. Sembraron sesamo o cacachuete para el mercado. Los agaw que llegaron con sus arados pagaban una renta o repartían la cosecha con los gumuz los nuevos propietarios. Pero han acabado quedándose aunque no pudieran poseer por ley la tierra en una región que no es la suya. La presión demográfica es fuerte en sus comunidades de la región Amhara y estan hambrientos de tierra. En Yaso una woreda de Kamashe a orillas sur del rio Nilo han pedido a los amharas que regresen a sus comunidades de orígen pero estos se resisten. La tierra que hace dos décadas era abundante ha dejado de serlo. En veinte años los gomuz pasaron de cultivar como se hacía antes de que se inventara el arado y de usar el arco al telefono mobil. Los jovenes no quieren saber de la vida tradicional y los viejos piensan que su época ha acabado. La amenaza histórica de las razias de los de las zonas altas en busca de esclavos ha sido sustituida por la amanaza de perder lo que queda de su tierra y su forma de vida.

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Cuando en Sasiga nos movíamos por caminos de tierra visitando campos de desplazados veíamos a grupos de jóvenes oromos patrullandolos armados con lanzas como las que había visto en el múseo de Nekemte la capital de Wollega. Era obvio que la crisis se había expandido hasta aqui y que había tensión y miedo a repesalias de los gomuz. ¿Porqué los incidentes que habían ocurrido en la ciudad de Kamashe a más de cien kilómetros se habían extendido como la polvora hasta la frontera con el este de Wollega?

Era cierto que los rumores que habían ayudado a desencadenar la crisis eran falsos pero movían un conflicto por la tierra latente en esta zona fronteriza entre oromos y gomuz. Administradores de uno de los campos que visitamos nos explicaron que había una categoría de desplazados que no estaban en los campos. Eran campesinos oromos que tenían su vivienda en Sasiga (Oromya) pero cultivaban tierras en Balo (Kamashe). Los consideraban “dsplazados” porque ahora los gomuz no les dejaban entrar a recoger la cosecha. Los gomuz tienen miedo de que los oromos acabasen quedandose con su territoro.

Antes de que el nuevo regimen de 1991 instaurarse el federalismo la zona de Kamashe pertenecía a Wollega una de las provincias administrativas durante el Derg. Tanto en Sasiga en Oromya como en Balo hoy en Kamashe se cultivaba trigo bajo control de las autoridades oromas en Nekemte. La nueva división territorial instaurada por el regimen de Meles que separaba Kamashe de Wollega para crear una nueva región federal tenía sentido porque la población era mayoritariamente gomuz. La herida que abría la ruptura se intentó corregir impulsando ma-trimonios entre las comunidades oromas de las zonas altas y la de los gomuz de las bajas; a la vez que se reforzaron los lazos economicas y sociales entre ámbas. El acuerdo funcionó a medias. Las nuevas fronteras no estuvieron propiamente marcadas lo que facilitaba esporadicos brotes de violencia sobre quien debía administrar ciertas zonas y quien explotar los recursos de arena y bambu que hay en el área.

De cualquier modo Kamashe no se libró de la política del gobierno federal de entregar tierras bajas de Benishangul-Gumuz a grandes inversores agricolas. El Ministerio de Agricultua planeó tranferir a inversores en todo Benishangul-Gumuz 619.900 hectareas. La mitad de ellas habían sido entregadas en arriendo a final del 2018, de ellas 40.000 en Kamashe. Sólo en Kamashe hay 29.500 hectareas entregadas a inversores baldías a los ojos de campesinos a los que le falta tierra. Han sido finlandeses financiado por la cooperación de ese país los que han hecho el reparto de títulos de propiedad a los campesinos. Los europeos financian gustosos los proyectos de adjudicación de propiedades porque libera tierra para potenciales grandes inversores.

El reparto ha creado nuevos problemas. Hay fincas ubicadas a ámbos lados de la frontera pero los oromos cobran todos los impuestos incluídos los que debían cobrar las woredas de Kamashe. En los primeros años del siglo XXI campesinos oromos de los alrededores de Harar, su tierra estaba dejando de ser productiva por las sequías, fueron relocalizados en una área que tradicionalmente había pertenecido a los gomuz generando resentimiento. Eran estos nuevos y viejos problemas lo que estaba debajo de la superficie de la crisis de desplazados
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Naiara es una médica cirujana vasca. Estaba trabajando temporalmente en Sasiga como voluntaria para Médicos sin Fronteras. Llevaba semanas de campo en campo de dsplazados entregando médicinas o viendo enfermos. Coincidimos en uno de los escasos centros de salud que hay en la zona y nos encontramos después en Nekemte. “La vida en los campos es una vida de dificultades”, decía. No había todavía desnutrición severa aunque muchas mujeres y niños estaban malnutridos. Puso el número en un 40%. Los desplazados padecían las enfermedades normales que suele haber en los campos: infecciones de piel, urinarias, respiratorias, diarreas… Se requerían medicinas, sobre todo disoluciones pedríaticas para los niños. Había enfermos que en la huida habían perdido sus papeles y no podían conseguir ayuda oficial. Había problemas de transporte pero incluso si no los hubiera los desplazados no tendrían dinero para pagarlo. Muchas familias llevan meses en los campos y han acabado con sus ahorros. “Necesitan una pequeña ayuda monetaria”, decía. Naiara confirmó la muerte de personas a causa de heridas de flecha o envenenadas por ellas. Habían tratado pacientes heridos con largos cuchillos. Habían atendido también casos de enfermos con crisis mentales. Personas traumatizadas a causa de la brutal violencia que habían sufrido o presenciado. Cinco de ellos habían atacado violentamente a sus propias familias en los campos. Había personas desaparecidas entre ellas 34 niños.

La falta de comida era quiza el mayor problema en los campos. Los desplazados se movían de campo en campo buscando uno en donde se entregase suficiente comida. Pero incluso si lo encontraban no acababan comiendo lo que necesitaban. Se veían obligados a vender parte del suministro que reciben (un saco de maiz o arroz, algo de aceite y azucar y jabón…) para conseguir algo de dinero. Lo necesitan para comprar otros productos o moverse fuera del campo. Llamaba la atención la falta de comida porque el acceso al menos a los campos que visitamos era fácil. Cualquier camión podía llegar aunque el firme fuese de tierra ¿Porqué no llegaba en las cantidades que se necesitaba?

Uno de los enfermeros de un centro de salud que visitamos pensaba que era parte de la política del gobierno para que regresen a las comunidades. Una situacíon similar había visto en los campos de desplazados de Gadeo, en el sur de Etiopía a los que se les había bloqueado la entrega de comida. El gobierno quiere que los desplazados -Etiopía tiene 2.8 millones de personas desplazadas- regresen a sus lugares de origen cuanto antes pero la situación no lo permite.

Los desplazados en Sasiga tomaban sus decisiones a base de rumores. Según lo que escuchan se van acercando o alejando de sus comunidades. Puede un día vacíarse un campo para volverse a llenar a los días siguientes. Desplazados que habían vuelto a sus comunidades -lo habían tenido que hacer escoltados por militares- habían acabado regresando de nuevo a los campos de desplazados. No se sentían seguros.

Juan Gonzàlez decía que hay una situación de calma pero la situación no esta normalizada. Hablaba de la ciudad de Kamashe como unas ciudad semidesierta donde quedan pocos oromos. La mayoría trabajadores del gobierno. Apenas circulan vehículos. Alguna camioneta que trae algo de mercancía y dos autobuses. Uno que va hacia el norte al Río Niio, hacia Yaso y el otro hacia Assosa, la capital, por el interior. La situación es tan tensa todavía que han reparado urgentemente con picos y palas una vieja carretera de tierra para evitar viajar por la nueva que atraviesa Oromya.

Han pasado seis meses desde que estalló la crisis pero la situación no mejora o al menos no lo suficiente. El miedo sigue presente. Mientras los gomuz siguen sin atraverse a viajar a a través de Oromia, los oromos no se atraven a regresar a Kamashe. Para colmo de males el conflicto se ha extendido hacia el norte. La incertidumbre sobre el futuro político de Etiopía no ayuda a solucionar las crisis escondidas que la primavera política en el Cuerno de Africa esta destapando. El régimen ha cambiado de cara pero no ha definido todavía el nuevo rostro que quiere.

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(1) Leído Wol-lega

(2) El nacionalismo oromo es muy fuerte en Wollega. Esta zona de Oromya es uno de los centros de su resistencia. La bandera del Frente de Liberación Oroma esta pintada en cada pueblo que atraviesa la carretera que desde Adís Abeba va a Assosa. El FLO tiene una larga historia. Fue parte de la alianza de rebeldes que derrotó en 1991 al regimen militar del Derg. Pero decidió quedarse al margen del nuevo regimen federal que se instauro. El FLO fue ilegalizado y etiquetado como organización terrorista. En junio del 2018 con la primavera politica etiope fue legalizado y sus líderes regresaron a Etiopía para participar en la democracia. El FLO es visto como un competidor deñ Partido Democratico Oromo al que pertenece el nuevo Primer Ministro Abiy. En Wollega muchos jovenes se han afiliado al FLO y se han incorporado a la guerrilla. Nekemte estuvo paralizado en una huelga que protestaba el uso de aviones miliatares contra los militantes. El gobierno ha informado de arrestos en campos de entrenamiento militar del FLO y la requisa de armamento.

(3)Los militares tardaron en actuar. Cuando vieron las intenciones del FLO tras volver del exilio desplegaron unidades militares de elite en la zona. Hasta desplazaron uno de sus comandos operativos especiales del norte del país -Abiy había llegado a un acuerdode paz con Eritrea- a Assosa la capital de Benishangul-Gumuz.

(4)Benishangul-Gumuz fue establecida oficialmente como región federal en 1995 cuando se aprobó la nueva Constitución. Fue creada con la franja más occidental de la provincia amhara de Gojjam y la parte noroccidental de la provincia oroma de Wollega. Zonas en que amharas y oromos eran minorías. Hace frontera al oeste con Sudan y es atravesada por el Nílo azul. En su territorio se esta construyendo la polémica gran presa sobre el Nilo. Los Gomuz un grupo nilótico son los mas numerosos pero hay otro grupos ètnicos. Berta y Kwama también nilóticos y Shinasa y Mao de origen omótico.

(5)Los agaw es un grupo étnico campesino de la región amhara que cultiva con arado. Se piensa que era el grupo originario de lo que es hoy Amhara cuando el poder de Aksum más al norte empezó a expandirse militarmente hacia el sur en el siglo IV o V de nuesta era. Estan ligados en muchos aspectos con los amharas pero han perservado su lengua propia pertenece a la rama cushita (el amariño es semtitica) y otras costumbres ancestrales. Pero la mayoría de los agaw estan muy amharizados. Muy posiblemente los judíos etiopes conidos como falasha podías tener su origen en grupos de agaw que para ressitir al cristianismo ortodoxo de Aksum adoptaron el judaísmo.

Este artìculo ha sido publicado en https://www.elviejotopo.com/revista/el-viejo-topo-num-377/

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Contrarrevolución en Sudán de la mano de Arabia Saudí

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El pasado lunes Jartum amaneció como un campo de batalla. Las Fuerzas de Ayuda Rápida (Janjaweed) llegaron de todas las direcciones disparando fuego real al campamento que la Revolución mantenía desde principios de abril cuando decidió convertir una marcha en una sentada permanente enfrente del cuartel general de los militares. Al menos 65 ocupantes fueron asesinados y otros cien heridos de bala. Los detenidos se cuentan por centenares. Las tiendas para dormir y otras instalaciones fueron quemadas. El campamento destruido.

