Epilogo EL NACIMIENTO DE UNA ESPECIE

download.jpgHace dos años en este mes la Biblíoteca Buridán publicó el libro EL NACIMIENTO DE UNA ESPECIE, Un viaje a África en busca del origen de la vida humana. Para recordarlo reproducimos su epilogo. 

 

Epilogo

I

En octubre de 1994, Klaus Schmidt, un arqueólogo del DAI (Instituto Arqueológico Alemán), fallecido en el año 2014, encontró restos arqueológicos en un montículo, Göbekli Tepe, en las cercanías de la ciudad de Şanhurfa en el sur de Turquía. Los arqueólogos que lo excavaron encontraron fragmentos de grandes bloques de piedra caliza con animales grabados en los mismos: gacelas, serpientes, zorros, escorpiones, jabalíes, leones… Los bloques monolíticos tenían forma de T y resultaron ser pilares enormes de una construcción concéntrica de círculos. Cuatro círculos de piedra, hechos cada uno con docenas de pilares megalíticos, con dos grandes pilares en el centro. Los arqueólogos se llevaron una sorpresa cuando supieron que el santuario había empezado a ser construido hacía 11.600 años, una fecha anterior a la invención de la agricultura. Se trataba de la primera construcción monumental hecha por una especie humana y había sido de carácter religioso. La fecha sorprendió a los arqueólogos porque cuando se construyó, los hombres modernos eran todavía cazadores recolectores viviendo en pequeños grupos moviéndose en busca de recursos. Una época también en la cual los San estaban grabando animales en piedras como parte de sus ceremonias religiosas y lo mismo hacían otros grupos de cazadores-recolectores. En Azerbayan no lejos de Anatolia grupos de cazadores recolectores se reunían para celebrar sus ritos en la montaña de Boyukdach en Gobustan una provincia a orillas del mar Caspio y lo mismo ocurría en otros lugares. Los grupos pioneros del sur de Turquía que empezaban a asentarse tenían una mitología propia como muestra los animales grabados. Eran símbolos que sólo los grupos que compartían el culto entendían. El planeta estaba separado en diferentes ecosistemas con sus propias plantas y animales que separaban a los grupos de cazadores recolectores apareciendo lenguas, ideas y religiones diferentes. Pero la experiencia individual religiosa tenía que ser la misma porque el resultado es similar. Tenían los mismos cerebros de su especie. Llama la atención que europeos, aborígenes australianos y africanos estuvieran haciendo ritos religiosos y arte en las superficies de las rocas al mismo tiempo sin tener contacto entre ellos.

Cuando Klaus Schmidt presentó su descubrimiento en el año 2000, explicó que el templo había sido construido por grupos de cazadores-recolectores que peregrinaban periódicamente desde un área de 150 kilómetros a la redonda para celebrar rituales asociados con fuerzas espirituales representadas en los animales grabados en los pilares. Estos grupos distantes habían establecido una comunidad basada en un culto compartido. No resulta difícil asociarlo con las concentraciones que tenían lugar en Twyfelfontein muchos miles de kilómetros al sur en otro continente. Estos grupos tuvieron que sacar ventajas como obtenían los San durante sus concentraciones. El descubrimiento de Göbekli Tepe trituraba el pensamiento tradicional que asociaba la construcción de templos y el nacimiento de la religión con sociedades agrarias sedentarias. Göbekli Tepe mostraba que los santuarios y la religión había nacido antes que las ciudades, los sacerdotes y la agricultura.

Los arqueólogos llegaron a esta conclusión porque no encontraron estructuras de viviendas ni tampoco rastros de cultivos, o plantas domesticadas y las fuentes de agua estaban alejadas. Están seguros que se trata de un santuario aislado en la cima de una montaña. Tuvieron que ser pequeños grupos de cazadores recolectores quienes lo construyeron y visitaron periódicamente para celebrar sus ritos. Se han encontrado en el santuario grandes cantidades de huesos de restos de animales cazados uros,(especie bovina ya desaparecida) gacelas, jabalíes, ciervos, y otros traídos al lugar por estos grupos de cazadores-recolectores para alimentar a las personas que durante semanas se reunían para celebrar sus ritos.Tenían que celebrar grandes fiestas y posiblemente, según Klaus Schmidt, consumirían algún tipo de droga, o bailarían durante sus ritos. Las últimas excavaciones le han dado la razón. Arqueólogos han encontrado contenedores del tamaño de una bañera con enzimas que serían restos de cerveza. Los pilares parecen figuras humanas distorsionadas que recuerdan los cazadores alargados que pintaban los San en sus refugios. Las T simbolizan figuras antropomórficas estilizadas. Sus brazos esculpidos a cada lado acaban en unas manos que se dirigen hacia el vientre cubierto con una especie de taparrabos. Estas figuras humanas reunidas en Göbekli Tepe podrían ser emisarios de un mundo espiritual. Todos miran hacia el interior del círculo como si ejecutaran una danza. ¿Simboliza el templo el mundo de los espíritus al que viajarían en su estado de conciencia alterada durante sus ritos, el inframundo como lo llama Schmidt?

El santuario estaba en muy buenas condiciones porque no había sido destruido había sido enterrado de manera deliberada. Se sabe que en el año 8200 a.c. unos ocho cientos años después de ser construido, fue enterrado y abandonado y nada ocurrió en el lugar hasta 500 años después. Este hecho resulta intrigante. Pero es muy posible que, como ocurría con los San cuando pintaban, la construcción-desconstrucción del templo fuera en si mismo un acto religioso. Sino ¿Cómo reunir a cientos de individuos libres para un trabajo de naturaleza tan pesada y desconocido? No había esclavos, no había siervos, no había obreros. No existía el concepto trabajo o el concepto explotación. Tuvieron que reunirse cientos de cazadores recolectores del área para construir el templo. Una invención nueva desconocida hasta ese momento. Tuvieron que cortar las piedras en canteras cercanas, traerlas al santuario, manipularlas, esculpir los grabados. Estamos hablando de pilares de 5.5 metros de altura y 16 toneladas de peso. No podían ser un par de docenas de individuos los que hicieran el trabajo, pudieran ser hasta 500 personas según los expertos. Klaus Schmidt pensaba que la arquitectura y el arte de Göbekli Tepe no era posible sin organizadores y especialistas, en su opinión tendría que haber una elite que sacaría ventaja del asentamiento, pero los arqueólogos no han encontrado signos de áreas reservadas a gente rica, tumbas especiales o una gente mejor alimentada que otra. No hay indicios todavía de que la sociedad igualitaria de cazadores-recolectores hubiera sido sustituida por otra jerárquica, con jefes capaces de movilizar en su provecho propio a cientos de trabajadores; aunque pudiera estar empezando. Estos grupos de cazadores-recolectores no acumulaban y no podían mantener una clase separada de sacerdotes o artesanos especializados que se apropiaran de un excedente. No existía. Los organizadores podrían ser lo equivalente a lo que Kinahan llama los “científicos” de las comunidades de Namibia, los chamanes que por su conocimiento oficiaban los ritos entre ellos posiblemente “arquitectos” organizando la construcción del santuario, “chamanes” todavía no separados de la comunidad. Es más fácil suponer que el santuario hubiera podido ser construido desconstruido como un acto religioso. Sabemos que los San consideraban el acto de preparar las pinturas y pintar un acto religioso en si mismo. Si fuera así no se requeriría de una jerarquía, la gente no “trabajaría” mientras lo construía, estarían participando en un rito colectivo de carácter religioso. Sabían lo que era la religión pero no el trabajo. En Göbekli Tepe los círculos concéntricos eran de tiempo en tiempo enterrados y reemplazados por otros. ¿Necesitaban nuevos pilares y grabados para volver a producir la potencia espiritual que encerraban y que obtenían durante sus danzas y ritos y por esa razón decidieron primero enterrar los viejos círculos y construir otros nuevos y después hacer lo mismo con todo el complejo y construir otro templo en otro lugar después de enterrar el viejo? ¿No volvían los San a pintar o grabar continuamente para apropiarse de la potencia espiritual trasmitida por los espíritus con quien se habían comunicado en su trance?

De cualquier forma la decisión de construir un santuario fue una decisión revolucionaria. No fueron razones ecológicas lo que motivó la idea, o al menos no se ha encontrado cambios significativos en el medio ambiente en las fechas que empezó a construirse. Mostró una vez más la importancia que la creación de cultura ha tenido para la evolución. Göbekli Tepe es una prueba más de que la civilización ha sido un producto de la creatividad de la mente humana, cualidad heredada de nuestro ancestro común con el chimpancé. El asentamiento del culto acabó revolucionando la forma de vida de los humanos modernos de una manera que no tiene comparación con otras invenciones hechas hasta ese momento en la evolución del genero homo, ¿Quizá con el fuego y la cocina? Hasta la construcción de santuarios todos los humanos habían sido nómadas que recolectaban y cazaban; la decisión de empezar a asentarse fue probablemente la causa de la revolución agraria; no el efecto como se creía. Lugares como Göbekli Tepe dieron sentido a la introducción del cultivo de manera masiva. Se sabe que los grupos de cazadores recolectores se reunían para celebrar sus ritos pero el resto del tiempo lo pasaban aislados recorriendo el territorio en donde se abastecían de comida cazando y recolectando. La propagación de la agricultura, si la decisión de cultivar hubiese sido tomada por un grupo, dos o tres familias, hubiese tenido que ser mucho más lenta, en caso de prosperar, de lo que fue. El rápido éxito que tuvo, sólo se explica, si fue introducida de golpe y masivamente en un área relativamente grande. Hay indicios de que en diferentes lugares se venía experimentando desde hacía miles de años con plantas. Se han encontrado en las costas del mar de Galilea semillas en yacimientos ocupados hace 23.000 años pero con buen criterio no estarían seguros de sus ventajas; y si llegaron a plantarlas nunca dejaron la caza y la recolección. Estudios han demostrado que la agricultura no mejoró la alimentación ni ahorro horas para conseguir los alimentos. Se comía peor y se trabajaba más que cuando se cazaba y recolectaba. Lo que si consiguió fue, que hubieran muchas más personas viviendo juntas en peores condiciones, aumentando enormemente el tamaño de los grupos y su complejidad. Las aglomeraciones permanentes pudieron dar sentido al desarrollo de la agricultura, y a la naciente complejidad social extendiendo la separación que había entre hombres y mujeres, entre iniciados (adultos) y no iniciados (no adultos), entre los que aguantaban el trance y los que no, a otras esferas sociales; lo mismo ocurría con el poder y la posibilidad nueva de beneficiarse materialmente del mismo en detrimento de la comunidad. Los San parecen haber tenido mejor criterio al no asentarse y evitar la agricultura o la ganadería y seguir celebrando sus ritos de manera igualitaria garantizando el contacto con los espíritus sin intermediarios. Ya hemos dicho que Richard Lee, uno de los antropólogos que vivió con ellos cuando todavía eran cazadores recolectores, descubrió que empleaban menos tiempo en actividades de subsistencia que las primeras sociedades agrícolas. La decisión de cultivar tuvo que ser tomada por otros motivos diferentes a mejorar la alimentación y tener más libertad.

