Guerra en el norte de Etiopía

Una nueva crisis humanitaria acecha al Cuerno de África ante el silencio de Europa. El jueves once mil refugiados habían llegado a Sudán huyendo de la guerra en el norte de Etiopía. Dicen que pueden llegar hasta doscientos mil. Ese mismo día Amnistía Internacional certificó una masacre de cientos de civiles, la mayoría campesinos amharas, en Mai-Kadra, un pueblo al oeste de Tigray, en el frente de guerra.

Amnistía Internacional no ha sido capaz de confirmar quién es responsable de unos asesinatos brutales de base étnica aunque hay testigos que acusan a las fuerzas especiales de la policía tigriña. Sean quien sean los perpetradores, la masacre no augura nada bueno si no se detiene la guerra de inmediato. Etiopía tiene ya el mayor número de desplazados en el mundo por violencia étnica. Por eso llama la atención el silencio de Europa, que no ha hecho ningún llamamiento todavía para que cese un conflicto que ha entrado en su segunda semana.

Es difícil saber qué está pasando en el interior de Tigray. Se han reportado al menos diez rondas de bombardeos aéreos, disparos de artillería y cientos de muertos. Tigray tiene una desarrollada red de carreteras y de comunicaciones pero el gobierno etíope ha aislado completamente la provincia. Un castigo para la población civil que recuerda lo que han hecho los saudíes a la población del Yemen, en donde no pasan hambre, se les mata de hambre.

Sajjad Mohammad Sajid, el jefe humanitario de las Naciones Unidas en Etiopía, ha dicho que hay largas filas de camiones con suministros humanitarios a los que el ejército no deja pasar y gente esperando en grandes colas para comprar pan en Mekelle, la capital de Tigray.

El conflicto parece sacado de la teoría de Carl von Clausewitz, que ve a la guerra como la continuación de la política con otros medios. Pero esto ocurre en un territorio donde heridas del pasado imperial entendidas en clave étnica no están curadas. Las elites etíopes no se ponen de acuerdo entre ellas sobre la dirección que debe tomar el país. El conflicto puede llevar al colapso de Etiopía.

El 4 de noviembre el premier Aby Ahmed, tras meses de conflicto institucional, decidió mandar al ejército a detener a los dirigentes del Frente de Liberación Popular de Tigray (TPLF) por no acatar sus decisiones, acusándoles de estar fuera de la ley. El problema es que el propio Aby Ahmed gobierna excepcionalmente –habilitado por el parlamento (Casa de la Federación)– sin haber ganado ninguna elección. Las previstas para agosto pasado fueron canceladas alegando la situación creada por el coronavirus, mientras Tigray celebró las suyas en septiembre con la victoria del TPLF.

Tigray, la provincia situada más al norte, fronteriza con Eritrea, apenas tiene el 6% de la población nacional –Etiopía tiene 110 millones de habitantes– pero es importante porque además de ser la cuna de Etiopía, hasta la llegada de Aby el TPLF gobernaba en Addis Abeba mediante una federación de partidos constituidos con base étnica. Guerrilleros del TPLF habían sido quienes en 1991 habían derrotado al Derg, un régimen autoritario y centralista, implantando el régimen federal actual que Aby quiere cambiar. Aby, que llegó al poder hace dos años, ha disuelto el viejo partido federal y ha establecido el suyo propio: el Partido Prosperidad, al que no se ha sumado el TPLF.

Tigray es una de las nueve provincias étnicas federales que constituyen la República Federal de Etiopía. Cuenta con una milicia propia (250 mil combatientes) además de que muchos de los cuadros del ejército federal son tigriños adscritos al poderoso comando del norte con base en Mekelle, que según informaciones ha desertado con armas y equipo militar del gobierno federal pasando al lado tigriño. El resultado ha sido que la operación de arrestar a los líderes tigriños ha fracasado –con poca estima para los que no son eficientes, Aby reemplazó al jefe del ejército a los dos días de empezar la operación–, dejando a Aby sin otra opción militar que ocupar Tigray. Se ha metido en un camino que es fácil tomar, pero resulta difícil salir de él.

A la izquierda Debretsion Gebremichael elactual lider tigriño, a la derecha Meles Zenawi lider del TPLF y hombre fuerte de Etiopía desde 1991 hasta su muerte en el 2012

Hay riesgo de que la guerra pueda extenderse a otras partes de Etiopía o incluso al Cuerno de África. Isaías Afwerki, el autoritario presidente eritreo, es aliado de Aby Ahmed y podía verse tentado a intervenir. Lo mismo sucede con Sudán, donde hay un poder compartido después de la revolución entre fuerzas democráticas y militares. Abdel Fattah al-Burhan, el lider militar y actual hombre fuerte de Sudán, visitó Addis Abeba dos días antes del comienzo del conflicto.

Hay una insurgencia oroma –la etnia más numerosa– al oeste de Addis Abeba que podría tomar ventaja del desplazamiento de soldados al norte. A finales de octubre al menos 54 personas fueron asesinadas en un ataque de la guerrilla oroma en Gawa Qnaqa, al oeste de Wollega, según Amnistía Internacional.

En Addis Abeba cientos de tigriños han sido arrestados, están escondidos o buscan salir de la capital temerosos de lo que les pueda ocurrir. En julio cientos de personas fueron asesinadas por jóvenes oromos después de que Hachaluu Hundessa, un cantante oromo, fuera asesinado en la capital. Temen que algo similar pudiera ocurrirles. Desde hace dos años existe una campaña acusando a los tigriños de todos los males que tiene Etiopía.

Aby Ahmed, un militar ligado a la seguridad y la información, se abrió paso hasta el puesto de primer ministro apoyado en una rebelión de jóvenes oromos que se quejaban de su marginación. Lo irónico del caso es que Aby Ahmed fue galardonado con el premio Nobel de la Paz cuando apenas llevaba unos meses en el poder. En su discurso de aceptación comparó la guerra con el infierno. Emiratos Árabes Unidos puso tres mil millones de dólares en su cuenta una vez llegó al poder. Sus colaboradores dicen que Aby, un creyente pentecostal, se siente a sí mismo elegido para una misión especial. Al principio impresionó a la incipiente clase media de la capital, pero poco a poco ha ido perdiendo vapor. En julio los mismos jóvenes que le auparon al poder quemaron un libro escrito por él defendiendo el Partido Prosperidad al grito “abajo Aby”. La guerra contra Tigray pudiera ser la última baza para mantener su poder después de perder su base oroma y depender del poder amhara, que está en manos de una elite que controlaba el Imperio y que apuesta mayoritariamente por un estado centralista y autoritario.

Hace un año Aby Ahmed recibió el premio nobel de la paz, un año después nadie sabe si tendrá que devolverlo

Debretsion Gebremichael, el líder tigriño buscado por Aby para llevarlo a los tribunales, fue ministro de comunicación y tecnología en Addis hasta la llegada de Aby al poder. Fue él quien llegó a un acuerdo con Huawei para llevar el 4G a Etiopía, ocupó cargos de dirección en compañías eléctricas, participó en la construcción de la gran presa en el Nilo y puso la primera piedra del parque industrial Bole Lemi en Addis Abeba. El viernes 6 Aby nombró a Mulu Nega, viceministro de Ciencia y Educación Superior en su gobierno, nuevo líder de Tigray, como gobernador en el exilio, echando más leña al fuego de lo que parece convertirse paso a paso en una guerra civil.

Josep Borrell estuvo en Addis Abeba semanas antes de que fuera nombrado Ministro de Asuntos Exteriores de la Unión Europea. Visitó la Unión Africana y al gobierno de Aby. Tiene que conocer las tremendas implicaciones humanitarias que para la región tendría una guerra civil en Etiopía. Por eso llama la atención el silencio europeo.

El periódico Addis Standard publicó esta semana en su web que Heiko Maas, ministro de exteriores alemán, había telefoneado al jeque Abdullah bin Zayed Al Nayhan, su colega de Emiratos Árabes Unidos, para discutir la crisis. Ambos dijeron estar preocupados con los acontecimientos en Etiopía pero ninguno pidió a Aby detener la operación militar. Se limitaron a advertir que el conflicto no debe expandirse en la región.

La Unión Europea es uno de los aliados extranjeros más importante para Aby. Bruselas dona cientos de millones de euros al gobierno en programas para crear empleo y favorecer la inversión privada. Etiopía lo paga cooperando en programas para detener la emigración hacia el Mediterráneo vía Sudán y Libia. Europa tiene que romper su silencio y llamar de inmediato al fin de las hostilidades.

Este articulo ha sido publicado

https://www.elviejotopo.com/

Publicado en Africa, crisis humanitaria, cuerno de africa, desplazados, Eritrea, Etíopia, refugiados, violencia etnica | Deja un comentario

Entrevista a Mark Aguirre “Muchos movimientos persiguen ahora los objetivos abandonados por la socialdemocracia”

Reproduzco la entrevista hecha por mi amigo y periodista Siscu Baiges sobre mi último libro Socialdemocracia. Cómo y cuándo ha dejado de ser de izquierda.

Fue publicada en El Triangle https://www.eltriangle.eu/es/entrevistas/muchos-movimientos-persiguen-ahora-los-objetivos-abandonado_107032_102.html


Desvelemos su conclusión: ¿Cuándo y porqué dejó la socialdemocracia de ser de izquierda?

Ha sido un proceso histórico que empezó a principio del siglo XX pero que ha culminado en estas últimas décadas, sobre todo cuando la socialdemocracia aceptó el neoliberalismo y se olvidó de sus propios programas y proyectos.

¿Es un proceso reversible? ¿Puede volver a ser de izquierdas la socialdemocracia y los partidos que la representan?