No había ninguna excusa para la brutal represión. Los revolucionarios habían apostado por la resistencia cívica y habían convertido el campamento en una ocupación festiva. Periodistas que lo habían visitado lo describían más como un festival contracultural de verano que como el escenario de una Revolución. Los ocupantes habían decidido mantener el campo hasta que los militares entregaran el poder a un gobierno civil para organizar unas elecciones creíbles. Sabían que la detención del dictador al-Bashir en abril y su sustitución por un Consejo Militar era nada más que un cambio de cara. Los generales genocidas en Darfur, los coroneles corruptos que se habían enriquecido ilegalmente con el petróleo, el oro o el comercio de ganado, o los que habían hecho negocios con la Unión Europea para frenar la migración en el desierto de Sudán, seguían. Bashir había sido depuesto pero el viejo régimen continuaba y querían derribarlo.

Durante dos meses la Revolución había estado en un impasse. Las demandas de la Revolución se habían estrellado contra el muro que habían levantado los militares. Pero el lunes entró en una nueva fase peligrosa. La semana anterior Jartum había conocido una huelga general para forzar a los militares a volver a la mesa de negociaciones de la que se habían retirado. El lunes los militares decidieron mover ficha para romper el impasse y tomar la iniciativa, hasta entonces en manos de la Revolución, destrozando su principal símbolo.

El mismo día del ataque los militares confirmaron que no querían más negociaciones y convocaron unilateralmente a unas elecciones a celebrar en nueve meses. Unas elecciones de ningún modo creíbles para la Revolución. Los militares han optado por una vía de confrontación para mantenerse en el poder de cualquier manera, como muestra el ataque al campamento.

El humo del campo desmantelado se veía el lunes en vídeos subidos en directo a las redes sociales en los que se apreciaba también la brutalidad de los Janjaweed y a jóvenes heridos de bala sangrando en el suelo, algunos inmóviles. De cualquier forma el asalto al campo no había paralizado a los ocupantes. Ellos dicen que el miedo lo perdieron hace tiempo. Los revolucionarios dispersados no volvieron a sus casas derrotados. La Asociación de Profesionales (SPA), la organización que está liderando la Revolución, llamó a continuar en las calles después de calificar el ataque de “traicionero” y de “sangrienta masacre”.

En otros vídeos se veía a jóvenes heridos en camas improvisadas en el suelo de hospitales haciendo el signo de la victoria. Los que no habían sido heridos o detenidos se habían organizado en pequeños grupos. Al Jazeera –sus periodistas habían sido expulsados el día anterior– mostraba imágenes de estos jóvenes levantando barricadas con ladrillos, piedras y neumáticos ardiendo. Incluso llegaron a cerrar uno de los seis puentes del Nilo para dificultar el movimiento de los Janjaweed, que habían empezado a detener a gente en hospitales y domicilios. La determinación de estos jóvenes permite pensar que puede que los militares hayan tomado la iniciativa, pero el curso de la Revolución todavía no está decidido. La Revolución sigue contando con el apoyo popular.

Los militares lo saben y tratan de compensarlo con la ayuda de Arabia Saudí, Emiratos Árabes Unidos y Egipto. Países que no quieren una Revolución en Sudán. No es casual que la contrarrevolución haya empezado dos días después de una visita del General Abdel-Fattah Burhan, el jefe del Consejo Militar, a Arabia Saudí y Emiratos Árabes Unidos.

Los egipcios, saudíes y emiratís quieren la continuidad del régimen militar porque han encontrado en Sudán suministro de agua; suelo agrícola para su seguridad alimentaria e inversiones; y soldados para su guerra del Yemen.

El propio al-Burhan fue el organizador del contingente sudanés que combate junto a Ryad contra los huzíes en Yemen. Los saudíes y emiratís aprovecharon la quiebra financiera –Sudán perdió dos tercios de sus ingresos estatales, que provenían del petróleo, cuando se separó de Sudán del Sur— para convertir a los militares sudaneses en sus clientes, desplazando a Qatar, Turquía e Irán –con quien mantienen una lucha por la hegemonía en la región. En abril, en medio de la crisis, Emiratos depositó 500 millones de dólares en la caja del tesoro sudanés. Forma parte de una cantidad prometida de 3.000 millones. La falta de pan, gasolina y medicinas es lo que desató las primeras manifestaciones que desencadenaron la Revolución, poniendo al régimen en peligro.

El número dos del Consejo Militar –muchos lo ven como el poder real– es Mohamed Hamdan Dagalo, conocido como Hemeti, también amigo de Ryad y Abu Dabi. Mientras al-Burhan estaba en Abu Dabi, Hemeti estaba en Jedda reuniéndose con Mohammed bin Salman, el príncipe a cargo de Ryad. Su poder le viene de ser el líder de las Fuerzas de Apoyo Rápido (Janjaweed). Las milicias árabes que estuvieron en la vanguardia del genocidio en Darfur. El núcleo de las milicias lo forman 7.000 hombres de la tribu árabe Rizaygat de Darfur, a la que pertenece Hemeti y que luchan en Yemen junto a las tropas de Emiratos. Fueron las víctimas de los Janjaweed en Darfur los que se presentaron en Jartum para sumarse a la Revolución. Se hicieron famosos en el campamento, porque trajeron con ellos fotos de su sufrimiento, que enseñaban desafiantes a los militares. Fueron los Janjaweed quienes llevaron a cabo la brutal represión el lunes. El poder parece estar cada vez más concentrado en los generales más violentos.

La escueta respuesta europea a la brutal represión se puede explicar porque el principal objetivo de su política en el cuerno de África es la estabilidad para evitar flujos de migrantes hacia el Mediterráneo. Los derechos humanos y la democracia los han aparcado en nombre de sus reaccionarias políticas migratorias, hasta el punto de que están financiando a los genocidas janjawees para que controlen las fronteras.

Es muy probable que el apoyo de la Comunidad Internacional al movimiento revolucionario democrático se quede solo en declaraciones y traguen lo que Arabia Saudí haga. Estados Unidos, Gran Bretaña, Francia o España lo están haciendo ya en Yemen, donde han sacrificado los derechos humanos a cambio del dinero de los accionistas de sus empresas de armamento, y es posible que vuelvan hacerlo en Sudán.

La Unión Africana ha dado un ultimátum hasta el 30 de junio a los generales sudaneses para que traspasen el poder a los civiles. (El pasado jueves anunció que suspendía a Sudan de la organización hasta que pase el poder a los civiles) Pero el presidente de la Unión Africana es Abdel Fattah el Sisi. Él mismo líder de un golpe de Estado sangriento en 2014 que derrocó al primer presidente elegido democráticamente en la historia de Egipto.

En estas condiciones es difícil imaginar cómo ciudadanos que han optado por una vía pacífica para llevar a cabo su Revolución democrática pueden parar a un ejército conocido por su genocidio en Darfur. Pero la Asociación de Profesionales Sudaneses (SPA), quien lidera la revolución, piensa que puede conseguirlo y ha llamado al pueblo sudanés a ser parte de una “total desobediencia civil” para derribar al Consejo Militar.

El martes las movilizaciones seguían en las calles a pesar de que se celebraba la fiesta del fin del Ramadán. Internet había sido cortado. Los vuelos suspendidos. La Asociación de pilotos se ha sumado al llamamiento de la SPA. La destrucción del campamento ha obligado a la Revolución a cambiar de táctica. Ahora pequeños grupos se movilizan dispersos por las principales esquinas de las tres ciudades que forman Jartum, llamando a los militares a pasar el poder a los civiles. La lucha por la libertad no ha terminado.

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Revolución en Sudán: «Todo debe caer»

¿Por qué nos ocultan que el Cuerno de África vive una primavera política?

El año pasado fue Etiopía. Una rebelión de jóvenes acabó con un gobierno que había acudido a la represión para resolver sus problemas. Ahora es Sudán quien está conociendo una revolución popular. Mañana puede ser Eritrea. En Sudán la población se ha levantado contra un régimen autoritario en manos de un banda de cletpómanos que durante treinta años ha saqueado el país. Un régimen al que la Unión Europea le está financiando unas milicias que han asesinado al menos a 60 manifestantes durante las protestas.

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Mural en las calles de Jartun

Omar al-Bashir, el Presidente que cambió su traje de militar por uno de civil tan pronto llegó al poder por la fuerza, fue derrocado la semana pasada, pero miles de personas siguen sentados rodeando el cuartel general del ejercito y los poderosos servicios de inteligencia en Jartum, la capital sudanesa. La gente no se traga que las cosas han cambiado porque hayan sustituido a un general por otro. No quieren que ocurra lo de Egipto o Yemen durante la primavera árabe y por eso siguen en las calles. “Todo debe caer”, gritan. Es una tarea difícil acabar con el régimen porque la revolución apenas está creando sus líderes y la comunidad internacional no está por la labor.

Llevaban meses –desde diciembre, cuando en al menos en 30 localidades la gente salió a la calle a manifestarse por la falta de pan, literalmente no lo había en las panaderías– intentando organizar algo semejante a lo que ocurrió en Cairo en la plaza de Tahrir durante la primavera árabe, pero Jartum es diferente. El Nilo blanco y el Nilo azul, se juntan allí, actúan como murallas naturales que dividen a la población. Los seis puentes que unen las orillas son los únicos pasillos que pueden juntar a la gente. Era fácil para la policía y las milicias, las Fuerzas de Apoyo Rápido (RSF por sus siglas en inglés), impedir que las marchas que ocurrían a diario se transformaran en una gran muestra de fuerza. Al-Bashir había decretado el estado de emergencia en febrero y tenían barra libre. Al menos sesenta personas habrían sido asesinadas por los disparos de la milicia del RSF durante las protestas de estos meses. Las RSF son las milicias contratadas por la Unión Europea para hacer el trabajo sucio en las fronteras y parar la migración del Cuerno de África con destino a Europa. Las milicias fueron establecidas para integrar a los janjaweed, las milicias árabes creadas por al-Bashir, acusadas de genocidio en Dafur. Europa está interesada en Sudán porque es uno de los puntos críticos de la ruta de migración que desde el este y centro de África llega al Mediterráneo y no tiene ningún escrúpulo en usar estas milicias criminales a su servicio como hace Arabia Saudí en la guerra de Yemen.

En Jartum las fuerzas de seguridad solo necesitaban una docena de vehículos militares para cerrar los puentes e impedir que los manifestantes convergieran. Pero a principios de abril una multitud acabó logrando su objetivo. Lo que hasta ese momento había funcionado dejó de hacerlo. La gente había perdido el miedo. El seis de abril una manifestación logró llegar a las puertas de la casa de al-Bashir, en el compound donde el ejército y la seguridad tienen su centro, para entregarle el pliego con sus demandas: persecución de los que estuvieron detrás del golpe de 1989, congelación de las propiedades de los jefes militares y políticos durante los años que al-Bashir gobernó, depuración del sistema de seguridad y judicial, entregar el gobierno de transición a civiles mientras se celebran elecciones… El logro empoderó a los manifestantes.

La marcha decidió quedarse en una sentada hasta que respondieran positivamente a sus demandas. Era una ocupación pacífica y festiva de las calles. Empezaron cinco mil pero de inmediato se sumó gente incluso de fuera de Jartum. Ahora participan decenas de miles. Tuvieron que resistir ataques de la milicia y los soldados. Testigos dicen haber visto 11 camionetas con milicianos bien armados pertenecientes a la milicia de las RSF. Usaron fuego real para reprimirlos. Al menos 20 manifestantes fueron asesinados. Algunos soldados y oficiales del ejército no cumplieron la orden de disparar y se unieron a las protestas protegiendo a los manifestantes. En horas al-Bashir estaba fuera del poder. Dieron un autogolpe para salvar al régimen evitando un hipotético enfrentamiento entre soldados.