Klaus Schmidt sugiere que la razón de cultivar hubiera podido deberse a la necesidad de alimentar a los cientos de individuos que periódicamente se concentraban en el santuario o en otros similares posteriores. No hay duda de que el asentamiento fue anterior a la agricultura. Hay razones para considerar esta hipótesis seriamente. El ancestro salvaje del trigo moderno ha sido encontrado en las laderas de Karaca Dağ una montaña al noreste de Göbekli Tepe dentro del territorio que recorrían en busca de comida los grupos que visitaban el santuario. Esta proximidad sugiere que Göbekli Tepe es el centro del área donde el trigo fue domesticado y posiblemente el lugar en donde se inicio la revolución agraria. Los sumerios que vivían entre los ríos Eufrates y Tígris -considerada la primera y mas antigua civilización- creían que la agricultura y la ganadería habían sido traídas de una montaña sagrada. Klaus Schmidt asocia esta creencia con un mito que preserva una memoria parcial pero verídica de la revolución del neolítico. Una decisión de ese carácter explicaría su rápido éxito. Su difusión posterior vía imitación resulto extremadamente exitosa. La agricultura empieza a ser algo cada vez mas normal en la región desde hace unos 9000 años, un poco antes que Göbekli Tepe fuera abandonado; pudiera ser una de sus razones, una nueva religión emerge con los cambios socio-económicos. Los grupos de cazadores recolectores de h.moderno que vienen cazando y recolectando desde hace 300 mil años desaparecen sumergidos en las nuevas ciudades agrarias. Son revolucionarios que bajan de las montañas a los valles en busca de agua para cultivar transformado la vida humana. Se desarrollan nuevas tecnologías como la cerámica o los metales para satisfacer nuevas necesidades. Los ritos y danzas para curar enfermedades siguen pero ahora en templos en manos de sacerdotes. La medicina empieza a ser cosa de especialistas. Lo mismo que la comunicación con el mundo de los espíritus. Los intercambios de productos se empiezan a separar de las grandes reuniones religiosas y nace el comercio. Para bien o para mal se crea un excedente y la lucha por ver quien se lo apropia empieza. Se erigen grandes templos y torres donde se celebran los ritos de las nuevas religiones. Se construyen grandes muros y murallas para protege la riqueza que la agricultura y el comercio han generado. Aparecen sacerdotes que además de dirigir los ritos que conectan al mundo tangible con el espiritual, organizan la construcción de templos y fortificaciones, dirigen el trabajo agrario de sus fieles, organizan la vida en las ciudades, cuidan que haya agua para los cultivos, e inventan la escritura que registra su actividad y alimenta su vanidad personal en inscripciones que dan cuenta de lo que se construyo bajo su poder y sobre todo apuntan el tamaño de las cosechas y como se reparten. La religión que ayudó a unir personas empieza a separarlas. Una casta religioso poderosa empieza a nacer apropiándose del excedente. La lucha de clases aparece pero eso es otra historia.

 

II

Antes de llegar a la comunidad de Makuri nos hemos quedado dos veces atascados en la arena del Kalahari. Por el estado del camino no deben transitar muchos vehículos. Cuando llegamos un grupo de mujeres esta bebiendo té junto a un fuego de leña a la puerta de una de las cabañas. N´aice Kagese ha salido a recibirnos fuera de la cerca. Casi no nos da tiempo de bajarnos del coche. Trabaja en Tsumkwe y ha venido a visitar a la familia. Quiere asegurarse un viaje de regreso a la ciudad para él y su mujer. Tiene su nombre inglés: Rudy. Es un hombre bajo de complexión fina, con su piel relativamente blanca si la comparas con los hereros, sus ojos ligeramente rasgados y el pelo rizado. Viste una camiseta desgastada de color azul y un pantalón vaquero. Después de los saludos, le damos unas naranjas y unas bolsas de azúcar para la comunidad; cumplimento que acepta.

N´aice Kagese es un ju/´hoansi, como se conoce a los San de la frontera entre Namibia y Botswana. Grupos de cazadores recolectores viven en esta parte del Kalahari desde hace al menos 40 mil años, 30 mil años antes que grupos de cazadores-recolectores decidieran asentarse en Göbekli Tepe pero también vivieron cazando y recolectando durante muchos milenios después de que ocurriera. Todavía mantienen un territorio propio de 46 mil kilómetros cuadrados de sabana. Llamaba la atención que estos grupos continuaran moviéndose en su territorio cazando y recolectando diez mil años después del primer asentamiento humano cuando el hombre ya había llegado a la luna. Era cómo un milagro que hubiese ocurrido algo semejante en un territorio tan grande. Habían ignorado olímpicamente la llamada al asentamiento. Makuri a penas tiene 40 años de existencia.

N´aice Kagese nunca ha vivido completamente de la caza aunque sigue cazando. La generación de su abuelo fue la última generación que lo hizo al cien por cien. Trabaja para Nyae Nyae Conservancy una organización establecida para proteger a los San y su forma tradicional de vida, o al menos eso dicen sus folletos. Lo “tradicional” esta en proceso de redefinición. No es la primera vez. Lo hicieron cuando llegaron los bantú con sus rebaños hace menos de 2000 años. La cultura San siempre ha sido algo vivo pero ahora parece enfrentar un duro desafío. Los ju/´hoansi están intentando adaptarse a una vida sin depender de la caza y la recolección sin tirar toda su cultura por la borda. En 1975 las autoridades sudafricanas entonces a cargo de Namibia prohibieron la caza. Fue un golpe mortal para su forma ancestral de vida. Pusieron una comisaría y construyeron una cárcel en Tsumkwe un lugar frecuentado entonces por grupos de San por su ojo de agua para implementar la medida. Luego trajeron soldados para combatir a los guerrilleros del SWAPO, el frente de liberación nacional y reclutaron a algunos de ellos. Los ju/´hoansi siguieron cazando clandestinamente tanto como pudieron. Tsumkwe es ahora una ciudad pequeña en donde se abastecen las 38 comunidades asentadas de los San que hay a su alrededor. En 1990 cuando Namibia derrotó al apartheid y declaró su independencia los San tuvieron que enfrentar un nuevo reto. El gobierno exigió a los San que se asentaran a cambio de reconocerles su territorio y permitirles de nuevo cazar si usaban su método tradicional, incluso les dio una pequeña ayuda económica para convencerles. Pero era un regalo envenenado porque es imposible sostenerse de la caza y la recolección sino puedes moverte siguiendo a los animales. Llega un momento que no hay que cazar porque los animales se han marchado en busca de agua a otros pozos. De cualquier manera no tenían otra opción que obedecer al gobierno si querían mantener su territorio amenazado, cada vez se hacía más pequeño por la expansión del ganado de los hereros, y aceptaron la propuesta del gobierno.

En Makuri viven cuatro familias cada una con su propia área de vivienda aunque se consideran entre ellos parientes. Son 35 personas aunque N´aice Kagese no contabiliza los niños que son numerosos. Hace apenas 40 años el grupo se movía constantemente. Un grupo podía visitar hasta 20 pozos de agua en la vida de un individuo. Sus “casas” no eran otra cosa que rompevientos construidos con hierbas y palos. Sus posesiones personales eran escasas; su cultura material muy simple. Poseían arcos y flechas, varas para excavar, contenedores fabricados con huevos de avestruz o pieles, instrumentos construidos en piedra, madera y hueso. Tenían algún cuchillo metálico o machete. Todo de poco peso y fácil transporte. Hasta entonces se habían negado a tener ganado o sembrar sorgo o mijo como habían hecho sus primos los Khoi. Pero las cosas habían cambiado desde que se asentaron en Makuri en la cercanía de un pequeño grupo de árboles baobbs, uno tiene más de 500 años, que se aprovechan de un ojo de agua.

Las cabañas en Makuri eran más que los rompevientos tradicionales, usaban laminas metálicas, pero seguían siendo precarias. Había pequeños huertos y habían construido una cerca para guardar vacas. Tenían también cabras. Tuvo que ser una decisión difícil la de ponerse a criar ganado. Las vacas, 55, todavía no las habían sacado a pastar cuando llegamos. Las sacan tarde para protegerlas de los chacales. N´aice Kagese dice que las han comprado por ellos mismos “poco a poco” sin ayuda del gobierno. No comen su carne, me imagino que no “pueden” hacerlo. Tiene que haber una barrera cultural para un pueblo de cazadores comer carne de animales con los que “viven”. Sólo comen la carne que cazan. Las vacas las ordeñan o las venden cuando necesitan dinero. “Todavía tenemos muchos gusanos para elaborar el veneno con que cazamos” decía N´aice Kagese. Había visto los cuernos y la piel secando de un ñu azul recién cazado. También cazan kudus y elands y a veces se atreven con jirafas. Todavía se procuran un poco menos de la mitad de lo que comen cazando y recolectando ellos mismos.