Hay que distinguir entre lo que es el proyecto socialdemócrata y lo que ha llegado a ser el aparato o los partidos que se reclaman de la socialdemocracia. En la última cumbre de la Unión Europea vimos dos socialdemocracias, por llamarlo de alguna forma. La del norte, Suecia, Finlandia, Dinamarca, se oponía incluso a una política solidaria con los países más afectados por el coronavirus, uno de ellos España, gobernada por la socialdemocracia. Es la expresión de que los partidos socialdemócratas que hoy existen, como el PSOE, es dudoso que puedan retomar los principios en que se fundó la socialdemocracia. Están muy perdidos y parece que cada uno tira por su lado. Los objetivos históricos por los cuales la socialdemocracia fue establecida –crear una sociedad igualitaria, sin explotación, sin discriminación, donde las decisiones se tomasen racionalmente- siguen más vivos que nunca. El problema es qué actores o sujetos políticos van a retomar esos principios que siguen vivos con la crisis del neoliberalismo. Desde 2008 ha sido muy claro como se ha desatado la desigualdad, el desempleo, las situaciones precarias, de discriminación racial o por género. ¿De dónde se va a generar un movimiento que retome esos principios? Es una buena pregunta, pero, por otra parte, desde 2008 hemos visto que se han generado muchos movimientos que están persiguiendo estos objetivos, parcialmente o en su conjunto.

Históricamente se ha vinculado la socialdemocracia con modelos del norte de Europa. ¿Siguen sirviendo como modelos o también se han contaminado por el neoliberalismo imperante?

Han hecho concesiones al neoliberalismo. Lo ves en las políticas que siguen. ¿Dónde está la solidaridad, que es una de las bases de la socialdemocracia, con los países que más la necesitan? No hay solidaridad. Simplemente defienden los intereses de sus empresas o de sus ciudadanos. Es difícil encontrar una relación común entre la socialdemocracia actual del norte de Europa y los principios con que se estableció. La socialdemocracia, con la Tercera Vía, pensó que la narración, el relato del neoliberalismo era cierto. Pensó que no habría más crisis, que la sociedad iba por un camino más igualitario, con más clases medias, que se podía hacer algo con el medio ambiente. Lo que ha mostrado la crisis desde 2008 es que el sistema no da lo que promete. La desigualdad es más grande, quizás, que la que había cuando se fundó la socialdemocracia. El desempleo es cada vez mayor. La crisis del coronavirus es alarmante. El cambio climático hace insostenible un crecimiento de acumulación como el que ha habido en las últimas décadas. Esa es la paradoja que se vive. Mientras la socialdemocracia acepta el neoliberalismo o las premisas de la revolución conservadora, la realidad ha ido por otro lado. Al final, obviamente, la socialdemocracia tendrá que tomar una posición, pero dudo que de los partidos y organizaciones socialdemócratas surja una discusión sobre lo que estamos hablando. Ellos tienen otro calendario, otra agenda, que es intentar salvar el sistema tal como ha sido. Es una ilusión pero en eso están trabajando.

¿Por qué nunca oímos hablar de socialdemocracia en África, en el Tercer Mundo? ¿Por qué no ha cuajado allí este concepto?

En las sociedades de África o de América Latina no había las condiciones estructurales para que naciera una socialdemocracia. La socialdemocracia nació con una clase obrera organizada en una sociedad industrial, donde las fábricas eran el centro del sistema, cosa que no ha ocurrido en los países dependientes o en desarrollo. Nunca han sido sociedades industriales en el sentido que lo han sido las europeas. La socialdemocracia está ligada a la clase obrera, a la industria, al desarrollo de la manufactura, de los nuevos sectores industriales, donde obreros y patrones negociaban, donde había un Parlamento donde se discutía un presupuesto donde invertir, había una negociación colectiva. Eso nunca ha existido en estos países, que son agrícolas mayoritariamente, con un sector industrial débil, donde las clases no están bien constituidas. Son sociedades más proclives a lo que se llamó populismo, en el sentido que no estaban ligadas al liberalismo, a una clase, sino a un pueblo, a un líder. Los discursos socialdemócratas no encajaban con la estructura social. Hay partidos progresistas pero no socialdemócratas ligados a la clase obrera. Por eso el partido socialista en España se llama Partido Socialista Obrero porque es su referencia histórica.

¿Por qué tampoco se abren camino las ideas socialdemócratas en Estados Unidos? ¿Nunca habrá un presidente socialdemócrata allí?

Creo que vamos en esa dirección o que, por lo menos, hay una posibilidad. Ya a principios del siglo XX hubo un candidato socialista, Eugene Debs, que ganó bastante apoyo. Con los cambios que hubo entonces no continuó pero tenemos ahora el movimiento de Bernie Sanders, que retoma un programa de sanidad para todos, salarios dignos, apoyo social a la gente que lo necesita, un discurso socialdemócrata. En las elecciones que ha habido en las últimas semanas, candidatos que defienden este programa, han hecho progresos. Además, la situación de Estados Unidos es realmente mala, ahora, porque la perspectiva de que iba a haber una crisis en forma de V se está alejando. El desempleo va a ser más grande de lo que ha sido normalmente en Estados Unidos. La recuperación va a ser lenta. Está el movimiento en las calles en defensa de los afroamericanos que muestra que hay una gran preocupación en la sociedad norteamericana, entre los trabajadores, sobre su futuro. Pueden plantearse por qué no van por esa vía más socialdemócrata donde los intereses de la gente cuenten más que los intereses de Wall Street. ¿Por qué no?

A raíz de la pandemia se ha revalorizado el sector público. Se ha demostrado la necesidad de potentes servicios públicos sanitarios y sociales. ¿Eso puede facilitar el regreso de una socialdemocracia de izquierda?

Por lo menos lo está planteando objetivamente. Una de las razones por las que la pandemia ha sido tan severa en España, en Brasil, en Estados Unidos o en el Reino Unido es porque se ha desmantelado la sanidad pública y se ha invertido menos dinero en los servicios sociales públicos, que es una de las doctrinas del neoliberalismo, que quiere privatizar, que el mercado resuelva. Invertir para evitar o luchar contra una pandemia no da beneficios. Por consiguiente, cuando llega la pandemia los sistemas de salud públicos de esos gobiernos que los han destruido no están preparados. Como ya pasó en la crisis de 2008, lo público empieza a estar más en boga que lo privado. Es una batalla de intereses, política. Si incides en gastar en lo público estás tomando decisiones con las que el neoliberalismo no está de acuerdo, que dice que esas decisiones las tienen que tomar los propietarios de los hospitales, los inversionistas, y no el sector público. La ventaja de los que defendemos lo público frente a lo privado es que ellos han demostrado que son inútiles, que han fracasado a la hora de resolver la pandemia, como fracasan en dar una vida digna a la gente. Hay hechos que podemos medir, cuantificar, que muestran que el neoliberalismo está fracasado y que si continúa no es por el bienestar social sino por los intereses privados de un grupo que controla las decisiones de los gobiernos y donde se hacen las inversiones. Ahí sí que se abre un espacio para una lucha política por recuperar una sociedad en la que cualquier ciudadano tenga una vida digna, no haya discriminación, no haya explotación y que dé seguridad médica, permita la educación y que combata el cambio climático que está detrás de esta pandemia. ¿Que la izquierda sea capaz de ocupar ese espacio en lugar de la derecha? Eso es la política, es un juego. Los que defendemos lo público estamos en mejores condiciones que el año pasado antes de que empezara la pandemia. Se ha demostrado que lo privado no funciona.

Cierra el libro con un párrafo en el que dice que “la izquierda necesita establecer alianzas para gobernar si quiere enterrar al neoliberalismo de manera democrática. En nombre de la igualdad”. ¿Qué futuro augura para la izquierda y para la socialdemocracia?

La socialdemocracia organizada ya lleva unos años en un vacío programático. Se ha puesto detrás de la Unión Europea, donde, como sabemos, los ciudadanos no decidimos nada y cuando hacemos un referéndum no nos toman en serio. Es una organización muy clasista, muy elitista, muy controlada por los banqueros, las grandes corporaciones y los intereses de las burocracias. Se han puesto detrás de ese carro pero los que lo manejan no saben bien por donde tirar. No le veo capacidad de hacer algo que nos separe de ese carro que nadie sabe dónde va. Lo que vemos es que hay más desigualdad, que los servicios sociales colapsan, que el cambio climático va a peor, la pandemia… No veo realmente una salida en el sentido de lo que hemos soñado. No tengo mucha esperanza en que estos políticos nos lleven al sitio que queremos. Pero los sectores de mujeres, afroamericanos, emigrantes, asalariados… están cada vez más excluidos y les va cada vez peor. Ahí se abre una posibilidad de discutir porqué un grupo pequeño tiene que decidir hacia dónde va el carro. Hacia donde ir vendrá más de abajo, de movimientos sociales, como se formó en su origen la socialdemocracia, que desde los palacios, Bruselas o Luxemburgo. Es un proceso abierto, que va a durar tiempo, pero ahora sabemos que hay posibilidades. Hace cuatro o cinco años mucha gente creía que el sistema iba bien, que no se podía hacer nada. Ahora sabemos que esa imagen con la que hemos crecido durante décadas no es tan cierta. Todo está en una situación de incertidumbre y ahí se puede hacer algo.

¿Veremos el libro Socialdemocracia. Cómo y cuándo ha vuelto a ser de izquierda?

Creo que sí que lo veremos. Si no lo vemos será realmente doloroso. Mejor pensemos que lo vamos a ver. ¿Quién nos iba a decir hace cinco o seis años que en Estados Unidos un socialista como Sanders tendría opciones de ser presidente, de incidir en la política del país central del capitalismo. Ahí lo vemos. Las cosas van rápido. Si Estados Unidos avanza en esa dirección y saca a la derecha radical del gobierno eso abrirá muchas perspectivas. Si realmente la política por salvar el Planeta se abre camino, como muestran movimientos como el Great (Green)New Deal, o el de los chicos de los institutos en todo el mundo. Hay indicios de que es posible. Espero que veamos, al menos, un camino hacia un mundo mejor que el que tenemos, que es bastante deplorable.