Dos días después el Lt. Gen. Awad Mohamed Ahmed Ibn Aufel, jefe del poderoso servicio de información e inteligencia y amigo de al-Bashir, que lo había sustituido, estaba también fuera. Las razones se desconocen pero no era un Presidente creíble. La revolución no lo quería y es muy posible que poderes externos decidieran su destino. El día 13 el general Abdel-Fattah Burhan, un amigo de Ryad, jefe de las tropas sudanesas en la guerra de Yemen y antiguo comandante de las RSF, las milicias contratadas por Europa para proteger la frontera, se convertía en el hombre fuerte de Sudan. A pesar de que Burhan ha mandado encarcelar a al-Bashir, la ocupación sigue. “La cabeza está cortada pero el cuerpo continúa vivo” han dicho los manifestantes a periodistas. La revolución quiere que los militares vuelvan a los cuarteles y entreguen el poder a los civiles. Es la garantía de que se cumpla el objetivo de acabar con el régimen corrupto y represivo de al-Bashir. Saben lo que ocurrió en Yemen o Egipto durante la Revolución árabe y quizá está ocurriendo en Etiopía. Las cabezas fueron cortadas pero los regímenes continúan.

Al-Bashir llegó al poder en 1989 en una alianza con el islamista Hasan al-Turabi. Jartum era todavía entonces una ciudad secular con sindicatos poderosos y partidos políticos, entre ellos uno comunista importante. Usó al Islam radical contra todos ellos apoderándose de los centro de educación para cimentar su poder. Los ingresos petroleros que empezaron a llegar en los primeros años del siglo XXI cambiaron al país, pero al-Bashir supo adaptarse. Se deshizo de al-Turabi y compró con los dólares que llegaban lealtades de militares, poderosos señores locales y clases medias. Alex de Waal lo ha llamado la política del mercado. Los conflictos que existían en Dafur, en la región del Nilo azul o en el sur de Kordofa los explotó en beneficio económico de militares y allegados. En aquellos años el 70% del presupuesto fue a los militares. Las milicias islamistas criminales que había creado para masacrar a la oposición durante el periodo islamista pudo convertirlas en policías convencionales. Un país pobre conocía un boom de riqueza pero el 40% de los sudaneses seguía en la pobreza. En vez de aprovechar el dinero para desarrollar la agricultura campesina –Sudán tiene 200 millones de acres de tierra arable y derecho al uso del 25% de las aguas del Nilo– entregó tierra de mejor calidad, millones de acres, a los países del Golfo. Solo en 2016 Sudán entregó a Arabia Saudí un millón de hectáreas cultivadas por campesinos que fueron expulsados de su tierra. Ahora un país que podía alimentar al Cuerno de África explotando el vergel del Nilo no produce ni suficiente harina para el mercado interno. Los beneficios de la exportación van a las cuentas de los fondos de inversión árabes. Al-Bhasir cortejó por igual a Arabia Saudí y Qatar para evitar depender de uno de ellos, a ambos les entregó tierra. La crisis parece que está colocando a Sudán más cerca de Ryad con el ascenso al poder de Burhan, el general que coordinó las tropas sudanesas, incluidos janjaweedes, en Yemen, tropas que combaten junto a los saudíes frente a los huzíes.

Durante el boom Jartum se transformó con altos y modernos edificios. Se abrieron restaurantes y comercios con productos importados. El nuevo consumismo anestesió a la clase media. Lo que no habían podido finalizar los islamistas lo hizo el petróleo. Represión y dinero fácil pulverizaron a la sociedad civil y secular de la capital.

La ruptura de Sudán en 2011 volvió a cambiar el país. Dejó a al-Bashir sin ingresos para hacer sus compras en el mercado de la política. La creación de Sud Sudan implicaba perder tres cuartos de la producción de petróleo, el 50 % del presupuesto y el 90% de las divisas. Esta vez no pudo adaptarse a la nueva situación. En 2013 al-Bhasir tuvo que empezar a ajustar la economía siguiendo las recomendaciones del FMI. Fue el principio del fin. Los subsidios al pan y al combustible desaparecieron. Las importaciones colapsaron. Al menos 170 personas fueron asesinadas por las milicias RSF durante las protestas que siguieron. La crisis económica que empezó entonces es lo que está debajo de la sublevación popular actual. En 2018 la inflación llegó al 72%. Sin dinero para comprar lealtades al-Bashir empezó a perder su base social. La clase media echó en falta gasolina y dinero de los cajeros de los bancos, que escaseaban. El sector popular el pan de las panaderías y los tomates que habían cuadruplicado su precio. La gente salió a la calle.

Las protestas empezaron espontáneamente, pero un grupo hasta ahora desconocido ha emergido como el catalizador de las mismas. La Asociación de Profesionales de Sudán (SPA por sus siglas en inglés). Su identidad es difusa –todavía algunos de sus líderes siguen en la clandestinidad– pero sin duda tiene una raíz en la tradición de los poderosos sindicatos que al-Bashir destruyó cuando llegó al poder. Hay muchos jóvenes –y sobre todo mujeres– profesionales: doctores, profesores universitarios, maestros, arquitectos… La SPA ha tomado cuerpo en la calle. Muchos de sus activistas han nacido en las protestas. Sus nombres no estaban en las listas de los aparatos de seguridad y pudieron burlarlos. Eran parte de la anestesiada clase media que ha despertado y se ha unido a las iniciales protestas populares por la falta de pan.

El SPA parece firme. Después del nombramiento del general Abdel-Fattah Burhan ha hecho un llamamiento a seguir y defender la revolución y sus logros. Como ellos gritan en su ocupación, si queremos libertad “Todo debe caer”.

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¿Por qué no podemos perdonar a Pedro Sánchez que venda armas a Arabia Saudí?

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Greenpeace exige a Pedro Sanchez dejar de vendar armas para la guerra de Yemen

El cólera está de regreso en Yemen. Es la prueba de que la tremenda crisis humanitaria provocada por la guerra sigue viva a pesar de las negociaciones de paz. Médicos sin Fronteras ha denunciado que los casos de cólera se han multiplicado en las últimas semanas. Más de 200 personas han muerto debido a un nuevo brote, muchos de ellos niños menores de cinco años.

Pero no es solo eso. Los bombardeos saudíes contra infraestructuras y hospitales que podrían ayudar a contener la epidemia continúan. El último, un ataque a finales de marzo a un hospital apoyado por Save the Children en la provincia de Sadaa. Cuatro niños y tres adultos murieron.

Hace dos años más de un millón de yemeníes se infectaron de cólera debido a que la coalición bombardeó deliberadamente depuradoras y plantas de tratamiento de agua. Miles de personas murieron. Ahora estamos de nuevo a las puertas de una nueva epidemia. ¿De qué han servido la ayuda humanitaria y las resoluciones del Consejo de Seguridad?

Naciones Unidas dice que Yemen sigue sufriendo la peor hambruna en décadas. La peor crisis humanitaria de la época. Estamos hablando de un promedio de 60 niños muertos cada día a causa del hambre. Esto ocurre desde que empezó la guerra hace cuatro años y es muy posible que su número aumente en los próximos meses.

Hace ya unos meses que las cinco organizaciones humanitarias más importantes advirtieron que la única manera de acabar con la mayor hambruna en décadas era acabar la guerra. La ayuda humanitaria, por grande que fuese, dijeron, nunca podrá detener esta horrenda crisis causada por el hombre. Su posición fue tan tajante que responsabilizaron de este monstruoso crimen a los países que estaban vendiendo armas a Arabia Saudí. Pedro Sánchez, el Presidente del PSOE, no se libra de ello. España está entre los cuatro primeros países –después de Estados Unidos, Gran Bretaña y Francia– que venden armas a Arabia Saudí.

Lo mismo ha dicho la alianza de ONGs españolas preocupadas por la situación humanitaria en Yemen, “cualquier medida que pretenda aliviar el conflicto debe pasar por detener la venta de armas para detener la guerra”, ha dicho al diario Público su portavoz, Alberto Estévez.

Estos países cínicamente aprovechan que Arabia Saudí se ha convertido en el país que importa más armas de todo el mundo, acapara el 12% de importaciones del mercado mundial. A pesar de su riqueza, los saudíes no pueden ganar la guerra contra Yemen por ellos mismos y necesitan ayuda militar llegada de afuera.

El canal 4, un canal de televisión inglés, emitió la semana pasada un programa sobre la venta de armas de Londres a Ryad. Cinco partidos de oposición, entre ellos el Laborista, habían llamado a terminar con la venta de armas a Arabia Saudí coincidiendo con el cuarto aniversario de la guerra. Un técnico británico, que residía hasta hace poco en Arabia Saudí, dijo en el programa que si Gran Bretaña suspendiera su ayuda militar en “entre siete y catorce días Arabia Saudí dejaría de tener un solo avión en el aire”.

La conducta de Arabia Saudí en Yemen ha sido definida por varias organizaciones como indiferente a las leyes humanitarias. Amnistía Internacional la ha acusado de cometer crímenes de guerra. Nuestras leyes prohíben exportar armas a países que se comportan de esta manera. En estas páginas se ha denunciado cómo han bombardeado funerales, bodas, mercados y escuelas. En agosto los saudíes llegaron a justificar el asesinato en Sadaa de 40 niños en un viaje escolar. Con todo esto, resulta difícil entender que el Presidente Pedro Sánchez siga colocando a España en la coalición del terror. Sánchez se ha situado en el lado perverso de la historia.

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El cruel asesinato del periodista saudí –crítico con Mohammed bin Salman y la guerra de Yemen– Jamal Khashoggi en el consulado de Arabia Saudí en Estambul podía haber sido un parteaguas en nuestra indecente política exterior. La de hacer prevalecer los intereses particulares de accionistas de las empresas de armamento sobre nuestro compromiso común con las leyes humanitarias y los derechos humanos. Fue un crimen que traspasó cualquier línea de convivencia internacional. El forense militar saudí, Salah al-Tubaigy, miembro del equipo de sicarios que acabó con la vida de Khashoggi, desangró con jeringas el cuerpo del periodista antes de trocearlo para hacer desaparecer el cadáver.

Pero Pedro Sánchez se opuso esos mismos días de octubre en el Congreso de los Diputados a detener la venta de armas españolas a estos criminales saudíes como pedían las principales organizaciones humanitarias y de derechos humanos.

La actitud pusilánime de Sánchez contrastó con la de la socialdemocracia alemana, que forzó a la coalición de gobierno a detener la venta de armas a Arabia Saudí. La razón dada fue la brutalidad de la monarquía saudí contra la población del Yemen y contra sus propios disidentes saudíes. Una prohibición que acaba de ser extendida otros seis meses más. Ellos sí que pudieron “convertir los ideales en realidad”, cosa que Sánchez no ha podido hacer, como él mismo reconoció en el Congreso. Quizá fuera porque ellos son una República Federal y no una Monarquía borbónica enriquecida por sus lazos conMohammed bin Salman, el príncipe a cargo de Ryad, quien según la CIA mandó asesinar a Jamal Khashoggi. Una monarquía que Pedro Sánchez protege activamente.

El pasado jueves 4 de abril la Cámara de Representantes de los Estados Unidos aprobó una resolución bajo el Acta de Poderes de Guerra de 1973, que quita poder al ejecutivo para declarar la guerra (primera vez en la historia) exigiendo que se detenga la intervención de Estados Unidos en la Guerra de Yemen, incluida cualquier ayuda a Arabia Saudí. El Senado, a propuesta de Bernie Sanders, había aprobado una resolución similar. Es posible que Trump vete la ley poniendo a Sánchez junto a la derecha radical de Estados Unidos. No sería la primera vez que ocurre, como vimos en su política hacia Venezuela, alineado con Mike Pence, el ultraconservador vicepresidente de los Estados Unidos tras la crisis creada por Guaidó.