Los hombres se hacen cargo de las vacas. Son ellos quienes las sacan a pastar y las ordeñan. Las mujeres siguen recolectando pero tampoco dependen de sus paseos por la sabana. Son ellas las que atienden los huertos. Latas de conservas vacías había visto en donde caprichosamente tiran la basura junto a pozales de plástico agujereados y un colchón con los muelles al aire. No hay TV porque no hay electricidad. No tienen dinero para comprar un generador, el aparato o la antena parabólica. Son comunidades pobres que luchan para conseguir lo básico. Le pregunto a N´aice Kagese si siguen bailando la danza del trance. Me dice que sí pero tienen que traer al chaman de otras comunidades. “ Es muy doloroso sientes como se te clavan agujas en el estomago, empiezas a sacar mucosidades por la boca. Es algo duro. Y ningún joven de Makuri quiere pasar por ello” dice. Cuando lo necesitan van a buscar una curandera, una mujer a Ojokhea otro asentamiento cercano.

Sectas cristianas están llegando a Tsumkwe. No vi ninguna en las comunidades. Conté siete iglesias en la pequeña ciudad. Solo los bares son más numerosos. N´aice Kagese dice que atiende una iglesia “donde las ceremonias solo duran dos horas, no como la que van los negros que se pasan horas y horas tocando los tambores”. Llama la atención el número de iglesias y bares porque sólo hay dos tiendas y una gasolinera. Hay también un internado y una escuela para los niños de las comunidades que no visite; aunque dicen que tienen muchas deficiencias. En la zona de Tsumkwe viven alrededor de 900 ju/´hoansi adultos. No se porque no incluyen a los niños cuando cuentan la población que por lo que vi en las comunidades son bastantes. Tsumkwe esta en manos de hereros y damaras que se están aprovechando de la destrucción de la vida tradicional de los San. Los “negros” como les llamaba N´aice Kagese están inundando de alcohol el lugar. Saben que vender cerveza tradicional es un buen negocio. Es fácil aprovecharse de los San que apenas comienzan a familiarizarse con la vida en la “ciudad”. La venta de alcohol esta prohibida en las comunidades pero no en Tsumkwe. En uno de esos bares propiedad de un damara tres mujeres San bailaban borrachas con jarras de plástico llenas de cerveza tradicional en las manos. Las grabadoras de los bares sonaban a todo volumen.

En Whindhoe Jhon Kinahan nos había dicho que los indices de criminalidad en Tsumkwe son de los más elevados de Namibia. Sus causas una mezcla de pobreza, frustración con la nueva forma de vida y alcohol en abundancia. Los San que han dejado las comunidades están encontrando dificultades para adaptarse a su nueva forma de vida. No encuentran ayuda. Son víctimas de graves problemas sociales. Los niños no van a las escuelas. Embarazos adolescentes. Falta de empleos. ¿Donde quedaba esa sociedad armoniosa e igualitaria que habían retratado los Marshall a mitad del siglo pasado? ¿La honestidad y la gentileza que encuentras todavía cuando tratas con ellos en sus comunidades? ¿Fue el primer error humano dejar de cazar y recolectar para cuidar ganado y cultivar la tierra asentados en ciudades?

Small Boy es un guía local. Es un poco más fornido que lo normal. Los San suelen ser delgados y Small Boy a pesar del nombre no lo es. Fue uno de los tres San que fueron a Francia, a la cueva de Pech Merle en Mediodía-Pirineos a averiguar-lo hicieron exitosamente- a quien pertenecían unas huellas humanas de hace 15000 mil años. Los San siguen siendo uno de los mejores rastreadores que existen. Los militares del apartheid los usaron contra los guerrilleros de la liberación nacional. Nos ha prometido llevarnos a una caminata recolectando la sabana. Su comunidad Mountain Pos ha sustituido la caza por el turismo aunque todavía se alimentan la mitad de las veces con lo que cazan y recolectan por ellos mismos como en Makuri. “Cuidar vacas no nos gusta” dice Small Boy como si hubiera leído mi pensamiento. Ha organizado un grupo de 11 personas de la comunidad entre hombres, y mujeres. La experiencia es similar a la de Botswana cuando caminamos con otro grupo de San cientos de kilómetros al sur. Los hombres llevan arcos, flechas y pequeñas lanzas. Las mujeres barras de hierro. El sol pega fuerte en la sabana del Kalahari, caminamos unas horas, aprovechando sendas abiertas por animales, lo hacemos entre matorrales, arbustos y pequeños árboles que no dan sombra. Cuando encontramos algo de interés nos paramos y alguien del grupo empieza a cavar. Algún melón esta tan profundo que hay que excavar hasta medio metro. Se ponen contentos cuando encuentra alguna planta especial. La cortan y la guardan en un hatillo que han confeccionado con pieles, las mismas con que se protegen del sol. De regreso le pedimos a Small Boy que nos enseñe la nueva comunidad. En la mañana hemos empezado a caminar desde un campamento tradicional construido para enseñar a los turistas. Se resiste. A la industria turística le gusta enseñar no como son las comunidades hoy, sino como lo fueron. Cómo si quisiera que ese mundo de caminatas en la sabana no se extinguiera. Han optado por el romanticismo para sacar unos dólares.

De cualquier manera consideraba una suerte inmensa caminar por el Kalahari en busca de plantas y comida escuchando los chasquidos de la lengua más vieja que se habla en el planeta. Hasta hace solo 11 mil años nuestra especie durante decenas de miles de años dependía del éxito de caminatas similares en diferentes nichos ecológicos. Veía a los San cómo una cápsula viajando en el tiempo que por accidente había sobrevivido. Una cápsula que – me parecía una desgracia- estaba desintegrándose aceleradamente al entrar en contacto con la globalización de la que yo formaba parte. Sabía que todo lo que somos había empezado en estos paseos en grupo buscando comida en la sabana hace 6 millones de años, cuando nuestros ancestros empezaban a bajar de los árboles de la selva húmeda, atentos para evitar los ataques de los depredadores. Había visto antes a los gorilas de las montañas de Virunga caminar agachados los bosques de bambú en busca de su comida, a los chimpancés de la selva húmeda de Nyungwe caminar apoyándose en sus nudillos entre los árboles de la selva buscando frutos. Ahora veía a los hombres modernos de la sabana de Tsumkwe erguidos de pie con sus herramientas en sus manos liberadas, los bebes atados a la espalda de las mujeres, caminar en fila india entre las matas del Kalahari en busca de melones y raíces. Era una forma de vida que grupos de gorilas, chimpancés y homínidos habríamos heredado de un ancestro común, y que ancestros humanos más recientes de nuestro linaje la habían ido adaptando a las condiciones que imponía la naturaleza exitosamente hasta el punto que habían sido capaces de mantener estos paseos ininterrumpidamente durante dos millones de años hasta los tiempos que el hombre viajaba en el espacio. Ahora en el Kalahari conociendo la agonía irremediable que sufre esta ancestral forma de vida agradecía el esfuerzo de los San por mostrarnos a los viajeros lo que fuimos alguna vez aunque lo hicieran a través de un espejo roto que desfiguraba cualquier imagen de lo que fuimos.

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Como el Cambio Climático esta acabando con el pastoralismo en el Cuerno de Africa

 

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En Wuchale esperaban que este año fuera diferente pero era junio y las lluvias de abril no habían llegado.

Habíamos llegado por un camino de tierra que iba suavemente ganando altura junto a un cauce de un río seco. Durante el trayecto personas y rebaños caminaban en busca de agua. Los pozos en donde hasta ahora se abastecían se estaban agotando. Había terrazas y otras pequeñas obras de contención e irrigación en laderas por todas partes. No había más suelo que aprovechar.

Cerca de Wuchale, en Laga-Hoda hay un portal en un barranco con pinturas pastoriles de hace al menos siete mil años. Hay toros, hay rebaños, hay pastores pintados en rojo y en negro en las paredes. Cuando el neolítico empezaba ya estaban estas tierras habitadas. Ahora el suelo de estos pueblos agropastoriles (siembran sorgo) esta seco, las acequias vacías y los rebaños esquilmados. Un territorio poblado durante miles de años se estaba haciendo inhabitable en apenas unas décadas.

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Wuchale es una de las woredas de un territorio donde las tierras altas va dejando paso a las tierras bajas del este de Etiopía. Estas zonas bajas son las más afectadas por el cambio climático en el ecosistema del Cuerno de Africa. (1) Wuchale está apenas a 30 Kilómetros de Dire Dawa aunque necesitamos una hora para llegar. Era miercoles y las autoridades de la woreda donde viven 30 mil personas estaban distribuyendo comida.

Abdy Mustafa es un jóven alto, cara afilada y bigote y piel no muy oscura. El es de la zona pero trabaja en el gobierno en Dire Dawa. Una ciudad con un estatus administrativo especial debido al comercio que ha traído el ferrocarril de Addis Ababa a Yibuti. Su familia cultiva la tierra y se ayuda con una pequeña tienda en Hadhe Maya, una de las woredas. Mustafa tiene 27 años y contaba que la ayuda empezó hace veinte años. Se acuerda porque fue a la vez que inició la escuela. Al principio era intermitente dependiendo de la lluvia pero en los últimos años se ha convertido en permanente. “Los cultivos estan retrocediendo año tras año y se necesita mas comida”, decía.

Diversos estudios han mostrado que la situación es tan mala que en las actuales condiciones ecológicas solo el 61% de la población puede mantenerse por si misma en la zona. La mitad del ganado esta en peligro. La situación es crítica (2). “Hay años que llueve más y la ayuda se reduce dependiendo de la cosecha pero en los últmos dos o tres años apenas ha habido que cosechar”, decía Mustafa

En Wuchale, enfrente de las oficinas administrativas del gobierno mujeres cargaban en burros sacos con el logo de USAID la agencia de Estados Unidos de ayuda al desarrollo quien ha dado la comida. Los ataban con fuerza a los lomos. Latas de aceite las llevaban en las manos en su camino de regreso a sus comunidades.

Todas las famiias de la woreda son elegibles para recibir ayuda pero las que tienen hijos o hijas trabajando en Dire Dawa como es el caso de Mustafa deben pedir primero ayuda a estos antes de recibir la ayuda del gobierno.