Publicado en Uncategorized | Deja un comentario

Etiopía: el macabro juego político del conflicto étnico

A finales de junio Hachaluu Hundessa, un popular cantante oromo, fue asesinado. El crimen desató una ola de devastación, violencia y caos que asustó al país. En una semana al menos 240 personas murieron asesinadas, 9.000 fueron detenidas y casas y negocios fueron quemados. La violencia pasó semidesapercibida para las empresas de comunicación internacional pero el conflicto no está solucionado. En agosto volvió haber incidentes violentos en Oromia, la región que circunda Addis Abeba.

Etiopía es el país en el mundo con más desplazados por violencia étnica. El Cuerno de África es una de las últimas fronteras de la globalización y ningún actor quiere mostrar unas cartas que pueden incluir el uso de diferencias étnicas para alcanzar fines políticos o económicos, como muestra la historia del colonialismo en África.

A mitad de agosto otras 10 personas murieron por heridas de bala en protestas no relacionadas con el asesinato del cantante. Los asesinatos ocurrieron cuando jóvenes de Woleyta, una nacionalidad en el sur que quiere establecerse como provincia federal autónoma, se enfrentaron en manifestaciones a fuerzas de seguridad. Etiopía tiene 10 provincia federales pero 80 grupos étnicos, muchos de ellos en el sur agrupados en una sola provincia: Región de Pueblos, Nacionalidades y Naciones del Sur (SNNPR).

Por si esto no fuera suficiente en uno de los países más pobre y poblados de África, un litigio entre la provincia federal de Tigrai y el gobierno central a causa de las elecciones tiene todos los ingredientes para convertirse en una peligrosa tormenta política. El Frente de Liberación Popular de Tigrai quiere seguir con las elecciones previstas para septiembre mientras el gobierno de Aby Ahmed no quiere que se celebren.

Aby ha declarado el estado de alarma y cancelado las elecciones federales –estaban previstas para el 29 de agosto– por el coronavirus. Gobierna sin ganar ninguna elección. Fue elegido por el parlamento como primer ministro hace dos años. Al posponer las elecciones la oposición le acusa de aprovechar la epidemia para incrementar su poder personal.

El conflicto puede desestabilizar al país porque Aby sacó del poder, en una lucha interna partidista, al Frente de Liberación Popular de Tigrai, que conserva gran influencia en el ejército y la seguridad del Estado. Esta organización política había sido el alma del Frente Democrático Revolucionario del Pueblo de Etiopía (EPRDF), la espina dorsal del régimen federal instaurado en 1991 hasta la llegada de Aby Ahmed al poder. Ahora el nuevo hombre fuerte ha establecido su propio partido, el Partido Prosperidad, que aboga por más centralismo y al que se opone el TPLF, que defiende sus derechos federales.

La situación es preocupante porque Aby Ahmed fue visto como una esperanza por la mayoría de los etíopes para salir de la crisis en que se encontraba el país. Etiopía llevaba tres años enfrentando una rebelión de jóvenes oromos conocidos como qarrooss que no pudo ser aplastada a pesar de varios estados de alarma, más de mil muertos y decenas de miles de prisioneros. Pero dos años después el optimismo ha empezado a evaporarse. Empieza a haber la sensación de que Aby está revirtiendo como el cangrejo las ganancias democráticas ganadas durante los dos últimos años, para convertirse en una especie de Bonaparte étnico.

El crimen del cantante Hachaluu Hundessa, un héroe para los qarrooss, conmocionó a la comunidad oroma. El cantante había recibido amenazas de muerte después de decir que la estatua del rey Menelik II en el centro de la ciudad de Addis Abeba debía ser derribada. Hachaluu, en un programa en la televisión OMN, acusó a Menelik de haber cometido un genocidio contra los oromos cuando conquistó y ocupó el sur de Etiopía a finales del siglo XIX, incorporándolo al Imperio.

Estatua de Menelik II en Piaza en el centro de Addis Abeba

En Addis Abeba casas y negocios fueron quemados en un toma y daca entre nacionalistas radicales oromos y nacionalistas radicales amharas cuando se supo del asesinato. En Oromia, donde las carreteras fueron cortadas,10.000 personas salieron de sus casas huyendo de la violencia, la mayoría no oromos En Adama, la capital oroma, hubo 117 muertos algunos de ellos quemados dentro de sus casa y otros asesinados a varazos y disparos. En Shashamane, a 90 Km al suroeste de la capital, la violencia se convirtió en un huracán de destrucción contra los no oromos. En algunos casos fue tal que organismos de derechos humanos hicieron sonar la alarma de la “limpieza étnica”. En Arsi y Bale, al sur de Addis Abeba, también hubo violencia, esta vez entre musulmanes y cristianos. Cuarenta personas murieron, la mayoría cristianos.

La policía detuvo a Jawar Mohammed, el líder radical más importante de los qarrooss, quien había ayudado a Aby a llegar al poder. Su empresa de comunicación OMN, establecida en Minesota con ayuda de Al Jazeera hace 7 años y que operaba en Etiopía desde que Aby llegó al poder, fue cerrada tras los incidentes. Había sido un símbolo de la nueva libertad de expresión. El gobierno le acusa ahora de instigar conflictos étnicos y religiosos con mensajes incendiarios y de odio. Pero las detenciones de líderes oromos, la etnia más numerosa junto a los amharas, no se ha detenido en líderes radicales. Lema Mergessa, un líder reformista aliado de Aby, hasta hace poco ministro de defensa, está bajo arresto domiciliario. La misma suerte ha seguido Dawid Ibsa, el líder del Frente de Liberación Oromo (OLF), quien regresó desde Eritrea en 2018 como aliado de Aby creando más incertidumbre sobre el futuro. Nuevas movilizaciones contra las detenciones pueden surgir. Guerrillas oromas proindependencia están activas en el oeste del país y muchos temen que ganen fuerza con las detenciones de líderes oromos.

Las detenciones han hecho saltar las alarmas en organismos de derechos humanos que hasta ahora identificaban a Aby Ahmed con la primavera política etíope. Internet estuvo cortado durante tres semanas después del asesinato del cantante. Amnistía Internacional ha denunciado detenciones masivas y arbitrarias y abusos del gobierno contra los derechos humanos. Este año Aby fue galardonado con el premio Nobel de la paz y la UNESCO había dado un premio al gobierno por su política de libertad hacia los medios de comunicación.

Es verdad que la represión había continuado, pero había sido vista como una tendencia del pasado de la que Aby se estaba deshaciendo. Desde que está en el poder había habido al menos cuatro crímenes políticos de alto nivel entre ellos, en junio del 2019, el de Seare Mekonnen, jefe de staff del ejército, un tigriño, y Ambachew Mekonnen, un alto militar afiliado al nacionalismo radical amhara. Ninguno de los crímenes ha sido resuelto. Había intentado detener sin éxito –la justicia lo busca– a Getachew Assefa, un tigriño cabeza de la inteligencia nacional y miembro del buró político del TPLF. Pero a pesar de acciones puntuales represivas habían sido liberados miles de prisioneros y el país había vivido una atmósfera de libertad. Ahora la perspectiva estaba cambiando, después de ver cómo Aby multiplicaba los arrestos de altos líderes políticos y retomaba las detenciones arbitrarias de gente ordinaria, como ocurría durante el anterior gobierno autoritario.

Hay temores de que la nueva espiral de violencia étnica que está conociendo Etiopía implique un giro en la situación del país, acabando una etapa de apertura política. La vieja política centralista y autoritaria del estado etíope puede reaparecer abriendo la posibilidad de caos y violencia, acabando con un ciclo político de estabilidad.

Hasta ahora poco se ha avanzado para esclarecer el asesinato de Haacaluu, el cantante y activista oromo asesinado en Addis Abeba. El gobierno acusa del crimen a oromos independentistas para hacer descarrilar la agenda de Aby. Ellos lo niegan. Otros han puesto su mira en el TPLF o incluso en nacionalistas amharas, indignados por los ataques del cantante contra Menelik. Asusta no solamente que el crimen político siga siendo un método ordinario para deshacerse de enemigos políticos, sino sobre todo que se use para desatar una espiral de violencia étnica que nadie sabe cómo puede terminar, tal como ha ocurrido otras veces en el Cuerno de África. Jugar con el enfrentamiento étnico para fines políticos o económicos es despertar a los demonios. A veces no se pueden controlar, como hemos visto en los Balcanes o Ruanda…

https://www.elviejotopo.com/topoexpress/etiopia-juego-politico/

Publicado en Africa, cuerno de africa, desplazados, Etíopia, violencia etnica | Deja un comentario

Guerra de Yemen: un nuevo nivel de vergüenza

La epidemia del coronavirus se ha convertido en Yemen en un nuevo capítulo de un genocidio silenciado. La empobrecida nación árabe, según la Organización Mundial de la Salud, es el peor lugar del mundo para enfermarse de coronavirus. La posibilidad de morirse es cinco veces mayor que un infectado global.

La razón: la guerra. Las bombas saudíes han destruido la mitad de los hospitales y centros de salud; y con ellos laboratorios, tanques de oxígeno y equipo básico protector que podrían ayudar a parar la epidemia. La gasolina que alimenta los generadores de los hospitales empieza a escasear debido al bloqueo. Por la misma razón los precios de la comida se han disparado. Millones de personas comen una vez al día debilitando todavía más su ya precario sistema inmunológico.

Es difícil aceptar que en este escenario dantesco la comunidad internacional, incluido el gobierno español, esté contribuyendo a este brutal desastre humanitario. No solo está reduciendo su ayuda humanitaria a Yemen; ha comenzado de nuevo a vender armas a Arabia Saudí, el líder brutal del asalto a la población civil.

Ya había comenzado la pandemia cuando los donantes del programa en Yemen de Naciones Unidas se reunieron a principios de junio para discutir la ayuda humanitaria para este año, el sexto de la guerra. Más de 40 participantes representando a gobiernos y organizaciones humanitarias hablaron sobre la situación trágica que atraviesa el país. Ninguna propuesta para prohibir la venta de armas en una guerra –la raíz del problema– que ha matado a más de 112.000 personas, destruido el sistema de salud y ha hecho que 24 millones necesiten alguna forma de ayuda humanitaria.