La industria armamentista española ha encontrado una mina de oro en la guerra de Yemen. “España” (los accionistas de las empresas) gana 20 euros por segundo con la venta de armas destinadas a Arabia Saudí y Emiratos Árabes Unidos, según un estudio hecho por la alianza de cinco ONGs (Amnistía Internacional, Greenpeace, Save the Children, Oxfam y FundiPau) que pide detener la venta de armas destinadas a la guerra de Yemen. España ocupa la séptima posición exportadora de grandes armas del mundo. Las ventas a Arabia Saudí han sido la catapulta. Desde que comenzó la guerra de Yemen, España ha vendido armas a Arabia Saudí por casi mil millones de euros. Solo en 2017, España vendió a los saudíes un avión de transporte, drones, municiones… por valor de 270,2 millones de euros.

Los argumentos que dio Sánchez para continuar vendiendo estas armas a criminales de guerra era que con su política de Estado “defendía los intereses de los españoles”, en particular “el drama del desempleo”. Pero a uno le cuesta creer que el capitalismo español, por débil que sea, necesite 60 niños muertos cada día para funcionar de la misma manera que los aztecas creían que necesitaban corazones puros palpitando fuera del cuerpo para que su mundo siguiese reproduciéndose. ¿El capitalismo ha llegado a ser tan obsoleto como la sociedad agraria azteca? ¿Sus gestores tan ignorantes? ¿Será que la corrupción de políticos y empresarios españoles, esos de las puertas giratorias, necesita la venta de armas por sangre para seguir engordando sus cuentas? ¿O serán todas esas cosas a la vez?

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Yemen. ¿Son los huzíes agentes de Irán como dicen las empresas de comunicación?

 

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La gran mezquita de Sadaa centro espiritual del Zaydismo

 

El movimiento huzí no es un instrumento de nadie, sino un movimiento popular que se defiende, y defiende a Yemen, de una agresión extranjera, en una guerra enormemente desigual y que sin embargo los poderosos ejércitos de Arabia saudí y Emiratos –con el respaldo y ayuda de EEUU– no consiguen ganar. Mark Aguirre, buen conocedor de la realidad yemení, da las claves del porqué de esa resistencia.

I

La guerra de Yemen normalmente se presenta como un conflicto entre Arabia Saudí e Irán por la hegemonía en la región. Mientras la presencia de Arabia Saudí es diáfana –líderes de una coalición de fuerzas militares externas e internas–, la presencia de los iraníes en la guerra es un misterio. La falta de pruebas materiales –no se ha detectado la presencia de soldados iraníes ni que Irán haya suministrado armas– se sustituye poniendo en las noticias una coletilla vinculando a los huzíes con Irán cuando se les nombra[1]. Además acostumbran a presentar a los huzíes como un movimiento hermético y oscuro. En vez de ser un sujeto de la resistencia popular se les presenta como un objeto de intereses geopolíticos ajenos a los intereses del pueblo yemení[2].

La verdad, como verá el lector, es otra. Se puede estar de acuerdo con ellos o no, pero los huzíes, por su origen y trayectoria, son un movimiento genuinamente yemení que hunde sus raíces en la historia del Yemen. Su éxito constituye uno de esos acontecimientos que ocurren raramente en la historia de un país. Un grupo político pequeño y minoritario, con una ideología aparentemente atrasada, circunscrito a una pequeña área de una provincia marginada, logra construir en un breve espacio de tiempo un movimiento capaz de tomar el poder y resistir exitosamente una agresión militar externa. Un proceso que por su excepcionalidad confunde a muchos analistas políticos que no pueden entender cómo un movimiento minoritario nacido de campesinos tribales empobrecidos y atrasados sea capaz de tomar el poder y mantenerlo en nombre de la nación frente a la agresión de un ejército extranjero equipado con armamento sofisticado y ayudado por la mayor potencia militar mundial.

II

Las montañas de Maran están en la provincia de Saada, al noroeste del Yemen, en la frontera con Arabia Saudí. Es un territorio de difícil acceso al que se llega por caminos de tierra subiendo y bajando laderas. Las pendientes de estas montañas son tan inclinadas y pedregosas que es imposible construir terrazas para cultivar como hacen en otras partes del Yemen. Los campesinos, la mayoría miembros de la tribu Jaulan, diferente a otra más poderosa en las cercanías de Sanaa del mismo nombre, tienen que conformarse con cultivar en valles angostos. La productividad es tan limitada que el ingreso antes de que se iniciara la guerra no llegaba a un dólar al día por habitante. Lo compensaban con el contrabando de qat de Yemen a Arabia Saudí y harina de Arabia Saudí a Yemen. Los centros de salud, en caso de haberlos, carecían de doctores o medicinas. Las condiciones ambientales son tan difíciles que los años en que no llueve lo suficiente necesitan ayuda para sobrevivir[3].

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Sagein en las montañas de Maran antes de las guerras que azotan a Sadaa

 

El gobierno de Saleh (1978-2011) en vez de ayudarles los abandonó a su suerte. Les pasaba factura por su apoyo al Imam, el Rey yemení, durante la guerra civil (1962-1970) que siguió a la revolución nacionalista y republicana de los coroneles. Estos campesinos tribales buscaron la ayuda que no encontraron en el Presidente Saleh en la familia de Badr al-Din al-Huzi (1926-2010), un teólogo zaydí que vivía modestamente a pesar de pertenecer a una familia de sayyids[4]. Badr al-Din había llegado de la provincia de Amran y ayudaba a los campesinos tribales que lo necesitaban. Daba consejos, los asesoraba y protegía, y entregaba ayuda económica cuando se requería. Los al-Huzi acabaron tan respetados que ganaron el apoyo de los jeques tribales de Jaulan convirtiendo a las montañas negras de Maran en el epicentro de la resistencia al régimen de Saleh y dando nombre al movimiento[5].

Badr al-Din al-Huzi se había exiliado en Irán después de la revolución de 1962. La revolución había acabado con el imamnato que gobernaba el norte del Yemen desde hacía siglos, acabando con el zaydismo como fuente legitimadora del poder político. El zaydismo defendía el derecho de los sayyids a gobernar. El zaydismo fue introducido en Yemen por Yahya ibn Husayn ibn Qasim al-Rassi, un descendiente del Profeta de Medina, que llegó a Saada en el siglo IX para resolver una disputa tribal y acabó convirtiéndose en Imam. Está considerada una secta shiita no ortodoxa, algunos incluso la consideran la quinta escuela suní por su moderación[6]. En Yemen es normal ver rezar juntos a zaydíes y sunís; la mayoría de estos últimos, mayoritarios en el sur del país, están adscritos a otra escuela moderada de la ley islámica, la escuela shafií, diferente de la de los fundamentalistas salafistas. El Islam en Yemen está adscrito a escuelas moderadas e inclusivas.

En el norte de Yemen las tribus no son entidades políticas y los jeques en consecuencia no son necesariamente líderes políticos. Los jeques suelen ser autoridades que resuelven las disputas que surgen dentro de la tribu entre sus miembros o entre sus miembros y hombres tribales de otras tribus. Esto facilitaba que fueran sayyids, no jeques, quienes gobernasen. Las disputas que nacían entre ambos se resolvían a través de bodas entre las familias. Es por eso que la revolución de 1962 fue interpretada en estas montañas de Saada como un llamamiento a la igualdad frente a los privilegios de los sayyids. Al final los sayyids tuvieron que ceder frente a los jeques tribales que reclamaban más poder; aunque las bodas siguieron como instrumento de mediación y compromiso.

El vacío de poder creado por la revolución fue llenado por el nuevo régimen cooptando jeques no ligados directamente a la familia del Imam. Pero se olvidaron de la gente ordinaria. Llegaba dinero a los jeques, pero a los hombres tribales –la mayoría propietarios de la tierra que cultivaban– con derecho a llevar armas se les ignoraba. El rentismo agrario existe más al sur, donde la propiedad esta más concentrada y pertenece a jeques locales y sayyids del norte, pero es raro en Saada. Muchos de los jeques fueron cooptados con dinero saudí a través del más poderoso jeque de Yemen, Abdullah al-Ahmar, líder de la confederación tribal Hasid, un aliado de Ryad y del Presidente Saleh. El jeque al-Ahmar logró preservar sus privilegios tribales dentro del nuevo régimen pactando con Saleh a cambio de apoyarle. Los hombres tribales de Saada, abandonados, empezaron a ver en el Presidente Saleh a un usurpador y al nuevo régimen como ilegítimo. El abandono económico y social que sufrían lo asociaron con la corrupción y el nepotismo del régimen. Este descontento social latente nutría al movimiento huzí, que empezaba a gestarse en las montañas de Maran.

Mucha de la importancia que Badr al-Din ha acabado teniendo se debe a su resistencia al ostracismo y aislamiento al que el nuevo régimen revolucionario estaba sometiendo a los teólogos zaydíes. La República los veía como enemigos por defender el derecho de los sayyids a gobernar. Una actitud que contrastaba con la ayuda que recibían los clérigos wahabistas que llegaban desde Arabia Saudí. El jeque Abdullah al-Ahmar, además de liderar la confederación tribal más poderosa, presidía el Islah, un partido sunita en el que coexistían hermanos musulmanes y wahabistas. Los zaydíes sintieron su marginación política sobre todo a partir de los años ochenta del siglo pasado, cuando el nacionalismo árabe laico empezaba a ser sustituido por el islam político sunita como ideología dominante. El salafismo, una de sus corrientes mas conservadoras, cuyo centro más radical está en Arabia Saudí –allí se conoce como wahabismo–, repleto de dinero por el petróleo, estaba en condiciones de cooptar jeques tribales penetrando de la misma manera que lo hicieron las sectas protestantes en Centroamérica, destrozando las comunidades. Los zaydíes respondieron generando en el norte del Yemen un movimiento de resistencia.

Uno de los hijos de Badr al-Din, Hussein al-Huzi, que estudió teología como su padre, pero en Sudán, creó una organización de resistencia La Asamblea de la Juventud Creyente a principios de la década de los 90 que aglutinó a familiares, amigos, jeques, estudiantes religiosos, la mayoría de la tribu Jaulan. Él mismo fue parlamentario en Sanaa representando a al-Haqq, un pequeño partido zaydí. El nuevo zaydismo que nacía redefinió los viejos principios políticos del zaydismo adaptándolos a la nueva realidad social. Desligó al movimiento que nacía del viejo dogma zaydí según el cual el poder debe estar en manos de los sayyids y reconoció la República como un poder legítimo. Este planteamiento facilitaba los acuerdos con jeques tribales que desconfiaban de los sayyids.

Al-Huzi, un consumado orador, introdujo en el movimiento elementos de justicia social que su familia venía practicando en las montañas de Maran desde hacía años a través de la caridad. Un comportamiento muy apreciado en la cultura yemení y una de las obligaciones de un buen musulmán. El nuevo discurso zaydí permitía articular la marginación de la comunidad zaydí con la negligencia del régimen de Saleh hacia la región. Comenzaba a vertebrarse un movimiento que abría un horizonte de mejora social a los marginados por el régimen de Saleh. A inicios del siglo XXI un movimiento de resistencia había emergido en las montañas negras de Maran.