Mustafa decía que agencias gubernamentales o ONGs locales o internacionales pueden donar comida, aunque el gobierno etíope es el mayor donante, pero siempre es distribuida por funcionarios locales. Las familias reciben mensualmente 15 kilos de grano por miembro familiar y cinco litros de aceite. Esta ayuda la vienen recibiendo entre cuatro y seis meses al año dependiendo de las lluvias. Este año las previsiones son malas y quiza necesiten ayuda durante más meses. Cada año que pasa en vez de mejorar la situación empeora

¿No hay otro destino para estas comunidades agropastoriles que convertirse en una especie de mendigos ecológicos?

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La vulnerabilidad de las comunidades aumentaba a medida que nos movíamos en direción a las tierras bajas. Una zona arida ó semiarida en donde no es facil la vida humana por sus duras condiciones ecológica. Fueron comunidades pastoriles quienes encontraron la manera de vivir en ellas. Estas comunidades organizadas en clanes pudieron mantenerse de sus rebaños moviendose con ellos en busca de pastos y pozos de agua. Cuando no podían abastecerse con su propia producción vendían ganado en el mercado para dotarse de granos. Ahora esta forma de vida esta colapsando por la sequía.

La peor sequía que se recuerda entre los mayores de 60 años fue la del 2011-12. 13.4 millones de personas desde el norte de Kenia a Afar, partes de Oromia y Somalia fueron afectadas. Se calcula que se perdió entre el 40-60% del ganado. El número de familias incapaces de alimentarse por ellas mismas se disparó; empezaron a depender de la comida que siete años después siguen recibiendo o a abandonar la vida pastoril refugiandose en un campo de desplazados o emigrando. La sequía los convirtió en uno de los primeros emigrantes climáticos del cambio climático.

En Afar 485.000 personas reciben alguna ayuda alimenticia, aproximadamente el 50% de la población. En Somalia el porcentaje es incluso mayor. No se si exajeraba, pero “prácticamente todos los pastoriles reciben ayuda” me dijo un empleado del Programa Mundial de Alimentación (WFP por sus singlas en inglés). Estas comunidades pastoriles de las tierras bajas del este de Etíopia tienen los índices de pobreza mas altos en el país. La sequía se ha hecho semipermanente. Antes esta venía cada siete años como las plagas de Egipto, ahora lo hace cada dos o tres años. En el Cuerno de Africa los efectos perversos del cambio climático no son cosa del año 2050, ya han llegado. Una forma de vida que se sabe ha existido aqui durante cinco mil años esta extinguiéndose.(3)

El Progama Mundial de la Alimentación (WFP) tenía planeado aquellos días repartir comida en uno de sus puntos de distribución cerca de Jijiga, la capital de la Somalia-etíope. El año pasado las cosas no fueron tan mal pero este año una nueva ola de hambre se esta gestando en el Cuerno de Africa a causa de la sequía. Calculaban el número de personas amenazadas de estarvación en 5 millones, la mayoría somalíes.

 

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La Somalia-etíope es una de las provincias más extensas de Etiopía (280.000 kilómetros cuadrados ). Etiopía tiene 105 millones de habitantes de los cuales 12 millones son pastoralistas o agropastoralistas. En la Somalia-etíope el 70% de una población de 8 millones es pastoril. Tienen camellos, ovejas y cabras. El pastoralismo es una forma de vida, cultura incluída, que exitosamente ha sabido interrelacionar rebaños con gente y nicho ecológico. Casi siempre en zonas aridas o semiaridas pero tambien se encuentra en algunos enclaves semihumedos del sur del Cuerno de Africa como en Gambella, Benishangul-Gumuz o Sudán del Sur.(4)

El día anterior a nuestra visita cuatro personas habían muerto en la periferia de Jijiga a causa de las inundaciones provocadas por una flash tormenta. El cambio climático no solo estaba trayendo sequía. También impresionantes trombas de lluvia erraticas e inesperadas que arrasaban con rebaños, personas y hogares.

La comida que iban a entregar estaba depositada en montones en una esplanada junto a una pequeña mezquita a un lado de la carretera que desde Jijiga va a Hargeisa la capital de Somaliland. La antigua colonia inglesa somalí que actúa como un estado independiente de facto de Mogadiscio. Familias esperaban sentadas en el suelo. Venían una vez al mes desde sus comunidades a recoger la ayuda. Lo vienen haciendo desde hace ya más de un año cuando perdieron la mayor parte de su ganado por falta de pastos debido a la sequía. Uno de los viejos que había venido, la mayoría eran mujeres, decía que “desde hace tres años se vive un nuevo ciclo de sequía”. Se acordaba que hubo otro ciclo similar a finales de la década de los años setenta y principios de los ochentas pero luego se recuperó. Lo que era nuevo decía es “que ahora se repite más amenudo que antes”.

El imam de la mezquita iba llamando a las familias una a una con un megafono para que recogieran la comida. Sacos de arroz, frijol y trigo, según el tamaño de la familia, y bidones de plástico con aceite los subían a pequeños carros tirados por burros. Cuando estaban listos las mujeres firmaban con el indice el recibido en los libros de registro de las autoridades locales y marchaban de regreso a sus comunidades.

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Me encontré con Nazer en el restaurante del hotel ZM International de Jijiga donde suelen alojarse trabajadores humanitarios y del desarrollo. Nazer es un ingeniero pakistaní trabajando para una ONG alemana. Ahora vive ,cuando no esta en el campo, en Berlín, pero nació en una aldea a los pies del Himalaya. Creció viendo como un glaciar cercano iba disminuyendo de un año al otro su tamaño. Ahora trabaja ayudando a comunidades rurales a enfrentar los problemas que puedan tener en sus necesidades de agua.

Nazer reitera que el problema del agua es el principal problema en la región por delante de la seguridad, la salud o la educación. Encuestas han mostrado que el 100 % de las comunidade pastoriles en Somalia han situado la sequía como el primer problema que enfrentan seguido por la enfermedad del ganado y la enfermedad humana. Es el mismo resultadso obtenido en la provincia fronteriza de Afar.

Nazer trabaja en la zona de Doolo y Daroor una area fronteriza con Somaliland un tradicional corredor transfronterizo hacia el puerto de Berbera por donde se mueven rebaños en busca de pastos y pozos camino a la exportación a los países del golfo. Son rebaños de los pastoriles ricos que han acumulado suficiente ganado para exportar. Es una minoría. Estudios muestran que hasta el 90% de las familias pastoriles carecen de un mínima cantidad de ganado que les permita sobrevivir. La mayoría de los pastoriles requieren de ayuda alimentaria.

“La sequía esta castigando a las comunidades poniendolas en peligro. Puede que las personas puedan sobrevivir ayudados con comida pero no creo que ocurra lo mismo con sus animales. La sequía prolongada es la muerte del mañana. La falta de lluvia les obliga a moverse pero debilitados por la falta de comida el ganado más vulnerable sucumbe. Los viejos y niños sufren dramáticamente las consecuencias de la inseguridad alimentaria que acompaña a la disminución de rebaños. Cada vez resulta más difícil encontrar pastos y pozos, cada vez más limitados a las orillas de los ríos.”, decía Nazer

 

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La sequía no el es único problema que enfrentan. Estas comunidades viven la paradoja de que el ganado ha dismminuido pero la población ha aumentado. Somalia-etíope tiene la mayor tasa de fecundidad de Etiopía 7.2 nacimientos por mujer. Es junto a Afar, otra provincia predominantemente pastoril, la que menos anticonceptivos usa. La ecuación más nacimienos y menos muertes aumenta la presión sobre los ya diezmados recursos naturales. La regulación tradicional del tamaño de la población ya no funciona. Puede que tener familias grandes, una idea muy arraigada en la cultura pastoril, fuese un activo para influenciar las decisiones del clan y defender pozos y pastos de otros clanes pero en la situación actual en vez de ayudar a las comunidades, las perjudica. Esto sin considerar el peso que se pone en unas mujeres subordinadas a las viejas necesidades del clan. La poligamia y practicas dañinas contra la mujer como la mutilación genital femenina son la norma.

La respuesta al problema que el gobierno esta dando es la de concentrar a los pastoriles en nuevas comunidades. La mayoría de los pastoriles son trashumantes no nomadas. Suelen tener un hogar y mueven sus rebaños en busca de agua y pastos. El gobierno esta negociando con los viejos de cada clan su permiso para estos nuevos asentamientos planeados en las riberas de los ríos u en otras áreas que no estan totalmente aprovechadas pero hay disponibilidad de agua.(5) Estudios hidrológicos muestran que todavía hay suficiente agua para la relativa escasa población que hay en este vasto territorio donde suele mezclarse el pasto de la típica sabana con matorrales bajos. El problema es que el agua esta concentrada y la falta de lluvia no ayuda a los pastos; como tampoco lo ha hecho la política del gobierno al pastoralismo.(6)

La propuesta actual de las autoridades políticas es invertir alrededor de estas nuevas comunidades asentadas para garantizar con barreras protectoras e irrigación pastos suficientes para alimentar a sus ganados; incluso estas comunidades podrían empezar a cultivar emprendiendo el camino hacia el agropastoralismo y a una economía de mercado más diversificada. Algunas comunidades ya han empezado a hacerlo. En las carreteras se ven pastoriles vendiendo charcol o trabajando de asalariados en la construcción. La concentración permitiría además dar servicios de salud y escolarizar a los niños. Sin ir a la escuela los jóvenes pastoriles no pueden competir con los de las zonas altas que se llevan todos los empleos en Jijiga, Semera u otras ciudades. No tienen futuro como pastoriles pero tampoco como asalariados o pequeños comerciantes bajo el capitalismo.

“Dar solo comida no ayuda a construir una economía autosostenida. Todavía queda agua para poder pensar en construir centros de acumulación de agua donde las comunidades puedan reinventarse productivamente para depender de nuevo de ellos mismos”, decía Nazer quien veía en la ayuda almentaria del WFP un lado perverso al hacer a las comunidades dependientes.