Los donantes, entre ellos Estados Unidos y Gran Bretaña, que venden armas para la guerra por miles de millones de dólares, ofrecieron para este año 1.350 millones de dólares. La mitad de lo que se necesita. El Programa Mundial de Alimentación que da comida a 10 millones de yemeníes ya ha anunciado que se verá obligado a reducir su ayuda. El hambre escalará peligrosamente amenazando convertirse en una hambruna.

Arabia Saudí, el perpetrador número uno de este genocidio ofreció en la reunión 500 millones de dólares de ayuda humanitaria. Una cantidad 130 veces menor que lo que gasta cada año en la guerra. Dicho de otra manera, los 500 millones para todo el año ofrecidos por Ryad equivalen a lo que gasta en tres días de guerra. Emiratos Árabes Unidos, el perpetrador número dos, no puso ni un dólar sobre la mesa. La guerra para ellos es un juego macabro.

La situación ha llegado a ser tan perversa que los 65 mil millones de dólares que Ryad gasta anualmente en la guerra equivalen a cuatro veces el actual PNB yemení.

Es incomprensible que el cinismo saudí –por llamarlo de alguna manera­– haya sido “premiado” por la Organización de las Naciones Unidas (ONU). Antonio Guterres, su Secretario General, ha sacado a Arabia Saudí de la lista negra que Naciones Unidas elabora cada año con estados acusados de matar y herir niños con sus operaciones militares. UNICEF había denunciado que cada día morían o resultaban heridos ocho niños a causa de los ataques saudíes. Save the Children denunció en febrero que 26 niños fueron asesinados con bombas saudíes cuando civiles se concentraron para ver los restos de un avión de guerra derribado en la provincia de Al Hayjah. Human Rights Watch (HRW), una organización cercana al Departamento de Estado de los Estados Unidos, calificó el anuncio de Guterres como “un nuevo nivel de vergüenza”.

A pesar de que el desastre humanitario se está agravando drásticamente en Yemen, Gran Bretaña, Estados Unidos o España entre otros países han decidido sacar provecho de la guerra vendiendo nuevas armas o servicios militares a los saudíes. La decisión es criminal porque Arabia Saudí depende de Occidente para mantener su máquina de guerra. Compañías militares públicas o privadas occidentales coordinan ataques, proveen bombas, reparan aviones o entrenan a pilotos.

The New York Times ha publicado recientemente que el gobierno de Estados Unidos está valorando aprobar la exportación a Arabia Saudí y Emiratos Árabes Unidos de drones MQ-9 Reaper fabricados por General Atomics. Estos drones tienen la habilidad de cargar bombas más potentes haciéndolos más letales. En mayo del 2019 Mike Pompeo, el Secretario de Estado, no hizo caso a una petición del Congreso de congelar la venta de armas por un valor de 8.100 millones de dólares a los dos países por sus crímenes en Yemen.

En julio Londres anunció que la venta de armas a Arabia Saudí se reanudaba. Un tribunal las había prohibido un año antes porque los funcionarios que aprobaron su venta no habían valorado bien el riesgo que tenían en la muerte de civiles. La excusa que ha dado ahora el gobierno británico para reanudar la venta es la misma que curiosamente había esgrimido el Secretario General de las Naciones Unidas para sacar a Arabia Saudí de la lista negra. Esta excusa –la de que los saudíes tienen más cuidado que antes con sus bombas– no cuadra con la evidencia suministrada por UNICEF o Save the Children. Solo el 15 de junio murieron al menos 25 personas, la mayoría de ellas mujeres y niños, por ataques aéreos saudíes en una boda en el norte de Yemen. Tanto el gobierno británico como el Secretario General se habían plegado a los intereses de Ryad y los fabricantes de armas en vez de escuchar a los que defienden los derechos humanos.

El negocio de vender armas a posibles criminales de guerra tiene un rasgo particular en el caso español. Está manchado por las comisiones que el jefe del estado (hoy emérito), el Rey Juan Carlos, cobró de la monarquía saudí. Un dinero que el Rey escondió como un vulgar criminal en un banco suizo. Esperemos que el PSOE dé una oportunidad a Juan Carlos para defenderse en un tribunal de estas horrendas acusaciones.

No sé si es casual todo esto, pero el gobierno del PSOE ha incrementado 30 veces los contratos de armas con Arabia Saudí según las organizaciones que sostienen la campaña Armas bajo control. En 2019 el gobierno habría autorizado 22 licencias para exportar armas a Arabia Saudí por valor de 392,78 millones. El diario.es probó “cómo aviones de fabricación española o con componentes españoles se utilizan para bombardear Yemen o para reabastecer en el aire a aeronaves que después tiran bombas sobre el territorio”. El mismo diario ha denunciado que “una empresa española presidida por Josep Piqué produce los motores de los cazas saudíes –motor EJ200– que bombardean Yemen”.

A finales de junio, en el Congreso, el gobierno socialdemócrata justificó las exportaciones de armas a Arabia Saudí por la ausencia de embargos internacionales. Se olvidó de los derechos humanos y la lucha contra los crímenes de guerra. Solo Bildu y ERC se opusieron. Unidas-Podemos se alineó junto a VOX, que esta vez apoyó al gobierno en la defensa de la exportación de armas a Arabia Saudí. Antes, el alcalde de Cádiz, miembro de Podemos, había apoyado la fabricación en los astilleros de la ciudad de barcos militares que usará Arabia Saudí para impedir el acceso de gasolina y comida a Yemen. ¿Son los pobres del Yemen solo carne de cañón para el gobierno “progresista” PSOE y Unidas-Podemos? ¿Han renunciado a defender los derechos humanos?

Este artículo ha sido publicado en El Viejo Topo express

https://www.elviejotopo.com/topoexpress/guerra-de-yemen-un-nuevo-nivel-de-verguenza/

Publicado en crisis humanitaria, Uncategorized, yemen | Etiquetado | Deja un comentario

Yemen, ¿Puede crear la guerra un nuevo estado en el Sur de Arabia?

La complejidad y volatilidad de la guerra del Yemen es conocida. En este artículo se explica la aparición del Consejo de Transición del Sur (STC), los reclamos de independencia y por qué el STC está adquiriendo cada vez más importancia en el curso de una guerra que no acaba y ha provocado la peor catástrofe humanitaria de nuestros días.

Adén antes de la guerra

I
LOS SEPARATISTAS

Seguir leyendo
Publicado en Uncategorized, yemen | Deja un comentario

SOCIALDEMOCRACIA cómo y cuándo ha dejado de ser de izquierda

La editorial El Viejo Topo acaba de publicar mi último libro.

socialdemocracia

Mark Aguirre efectúa en Socialdemocracia una breve síntesis de la trayectoria del proyecto socialdemócrata, desde sus orígenes como ideología revolucionaria hasta la aceptación del capitalismo –y ahora el neoliberalismo– y la democracia representativa.

Se realata aquí una secuencia en la que los partidos socialdemócratas se han ido reinventando con mayor o menos fortuna. Con mayor fortuna con el keynesianismo, con menor fortuna con la Tercera Vía. Todo, hasta llegar al momento actual, cuando es visible un retroceso electoral de esas formaciones. Y no solo en España sinó en toda Europa.

Historia

Las ideas propias de la socialdemocracia flotaban en el ambiente, pero no fue hasta 1889 que se constituyó la II Internacional como partido político de clase que debía abolir la explotación y la injusticia. La clase obrera asumía así que la emancipación sería obra de la propia clase obrera, vinculando su éxito a su capacidad de convertirse en un sujeto político capaz de conquistar el poder.

En el congreso de Frankfurt (1951) la socialdemocracia abandonó el marxismo como referente ideológico y aceptó el capitalismo. Aunque, eso sí, se puso énfasis en la necesidad de intervenir en la economía.

En la década de los treinta del siglo pasado, Keynes cuestionó los planteamientos de la economía liberal, abriendo la época dorada del Estado de bienestar.

Pero en los sesenta el modelo empezó a dar muestras de agotamiento. La salida, liderada por Tony Blair y teorizada por Anthony Giddens, implicó la renuncia definitiva a las premisas sobre las que se había construido la socialdemocracia. Y se aceptó sin ambages el orden neoliberal.

Hoy, la socialdemocracia está lejos de perseguir los objetivos que estableció cuando se constituyó, y lejos de constituir un referente indiscutible de la clase obrera, enfrentándose al reto de reinventarse de nuevo.

El autor

MARK AGUIRRE (Félix Lasheras, Zaragoza, 1954) es periodista y escritor. Ha sido profesor de Sociología Política en la Universidad Veracruzana de México y es Doctor en Estudios Latinoamericanos por la Universidad Nacional Autónoma de México. Fue corresponsal de El Mundo en Beijing y en la sede de las Naciones Unidas en Nueva York. Colaborador habitual de El Viejo Topo, es autor de seis libros y docenas de artículos. Actualmente reside en Addis Abeba.

Publicado en Uncategorized | Deja un comentario

¿Por qué en el norte de Mozambique hay una insurgencia islamista?

La maldición de los recursos no descansa. En abril 52 personas, la mayoría jóvenes, fueron asesinadas en Xitaxi, en el distrito de Muidumbe, en el norte de Mozambique, por guerrilleros islamistas. Según testigos la negativa de los jóvenes a alistarse en las guerrillas les costó la vida. Muidumbe está en el interior, camino a la meseta de Mueda, a 50 kilómetros de Mocimboa da Praia, una pequeña ciudad costera en el Oceáno Índico donde nació la insurgencia. En su costa, la industria extractiva -Exxon Mobbil, Anadarko, ENI y otras compañías de la energía fósil- han comenzado a explotar el mayor yacimiento de gas encontrado en las últimas décadas.