III

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La ciudad de Sadaa antes de ser bombardeada por aviones saudíes

En la primavera del año 2004 la rebelión estalla. La espoleta fue la agresividad de los Estados Unidos hacia Yemen. La invasión de los Estados Unidos en Iraq había radicalizado las calles árabes. En Saada y Amran los predicadores zaydíes, no solo los del movimiento huzí, estaban denunciando en las mezquitas la ocupación llamando a movilizaciones –prohibidas por el gobierno– contra Israel y Estados Unidos. En este contexto una visita del embajador de Estados Unidos Edmund Hull a la Gran Mezquita de Sadaa fue rechazada por los presentes a pedradas. La embajada de Estados Unidos pidió al Presidente Saleh que arrestase a Hussein al-Huzi, a quien responsabilizaba de las protestas. Los soldados mandados por Saleh no pudieron cumplir su misión. Siete oficiales murieron en una emboscada y en la confusión Hussein pudo esconderse en las montañas de Maran. Protegido por la tribu Jaulan la guerra duró tres meses hasta que fue localizado y asesinado. A pesar de la derrota los huzíes, con su resistencia, empezaban a convertirse en portavoces de la dignidad nacional enfangada por el Presidente Saleh al someterse a los intereses de los Estados Unidos e Israel[7].

La guerra sería la primera de seis guerras consecutivas que se prolongan hasta la llegada de la ola de la revolución árabe a las calles de Sanaa en el año 2011. Son guerras que duran meses pero que rebrotan con fuerza de las brasas dejadas por la anterior. Las seis guerras van expandiendo el control del movimiento huzí en el norte. En el año 2004, cuando la primera guerra empieza, los huzíes solo cuentan con el apoyo de los jeques de la tribu Jaulan, los campesino tribales de las montañas de Maran y un grupo de amigos y predicadores del zaydismo agrupados por Hussein al-Huzi. Siete años después, en 2011, son capaces de ocupar la ciudad de Saada y controlar toda la provincia ¿Cómo fue posible?

La lógica de la guerra fue creando su propia dinámica ayudando a extender la rebelión de los huzíes. El uso de excesiva y desproporcionada fuerza militar contra la rebelión rompía el código tribal, enfureciendo a sus miembros. Más de 800 personas murieron solo en el primer conflicto. El Presidente Saleh llegó a bombardear mercados con aviones. Los huzíes se fueron ganando el apoyo de jeques tribales de otras tribus de Sadaa fuera de las montañas de Maran. Saleh contó además con la ayuda de mercenarios de la confederación Hasid mandados por el jeque Abdullah al-Ahmar. La mayoría de las tribus de la provincia de Saada pertenecen a la confederación Bakil. Los viejos conflictos renacieron. Las tribus del norte empezaron a involucrarse en el conflicto poniéndose del lado de los huzíes que resistían la agresión de los hasides[8].

Por su parte los jóvenes creyentes empezaron a controlar escuelas y mezquitas fuera de las montañas de Maran, ampliando su influencia en la provincia. Los salafistas estaban en retroceso. La muerte de Hussein al-Huzi fue vista por muchos zaydíes, hasta entonces no huzíes, como un martirio –esta figura es muy respetada dentro del sihiísmo– alistándose para la guerra. La segunda guerra fue liderada por Badr al-Din al-Huzi hasta su muerte por causas naturales a sus 80 años. La guerra de Saada empezaba a sentirse en Sanaa, donde el zaydismo es mayoritario. En las siguientes guerras, lideradas ya por Abdul Malik al-Huzi, otro hijo de Badr al-Din al-Huzi, más zaydíes, más jeques y más hombres tribales de otras zonas de Saada y de fuera de la provincia se sumaron al movimiento. Muchos de ellos para vengar la muerte indiscriminada de sus allegados a manos del ejército o los hasid; otros, marginados por el desarrollo, encontraron en la rebelión una oportunidad para reclamar sus derechos; otros se sumaron porque desde el gobierno Saleh estaba autorizando los ataques de drones de los Estados Unidos, “había caído en manos de los americanos”. Lo que empezó como una guerra de resistencia ideológica a las políticas entreguistas de Saleh se fue transformando en un conflicto donde renacían los agravios del pasado no resueltos. Para agosto del 2009 los huzíes eran tan fuertes militarmente que Saleh había evitado la derrota gracias a la intervención de los aviones de guerra saudíes. En 2011, cuando la revolución árabe estalla en las calles de Sanaa, los huzíes llevan siete años en guerra contra el régimen. Saleh está tan debilitado que en marzo de ese año toman la ciudad de Saada. Los huzíes controlan toda la provincia de Saada , el norte de Amran y el oeste de al-Yauf. Tres años después controlarán todo el norte, incluida Sanaa, la capital de Yemen.

IV

 

 

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La ciudad vieja de Sanaa antes de que empezara la guerra

Durante estos años los huzíes no se habían limitado a una efectiva actividad de guerra[9]. También expandieron su movimiento mediante su activismo político a nivel nacional favorecidos por la fiebre política que desató entre los jóvenes el capítulo en Yemen de la primavera árabe.

Hussein al-Huzi en los primeros pasos del movimiento había definido sus lineamientos políticos. La igualdad de grupos y sectas. El final de la corrupción y el nepotismo. La instauración de una II República. En el proceso de transición proponía la instauración de un gobierno de tecnócratas que buscase la inclusión nacional. Estos puntos permitieron a los huzíes formar un bloque con los jóvenes de Sanaa que reclamaban reivindicaciones similares en las calles de la capital y con el movimiento del sur que, como las tribus del norte, se quejaban del abandono por parte del régimen de Saleh

La Conferencia Nacional para el Diálogo que siguió a la Primavera Árabe en vez de ser el motor de un cambio se convirtió en un instrumento del viejo régimen para que todo siguiera igual, pero sin Saleh. El jeque Abdullah al-Ahmar había fallecido enfermo de cáncer en 2007. La dimisión de Saleh abrió el camino a Abd Rabbo Mansur Hadi a la Presidencia. Hadi había sido vicepresidente de Saleh durante años. Representaba a los ojos de los jóvenes la continuidad del régimen. Estos se habían manifestado durante semanas y habían visto caer a compañeros sacrificados por algo más que un cambio de fachada. La conferencia, concebida como un medio de buscar la manera de integrar los intereses de diferentes grupos y sectas, se estaba convirtiendo en un instrumento de los intereses del viejo régimen, de Arabia Saudí y de Estados Unidos para asegurar la continuidad de su dominación. Hubo tres intentos de asesinatos de delegados huzíes a la conferencia. Dos de ellos con éxito, los de Abdul Karim Jadbain y Ahemed Sharaf al-Din. También se produjeron ataques con bombas en mezquitas frecuentadas por los zaydíes. La conferencia acabó sin acuerdo. La gota que derramó el vaso fue la propuesta hecha por Hadi de regiones federales. Se estaba discutiendo convertir a Yemen en una República Federal. Saada era separada de al-Yauf y de las costas del Mar Rojo. Era una propuesta claramente hecha para debilitar a los huzíes en la nueva estructura de poder. Los huzíes no aceptaron.

Los huzíes iban a favor de los vientos que soplaban en las calles de Sanaa. Hadi, asesorado por el Fondo Monetario Internacional, en vez de dedicarse a preparar elecciones se dedicó a implementar un plan económico neoliberal. Emprendió una serie de privatizaciones con el objetivo de que Yemen formara parte de la Organización Mundial del Comercio. La pobreza aumentó en una economía ya muy castigada por las guerras y la revolución. El retiro de subvenciones a la gasolina aconsejada por el Banco Mundial produjo una sublevación popular que acabó en enfrentamientos armados en Sanaa. Fue cuando los huzíes decidieron avanzar hacia la capital en contra del consejo de Irán, mostrando su independencia. Fue un paseo relativamente fácil porque Abdul Malik al-Huzi había pactado de manera secreta con Saleh cuando este había sido sacado del poder en el año 2011. Saleh, conocido por su ambición y pragmatismo, estaba posiblemente pensando la manera en como él o su hijo podían regresar al poder y vio en los huzíes a compañeros de viaje[10]. Las fuerzas de seguridad centrales y la guardia republicana, ambas todavía controladas por Saleh, no hicieron nada por evitar el avance de los huzíes hacia Sanaa. El domingo 21 de septiembre del 2014 entran en la capital después de haber derrotado a la brigada del general Al-Ahmar cerca de Jamir. Cambiando la relación de poder, los huzíes se habían convertido en el grupo más poderoso en Yemen. En marzo del 2015 los saudíes empezaron a bombardear Sanaa.

V

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Hombres tribales al norte de Amran

Yemen y el movimiento huzí ante la guerraLa historia de los huzíes, como hemos visto, es la de un movimiento social nacido desde abajo, que se nutre de referencias simbólicas religiosas identitarias para resistir el abandono económico y la marginación política a los que les ha sometido un régimen político corrupto y despótico. Lo extraordinario es que estos campesinos tribales, sumando primero a otras fuerzas tribales y después a la gente ordinaria de las ciudades empobrecida por el neoliberalismo, hayan sido capaces de tomar el poder y mantenerlo firmemente después en una guerra brutal de agresión externa. Es sin duda alguna el carácter nacional y popular de un movimiento de resistencia lo que explica que los huzíes sigan contando con el apoyo mayoritario de la población a pesar de padecer la mayor crisis humanitaria moderna fabricada como estrategia de guerra por los saudíes.[11] Apoyo que no se podría explicar si operasen en nombre de Irán.

Periodistas que han tenido la oportunidad de visitar Yemen recientemente hablan en sus crónicas de cómo la gente ordinaria sufre y resiste la guerra.[12] Los milicianos que combaten con los huzíes son funcionarios, campesinos, maestros… gente normal que resiste la ocupación. Hablan de donaciones populares para financiar la resistencia. Los que han llegado hasta Saada, el epicentro del movimiento de resistencia, informan de un territorio devastado. Saada ha sufrido más de 18.000 ataques aéreos desde que empezó la guerra. En la ciudad todos los edificios gubernamentales han sido destruidos. “No quedan edificios que bombardear” escriben. El sufrimiento es enorme. Llegaron a asesinar a 40 niños en un viaje escolar. Estos periodistas cuentan que las bombas en vez de debilitar a los huzíes los está haciendo más fuertes. Los yemeníes, estén de acuerdo políticamente o no con ellos, los siguen viendo como un movimiento nacional que defiende al país de una agresión externa.