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Este periodista no deja de preguntarse si estas politicas de concentración no acabaran por poner la puntilla final a una forma de vida que se ha mantenido durante milenios y que ahora esta herida gravemente por el cambio climático. La esencia del pastoralismo es la movilidad. No hay pastoralismos sin nomadismo. Se mueven con sus rebaños hasta más de 300 kilómetros buscando pozos y pastos. Han logrado forjar una relación de ayuda dentro del clan y fuera del mismo que permite el uso de los recursos en caso de necesidad. Los viejos juegan un rol importante en este sistema de ayuda mutua y reciprocidad. Puede que los nuevos asentamientos salven a las personas del hambre, pero es muy probable que acaben con una forma de vida, el pastoralismo, que ha sobrevivido durante milenios.

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L1007329.jpgEra la segunda vez que visitaba el campo de desplazados de Koloji. Esta ubicado a un lado de la carretera que de Harar va Jijiga practicamente en la frontera entre la Somalia-etiope y Oromia. A pesar de que el gobierno esta haciendo todo lo posible para que los desplazados regresen a sus comunidades había más que el año pasado cuando lo visite por primera vez.

Según Abdullah Ahmed el manager del campo había en junio registrados 14.870 familias; calculaba el número de personas en unas 90 mil. Durante 1918 el WFP había abastecido de comida en el campo a una media de 63.904 personas, pero desde comienzos de este año estan alimentado a 77.890 personas. Puede que haya 90 mil personas en el campo porque los desplazados que entreviste pusieron la falta de comida como el primer problema que enfrentan.

El WFP tiene en Etiopia el mayor programa del mundo. Sólo en la Somalia-etíope abastece de grano, frijol, y aceite a más de 300 mil desplazados. En Koloji han acabado tambien dando 210 birr por individuo y mes para evitar que ante la falta de dinero las familias decidan vender parte del grano en mercados locales distorsionando artificialmente los precios.

En la Somalia-etíope había en junuio 1.092.210 desplazados de los cuales 374.262 lo eran a causa del cambio climático. Es decir uno de cada tres. La mayoria en las zonas de Doolo, Shabeele, Nogob, Afder, Sitti, Korahe y Jarar. Pero no es fácil clasificarlos. Un empleado del WFP decía que suelen llegar pastoriles a los campos de desplazados por violencia étnica. Para estas familias las condiciones de vida dentro del campo han llegado a ser mejores que la que tienen fuera a causa de la sequía. Los rebaños se han reducido al extremo que deciden pedir su ingeso en el campo donde saben que al menos tienen garantizada una alimentación básica.

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En Koloji la mayoría son somalíes que han huído de la violencia étnica desde Oromia pero resulta muy difícil trazar la línea entre violencia etnica y escaez de recursos. La sequía ha golpeado duro en los últimos años. La movilidad de los rebaños se ha acelerado buscando nuevos pastos y pozos a veces en territorios ajenos. El conflicto en Moyale,una zona fronteriza entre la Somalia-etíope y Oromia en la frontera con Kenia, tiene claramente estas características. Puede que un porcentaje importante de los desplazados de Koloji reconocidos como victimas de la violencia étnica sean en parte desplazados por el cambio climático. La escasez de recursos esta apretando el gatillo de los conflictos. El cambio climatico se esta convirtiendo en la mano invisible de los desplazados en las tierras bajas del Cuerno de Africa.

Pies de página
(1) La mayoría de los científicos estan de acuerdo de que el cambio climático esta contribuyendo a elevar la temperatura y a crear en ciertos lugares períodos de sequías que secan la vegetación y los pozos de agua. La consecuencia será un aumento de los desastres relacionados con el clima entre ellos la destruccion de cosechas y la muerte de ganado. En Etiopía este proceso es ya evidente en las zonas bajas. Un reciente informe de Banco Mundial Groundswell—Preparing for Internal Climate Migration, prevee que en las próximas décadas haya más de 143 millones de migrantes climáticos en el Mundo. 
(2) Muchos de los datos usados en este artículo han sido obtenidos en Pastoral Development in Ethiopia Trends and The Way Forward, Esayas Nigatu Gebremeskel, Solomon Desta, Girma K. Kassa, International Bank for Reconstruction and Development/World Bank, Washington, 2019
(3) Hay evidencia arqueológica de que grupos pastoriles nomadas habitaban este territorio hace 5000 años. En las montañas de Somaliland hay pinturas rupestres de esa época. Hay dibujos de vacas sin joroba. Las pocas que hay hoy la tienen. Ahora los pastores tienen sobre todo rebaños de camellos, cabras y ovejas como resultado de los cambios ecológicos.
(4)  En estas zonas las vacas predominan. El principal problema que enfrentan no es el agua sino enfermedades del ganado traídos por migraciones transfronterizas de rebaños provenientes de Sudán principalmente por los Fellata pastoriles, y de Sudán del Sur principalmente de los Nuers.
(5) En Somalia hay tres grandes rios Wabeshebele, Genale, y Weybe que vienen de las zonas altas. Son usados para irrigacion, pasto y abrebadero. Estudios hidrólogicos muestran que todavía hay agua no utilizada en las riberas de los ríos.
(6) Los pastoriles vienen sufriendo desde hace décadas la política de desarrollo del gobierno. La idea que los políticos tienen es que usan demasíado territorio para los pocos que son. Nunca ha sido un objetivo político mantener esta milenaria forma de vida viva. En realidad ven su movilidad por un amplio territorio como un estorbo. Primero optaron por desarrollar macro proyectos (usaron cientos de miles de hectáreas de territorio pastoril) sin siquiera tener en cuenta su opinión. Los derechos comunales pastoriles fueron violados. Son notorias las plantaciones de azucar y las presas sobre el río Omo que han afectado negativamente a la movilidad de los rebaños del sur en busca de pastos en los alrededores del lago Turcana en la frontera con Kenia. En Afar se construyó una presa en el rio Awash para cultivar algodón y azucar en territorio pastoril. La azucarera esta ahora sin funcionamiento por la oposición de la pobalción. En la Somalia-etiope se ha comenzado la extracción de gas y petróleo. Hay muy poca información como afecta a los escaso recursos acuíferos de la región.

Este artículo ha sido publicado en https://www.elviejotopo.com/revista/el-viejo-topo-num-381-octubre-2019/

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¿Por qué no pueden aceptar que los huzíes atacaron las refinerías de Arabia Saudí?

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El ataque a las refinerías de Aramco en Abqaiq y Khurais puso a la guerra de Yemen, escondida hasta entonces de la opinión pública, en las primeras páginas. Un pobre país con sus infraestructuras destruidas, bombardeado durante más de cuatro años era capaz de golpear con éxito el corazón productivo del país más rico y mejor armado de la región. Un ataque, cuya organización costó unos cientos de miles de dólares, infligía pérdidas millonarias a sus enemigos desestabilizando el mercado mundial del petróleo. Los pobres podían derrotar a los ricos. Un dron cuesta 15 mil dólares, mientras el precio de un misil-antimisil Patriot que no funcionó es de entre 1 y 6 millones de dólares.

El ataque había puesto en apuros y humillado a Mohammed bin Salman, el hombre a cargo de Arabia Saudí, el ingeniero de una guerra contra Yemen caprichosa e inganable. Cuando inició la guerra con el consentimiento de Obama, Yemen no era un peligro para nadie. Mohammed bin Salman solo quería “legitimar” el poder ganado por ser el preferido del Rey Salman con los cadáveres de una población pobre. Pensó que la guerra de Yemen sería un paseo. La economía de Arabia Saudí es 38 veces mayor que la de Yemen. Ahora resulta que estos pobres y “atrasados” hombres tribales le están haciendo morder el polvo, cuestionando su capacidad para gobernar. Los huzíes de un solo golpe habían sido capaces de reducir a la mitad la producción del petróleo saudí, la sangre negra que llena sus arcas.

Las dos instalaciones atacadas procesaban diariamente 8,45 millones de barriles, el grueso del bombeo de un país que produce el 10% del petróleo mundial, el país que más petróleo exporta en el mundo. Unos pobres hombres tribales hacían temblar el mercado mundial subiendo sus precios hasta un 15%.

Esta colosal victoria de una resistencia popular no cabía en el relato del neocolonialismo neoliberal para Oriente Medio. Era muy tóxica por su significado. Había que acusar a Teherán del ataque, aunque no hubiese evidencias, para que la política de guerra fabricada contra Irán siguiera adelante. En el relato, donde la verdad son los twitter del Presidente Trump, no los hechos, no hay espacio para una resistencia popular exitosa. Antes de que hubiera tiempo de reunir cualquier tipo de información ya habían decidido la “verdad”, descalificar a los huzíes que reivindicaron la autoría del ataque por “la complejidad y precisión” del mismo –hace tiempo que han perdido sus espías en Yemen y deben pensar que los hombres tribales solo disparan kalashnikovs– para acusar a Irán y continuar su aventura militarista en la región.

No importaba que los huzíes hubiesen procedido a un ataque similar en mayo, cuando golpearon con éxito en la provincia de Ryad el oleoducto que une Abqaiq con el Mar Rojo y los misiles tierra-aire Hawk que lo protegían fueron incapaces de detectarlos. Entonces no acusaron a Irán del ataque –y eso que el oleoducto estaba a más de 750 kilómetros de la frontera– sino a los huzíes. Tras el ataque varias batería de misiles-antimisiles Patriots operadas y protegidas por 500 soldados de Estados Unidos llegaron al reino por orden de Trump para ayudar a su amigo Mohammed bin Salman, ya en apuros.

Los huzíes habían abandonado sus primeros drones, los Samad 3, un modelo pequeño, barato y torpe de maniobras, lo que hacía fácil que fuera detectado, sustituyéndolos por los Quds 1 de tecnología iraní. Un dron más largo y sofisticado que se asemeja a un pequeño misil tipo crucero pero con el payload de un dron. Fueron estos drones modificados –la industria misilística y en general la armamentística no es desconocida en Yemen, manejaban misiles Scuds en los años 90 y siempre ha habido allí un importante mercado de armas– los que golpearon con éxito el oleoducto y ahora las refinerías. Las restos de las armas utilizadas en el ataque que las autoridades saudíes presentaron a la prensa con gran fanfarria eran consistentes con este modelo.