En lo que va del 2020 Naciones Unidas había reportado a finales de abril al menos 30 ataques guerrilleros en la provincia de Cabo Delgado. Sobre todo en los distritos de Mocimboa da Praia, Macomia, Nangade, Palma y Quissanga. Ataques a comunidades, quema de casas, asalto a cuarteles de la policía, emboscadas a patrullas militares, ejecuciones de jefes de comunidades e informantes. Ataques cada vez más sofisticados. Radio Canadá Internacional ha informado de ataques a convoyes del grupo petrolero estadounidense Anadarko. Durante un tiempo el gobierno contrató primero a mercenarios de Estados Unidos (Blackwater) y después a rusos (Wagner Group) para protegerlos, pero ahora ha desplegado también al ejército.

En estos ataques 400 personas, la mayoría civiles, han muerto, y cien mil personas han sido desplazadas. Imágenes de cientos de personas caminando entre vehículos militares por la única carretera asfaltada que hay en el norte de la provincia, la carretera que une Pemba –su capital– con Mocimboa da Praia, han circulado por las redes sociales. Estos campesinos –el 80% de la población de Cabo Delgado lo son– han huido de sus comunidades y han dejado sus cultivos, sus playas y sus bosques por miedo a la violencia. Estamos hablando de un conflicto en donde tras tres años de violencia armada han sido contabilizados cerca de 1.000 muertos y 200 mil desplazados de una población de 2,4 millones. La población tiene miedo de los guerrilleros y del ejército.

El taxista de uno de mis viajes a la zona antes del conflicto decía que “el norte de Cabo Delgado es como el sur de Tanzania, pero más atrasado”. El rio Rovuma separa a los dos países, pero no a las etnias. Cabo Delgado es la provincia más pobre de Mozambique, y junto a Niassa la que menos infraestructuras tiene. Solo el 12,1% de los hogares están conectados a la red eléctrica. Hay comunidades sin cobertura telefónica, apenas hay carreteras y faltan escuelas y centros de salud. Tanto es así que el 65% de los niños no están escolarizados. En 2015 el 60% de la población era analfabeta (la media nacional es del 40%). La poligamia y el matrimonio infantil predominan.

Llama la atención el abandono del gobierno. Aunque Pemba está más cerca de Nairobi que de Maputo (Mozambique tiene más de 2.000 kilómetros de costa) la provincia de Cabo Delgado está fuertemente ligada al nacimiento del estado independiente mozambiqueño. No se puede hablar de una provincia aislada. En Cabo Delgado empezó la lucha de liberación nacional (1965-1974). En Chai, una población muy cercana a Muidumbe, el FRELIMO llevó a cabo el primer ataque militar contra los portugueses. Hay en Chai un pequeño museo que lo explica. El FRELIMO es el único partido que ha gobernado Mozambique desde su independencia en 1975. Muchos de los generales más influyentes en el ejército son macondes, la población étnica que habita la meseta en torno a Mueda. Estos generales macondes son los padrinos del actual presidente Nyussi, él mismo de Cabo Delgado y ministro de defensa con el anterior Presidente Armando Guebuza. Felipe Nyusi, quien inauguró su segundo mandato en enero, nunca hubiese llegado a Presidente sin el apoyo de aquellos.

Uno de ellos es el general Raimundo Pachiuapa. Copropietario con accionistas ingleses de Montepuez Ruby Minning, la mayor mina de rubíes del mundo, expulsó a los campesinos que cultivaban la tierra en donde estaban los rubíes para quedársela él y su familia. La expulsión de los campesinos fue organizada por el gobernador de entonces de Cabo Delgado.

estatua de Samora Machel en la isla de Ibo donde 31 insurgentes murieron en abril en enfrentamientos con el ejercito

Estos generales se olvidaron de las promesas socialistas del FRELIMO para reclamar un derecho a explotar en beneficio de sus familias los recursos naturales de Cabo Delgado. El neoliberalismo, que buscaba con quién hacer negocios, se frotaba las manos. Su jefe, el general Alberto Chipande, ministro de defensa cuando Samora Machel murió en un accidente de avión en extrañas circunstancias –se ha hablado de un atentado–, llegó a decir (el diario Noticias de Maputo se hizo eco de su discurso), cuando se supo la enorme riqueza que había bajo el mar: “No queremos ser mendigos. También queremos comer como individuos, como grupo. Estamos en fase de desarrollo económico, no de voluntariado, como aquella en que participamos para la liberación del país”. La familia del general Chipande tiene negocios en la explotación de gas.

La cantidad de gas encontrada en la Bahía de Rouma, a 50 kilómetros de la costa de Mocimboa da Praia, es enorme. Expertos calculan 5,7 billones de metros cúbicos. Una cantidad de gas que solo tiene comparación con los depósitos en Qatar. Podría satisfacer la demanda europea durante 10 años. Economistas estiman que Mozambique podría ingresar entre 60 y 95 mil millones de dólares en 25 años. Estamos hablando de un país con un PIB anual de aproximadamente 15 mil millones de dólares. Un país que Naciones Unidas sitúa en el octavo lugar por la cola en desarrollo humano. Más de 10 millones de mozambiqueños, de una población de 30 millones, viven en la pobreza absoluta y no tienen seguridad alimentaria.

La masacre guerrillera de Muidumbe llegó a los teletipos dos semanas después de que ocurriera. Los guerrilleros no suelen reivindicar sus ataques y el gobierno no quiere publicidad. A pesar del silencio que rodea a la insurgencia se ha ido abriendo paso información sobre quiénes son y sus razones.

Durante la toma guerrillera de Mocimboa da Praia corrió por las redes un vídeo donde uno de los ocupantes en uniforme militar decía: “lo ocupamos para mostrar que el gobierno actual es injusto. Humilla a los pobres y da los beneficios a los jefes”. En su discurso, rodeado por otros guerrilleros armados, intercambiaba elogios al Islam con denuncias de abusos del ejército.

Ha habido una discusión sobre si el movimiento –conocido por los locales como al-Shabab (la juventud)– era local o implantado desde fuera por militantes islamistas de Tanzania y Somalia, donde hay un movimiento islamista con el mismo nombre. Los locales no tienen duda de que es autóctono. El movimiento creció en las comunidades alrededor de Mocimboa de Praia. Eso no quiere decir que el movimiento islamista internacional no quiera sacar partido de la insurgencia en Mozambique.

Los Imams de la zona –el norte es mayoritariamente musulmán aunque globalmente en Mozambique los musulmanes son alrededor del 18%– han dicho a periodistas que el grupo se originó en Magule, un pueblo del distrito de Mocimboa da Praia, con ideas sobre el Islam provenientes de clérigos de Tanzania. Este grupo fue capaz de ganarse a los jóvenes del lugar, quienes empezaron a cuestionar los ritos tradicionales del Islam en las comunidades alrededor de Mocimboa da Praia dividiéndolas con una línea generacional. Los Imams acabaron expulsando a lós jovenes de las mezquitas y estos acabaron construyendo otras1.

Estamos hablando del 2014-2015, cuando el anterior presidente Armando Guebuza estaba siendo acusado de corrupción; su hijo actualmente está en la cárcel en espera de juicio, y Anadarko y ENI empezaban los preparativos para explotar el gas. En Palma, coqueros y pescadores estaban siendo desalojados de su territorio de la misma manera que había ocurrido con los campesinos de la mina de Montepuez. Estos jóvenes tres años después estaban en la lucha armada. El primer ataque fue en agosto de 2017, en la provincia de Nampula, para robar armas de un almacén.

Desde los inicios del movimiento los jóvenes se quejaban de que los nuevos trabajos generados por la industria extractiva del gas iban a gente de otras provincias. En mayo 2018 la situación no había cambiado. Hubo una manifestación de jóvenes protestando en Palma por el desempleo. La exclusión social y económica estaba alimentando la insurgencia. Lo mismo ha ocurrido con la corrupción. El poder de al-Shabab ha crecido hasta el punto de que han sido capaces de ocupar durante varias horas las capitales de los distritos de Mocimboa da Praia y Quissanga.

comunidad en el distrito costero de Quissanga uno de los más afectados por la violencia

La respuesta del gobierno ha sido militar. Una estrategia que en vez de ir a la raíz del problema resuelve problemas creando nuevos problemas. El ejército ha establecido un grueso cordón para aislar a los distritos en conflicto; soldados patrullan ostentosamente la zona e imponen estados de alarma para restringir los movimientos de la población. Cientos de jóvenes han sido detenidos. Los militares han llegado a usar aviones y lanchas marítimas en los combates con los insurgentes. Recientemente el ejército de Tanzania ha sido desplegado en la frontera para aislar tanto como sea posible la zona. Lo mismo ocurre con la información. El gobierno no quiere que se sepa lo que está ocurriendo. Periodistas han sido detenidos en Pemba, o han sido expulsados de la zona a la fuerza por los militares.

Tanto la Comisión Nacional de Derechos Humanos (CNDH), como Human Right Watch, una organización de Estados Unidos con lazos con el Departamento de Estado, han acusado al gobierno de detenciones arbitrarias, malos tratos a los detenidos y ejecuciones sumarias, conocidas popularmente “como mandar a por leña al bosque”

La violencia ha empezado a irse de las manos, como muestra la masacre de Xitaxi. Horribles fotografías con cuerpos decapitados y mutilados con machetes han circulado por las redes. La guerrilla ha llegado a quemar chapas (taxis colectivos) con mujeres y niños dentro. Un recordatorio de la enorme violencia que el país conoció durante la guerra civil entre el FRELIMO y el RENAMO (1977-1992), en la que murieron un millón de personas. La cultura del miedo y la desconfianza se está fomentado, destrozando la vida de las comunidades.