Notas:
[1] Los artículos de las empresas de comunicación siempre que nombran a los huzíes ponen a continuación “respaldados por Irán”, algo que hacen muy raramente con otros movimientos políticos. Esta permanente y fabricada asociación entre los huzíes e Irán tuvo uno de sus corolarios en febrero de 2018, cuando Gran Bretaña presentó en el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas una resolución que acusaba a Irán de suministrar armas a Yemen y al movimiento popular yemení Ansarolá (huzíes). La resolución no fue aprobada por falta de evidencias.
[2] Este artículo no quiere negar que la geopolítica juega un rol importante en la guerra de Yemen. El gobierno de facto huzí, como cualquier otro, puede ser amigo o enemigo de otros gobiernos. Una práctica que ocurre con todos los demás gobiernos de la región. Los huzíes no son diferentes. Es obvio que no representan una amenaza contra nadie. Lo único que aspiran es a defenderse de una agresión externa para mantener su soberanía nacional.
[3] Antes de que estallara el conflicto entre los huzíes y el Presidente Saleh tuve la oportunidad de visitar Sagien y Haydan y ser testigo de la pobreza, el abandono de sus centros de salud, y las difíciles condiciones ambientales que enfrentan estos campesinos tribales
[4] Los sayyds (el plural de sayyd en árabe es Sada) son los descendientes del linaje del Profeta Mohammed, de su hija Fátima y de su yerno y primo Alí bin Abu Talib. Según el shiismo estos tienen el derecho a gobernar.
[5] Los huzíes también son conocidos como Ansarollah, los guerrilleros de Dios.
[6] El zaydismo o shafismo fue establecido en Gaza por Muhammad ibn Idris al-Safí, un Imam nacido en Gaza en el año 767 perteneciente a la familia de los Quraysh, quien creó una escuela propia. Esta escisión del shiismo considera, a diferencia del shiismo ortodoxo, a Zayd ben Alí al-Husayni el quinto Imam legítimo sucesor del Profeta Mohammed.
[7] Los huzíes venían movilizándose desde el año 2000 contra la presencia de agentes de Estados Unidos en suelo de Yemen. El Presidente Saleh había permitido que el FBI instalara una oficina en Yemen para investigar el ataque en Adén al navío de la armada de Estados Unidos Cole. El movimiento ganó fuerza tras la llegada de más agentes, esta vez de la CIA y el Pentágono después del ataque a las Torres Gemelas de Nueva York. Los ataques con drones que fueron autorizados por el Presidente Saleh contra militantes de al-Qaeda jugaron a favor de los huzíes, ayudando a su expansión fuera de las montañas de Maran. Su grito de guerra “Dios es grande, muerte a América, muerte a Israel, maldición sobre los judíos y victoria del Islam” empezaba a escucharse en otras partes de Saada, en Amran y al-Yauf.
[8] Las tribus de Saada suelen estar adscritas a la confederación tribal Bakil. Menos centralizada y disciplinada que la Hasid, los bakiles son más numerosos pero más anárquicos. El Presidente Saleh pertenecía a la tribu Shaman, adherida a los Hasid. Estas tribus están bien armadas, algunas de ellas cuentan hasta con tanques y misiles. Cerca de la ciudad de Saada está uno de los mercados mas importantes de armas del Cuerno de África.
[9] Años de guerra los han convertido en combatientes sabios y endurecidos. Pocos grupos armados saben moverse como ellos. Su maestría en tácticas de movimientos militares de pequeños grupos hace difícil al enemigo derrotarlos sobre el terreno Esa es la razón de porqué Arabia Saudí y Emiratos tienen que recurrir a su poderosa aviación, que los huzíes intentan contrarrestar con misiles y drones. Los huzíes han construido quizá el ejército más preparado del Sur de Arabia, como han demostrado en estos cuatro años de guerra en los que han resistido a un ejército con una abrumadora superioridad aérea y equipado con armas modernas y sofisticadas.
[10] Fue este juego de negociaciones secretas con actores opuestos lo que desencadenó su fin el 4 de diciembre del 2017. Saleh había negociado con los ingleses y saudíes el fin de la guerra a espaldas de los huzíes. No sabemos lo que habían acordado. Los huzíes, cuando se enteraron, fueron a detenerlo por traidor. Hay diferentes narraciones de cómo murió, pero es muy probable que cayera resistiendo su arresto.
[11] Hay recopilada una enorme evidencia de los constantes ataques a la población civil como objetivo estratégico de guerra, algo prohibido por las leyes humanitarias internacionales. Los saudíes han destruido fábricas, depuradoras, carreteras, aeropuertos… Han bombardeado bodas, funerales, mercados… Según recientes estadísticas al menos 60 mil personas habrían muerto como consecuencia de ataques militares desde que comenzó el conflicto en marzo de 2015. UNICEF y Save the Children han dicho que ya han muerto al menos 85 mil niños a causa del hambre que ha provocado la guerra. Una reciente encuesta de Naciones Unidas ha encontrado que 16 millones de yemeníes viven con escasez de comida, de ellos cinco millones pasan hambre y 63.500 están literalmente muriendo de hambre
[12] Ver los artículos publicados en octubre pasado por Declan Walsh y Tyler Hicks en el diario The New York Times.

https://www.elviejotopo.com/revista/el-viejo-topo-num-374/

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Violencia étnica en el sur de Etiopia. Una visita a campos de desplazados en Gedeo

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Etiopía es el país con más desplazados internos del planeta. Hay más que en Siria, Yemen o Colombia. Las razones son varias. En la somalia etíope la sequía -dura ya varios años- ha obligado a cientos de miles de personas a dejar sus comunidades desoladas y  procurar ayuda humanitaria. Pero muchos más etíopes sobre todo  en zonas fronterizas étnicas se han visto obligados a salir de sus comunidades a causa de la violencia. Sólo en Guji un área de Oromia, uno de los 9 estados regionales étnicos que juntos a dos ciudades federalmente administradas forman la República Federal de Etiopía, casi un millón de personas fueron obligadas a dejar sus casas el año pasado. Este artículo es el resultado de una visita de Mark Aguirre a Gedeo para indigar las razones del conflicto étnico que azota esta parte del sur de Etiopía.

 

Zaina Assefa y Esaya Dene representan a una comunidad de cerca de 6000 gedeos desplazados del este de Guji que encontraron refugio en Dilla y resisten la llamada del gobierno para regresar a sus comunidades.

Es diciembre y llevan en el campo desde el 7 de abril cuando fueron obligados a salir de sus casas. “Tu vives aquí pero ésta es nuestra tierra. No vas a cojer más café. Tienes que irte” les dijeron sus vecinos oromos. No fue un requerimiento pacífico. La violencia que sufrieron fue horrible. Más de 4000 casas quemadas , decenas de vecinos asesinados, mujeres violadas y otras muchas más atrocidades perversas y crueles difícil de imaginar. Machetes, lanzas y kalashnikovs fueron usados durante la violencia. Lo cuentan con distancia pero uno sabe que los demonios siguen dentro y no hacen fácil la vuelta. Tienen miedo.

El campo esta en las afueras de Dilla una ciudad al sur de Etiopía en la carretera más transitida para ir a Kenia a unas siete horas de Moyale, la frontera. Desde que hemos llegado al campo grupos de personas se han ido aglomerando a nuestro alrededor. Necesitan ayuda y piensan que quizá podemos dársela.  Hemos acabado sentados sobre cemento a las puertas de una oficina donde hay más tranquilidad.

El campo es un recinto cerrado con una serie de almacenes de café que los desplazados ocuparon cuando llegaron. No era tiempo de cosecha y estaban vacíos. En Dilla son gedeos como ellos asi que se instalaron en los almacenes con el consentimiento del gobierno local. Pronto llegó la asistencia humanitaria. En pocos meses camiones del Programa Mundial de Alimentación y toyotas landcruiser de agencias humanitarias se convirtieron en parte habitual del escenario urbano de Dilla. No nos fue fácil encontrar una habitación. Para algunos la crisis es una buena oportunidad económica. Los hoteles estaban llenos.

Esaya Dene dice que llegó a haber en Dilla, una población de 80 mil habitantes, hasta 60 mil desplazados de Guji. En el campo  de desplazados se alojaron 12 mil, el resto fue acojido por la comunidad en lugares preparados para ellos o en casas de familiares y amigos. La mayoría de los 6 mil que han salido del campo regresaron a Guji pero siguen sin poder volver a sus casas o lo que queda de ellas. Estan viviendo en escuelas e iglesias. La situación esta lejos de estabilizarse.  La Organización Internacional de la Migración dijo que desde abril en Gedeo y Guji  han sido desplazadas 970  mil personas a causa de la violencia aunque no se sabe con certeza cuantos han regresado a sus comunidades.

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Guji es el nombre de una de las tribus oromas y es una de las zonas de Oromia uno de los nueve estados regionales étnicos de la Repubica federal de Etiopía. Los oromos son la minoría más numerosa: alrededor del 40% de la población etiope. En abril se tiene previsto un censo y se sabrá con certeza su número. En etiopía hay 90 grupos étnicos de los cuales solo nueve por su tamaño e importancia política tienen su propio estado regional. En Guji los oromos son ampliamente mayoritarios pero el problema es que los grupos etnicos no viven en un territorio único sino dispersos en otros estados étnicos diferentes a los suyos. A diez kilómetros de Dilla hay una kabele, Samaro, que es  territorio oromo administrado por oromos. Este territorio esta enclavado en la zona de Gadeo. Esta mezcla de etnias en un territorio adscrito a una etnia -el federalismo en Etiopía esta basado en la etnia no en la territorialidad- ocurre en toda Etiopía y es visto como una de las causas de los conflictos etnico que azotan al país.

En Guji el 15% de la población es gedeo un grupo étnico que hablan su propio idioma y tienen su propia historia y cultura. Su centro esta en Dilla. La zona de Gedeo forma pate de la region estatal federal Naciones, Nacionalidades y Pueblos del Sur (SNNPR), mientras la zona de Guji pertenece a Oromia. Gujii fronteriza con Gedeo ha sido un lugar de emigración para los de Gadeo y Gadeo para los oromos. Muchos de los desplazados gadeos han nacido en Guji. Había habido conflictos antes pero hacía años  desde la década de los noventas del siglo XX que no había habido conflictos étnicos importantes. Pero el año pasado todo salto por los aires.

En el campo de desplazados dicen que el gobierno tiene prisa para que regresen a Guji. Las razones no estan claras pero posiblemente el gobierno no quiere perder la buena reputación que tiene. Todos ven a Abiy Ahmed el nuevo primer ministro como una esperanza capaz de evitar que Etiopia caiga en el abismo arrastrada por el conflicto étnico. Una posibilidad en el horizonte desde que hace más de tres años jóvenes oromos iniciaron una revuelta contra el régimen al que etiquetaron de Tigriño, una de las etnias de la zona alta del norte del país. Los datos no estan ayudando a Abiy. Cerca de un millón de etíopes han sido desplazados de sus casas a causa de violencia étnica desde que llegó al puesto de primer ministro el año pasado. Etiopía se ha convertido en estos meses en el país con más desplazados internos del mundo. En junio del 2018 la OIM (organización Internacional de la Migración)  identificó a 1.776.685 personas desplazadas internas de las cuales 1.204.577 había sido desplazadas a causa de conflictos y 536.321 debido a factores relacionados con el clima.

El gobierno cuestiona que muchos de los que ocupan el campo de Dilla sean desplazados genuinos. Según estos funcionarios serían mineros artesanales que habrían llegado a Guji recientemente en busca de oro. Hay una mina de oro en Sakaro ahora cerrada temporalmente por razones medio ambientales. Pero Esaya Dene lo negaba rotundamente. “Somos campesinos que cultivamos café, ensete (falsa banana), y cereales como sorgo o trigo. Sino volvemos es porque no hay seguridad. Nos amenazaron que no regresaramos. ¿Quien nos protegerá si volvemos?”

La situación sigue siendo tensa e inestable. Al día siguiente de la visita al campo tuvimos que supender un viaje a Bule Hora una ciudad más al sur ya en Oromia porqué la carretera estaba cortada. Queríamos visitar desplazados oromos, hay alrededor de 27.000 en Bule Hora, victimas de ataques de revancha en Gedeo por lo que estaba ocurriendo en Guji. Un viajero con quien nos cruzamos nos dijo que había visto a un soldado herido sobre el asfalto y a otros corriendo hacia los arbustos. Un comando del Frente de Liberación Oromo – muy activo en la zona- habría destrozado un camión pipa presumiblemente cargado con agua.

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Al gobierno tampoco le ayuda que tiene una lista negra de algo más de 300 personas como responsables de la violencia en la zona pero reconoce que sólo ha arrestado a 26. De cualquier forma las leyes humanitarias protegen a los desplazados. Estos no pueden ser obligados a regresar a la fuerza. Tampoco hay presión por parte de la comunidad local. Esta sigue apoyándoles y ayudándoles.

A pesar de todo el gobierno esta cerrando el grifo de la ayuda humanitaria en el campo de Dilla. Zaina Assefa decía que “la última vez que alguna organización humanitaria había traído comida había sido hacía 40 días”.  Antes llegaba cada 20 días. El Programa Mundial de Alimentos reportó que tres camiones repletos de comida habían sido robados cerca de Dilla. La malnutrición se esta extendiendo sobre todo entre los niños. “Hay hambre en el campo”, decía Zaina.

Tampoco reciben dinero. Sin ayuda alimentaria viven de lo que pueden sacar por ellos mismos. A la entrada al campo mujeres vendían leña recolectada de montes cercanos.