Expertos de Naciones Unidas habían advertido antes del ataque que los nuevos drones yemeníes tenían un rango de 1.500 kilómetros, una distancia mayor de la que hay entre Abqaiq y la frontera. Los huzíes, posiblemente con ayuda de ingenieros iraníes y de Hezbollah, habían podido acoplar un depósito de gasolina que les permitía sobrevolar una mayor distancia. Estos misiles poseen un pequeño radar de tremenda sofisticación que les permite evadir los misiles Patriot de tierra-aire diseñados para repeler ataques de aviones, y grandes misiles sobre todo de tipo Scud. Una batería de este tipo estaba emplazada en Abqaiq cuando el ataque. Los drones volaron bajo y no fueron detectados por los radares instalados en tierra por los militares de Estados unidos. El ataque puede volverse a repetir mientras el sistema Patriot no adapte sus radares al inesperado y sorpresivo desafío de los nuevos drones.

Washington mostró unas fotos tomadas desde un satélite diciendo que al menos había habido 19 puntos de impacto en las dos instalaciones. Los huzíes dijeron que el ataque había sido realizado con 10 drones equipados con misiles, lo cual es coherente con los 19 impactos. Los funcionarios que presentaron las fotos a la prensa dijeron que no sabían de dónde llegaron, pero presumían que el ataque apuntaba en dirección del norte o noroeste de Irán o Iraq, en vez del sur donde está Yemen. Expertos han calificado las fotos como insuficientes para sacar conclusiones. Han pasado bastantes días desde el ataque y todavía no han mostrado ningún tipo de prueba de en qué plataformas y desde dónde fueron disparados los drones y misiles. Incluso si los impactos que dañaron las instalaciones parecían venir desde Iraq o Irán, ello no prueba que fueran lanzados desde alli. Los drones y misiles de crucero pueden ser programados para cambiar de dirección, golpeando en dirección contraria de la que fueron lanzados.

La primera reacción del Presidente Trump a la mala noticia fue la testosterona. Estados Unidos estaba “locked and loaded”, tuiteó sugiriendo que estaba preparando un ataque militar inmediato contra Irán. Horas más tarde supimos que el Presidente se había atragantado con su América Primero. Estados Unidos no actuará, dijo, hasta que Arabia Saudí diga “en qué términos proceder”. América era segunda. Teherán no esperó y advirtió que cualquier ataque a Irán sea o no en represalia llevará a una “guerra total”. Al final, Estados Unidos se ha limitado a enviar un modesto destacamento de tropas, cientos, no miles, a Arabia Saudí y Emiratos para ayudar a proteger los reinos mientras sigue el relato contra Irán.

Expertos han acusado a Trump de debilidad, pero tiene razones para ser débil. El ataque ha mostrado que Arabia Saudí no puede garantizar el abastecimiento de petróleo si empezase una guerra. Desde mayo, al menos 13 petroleros en el Golfo Pérsico y el estrecho de Hormuz han sido tomados por fuerzas iraníes o sufrido actos de sabotaje. Ahora sabemos que la vulnerabilidad no se limita al estrecho de Ormuz, existe en toda la península arábiga. No hay ninguna duda de que una guerra interrumpiría la producción de petróleo y su flujo a occidente. Arabia Saudí no está en condiciones de sustituir el abastecimiento del petróleo de Irán como hasta ahora se pensaba.

El ataque a la refinería de Abqaiq ha acabado de atar las manos de Trump, ya en campaña electoral. Los misiles y drones no son manipulables por un relato como lo es la opinión pública. Los misiles destruyen lo que encuentran, no creen en cuentos de hadas. Arabia Saudí, a pesar de gastarse el año pasado 60 mil millones de dólares en armas, no puede garantizar el abastecimiento de petróleo si es atacada. Si hay guerra, un alza de la gasolina acabaría con la posibilidad de Trump de ser reelegido. Los huzíes lo saben y tras el ataque han hecho una oferta de negociaciones bien recibida por las Naciones Unidas, que ha llamado a los saudíes a continuar las negociaciones de Suecia. Les toca a los saudíes decidir qué quieren, pero me temo que no tienen muchas alternativas.

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Sí, Mugabe es un héroe de la liberación africana

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¿Por qué los movimientos de liberación nacional han fracasado en el sur de África?

 

En 1980 Robert Mugabe proclamó la independencia de Zimbabue en el estadio Rufaro de Harare, la capital de Zimbabue. Hace unos días miles de ciudadanos volvieron de nuevo al estadio. Mugabe había fallecido días antes en Singapur a la edad de 95 años y querían despedirse. Pueden estar sufriendo económicamente, pero le agradecían haberlos empoderado. La derrota del ocupante había mostrado que los africanos negros no eran inferiores a los blancos ingleses.

Mugabe, un shona educado en escuelas católicas, pasó sin juicio 11 años en la cárcel acusado de subversión contra el régimen racista. Su delito: haber criticado públicamente el colonialismo inglés y llamar cowboy a Ian Smith, el supremacista primer ministro de Rodesia (como se llamaba antes Zimbabue en honor del colonizador inglés Cecil Rhodes), que había declarado unilateralmente la independencia para proteger los privilegios de los blancos.

A pesar de la cárcel y de su exilio en Mozambique, Mugabe creó un movimiento (Unión Nacional Africana Zimbabue, ZANU por sus siglas en inglés) inspirado en el maoísmo y el panafricanismo, que fue capaz de expulsar mediante la lucha armada a los ocupantes colonialistas. La guerra contra el gobierno blanco duró ocho años. De 1972 a 1980, 27.000 personas murieron, la mayoría negros. La violencia siguió después, cuando Mugabe y Joshua Mkomo se disputaron el poder tras la independencia. Mugabe fue acusado de cometer una masacre contra la minoría Ndebele del sur, que apoyaba a Mkomo.

Londres aceptó su derrota, al fin y al cabo eran los tiempos de la descolonización. Lo que no soportó fue la expropiación en el año 2000 de la propiedad de 6.000 granjeros blancos –se trataba de la mejor tierra de Zimbabue– para repartirla entre 245.000 agricultores locales. Tony Blair estaba tan furioso con la reforma agraria de Mugabe que se planteó invadir militarmente Zimbabue para cambiar el régimen. Mbeky, el presidente sudafricano que sucedió a Mandela, se opuso y lo contó en una entrevista con al-Jazira años después.https://www.theguardian.com/world/2013/nov/27/tony-blair-military-intervention-zimbabwe-claim

Las empresas de comunicación se inventaron el cuento de que la producción agrícola había colapsado con la reforma agraria. Los académicos demostraron que no era cierto. https://africanarguments.org/2013/03/21/zimbabwe-takes-back-its-land-a-review-by-martin-plaut/Acusaron a Mugabe de gestionar mal la economía, pero desde que fue expulsado del poder hace dos años el pan ha subido siete veces y las medicinas diez. Él no era el problema.

En realidad el país fue aislado. Sometido a sanciones. Castigado. Las inversiones y ayudas se detuvieron. El sector formal de la economía fue destruido. Nunca le perdonaron a Mugabe que cumpliese sus promesas anticolonialistas y expropiara a granjeros blancos que seguían siendo ciudadanos ingleses. Los logros que en educación y salud había conseguido el gobierno para la población negra en sus primeros años de independencia se hicieron insostenibles. A pesar de que Mugabe intentó llenar el vacío dejado por los ingleses con China, la escasez disparó la inflación y las colas. Desde entonces la economía no ha podido recuperarse.

Mugabe tuvo otro problema mas difícil de sortear que una reforma agraria que contó con el apoyo de la mayoría de la población. Frantz Fanon había hablado de ello en su obra Los condenados de la tierra: la imitación por parte de la nueva elite negra en el poder de la forma de vida de los colonialistas blancos. El Che Guevara había advertido que a los guerrilleros africanos les gustaban más las habitaciones de los hoteles que los campamentos.

MUGABE.jpgMugabe sintió la presión de los veteranos de la guerra de liberación que reclamaban para ellos la riqueza que antes tenían los blancos. El neoliberalismo que estaba abriéndose camino en África se frotaba las manos. Necesitaba “empresarios” negros con quien hacer negocios. La lucha por las mansiones, los mercedes, los relojes de oro y las cuentas millonarias en el extranjero dividieron a la clase política nacida en la lucha de liberación que una vez había soñado con el socialismo. Mugabe, después de 37 años en el poder, acabó siendo depuesto por Emerson Mnangagwa, su mano derecha, el cual veía amenazado su poder y sus privilegios por Grace Mugabe, la segunda esposa de Mugabe. Lo mismo está ocurriendo en Sudáfrica y Mozambique, donde los frentes de liberación se parecen cada día más a mafias que luchan entre sí por el botín del estado que a partidos políticos que luchan por liberar a su población de las injusticias propias o heredadas del colonialismo.

Días antes de que muriera Mugabe, en Johannesburg Gavin Watson estrelló a 140 kilómetros por hora el coche que conducía contra una columna de cemento en las cercanías del aeropuerto. Murió en el acto. Watson, jefe ejecutivo de Bosasa, una compañía de servicios, tenía que testificar al día siguiente ante un comité de investigación sobre las posibles relaciones delictivas de su empresa con Cyril Ramaphosa, el actual Presidente de Sudáfrica. Ramaphosa había prometido limpiar al país de la corrupción y muchos le habían votado por ello en mayo. El presidente anterior, Jacob Zuma, comandante guerrillero en las filas del Congreso Nacional Africano (ANC por sus siglas en inglés) en los tiempos del apartheid, había ido al banquillo nada más dejar la presidencia. Tiene pendientes varios juicios por corrupción.

Bosasa estaba siendo investigada por haber contribuido con fondos a la campaña de Ramaphosa y otros políticos del ANC a cambio de obtener contratos del gobierno y no pagar impuestos. Gavin Watson, de 73 años, nacido en una familia de empresarios blancos, había sido cuando joven, en los años difíciles de la lucha contra el apartheid, militante del ANC, el partido de Mandela. Prefirió suicidarse.