Este articulo ha sido publicado en El Viejo Topo Expres

Publicado en Africa, desplazados, explotación, mozambique, Uncategorized | Deja un comentario

La industria de la confección en Etiopía: Costureras explotadas más que nunca

L9040358

Una de las factorías del Parque industrial de Hawassa

 

La industria de las marcas de confección es nueva en Etiopía. Había una oportunidad de haberlo hecho diferente a como se hizo en Camboya, Sri Lanka o Bangladesh, donde es notorio el mal trato que reciben las costureras. Pero las cosas han ido a peor en vez de a mejor.

Los capitalistas de la moda pagan los salarios más bajos e todo el mundo. Menos de un dólar al día (27 dólares al mes o si se prefiere 18 centavos de dólar por hora). El salario es tan pequeño que las costureras tienen que recurrir a sus familias para llegar a final de mes. La mayoría, campesinos pobres que viven por debajo de la línea de la pobreza. Estas familias empobrecidas subvencionan a una industria que produce capitalistas que amasan increíbles fortunas. Sus propietarios están entre los diez más ricos del mundo mientras los salarios de sus costureras estan entre los más bajos.

¿Por qué aceptó el gobierno estas condiciones draconianas para sus trabajadoras? ¿Cómo es posible que mujeres jóvenes estuvieran dispuestas a trabajar por tan miserable paga? ¿Cómo sobreviven con lo poco que ganan?

***

La ciudad de Hawassa está a orillas de uno de los lagos del Valle del Rift, al sur de Addis Abeba. Hace cinco años, cuando empezó a construirse el polígono donde trabajan 32.000 costureras, era una ciudad sin industria. Un centro administrativo, con universidad, con comercio y pescadores, pero sin fábricas. El propio polígono era tierra agrícola. El gobierno tuvo que desalojar a 500 campesinos –se han quejado de no recibir lo prometido– para construirlo.

L9040336

L9040329

En diciembre, cuando lo visité, había instaladas 22 fábricas, pero hay espacio construido para el doble. Todas las factorías menos una, Textil Ethiopia PLC, de capital chino, que produce tela, se dedican a la confección. La mayoría de ellas tienen su sede en China, Hong Kong o India, pero la compañía PVH es el motor del polígono. Esta empresa de Estados Unidos es la propietaria entre otras marcas de Calvin Klein, Tommy Hifinger y Warner Underpants, una marca de ropa interior que se vende en Walmart. Sus ingresos ascendieron el año pasado a 9.700 millones de dólares. También confeccionan su ropa en Hawassa Children Place, H &M, Guess, Decathlon, Fila y Levi’s, por citar algunas marcas conocidas.

Etiopía es un país de campesinos pobres que quiere convertirse en 10 años en uno de bajo-medio ingreso produciendo manufacturas. Su modelo son los tigres asiáticos, o al menos ese era el proyecto de Meles Zenawi, el anterior hombre fuerte de Etiopía que soñaba con industrializar al país. Meles, fallecido en 2012, quería convertir a Etiopía, con la ayuda de China (China ha financiado los 10 mil millones de dólares que ha costado el polígono en Hawassa), en el primer país industrializado de África como una manera de combatir la herencia colonial de dependencia africana; pero se trataba también de dar una salida productiva a las inmensas cohortes de jóvenes que entran cada año en el mercado de trabajo. Etiopía, con 109 millones de habitantes, es el segundo país más poblado de África. Estos jóvenes necesitan empleos y el gobierno quiere dárselos en la manufactura. Quiere crear dos millones para el año 2025, y ve en estos polígonos industriales (hay 21 en desarrollo, la mayoría están en fase de construcción, de ellos 15 son públicos y 6 privados) una manera de lograrlo.

Hawassa está a mitad del eje que une Djibuti con Mombasa, el MarRojo con el Oceáno Índico, sobrepasando Somalia. China ha financiado la mejora de la carretera que desde Nairobi llega a la frontera con Etiopía, hasta el punto de que lo que hace tres años costaba recorrer tres días ahora se recorre en 12 horas. De Nairobi al puerto de Mombasa China ha construido un tren rápido, como ha hecho desde Addis Abeba al puerto de Djibuti. La construcción de la polémica presa en el Nilo azul para producir energía eléctrica es parte del proyecto industrializador.

La infraestructura está casi lista para impulsar la industria en el cuerno de África (solo la inestabilidad política puede perturbarlo) y las empresas que se han instalado en Hawassa quieren 
sacar ventaja de ello aprovechando los bajos salarios. El nuevo primer ministro, Aby Ahmed, quiere liberalizar la economía, es un fan neoliberal, para facilitar la entrada de inversiones extranjeras no chinas; una inversión que hasta ahora estaba altamente regulada y restringida a algunos sectores, entre ellos el textil y la confección.

El gobierno pensó en estos polígonos como un medio de impulsar sus exportaciones, aprovechar la transferencia de tecnología y crear empleo. Pero uno duda de su impacto más allá de crear un empleo muy precario. Estas empresas son una especie de maquilas en el interior del país. Las divisas que se pueden obtener con ellas son mínimas. Las empresas tienen una exención de impuestos a la importación y exportación de 10 años. Solo consumen de Etiopía el trabajo de las costureras que cosen las piezas importadas para volverlas a exportar una vez cosidas. El valor agregado es mínimo. El gobierno está intentando que compren al menos accesorios producidos nacionalmente, pero las empresas se resisten. El algodón lo importan, a pesar del que se produce en el sur de Etiopía. No confían en la calidad y en que lo entreguen cuan- do lo necesitan.

***

BF trabaja para una ONG que hace trabajo social con las costureras (no quiere dar su nombre porque a las empresas no les gusta que se sepa lo que hacen y teme represalias), y decía que el empleo era el tema que obsesionaba al gobierno cuando negoció con las marcas. “Estaba dispuesto a aceptar cualquier cosa que las marcas propusieran para que se instalasen. Les horro- riza el desempleo de masas de jóvenes. Su oferta en la mesa de negociaciones siempre era el bajo coste de la mano de obra etíope. Los incentivaba diciéndoles que podían pagar lo que quisieran a sus trabajadores”.

Untitled

Principales marcas de la moda que producen en el Parque Industrial de Hawassa

El gobierno aceptó que no hubiera un salario mínimo y que no se permitieran sindicatos. El resultado ha sido que las compañías deciden el salario de los trabajadores del polígono colectivamente, sin que los trabajadores tengan ningún instrumento para incidir en la decisión. BF decía que Etiopía aceptó estas condiciones porque tenía miedo de que las empresas no vinieran. El salario de hambre de sus costureras era la ventaja comparativa que ofrecía Etiopía a las marcas de los millonarios.

***

L9040362

parque industrial de Hawassa

En diciembre, 2.000 empleadas de Indochina, una empresa china con sede en Shanghai, pararon la producción pidiendo mejoras para la comida. Indochina tiene cinco factorías en el polígono, donde trabajan 4.500 empleadas. Las costureras querían que la empresa, en vez de darles un bonus de comida, sirviera un menú en los comedores como hacen otras compañías. Dejaron sus puestos de trabajo y salieron al recinto del polígono a protestar. El gobierno mandó de inmediato al ejército. Se había comprometido con las empresas a que no habría ninguna protesta. Llegaron soldados con sus fusiles para amedrentar a las huelguistas indefensas. La dirección del parque industrial tuvo que mediar para evitar que las cosas fueran a mayores. Las trabajadoras volvieron a sus puestos bajo la promesa de que sus reclamaciones serían consideradas.

En el polígono trabajan actualmente 32.000 obreras/os (el polígono tiene una capacidad para 60.000 trabajadores), la inmensa mayoría mujeres costureras, pero alrededor de 1.000 son expatriados, capataces o ingenieros de la India, Bangladesh o Sri Lanka, la mayoría hombres con experiencia en este tipo de factorías. El 90% son mujeres jóvenes de la zona con un promedio de edad de 20 años que apenas saben leer y escribir. Obreras que han sido clasificadas por las empresas según su talento en costureras, empaquetadoras o limpiadoras. Sidamo, la provincia federal de la que Hawassa es su capital, cuenta con el 20 % de la población etíope. Estamos hablando de una oferta de mano de obra de 5 millones de costureras potenciales. Son jóvenes no preparadas para afrontar la disciplina de la cultura industrial, pero necesitan el empleo; mucho menos lo están para trabajar en cadena y a no hablar cuando trabajan, como quieren los capataces.

L9040374

parque industrial de Hawassa

Este periodista pudo hablar con alguna de ellas y se quejaron por el bajo salario, el ritmo asfixiante de trabajo y de la falta de dormitorios y otros servicios. Trabajan seis días a la semana en turnos mínimos de ocho horas, a veces hasta 10, con un receso para la comida de media hora. El salario mensual de entrada es de 850 birr (27 dólares) y las que tienen suerte y consiguen algún incentivo extra no pasan de los 1.000 birr (32 dólares).

Las empresas se quejan de su baja productividad, es lo único que les preocupa. Pero las chicas se quejan del mal trato de los capataces, casi siempre hombres. Dicen que son agresivos cuando cometen errores, les gritan y abusan de ellas. Las empresas dicen que se trata de malos entendidos culturales, al no estar acostumbradas a la disciplina laboral. Pero al menos una de cada cuatro chicas contratadas se despide de su empresa antes de llegar al tercer mes por las condiciones de trabajo, los malos tratos y los bajos salarios. No aguantan.