La vida dentro del campo no es fácil. Las naves para almacenar café no han sido acondicionadas. Las 6 mil personas viven aglomeradas sin privacía en los almacenes. Cocinan en lugares cercanos a donde duermen. El humo de la leña penetra en los dormitorios. El acceso a los sanitarios no es fácil. La higiene escasea. Duermen sobre esteras. Los privilegiados tienen colchones de hule espuma. Hay una clínica pero estaba vacía y parecía abandonada. Una clínica movil llega al campo a pasar consultas de tanto en tanto. Médico sin Fronteras  les permite bajo un muy pequeño pago el acceso a un hospital que gestiona en Dilla. Los niños son acepatdos en las ecuelas de la ciudad.

Esaya Dene contaba que apesar de las difíciles condiciones el ambiente en el campo es bueno. No se sabe de abusos sexuales algo que ocurre a menudo en campos similares. “ Las letrinas para hombres y mujeres estan separadas, los alrededores son urbanos y se ha logrado establecer un sentimiento de comunidad” decía. Advertía de que todas formas no hay ningún servicio de seguridad establecido por el gobierno.

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Con Zaina Assefa y Esaya Dene habíamos hablado sobre los desplazados y el campo pero poco sobre las razones de porque la violencia había eruptado de nuevo. La zona había conocido anteriormente conflictos étnicos pero hacía años que gedeos y oromos habían vivido pacíficamente uno al lado de otro. ¿Qué había sucedido?

MT (me pide que no de su nombre) viene trabajando en la asistencia humanitaria desde hace cinco años. Todavía se acuerda el día que vio en la televisión a refugiados eritreos que habían sobrevivido a un naufragio frente a las costas de Italia. Había trabajado con ellos en los campos de refugiados para eritreos que hay al norte del país antes que iniciaran su viaje a Europa. Otros  que el conocía no habían llegado. Habían muerto ahogados en el intento.

Nos encontramos en Yirgachete al sur de Dilla pero todavía en zona Gedeo en otro campo de desplazados. Esta zona de Gadeo y Guji tiene fama de producir el mejor café del país. Es una zona semimontañosa, de bosques semitropicales que protegen naturalmente a las plantas del café del sol. Aqui el café nace salvaje.  Posee el tipo de suelo que necesita el café de alta calidad. Las cooperativas se supone entregan abonos naturales a los campesinos  para que el café mantenga su sello orgánico y aumente su valor.

Cuando llegamos al campo MT estaba reunido con un grupo de desplazados.  Como en Dilla habían ocupado un almacen de café como refugio. Era un campo más pequeño ubicado a las afueras de Yirgachete en donde empieza el bosque. Llevaban allí desde junio. Ahora cuando las lluvias no son tan frecuentes todo era más fácil pero al principio había sido muy duro

Venían de Shaquijo en el oeste de Guji. Según contaban “rebeldes” fueron a sus casas y les obligaron a salir y a abandonar sus parcelas de cafe. ¿Podría haber razones económicas vinculadas a la producción del café en esta nueva crisis étnica?

Visitamos una cooperativa de café en direción a Awassa. En los últimos años a pesar del impacto que el cambio climático empieza a tener en el cultivo del café no había habido una disminución de la producción. Según contaba su manager los campesinos seguían cosechando la msima cantidad  de café que antes. Pero otra cosa es lo que ha pasado con el precio que ha ido a la baja. Las cooperativas estan pagando este año 11 birr el kilo uno menos que el año pasado, aúnque han llegado a pagar 15 birr por un kilo. (27.9 birr valen un dolar)  A pesar de ello la variación de precio no parece importante.  La calidad del café de esta zona le ha hecho inmune al  derrrumbe que ha conocido el precio del café a nivel internacional durante los ùltimo años.

MT piensa que la violencia más que a razones económicas esta ligada a razones demográficas que se abren camino en un tiempo de crisis política. La población crece pero el territorio de las comunidades no. La tierra es propiedad de estas pero no pueden dar tierra a las nuevas familias que se crean como siempre se ha hecho. La vida tradicional se esta rompiendo pero la economía moderna no se abre paso. El bosque se esta agotando y los empleos no llegan. Eso pone presión en las comunidades quienes acaban por reclamar la tierra de sus vecinos distintos a su grupo.

Esta zona de Etiopía tiene la de mayor densidad del país. Un país con una población (105 millónes de habitantes) solo superada en Africa por Nigeria. Gadeo y Guji tienen las mayores tasas de fecundidad de Etiopía. “La mujeres suelen tener diez hijos. La poligamia es lo normal en la zona. Los hombres suelen tener tres o cuatro mujeres. Viven en diferentes casas y compiten por el tiempo que el marido pasa con ellas. Eso significa ver quien le da más hijos” decía MT.

Los desplazados de Yirgachete tampoco querían regresar a sus comunidades de orígen. Tenían miedo como los de Dilla. El gobierno también  les había retirado la ayuda. La malnutrición y el hambre era un problema en el campo como lo era en Dilla.

“Sabemos que en Shaquijo por el día esta tranquilo pero por la noche la realidad es otra. Los “rebeldes” que quemaron nuestras casas mandan ¿Cómo podemos regresar? ”, decían

Tambien se quejaban de que habían destruido sus casas y las cosechas y no habían recibido ninuguna compensación. “¿Cómo podemos empezar de nuevo sin ayuda habiendo perdido nuestro medio de vida?”, preguntaban.

Los desplazados de Yigachete por el momento no tenían planes de regresar. La situación en esta parte del sur de Etiopía no estaba mejorando. El frente de Liberación Oromo parecía controlar algunas áreas. En Moyale la frontera con Kenia los enfrentamientos entre somalíes etíopes y oromos seguían. Decenas habían muerto y muchos más habían buscado refugio al otro lado de la frontera. En Yirgachete los desplazado gedeos seguían esperando que las promesas de PM Abiy Ahmed de estabilizar el país se hicieran ciertas para regresar a Shaquijo.

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Juicio a la movilización popular por un referendum en Cataluña

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Estoy siguiendo el juicio del Supremo contra los lideres del process. Lo primero que me llama la atencion es la sala muy bombastica pero poco práctica. Los acusados no pueden mirar a fiscales o abogados a la cara cuando les cuestionan pero pueden ver los rancios muebles y los techos altos. ¿Es igual la justicia española bombastica en las formas pero poco adaptada a las necesidades sociales y políticas de la España de hoy?

Segundo no creo que hayan dado ninguna prueba de rebelión. No hay ninguna evidencia -o al menos los fiscales no la han mostrado- de que los acusados recurrieran a la violencia para conseguir la independencia de Cataluña. Cualquiera que haya estado en manifestaciones o estudie su lógica encontrará grotesca las preguntas o reflexiones de los fiscales y abogados del Estado cuando hablan de la famosa manifestacion donde se destrozaron coches de la guardia civil. Más ridiculo es el concepto de la fiscalía de muros humanos “violentos”, me imagino en su delirium concebidos como un arma de guerra contra la guardia civil para impedir que ésta garantizase el cumplimiento de la decisión del Tribunal Constitucional de no celebrar el referendum. Parece que no conocen lo que es la Resistencia Civil. Podrian ver algunos documentales de los años sesenta sobre la resistencia politica en el sur de Estados Unidos a la segregación racial.

Los fiscales estan mas atinados en demostrar desobediencia al Tribunal Constitucional. Los acusadosen sus intervenciones la semiaceptan pero incorporan la democracia y la legitimidad como contrapeso a la ley. Su argumento sostiene que su desobediencia en caso de haberla, se ha hecho desde instituciones democraticas y soberanas encarnadas en el Parlament. Que dada la división de poderes existente no tiene obligación en sus resoluciones someterse a ningun otro poder del Estado, incluido el de la justicia. Es del parlamento soberano donde emana la  declaración de la independencia procalmada por la Generalitat. Fue una declaracion politica no ejecutiva. Es la razón de porque se consideran presos políticos del Estado.

El tercer gran tema de los fiscales: la malsversación de fondos públicos es de cualquier manera un derivado de los dos primeros. Pero incluso aceptando el campo de futbol que han impuesto los fiscales para jugar el partido, hasta ahora no hay evidencia clara que haya ido un euro del presupuesto público a financiar el referendum. Las facturas que han presentado los fiscales no ha sido acompañada de ninuguna prueba de que hayan sido pagadas.

He dejado para el final lo que para mi es más relevante. ¿Abra calabra como aparecieron las urnas y papeletas esa temprana mañana en los colegios si el govern no actuó y no desacató las sentencias del Constitucional? Los fiscales no pueden entender que hayan aparecido alli por activismo, por donaciones, por esfuerzo de militantes, de gente ordinaria….. No poseen en su paradigma conceptos apropiado para explicarlo. Son víctimas de una ideologia que les impide entender la realidad de lo que paso en Cataluña en septiembre y octubre del año 2017. Los fiscales, desconozco su formación y afiliación política, pero me temo que maman del liberalismo, son incapaces de entender (aceptar) que el referendum celebrado aquella mañana de un domingo agrodulce fue organizado por organizaciones sociales y culturales,por gente ordinaria, funcionarios, trabajadores, estudiantes, amas de casa. ….Este concepto de sociedad civil, después de su enjuiciamento y marginalizazión los de abajo (perseguidos y marginados) no ha aparecido todavía en el juicio. A los ojos de los fiscales la sociedad civil es turba, masa, muros humanos. A los ojos de alguno de los acusados, Pais. Quiza aquellos días otoñales fueron un raro momento de resistencia coletiva a un estado español que un número importante de catalanes ven como opresor; uno de esos días que  se empieza a dar forma a nueva época que reclama como derecho su autodeterminación como nación.

Señores fiscales no busquen a los ingenieros de la rebelion pacifica en las sedes de las viejas instituciones. No los encontraran. El deseo de autodeterminación estaba aquellos días en todos sitios y en ninguno. El 80% de los ciudadanos catalanes quieren un referendum. La historia ha mostrado que la gente ordinaria, sea quiera sea ellos, a veces resisten al Estado, organizan referendums y hasta hacen revoluciones exitosas.

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EL GOBIERNO PPSOE Y VENEZUELA

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La inconsitencia es la marca de Pedro Sanchez. Puede que a pesar de ello haya causado sorpresa que España vaya a reconocer a un tal Juan Guaidó, desconocido y nunca votado, como Presidente de Venezuela. Habra que esperar los ocho días para ver si es cierto. La carencia de ideas en Sanchez que como Guaidó nunca ha ganado unas elecciones, es notoria; y nadie está seguro de que cumpla ninguna de su palabra. Pero de cualquier manera aqui estamos con otra prueba mas de que en España hay un solo gobierno el del PPSOE con dos fracciones diferenciadas en asuntos culturales. Esta vez fue la fracción del PP quien se impuso a la del PSOE. Los banqueros europeos que controlan al PPSOE odian la Revolucion Bolivariana que para bien o para mal, pero soberanamente, ha preferido a chinos y rusos.

Pedro Sanchez dice que lo hace en nombre de la libertad. Pero ahora sabemos quien es la libertad para Sanchez: Mike Pence el vicepresidente de la derecha radical de los Estados Unidos que ayudo al fascista y torturador Bolsonaro a ser Presidente de Brasil y Eliot Abrams el delincuente y criminal que organizó la contra en Nicaragua contra los sandinistas, nombrado Envíado Especial  para Venezuela. Los neoconservadores de Reagan y Bush nunca han aceptado que desde Vietnam Estados Unidos siempre sale derrotado y esperan llegue una oportunidad para mostrar lo contrario. Lo de Pence lo sabemos por el The Wall street Journal https://www.wsj.com/articles/a-call-from-pence-helped-set-an-uncertain-new-course-in-venezuela-11548430259?tesla=y&m que cuenta que Juan Guaidó es una marioneta de Mike Pence.