Desde el año 2016 unos 90 políticos han muerto violentamente según estudios de la Universidad de Ciudad del Cabo. Solo en el año 2018 40 políticos del ACN fueron asesinados en casos relacionados con la corrupción. La mayoría después de denunciar a políticos corruptos, pero otros en disputas por posiciones de poder en las que es fácil hacer negocios fraudulentos. La integridad de un partido que tantas esperanzas había despertado esta siendo enterrada por políticos mafiosos.

El Presidente Cyril Ramaphosa fue en los inicios de su carrera política un activista y líder sindical. Hace cinco años, según la revista Forbes era uno de los 25 hombres más ricos de África. Estaba en el consejo de Lonmim, la mina de Marikana, cuando 34 mineros fueron asesinados por la policía mientras se manifestaban por un alza salarial. Se hizo millonario dirigiendo un proyecto financiado por Clive Menell, un millonario blanco, para crear una clase empresarial negra cuando Mandela ganó las elecciones. Pero dos décadas después la clase media negra se calcula de manera optimista en apenas 5,6 millones de personas de una población de 58 millones, el 80% de los cuales son negros. La mayoría negra sigue luchando para salir adelante enfangada en la pobreza.

Manuel Chang, el ex-ministro de finanzas de Mozambique con el anterior Presidente Armando Gebuza, está arrestado en Sudáfrica. Fue detenido en diciembre en el aeropuerto de Johanesburg. Está acusado de organizar un plan con Crédit Suisse y un banco público ruso con el que se defraudaron 2.000 millones de dólares a las arcas públicas de Mozambique. Estamos hablando de una cantidad equivalente al 13% de su PNB. Transparencia Internacional estima que la corrupción costó a Mozambique durante el mandato de Gebuza (2005-2015) alrededor de 4.900 millones de dólares.

Mozambique es uno de los países más pobres de África. Armando Gebuza, combatiente en la guerra de liberación, era ministro del interior cuando Samora Machel, el líder de la independencia, murió en 1986 en un extraño accidente aéreo que muchos creen que fue un atentado. Samora Machel era conocido por su honestidad y su compromiso con la justicia social. Murió sin haberse enriquecido. El FMI llegó cuatro meses después poniendo fin al experimento “socialista” del FRELIMO. Uno de los hijos de Armando Gebuza está detenido junto a otras 20 personas acusadas de aprovecharse del fraude. Hay 500 millones desaparecidos del crédito pedido para promocionar y proteger la industria pesquera. El actual presidente, Felipe Nyussi, que espera ser reelegido en octubre para un segundo mandato, era ministro de defensa. Nyussi ha sido acusado de proteger a generales del norte veteranos de la guerra de liberación. Nyussi ha entregado a empresas británicas, canadienses y americanas la explotación de los rubíes, petróleo y gas de la provincia de Cabo Delgado. Empresas con quien los viejos generales hacen sus “negocios” bajo firmas de consultorías u otras estratagemas. El Frente de Liberación de Mozambique, que tantas expectativas había creado, ha sucumbido a políticos mafiosos que se aprovechan de las oportunidades que trae el neoliberalismo para enriquecerse.

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¿Ha acabado felizmente la Revolución en Sudán?

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El sábado pasado militares y representantes de la Revolución firmaron un acuerdo para compartir el poder durante tres años, tras los cuales deben celebrarse elecciones y establecerse un gobierno civil democrático: la gran reivindicación democrática de la Revolución. Hubo festejos en Jartum ese día, pero con todo fue un día agridulce.

El acuerdo se produce después de que ninguno de los dos bandos haya podido imponerse el uno al otro. La Revolución no ha sido capaz de acabar con el poder de los militares, pero la contrarrevolución no ha podido aplastarla. Sin un compromiso, la guerra civil estaba en el horizonte.

El lunes, dos días después de firmarse el acuerdo, Omar al-Bashir, el líder durante 30 años de un Régimen corrupto y represivo en manos de militares cleptómanos, a quien la Revolución había logrado sacar del poder en abril, entraba en un tribunal de Jartum para ser juzgado por corrupción.

La Revolución había conseguido otro de sus grandes objetivos. Pero asociados del dictador responsables de masacres y de saquear las arcas públicas como él seguían en el poder sin que estuviera claro si serán juzgados por sus crímenes o han ganando la impunidad.

El acuerdo alcanzado consagra al nuevo Consejo de Gobierno (un cuerpo colegiado compuesto por 6 militares y 5 civiles propuestos por la Alianza del Cambio y la Libertad, una organización que aglutina a las diferentes tendencias de la Revolución) como la jefatura del Estado. El Consejo será liderado los primeros 21 meses por el Lt. Gen. Abdel Fattah al-Burhan, un amigo de Riad, al frente del gobierno desde abril. Los restantes 18 meses hasta las elecciones será presidido por un civil. Los civiles propondrán al Primer Ministro de un gobierno de carácter técnico mientras los militares se reservan los ministerios de seguridad y defensa, incluida la inteligencia, los ministerios que se llevan el grueso del gasto público y constituyen el núcleo duro del Estado.

 

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Doblegar a los militares para que cedieran parte del poder no había sido una tarea fácil. La Revolución había empezado fuera de la capital contra la carencia de pan y el aumento de precio del combustible. Empezó siendo conocida como la “revolución del hambre¨. Había sido el colapso de un modelo económico que premiaba a los generales y a sus amigos del Golfo (saudíes, emiratos, qatarís se estaban quedando con las tierras más fértiles en detrimento de los campesinos locales) lo que desató la Revolución. El 40% de la población, la mayoría campesinos, tiene ingresos por debajo de la línea de la pobreza. Era escandaloso ver enriquecerse a estos generales convertidos en “empresarios” que explotan en su provecho las riquezas del país.

En enero, jóvenes y mujeres oprimidas por el islamismo político se sumaron al movimiento en Jartum. El 60% de una población de 42,5 millones tiene menos de 25 años. Una incipiente clase media de profesionales formada con el boom del petróleo veía cómo sus sueños de progreso se estaban esfumando con la separación del sur, donde están la mayoría de los pozos. Espoleados por sueldos estancados, inflación y cajeros vacíos se unieron a la protesta popular organizados por la Asociación de Profesionales de Sudán (SPA). Una organización que acabó desempeñando un papel decisivo en la Revolución.

En abril los militares decidieron sacrificar a Omar al-Bashir mientras esperaban el momento adecuado para aplastarla. La Revolución estaba ganando fuerza y maniobraron para debilitarla. La Revolución respondió ocupando las calles y gritando “todo debe caer”.

Los militares intentaron aplastar a la Revolución el 3 de junio con una masacre. Se valieron de las milicias genocidas janjaweed, rebautizadas como Fuerza de Apoyo Rápido. Estas milicias árabes están encabezadas por un líder ambicioso de una milicia étnica de Darfur, Mohamed Hamdan, conocido como Hemeti, que se está convirtiendo en el hombre fuerte de Sudán. Solo ese día asesinaron a 127 manifestantes, hirieron a centenares y violaron a docenas de mujeres. Algunos de los asesinados fueron tirados al Nilo atados a piedras. El campamento que habían levantado los revolucionarios fue destruido. Fueron días terribles. Parecía que la contrarrevolución había ganado, pero la Revolución mostró su fuerza en las calles. Supo organizar el apoyo de la población a sus demandas. El 30 de junio, menos de un mes después de la masacre, Jartum conoció de nuevo una enorme movilización de masas. Los militares, si querían evitar una incierta guerra civil, estaban obligados a sentarse a negociar.

En Julio la contrarrevolución volvió de nuevo a la carga. Se resistía a compartir el poder con los civiles, como exigía la Revolución en la mesa de negociaciones. Intentaron de nuevo amedrentar a la población con otra masacre. El SPA había llamado a una gran manifestación para presionar a los militares para que aceptaran las demandas de la Revolución. Una semana antes de la gran manifestación en la ciudad de El-Obeid, la capital del Norte de Kordofan, las milicias de Hemeti asesinaron a sangre fría a cuatro estudiantes adolescentes. Habían disparado fuego real contra una manifestación pacífica de estudiantes que protestaban en uniforme escolar por la falta de agua, electricidad y transporte público. A pesar de la nueva masacre, Hemeti no consiguió su objetivo. Miles de manifestantes tomaron las calles en todo Sudán como estaba previsto. Los militares tuvieron que ceder y aceptar la demanda de la Revolución de compartir el poder con los civiles hasta la celebración de elecciones.

El día que se firmó el acuerdo hubo celebraciones con música, poesía y fuegos artificiales en las calles de Jartum. Habían derribado a al-Bashir y obligado a los militares a compartir el poder con los civiles. Pero los periodistas hablan de que había también incertidumbre y desconfianza sobre el futuro. La gente no las tenía todas consigo de que los militares cumplieran su compromiso. El responsable de la masacre de junio, Hemeti, sigue a cargo de los janjaweed y ha sido designado por los militares para ocupar un puesto en el nuevo Consejo a pesar de sus crímenes ¿Cómo es posible que no sea juzgado después de asesinar a 127 personas en un solo día? ¿De dónde viene el poder que le protege?

Según escribe Alex del Waal en la BBC, Hemeti era un pequeño comerciante del clan Mahariya de la Rizeigat en Darfur que llegó a ser un brigadier de al-Bashir en las milicias árabes que cometieron el genocidio en Darfur. Debido a sus servicios consiguió en Jartum, bajo la protección directa de al-Bashir, un salario para sus tropas, rangos para sus oficiales y las estrellas de un flamante general brigadier con su suculenta paga para él. Sus milicias fueron rebautizadas como Fuerzas de Apoyo Rápido (había que limpiar lo de janjaweed asociado a genocidio) y puestas bajo el mando del Servicio de Seguridad e Inteligencia nacional (NISS).