No hay estudios sobre lo que hacen estas jóvenes una vez dejan su empleo de costureras. Volver con sus familias es raro y muy difícil de hacer. Dejaron a la familia para trabajar en las fábricas porque los ingresos de sus padres no llegaban. Las familias son numerosas, de 4 o 5 hijos. Hay como un mandato implícito en las comunidades a las que no se puede regresar con las manos vacías. “No pueden perder la cara”, dice Belante Tebkew, uno de los jóvenes gerentes del polígono. Es muy probable que acaben en la industria del sexo como ocurre en Camboya o intenten emigrar a los países del golfo.
***

L9040356

parque industrial de Hawassa

Hay que reconocer que las fábricas son modernas, limpias, con luz y bien equipadas, como si las marcas quisieran limpiar su deteriorada imagen con las instalaciones en vez de hacerlo con las condiciones de vida de las costureras. Han construido viviendas para los directivos, ingenieros y capataces pero se han olvidado de construir dormitorios para las costureras. Hay supermercados y áreas de recreo para ellos, pero no centros de atención o una clínica para las obreras (los administradores del polígono las llaman operarias). Hay cantidad de cámaras de seguridad dentro del polígono, pero ninguna seguridad para las mujeres una vez salen del polígono camino a sus casas. Decenas de ellas han sido asaltadas y violadas, sobre todo las que trabajan en los últimos turnos.
La vulnerabilidad de las costureras en sus desplazamientos nocturnos y sus protestas han obligado a muchas empresas a establecer un sistema de autobuses desde el polígono a donde viven las costureras. Pero no lo han hecho todas las empresas y algunas costureras siguen dependiendo de ellas mismas para desplazarse.

Tula es una comunidad rural a media hora de viaje al sur de Hawassa, en la carretera que va a Dilla. El precio de ida de un taxis colectivo para llegar allí desde Hawassa es de 10 birrs. Una costurera gana al dia 28,8 birrs. Es uno de los lugares donde viven las costureras. Otras lo hacen en comunidades rurales como Daka, Chefe Kole, o Referal. Viven en habitaciones construidas con barro y láminas de zinc y suelos duros de tierra o a veces de cemento. Por eso señalan la falta de dormitorios como uno de sus grandes problemas cuando les preguntas cuáles son los desafíos que enfrentan. No solo están en riesgo de ser atacadas en sus desplazamientos a casa, las condiciones en que viven son supermínimas, por decir algo.

L9041346

Dormitorio en Bole Lami Industrial Park

Tienen que vivir en la periferia de la ciudad, porque los salarios no les permiten alquilar ni tan siquiera una habitación compartida. Los precios de las habitaciones están en Hawassa en 1.000 birrs al mes. En Addis Abeba, donde hay otro polígono con fábricas de confección, Bole Lami Industrial Park, en el que trabajan 19.000 costureras, una habitación cuesta entre 1.500 y 2.000 birrs y el sueldo es el mismo 850 birrs al mes. Las costureras sobreviven juntándose en grupos y viviendo en el extrarradio. Ya lo había visto con las costureras de Phnom Penh, pero aquellas tenían entonces sueldos de 50 dólares y todavía eran capaces de enviar algo a los pueblos del arroz de donde venían y vivían sus familias.

L9040480

Tula donde viven muchas de las costureras del parque industrial de Hawassa

En Tula pagan 500 birr por una habitación que comparten entre cuatro, cinco o seis de ellas, como hacen en Addis Abeba o hacían en Camboya. Duermen en colchones de espuma en el suelo y acomodan la poca ropa que tienen como pueden. No hay espacio para armarios o barras donde colgar la ropa. Comparten con otras habitaciones wáteres y lavabos. Con el salario que tienen las costureras se ven obligadas a pedir dinero a su familia para comprar jabón, productos higiénicos, o poder tomar café los fines de semana. En Etiopía la industria de las marcas ha llegado a ser tan perversa que los millonarios del 1% chupan dinero de campesinos pobres que viven con dos dólares al día. Las costureras están tan explotadas que en vez de enviar dinero a sus familias campesinas, como ocurre en Camboya, son estas las que lo envían a sus hijas obreras a pesar de su enorme pobreza. Es increíble que estas familias campesinas pobres estén hinchando las cuentas de los billonarios, pero la realidad siempre supera a la ficción. En la explotación no es distinto

Este artículo ha sido publicado en https://www.elviejotopo.com/revista/el-viejo-topo-num-387/

Publicado en Africa, china, Etíopia, explotación, Uncategorized | Deja un comentario

Viaje en el Cuerno de Africa: el nuevo tren Addis Ababa -Djibouti (Parte III y última)

 

nagad.png
La estacíon de Nagad no tiene la sofisticación de la de Addis Abeba pero recuerda también a las viejas estaciones chinas construidas en estilo neoclásico como le gustaba a Mao Zedong. Es un edificio con una fachada diseñada con simples formas geométricas ordenadas simétricamente y con un gran espacio abierto en su interior para acomodar a grandes grupos. Esta era una gran diferencia. Mientras en China es una pesadilla subirse a un tren por el número de viajeros en Djibouti todos cabíamos en un sólo vagón. Los ingenieros chinos debían pensar en el futuro.

Untitled 2 11.37.21 PM.png

IMG_0352.jpg

 

Esta vez no era música moderna lo que empezó a sonar nada más arrancar el tren. Eran recitaciones coránicas lo que se escuchaba. Lecturas cantadas de suras del Coran. Los rezos venían del mobil de un señor vestido con una túnica blanca. Las mujeres que le acompañaban cubrían su pelo con chales coloridos. Los viajeros no eran tan jóvenes y estilistas como los que se habían subido en Addis Ababa.

IMG_0368 2.jpg

IMG_0387.jpg

Durante un rato corto viajamos paralelos al mar. Lo hicimos por una llanura de arbustos y hierbas que habían aprendido a vivir con la humedad del mar sobre la tierra seca.  Hasta que giramos hacia el oeste hacia las montañas no vimos a un alma. Quizá fuera por ser viernes el día que los mulsumanes rezan juntos en las mezquitas. El panorama empezó a cambiar algo cuando salimos de la estación de Ali Sabieh y empezamos nuestro ascenso hacia las zonas altas del Cuerno de Africa. No habrían pasado diez minutos cuando en la ladera de una pequeña colina vimos las primeras viviendas de nomadas pastoriles. Suelen ser de familias que se mueven de un lado a otro en busca de pozos de agua y pastos para sus rebaños. Tenían la forma semicircular de los uglus de los esquimales pero hechas con una estructura de palos cubierta con pieles y plásticos. Eran tres o cuatro viviendas juntas pero no vi a personas.

Estas familias de pastores nomadas son cada vez más vulnerables. Habitan una zona arida ó semiarida en donde cada vez es más difícil la vida humana por sus duras condiciones ecológica. Sus ancestros encontraron la manera de vivir en ellas organizados en clanes cuidando rebaños, moviendose de un lado a otro, a veces tan lejos como 200 kilómetros. Cuando la solidaridad del clan no era suficiente  vendían ganado en el mercado para dotarse de granos. Ahora esta forma de vida esta agonizando con la merma de los rebaños por sequías continuas y prolongadas. La situación es tan mala que en las actuales condiciones ecológicas la mayoría de los pastoriles necesitan ayuda alimenticia. Puede que las personas sobrevivan pero no ocurrirá lo mismo  con sus animales. La sequía prolongada es la muerte del mañana.  Una forma de vida estaba agonizando.

 

IMG_0383 2.jpg

IMG_20190810_231847_395.jpg

Poco después llegamos a Dewele. El paso fronterizo. Esta vez nos hicieron bajar del tren. Dos trabajadores del sector salud vestidos con batas blancas nos tomaron la temperatura y empezaron a hacer preguntas. En pocos días la pandemia del coronavirus había empeorado. El Presidente Trump había cancelado los viajes a Estados Unidos desde Europa y la epidemia había explotado en Irán e Italia. Me extrañó que me hicieran más preguntas que las que habían hecho a mis compañeros sobre mis últimos movimientos. Etiopia Airlines todavía seguía volando a China y Europa. Luego me enteré que varios militares españoles incluido un alto almirante destinados en Djibouti con la OTAN habían sido repatriados a España enfermos de coronavirus. Como un anuncio de lo que ocurriría más tarde en España los marineros españoles habían traído la pandemia a Djibouti o al menos eran los primeros casos detectados.

IMG_0388.jpg

Estación en el paso fronterizo de Dewele

Seguíamos subiendo buscando las lomas fáciles y los pequeños valles. El paisaje no tenía el dramatismo que había visto los días que estuve en Djibouti donde el Valle del Rift empieza a romper el continente en el golfo de Tadjura , pero rocas negras de todos los tamaños estaban esparcidas allí donde miraras. La lava de los volcanes debió ser intensa hace 30 millones de años cuando la fractura geólogica del Rift se estaba formanado empezando a separar a Africa.

Cuando salimos de las primeras montañas y llegamos a una planicie las piedras negras habían sido sustituidas por el color marron de la tierra . Matorrales, arbustos y pequeñas acacias se habían abierto camino a pesar de la arena y la sequedad. Vimos nuevas cabañas de nomadas pastoriles. Una mujer con un bebe a sus espaldas se movía entre ellas. Un rebaño de cabras se alejó disparado de la vía seguido por sus pastores corriendo detrás. Se había asustado por el pitido del tren.

IMG_0402.jpgIMG_0412.jpg

La arena flotaba en el aire. Volví a agradecer que las ventanas no se abrieran y hubiera aire acondionado. El área tiene fama de ser uno de los lugares más torridos del planeta. No había visto ni un sólo cultivo. Sólo camellos y rebaños de cabras. Los ingenieros chinos habían construido puentes sobre los wadis ahora secos pero en donde rebaños bebían agua bajo la arena.

Vimos a un grupo de jóvenes caminando hacia Djibouti siguiendo la línea del tren. No podían ser otra cosa que migrantes. Cargaban botellas de agua y bolsas de plastico en sus manos. Cada año decenas de miles de jóvenes  etíopes intentan llegar al puerto de Obock en el golfo de Tadjura para llegar a Yemen. Parece un sin sentido que quieran llegar a un país en guerra pero no  tienen salida. En Etiopía no hay empleos. Yemen es para ellos la puerta a un futuro que ven en los países del golfo. La realidad parece ser otra. Los informes que llegan hablan de traficantes sin escrupulos que se aprovechan miserablemente de la situación.  Esos días autoridades saudíes asustadas por el coronavirus estaban deportando  a miles de etíopes a la frontera del Yemen. No se si por ignoranacia o porque creían que con ellos iba a ser diferente vimos pasar a más de uno de estos grupos de jóvenes en dirección a Djibouti.