Pedro Sanchez no se ha enterado de que vivimos en una época en que el neocolonialismo esta en muy serios problemas. El exagente de la CIA Mike Pompeo convertido en Secretario de Estado conoció este fin de semana la amarga derrota en Nueva York. Estados Unidos y Europa fracasaron en el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas. La Comunidad Internacional no reconoce a Guaidó como Presidente. Hay un voto en esta decisión que por su importancia las empresas de información lo han publicado en letra pequeña: el voto de Sud Africa y Guinea Ecuatorial contra Washington y Bruselas. Los sudafricanos que sufrieron la “libertad” de Bruselas y Washington durante al apartheid, saben muy bien que cuando se habla de Venezuela no se discute de democracia o libertad sino de colonialismo y opresión. Estados Unidos solo- no contamos a sus ayudantes europeos- ha intervenido militarmente más de 50 veces en America Latina. En Africa sé sabe por propia experiencia que intervenir en Venezuela va contra el derecho soberano de los Estados y la voluntad política de los pueblos. Planean intervenir miliarmente en America Latina porque este continente ha decidido poner su futuro en sus propias manos y buscar una alternativa a un modelo colonialista que ha generado pobreza y dependencia. Desde que Hugo Chavez llego al poder y habló de socialismo y después Lula -encarcelado sin pruebas- lo hizo desde un partido de trabajadores y Morales en Bolivia dio existencia politca a la población indigena mayoritaria y despues otros, Washington y Bruselas han buscado acabar con esta via de dignidad alternativa al neoliberalismo. La gente ordinaria en America Latina no quiere ser peones de Madrid, Bruselas o Washington en su propia casa. Estos pueblos han llegado a ser inconvenientes para la dominación imperialista y había que darles una lección como hicieron a los haitianos, congoleños, y quieren hacer con iraníes y yemeníes o cualquier otro que no acepta su orden mundial. Pero no les va a ser facil. Vivimos en una epoca de crisis del capitalismo donde la gente ordinaria tiene mas educación e información, esta organizada, y han emergido poderosos nuevos actores en la economía y la geopolitica.

Estados Unidos y Europa (no es que esten al mismo nivel Europa es un buen ayudante de Estados Unidos) han perdido en Siria, Afganistan e Iraq. No pueden ganar en Yemen. Por cierto su mejores aliados en esta región son Arabia Saudí y Egipto dos terribles dictaduras donde lo derechos humanos se los pasan por el forro. Hasta descuartizan a activistas democráticos de la oposición en consulados, caso Jamal Khashoggi, pero que le importa realmente a nuestro pequeño hombre los derechos humanos. A nuestro Presidente Sanchez hipócritamente se le llena la boca hablando de libertad en Venezuela pero hace negocios con estos criminales saudíes manchados de sangre. Recibe a los asesinos saudíes pero denigra a los líderes venezolanos. La ironía es que en Venezuela la violación de los derechos humanos puede ser comparable a la que hay en España según las denuncias existentes en Naciones Unidas incluidos corrupción, justicia politizada, presos políticos y torturas.

El gobierno PPPSOE por boca de Sanchez ha dado a Maduro ocho dias para que convoque elecciones. Mejor sería que el pequeño hombre escuchara a Naciones Unidas que aconseja no amenazar y negociar. Sanchez puede estar ayudando a que el proceso se salga de las manos y se convierta como Siria en un baño de sangre y un mar de refugiados (otra vez creados por nosostros) llege a Madrid. Hasta Maduro se ríe del pequeño hombre rico en criterios de diversos colores para muy pobre en convicciones. Posiblemente quiere que no miremos el BREXIT y como la construcción neoliberal de Europa colapsa. Nos quieren entretenidos con una crisis que con sus bloqueos, sanciones y amenazas han provocado. La receta que comparten los capitalistas es que todo tallo de socialismo no importa que sea híbrido o contaminado no debe brotar. No importa que su propio sistema el del capitalismo este naufragando allí donde mires. Vivimos la epoca de la nausea (Sartre) y la risa (kundera) juntas. No son tiempos fáciles.

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¿Están llegando los vientos de paz a Yemen?

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Las noticias que llegan desde la ciudad de Hodeidah el día que en entra en vigor el acuerdo del alto el fuego son contradictorias. Se han reportado ruidos de explosiones y ataques aéreos al sur de la ciudad, pero también que la intensidad de los combates se ha reducido notablemente. Sabemos de la fragilidad del acuerdo alcanzado en Suecia, de lo poroso del territorio, del odio entre los combatientes, pero no nos queda más que hacer todo lo posible para que prospere el acuerdo. Estamos hablando del destino de la mayor crisis humanitaria de los últimos tiempos, de la vida de millones de personas.

Las fotos que por fin las empresas de comunicación han decidido publicar hablan por ellas mismas de qué clase de crisis estamos hablando. Hacía años que no veíamos imágenes tan devastadoras de una crisis hecha por el hombre. Niños con caras de viejos a causa del hambre atroz. Niñas agonizando de enfermedades curables. Cuerpos tumbados donde solo hay pellejo, incapaces de sostener su propio peso. La cifras son también pavorosas. Solo en un mes, en noviembre, en Hodeidah murieron 3.000 personas. La cifra mantenida hasta ahora de 10 mil muertos en los casi cuatro años de guerra se va quedando pequeña. Es mucho más creíble la de 60 mil dada recientemente. UNICEF ha dicho que ya han muerto 85 mil niños a causa del hambre. Una reciente encuesta de Naciones Unidas ha encontrado que 16 millones de yemeníes viven con escasez de comida, de ellos cinco millones pasan hambre y 63.500 están literalmente muriendo de hambre. Un incremento del 42% desde marzo del 2017, cuando se realizó una encuesta similar. Por el puerto de Hodeidah entra el 75% de la ayuda humanitaria que mantiene con vida a esta gente. Por eso es tan importante que el alto el fuego en Hodeidah prospere.

Martin Griffiths, el enviado de Naciones Unidas en Yemen que ha desempeñado un papel clave en las negociaciones, ha dicho que se requiere un robusto monitoreo internacional para que se cumplan los acuerdos y ha propuesto que la tarea sea llevada a cabo por el general holandés retirado Patrick Cammaert, que supervisó el alto el fuego entre Etiopía y Eritrea en su última guerra. El tiempo para que actúe la Comunidad Internacional ha llegado, pero cuando debía empezar el alto el fuego solo habían desplegado una pequeña misión. Todavía el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas no ha adoptado ninguna resolución apoyando los acuerdos de Suecia. ¿Cómo es posible?

La razón es sin duda la debilidad política de la coalición. La guerra no puede acabar sin que se inicie un proceso político para refundar el estado yemení, un proceso que estaba en marcha cuando empezó el conflicto armado. Contra todo pronóstico la guerra ha trabajado a favor de los huzíes, debilitando el viejo régimen de Saleh sin Saleh que los saudíes, ingleses y estadounidenses querían reinstalar. No deja de ser chocante que un gobierno de facto que tiene el apoyo del ejército nacional, que ha controlado durante cuatro años la capital y un territorio donde vive el 80% de la población siga siendo considerado “rebelde”, mientras que el gobierno depuesto del Presidente Hadi, que no puede ni garantizar su sede en territorio yemení, que no es otra cosa que una cáscara vacía –el ataque a Hodeidah estaba comandado por militares de Emiratos–, se le considere el gobierno del Yemen. Es incoherente que pidan al gobierno de facto que ha resistido cuatro años y que está lejos de ser derrotado que se autodesarme para poder empezar negociaciones políticas. La idea de que es un gobierno sostenido por los misiles iraníes es ridícula, como lo era la amenaza de Sadam Hussein. Se trata de excusas prefabricadas para hacernos tragar una guerra en beneficio de los halcones saudíes coaligados con accionistas de las empresas de armamento.

Este periodista ha hablado recientemente con residentes de Taiz viviendo en territorio en manos de la coalición y le han contado que esta es incapaz de generar ninguna institucionalidad. El poder está en disputa entre jeques que reciben dinero de los saudíes y jeques que lo reciben de los emiratíes, muchas veces miembros de las mismas familias. En otras áreas controladas por la coalición las tribus han establecido alianzas con al Qaeda o están bajo control de grupos separatistas. Periodistas que han visitado recientemente el país dicen que se encuentran más seguros en Sanaa que en Aden, la vieja capital del sur donde se pasa la misma hambre que en Sanaa.

Taiz era uno de los centros políticos de Al-Islah, un partido esencial en el régimen anterior en el que habían confluido wahabistas y Hermanos Musulmanes. Corrientes del sunismo ahora no solo divididas, sino enfrentadas, como ha puesto en evidencia el asesinato de Jamal Khashoggi. El wahabismo es la corriente del islam saudí y los Hermanos Musulmanes están apoyados por Qatar y Turquía. El otro partido esencial del viejo régimen, el Congreso General del Pueblo, el partido del Presidente Saleh, ha quedado también debilitado después de que este fuera abatido el año pasado por los huzíes en una disputa política interna. El Congreso General del Pueblo mandó delegados con la delegación del gobierno de facto huzíe a las negociaciones de paz en Suecia.

De cualquier manera es imposible que la guerra acabe sin que se reanude un proceso político de negociación a nivel nacional. Las negociaciones que está previsto se reanuden en enero –ambas partes han aceptado– tendrán que abordarlo si quieren llegar a un final feliz. Sin acuerdo político no hay fin de la guerra. La guerra y la política son la continuidad de un mismo proceso, detenido cuando el Presidente depuesto Hadi se negó a negociar de igual a igual con los huzíes el futuro del Yemen. Después de cuatro años de guerra estamos como cuando empezó, pero quizá ahora Hadi –debilitado– se vea obligado por fin a aceptar un diálogo nacional entre iguales sobre el futuro del Yemen. La victoria militar es inviable, como lo es la continuidad del viejo régimen.

La presión internacional sobre los saudíes es decisiva para acabar con la guerra, que es la principal causa de la devastadora crisis humanitaria en Yemen. La guerra la están haciendo los saudíes con armas occidentales y asesorados por militares estadounidenses e ingleses. Por eso ha sido importante que el Senado de los Estados Unidos –en manos de los conservadores– haya aprobado una resolución bipartidista exigiendo que se detenga la asistencia militar de los Estados Unidos a Arabia Saudí en la guerra del Yemen. No por ser simbólica deja de ser significativa. Canadá está considerando dejar de vender armas a los saudíes después del asesinato de Jamal Khashoggi, a pesar de que tiene varios contratos firmados, según ha dicho su Primer Ministro Justin Trudeau. La mayoría de los países de la Unión Europea, incluida Alemania, han detenido la venta de armas a los saudíes.

El gobierno de Sánchez debería tomar ejemplo. Nunca será tarde si se salvan vidas de civiles inocentes. España tiene que dejar de vender armas a Arabia Saudí mientras dure la guerra del Yemen. La vida de los niños debe estar antes que las comisiones de los políticos, reales o no, y los dividendos de los accionistas de las empresas de armamento. El diario El Mundo recientemente informó que “sólo entre noviembre de 2016 y febrero de 2018, 5.300 toneladas de explosivos se cargaron en el puerto de Bilbao con destino a Arabia Saudí y Emiratos Árabes”. Sánchez no debe olvidar que la crisis humanitaria en Yemen es el resultado de una estrategia de guerra contra la población civil en la que se usan las armas que España vende. Una estrategia militar prohibida por la comunidad internacional por su compromiso con los derechos humanos y la ayuda humanitaria. Es una crisis hecha por el hombre y debe ser resuelta por el hombre. ¿Cómo es posible que un gobierno “socialista” siga vendiendo armas a criminales de guerra?

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