IMG_0394.jpg

grupos de jóvenes camino al puerto de Obock

El primer frenado brusco lo tuvimos cuando llevamos casi cuatro horas de viaje y nuestro destino estaba cerca. Un camello no quería dejar la vía. El maquinista espero paciente hasta que pudimos avanzar.

Nuevas montañas aparecieron en el horizonte. Estabamos llegando a Dire Dawa: la puerta de acceso hacia las zonas altas del Cuerno de Africa. Empleados del tren se habían puesto a limpiar el vagón. Lo mismo hacían en China incluso si viajabas en litera. Entraban al departamento y te quitaban las mantas para ganar tiempo. Esta vez solo tuve que levantar los pies cuando pasaban la escoba. Llegamos a tiempo. Habían sido algo más de 4 horas y media lo que nos había costado recorrer los 320 kilómetros que hay desde Nagad hasta Dire Dawa. Habíamos salido a nivel del mar y ahora estabamos a más de 2000 metros. Había sido un viaje  por uno de los sitios más torridos del planeta en donde pequeños grupos de nomadas pastoriles han hecho su habitat. Uno no termina de asombrarse de la capacidad de adaptación al medio ambiente de los humanos modernos.

 

llegada.png

interior estación de Dire Dawa

Publicado en Africa, cuerno de africa, Etíopia, Uncategorized, Viaje | Deja un comentario

Viaje en el Cuerno de Africa: el nuevo tren Addis Ababa -Djibouti (Parte II)

IMG_0421

Nueva estación de Dire Dawa

En Dire Dawa la mayoría de los viajeros se apearon pero llegaron otros a reemplazarlos. Era como si el vagón hubiese cambiado de alma. Mi compañero del otro lado del pasillo que no había hecho otra cosa que dormir en todo el viaje tambien se bajó. Estaba acompañando a un hombre viejo, era la primera vez que lo veía, debía haber estado en otro vagón.  Dos mujeres jóvenes ocuparon su lugar. Casi no encontraron sitio para acomodar todas sus bolsas apesar de que la fila de asientos que ocuparon estaba completamente vacía.

Cuando salimos de la estación rumbo hacia Djibouti había anochecido. Estaba frustrado porque quería ver el territorio en donde las tierras altas del Cuerno de Africa se desvanecen en un lugar que dicen es uno de los más duros del planeta.  Dire Dawa está todavía a 1200 metros de altura. Familias de Djibouti vienen a pasar el verano refugiándose del calor.  Pero apesar de las condiciones tan difíciles grupos pastoriles lograron adaptarse durante milenios al ecosistema de estas  tierras bajas.

En las afueras de Dire Dawa hay una cueva, Porc-Espin, donde paleontólogos han encontrado evidencia de que ha sido habitada por grupos de cazadores recolectores hace 70 mil años. En Laga -Hoda a 35 kilómetros de Dire Dawa  hay un portal en un barranco con pinturas pastoriles de probablemente hace siete mil años.  No hay duda de que este territorio ha estado poblado durante decenas de miles de años por nuestra especie. Los últimos siete mil por grupos nomadas pastoriles. Sería una tragedia inmensa que dejara de ser  habitable en apenas unas décadas por el cambio climático.

L1222104.jpg

Vaca pintada en Laga-Hoda. No tiene joroba a diferencia de las vacas actuales en el cuerno de Africa que si tienen. Tiene que ser de una emigración de grupos pastoriles originarios del Sahara probablemente entre hace cinco y siete mil años.

Una de las azafatas me había sugerido viajar al día siguiente si quería hacer el trayecto de día. Tenía dos posibilidades me había dicho.  Había un tren que salía  a las ocho de la misma estación, tomarlo fue su consejo; la otra viajar el viernes o lunes en el viejo tren francés. En este caso sólo llegaría hasta la frontera

Me quedo desconcertado. No tenía ni idea de que el viejo tren francés funcionara todavía dos días a la semana. No sabía que hacer. Tenía un boleto de avión para regresar desde Djibouti hasta Addis. Al final decidi seguir el viaje y regresar días después en tren hasta Dire Dawa. Podía cambiar mi billete de avión y volar desde Dire Dawa a  Addis. El tren desde Djibouti salía a las ocho de la mañana.

Había sido para mi una sorpresa que ferrocarrileros etíopes hubiesen sido capaces de hacer funcionar la línea vieja hasta ahora.  Es una línea de hace más de cien años. Sabía que eran un grupo activo.  Fueron ellos quienes en 1947  formaron el primers sindicato en Etiopía, pero no  me había imaginado que fueran capaces de mantener la línea. Al regreso llevado por la curiosidad visite la vieja estación y los talleres. Había amontonadas viejas partes y accesorios de maquinas y vagones que debían reusar. Maquinistas  cuidaban sus viejas maquinas Alsthom. La estación en buen estado asemejaba una vieja estación rural francesa.

 

Bahnstrecke_Addis_Abeba–Dschibuti.png

En rojo el nuevo trazado hecho por ingenieros chinos. En azul el viejo trazado hecho por ingenieros franceses

L9041626.jpg

Vieja estación de Dire Dawa construida en los albores del siglo XX

IMG_0441.jpg

 

Antes de arranacar el tren, nos habían puesto a todos los viajeros en un mismo vagón. Habían cerrado los otros. Me imagino para facilitar el control de los pasajeros en la frontera. Sin poder ver nada del mundo exterior me concentré en mis vecinas. Eran de Djibouti pero vivían en Dire Dawa. Vestían abaya y tenían cubierta su cabeza. Una de ellas de nombre Awa me dijo que iban a visitar a la familia y que regresarían días después por carretera. Al rato vino una amiga y empezaron a mover las bolsas y después su contenido cambiándolo entre ellas. Luego discutieron donde colocarlas y la amiga regresó a su lugar.

Nos estabamos acercando a la frontera en Dewele. Llegamos a las 10:30 de la noche. Habían sido algo menos que cuatro horas lo que nos había costado recorrer los 200 Kilómetros que aproximadamente separan a Dire Dawa de la frontera. Era de noche y el maquinista conociendo como los camellos pasan la vía había decidido viajar despacio. Los guardias fronterizos etiopes se limtaron a mirar los pasaportes y hacer algunas peguntas sobre a quien pertenecían los equipajes. No estuvimos muchos tiempo. Pero no fue lo mismo en la frontera de Djibouti. Primero fueron los polícias de migración quienes nos pidieron los pasaportes y las visas. Después los de aduanas identificando la pertenencia de los equipajes y revisándolos. Uno de los funcionarios tuvo una breve conversación con mis compañeras de viaje cuando se percato del número de bolsas que transportaban. Las jóvenes mujeres fueron elocuentemente persuasivas porque apenas perdio tiempo en mirar las bolsas. Por último subieron dos trabajadores de la salud cubiertos de arriba abajo vestidos con trajes especiales a medirnos la fiebre. Eran los días que la pandemia del coronabirus estaba comenzando a llegar a Africa. Entre una y otra cosa estuvimos 45 minutos.

Le pregunté a Awa que clase de negocio hacían. Traían frutas y mucho Qat, Harar uno de los mayores centro de producción esta cerca de Dire Dawa, pero decían que el negocio estaba en los chales de algodón etíopes que eran muy apreciados. Harar se hizo famosa en Europa porque Rimbaud uno de los poetas malditos franceses vivió allí cuando dejo la poesía por el negocio de armas.  De regreso a Dire Dawa traían perfumes, aceites y pequeños electrodómesticos. Me dijeron que ahora hay más vigilancia porque hace unos días habían descubierto un cache de pistolas turcas cuando iba a ser introducidas de contrabando en Etiopía. Decía que el negocio que hacían era rentable porque tenían familia en las dos ciudades y no necesitaban gastar en alojamiento.

Djibouti es un país pequeño establecido por los franceses para asegurar el control del puerto. A finales del siglo XIX juntaron dos territorios fronterizos, uno  habitado por clanes somalíes y otro por clanes afares, ambos pastoriles,  para constituir una sola entidad y establecer una colonia francesa al otro lado de Aden, la colonia inglesa a la salida del Mar Rojo. Eran los tiempos que Francia e Inglaterra se disputaban entre ellos colonias en Africa. Me imagino que los franceses pensaron que sería más facil gobernar si ponían juntas a poblaciones en conflicto histórico entre ellas por los pozos y los pastos. Aunque según cuenta Thesiger en sus memorias los oficiales franceses de las guarniciones del interior tenían tanto miedo que procuraban no salir de sus cuarteles y si lo hacían solo era de día. Ahora en Djibouti junto a los franceses tienen bases militares todos los países que se aprecien de ser algo en el orden mundial. Los últimos en llegar han sido los chinos quienes tienen sus marinos y sus soldados pared con pared con los estadounidenses.

Desde Ali Sabieh la primera estación en Djibouti no tardamos más de 45 minutos en llegar a la estación de Nagad. Eran las 12 de la noche cuando llegamos a la ciudad de Djibouti. Nos había costado 16 horas recorrer los 759 kilómetros que la separan de Addis Abeba.

Los días siguientes tome la oportunidad que me había abierto el cambio de planes para visitar lo que pude del país. Djibouti resultó tener unos paisajes difíciles de encontrar en otros lugares quiza porque en su territorio penetra desde el mar hacia el sur el rift Valley.

L1006401 2.jpg

Tienda de Qat en la ciudad de Djibouti

L1006403.jpg

Tienda de moda femenina en la ciudad de Djibouti

L1006392.jpg

mercado en la ciudad de Djibouti

L1006259.jpg

Estos comerciantes de sal vienen del lago Assal a 155 metros debajo del nivel del mar

L1006333.jpg

En el lago Abbé donde termina el rio Awash en la frontera entre Etiopia y Djibouti

 

Publicado en Africa, cambio climático, colonialismo, cuerno de africa, Etíopia, Uncategorized, Viaje | Deja un comentario