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La sustitución del petróleo por el oro en la economía sudanesa le ayudó en su carrera. En 2017 el oro representaba el 40% de las exportaciones. En esa fecha las minas de oro más productivas del norte de Darfur ya le pertenecían. Había establecido una compañía, al-Junaid, para controlar el comercio legal del oro mientras sus janjaweed controlaban las fronteras de Chad y Libia asegurándose un lucrativo contrabando. La Unión Europea se aprovechó de ello para implementar su indignante política migratoria incrementando la riqueza y el poder de Hemeti. En 2015 aceptó enviar tropas de sus milicias a la guerra de Yemen bajo el mando de Emiratos, extendiendo sus tentáculos hacia el Golfo. Dubai es el principal importador del oro de Sudán. Tras la caída de al-Bahsir, Hameti se ha convertido en el general más rico de Sudán y el más poderoso.

El día que se firmó el acuerdo, en una ceremonia en Jartum Hemeti se presentó a sí mismo en un entrevista con la BBC como “el salvador de Sudán que está comprometido con el acuerdo alcanzado”. La Revolución tiene sus dudas. Hemeti es un violento operador de la política sin escrúpulos cuyo objetivo es hacer negocios y amasar poder. La SPA ya ha advertido que hay batallas por venir. “Si no cumplen las promesas saldremos de nuevo a la calle”, han dicho.

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¿Está cambiando la dinámica de la guerra del Yemen?

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Cuando empezó la guerra de Yemen dijeron que era una cuestión de meses; en realidad los generales casi siempre dicen lo mismo para justificar sus aventuras, pero después de más de cuatro años los saudíes están atrapados sin poder ganar la guerra y sin poder salir de ella por la implicación que su retirada tendría en su conflicto mayor con Irán. Se metieron en un pozo del que no saben cómo salir.

Hace dos semanas su socio más importante, Emiratos Árabes Unidos (EAU), decidió salir por su cuenta del pozo; al fin y al cabo no tiene fronteras con Yemen. Su salida es una forma drástica de reconocer el fracaso militar y la necesidad de llegar a un compromiso político. Arabia Saudí se ha gastado anualmente entre 50 y 60 mil millones de dólares en la guerra y se estima que Emiratos no andará muy lejos de la cifra. De cualquier forma es difícil decir qué les ha llevado a dar este paso, pero posiblemente los nuevos drones y misiles huzíes han contribuido a que tomara esa decisión. Según fuentes saudíes los huzíes habrían disparado más de 500 misiles y mandado al menos 150 explosivos a través de drones, la mayoría en los últimos meses. Estos drones han llegado a golpear instalaciones militares situadas a 750 kilómetros de la frontera, incluido el aeropuerto de Abu Dabi. Expertos de Naciones Unidas han dicho que los drones huzíes tienen un alcance de 1.500 kilómetros. La supremacía aérea incontestable de la coalición ha terminado.

Los soldados emiratíes, estimados en 5.000, habían sido el puntal de la ofensiva terrestre contra el gobierno de facto huzí en Saná. Fueron ellos quienes al inicio de la guerra lideraron la ofensiva por la costa del Mar Rojo, tomando los puertos de Moja y Joja. El año pasado habían sido la vanguardia de la ofensiva por tierra para tomar el puerto de Hodeidah, el principal puerto yemení en el mar Rojo por donde entra el 90% de la ayuda humanitaria. El fracaso de la ofensiva llevó a las negociaciones de paz en Suecia, en donde se acordó a principios de este año dejar a Hodeidah bajo control de efectivos de Naciones Unidas para garantizar la ayuda humanitaria. Nadie quiere tener la responsabilidad criminal de la muerte de hambre de cientos de miles de personas.

También ha tenido que pesar en la decisión que, a pesar de tener 30 frentes de combate abiertos, el avance de la coalición ha sido mínimo. Los huzíes siguen controlando además de Saná un amplio territorio donde vive el 80% de la población. Los drones que han atacado los principales aeropuertos saudíes en sus montañosas provincias fronterizas con Yemen están consiguiendo desplazar el escenario de la guerra hacia el norte, penetrando incluso en territorio saudí. El impacto de estas armas ha sido tan poderoso que Ryad ha tenido que cerrar por la noche el aeropuerto de Abha.

Los soldados emiratíes no dejan buen recuerdo en Yemen. Amnistía Internacional les acusó de mantener cárceles secretas en las que se torturó y violó sistemáticamente a prisioneros yemeníes. Ha denunciado también desapariciones de prisioneros. https://www.amnesty.org/es/latest/news/2018/07/disappearances-and-torture-in-southern-yemen-detention-facilities-must-be-investigated-as-war-crimes/ Emiratos ha dicho que mantendrá una reducida presencia militar en Adén, la antigua capital del Sur de Yemen (parece que apoya un Yemen dividido y ha mostrado interés por la Isla de Socotra); y seguirá pagando los salarios de los 20 mil combatientes que coordinaba, entre ellos niños sudaneses reclutados por los janjaweed. Ha pasado su mando a los saudíes, aunque no está clara la capacidad de Ryad para manejar a estas 16 milicias, la mayoría locales, que combatían lideradas por Emiratos. Reuters denunció que Emiratos reclutó y pagó a militantes de al-Qaeda e ISIS para incorporarlos a sus milicias.

La retirada es significativa porque el príncipe Mohammed bin Zayed, el hombre a cargo de Emiratos, había acompañado a Mohamed bin Salman, el príncipe heredero saudí, en su visita a Washington para obtener a principios del 2015 la luz verde del Presidente Obama para empezar la guerra. Emiratos y Arabia Saudí comparten su aversión a Irán y los Hermanos Musulmanes dentro de una alianza estratégica por controlar los estrechos de Ormuz y Bab al Mandab, por donde pasan diariamente casi 25 millones de barriles de petróleo. Washington, su mentor, anunció recientemente que tiene planes militares para empezar a patrullarlos.

Los drones y misiles balísticos huzíes –fabricados posiblemente por ingenieros locales con la ayuda de ingenieros de Irán y Hezbolah– están cambiando el balance de la guerra y Estados Unidos parece estar dispuesto a compensarlo. En mayo los huzíes fueron capaces de golpear con éxito, en la provincia de Ryad, el oleoducto que une los pozos petroleros saudíes en el este, en Abqaiq, con los puertos de embarque en el Mar Rojo. Un oleoducto estratégico que permitiría al petróleo saudí escapar de los estrechos de Ormuz y Bab al Mandab para llegar al canal de Suez. El golpe muestra, dado el tamaño del oleoducto, 1.200 kilómetros, la imposibilidad de protegerlo en su totalidad. Los sofisticados misiles tierra-aire Hawk que lo custodian no han podido detener los ataques de los drones, que usan un pequeño radar muy sofisticado para esquivarlos.

La retirada de Emiratos parecía abrir una oportunidad para acabar la guerra. Hace una semana hubo negociaciones, facilitadas por Martin Griffiths, el enviado especial de la ONU en Yemen. Las conversaciones entre el gobierno de Hadi y el de los huzíes tuvieron lugar en un barco anclado en el Mar Rojo. Esos mismos días la cadena de televisión estadounidense CBS emitió imágenes de soldados llegados a la base Príncipe Sultán a 75 kilómetros al sur de Ryad, desplegando en el desierto sistemas de misiles antimisiles. Era la primera vez que el Pentágono desplegaba sus tropas en territorio saudí desde la guerra de Irak.

Lo novedoso de estas tropas en la guerra del Yemen es que no están integradas en un comando saudí. Operan bajo mando directo del Ejército de los Estados Unidos. Hasta ahora las tropas de Estados Unidos estaban interviniendo en la guerra, pero integrada con los militares saudíes. Los militares estadounidenses ayudaban a elegir objetivos en donde arrojar bombas de precisión y abastecían de gasolina a aviones de guerra saudíes en vuelo. Comandos de Boinas Verdes han participado en operaciones en zonas fronterizas entre Yemen y Arabia Saudí ayudando a localizar y destruir misiles balísticos. Lo mismo lo han hecho comandos ingleses durante la batalla de Hodeidah. Pero la llegada la semana pasada de un contingente de 500 soldados de Estados Unidos a territorio saudí cambiaba la lógica. Estados Unidos siempre ha caracterizado a los huzíes como agentes de Irán y es notorio, desde que Bolton está a cargo de la Seguridad Nacional, que la guerra contra Irán ha vuelto a la agenda de la política de Estados Unidos en Oriente Medio. El riesgo que de lo que hasta ahora ha sido una guerra local forme parte de una guerra regional aparecía en el horizonte de la mano de los halcones estadounidenses.

La decisión es polémica porque el Congreso de Estados Unidos mantiene un rifirrafe con el Presidente Trump por su ayuda militar a Arabia Saudí. Este mes por segunda vez ha pasado una resolución condenando la relación de la Administración del Presidente Trump con Arabia Saudí, tanto por las atrocidades cometidas en la guerra de Yemen como por el asesinato del periodista Jamal Kashoggi. Una resolución que se espera vuelva a ser vetada por el Presidente como hizo con la primera. El Pentágono ha justificado su decisión aduciendo la situación cada vez más crítica en el estrecho de Ormuz.

Esto ocurre mientras la situación humanitaria sigue sin mejorar. El último informe humanitario presentado al Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas advierte que el cólera en Yemen sigue en aumento y que la mayoría de la población sigue sin tener acceso regular a comida. Doce millones de yemeníes están amenazados de morir de hambre. Las Naciones Unidas calculan que si sigue la guerra la cifra de muertos alcanzará a finales de este año los 233.000. La desnutrición, el cólera y la escasez de medicamentos seguirán matando a más personas que las bombas. No se cansan de repetir que sin acabar la guerra no se puede acabar con la peor crisis humanitaria de nuestro tiempo. Es aterrador pensar en la posibilidad de que Yemen sea arrastrado a una guerra regional viendo su situación humanitaria.

Este artículo ha sido publicado enhttps://www.elviejotopo.com/topoexpress/esta-cambiando-la-dinamica-de-la-guerra-del-yemen/

 

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la disputa por el territorio, VIOLENCIA ETNICA EN EL OESTE DE ETIOPIA

A principio de mayo más de 200 gomuz fueron masacrados por amharas en la zona fronteriza entre las regiones federales de Benishangul-Gumuz y Amhara. Meses antes en Kamashe una zona de Benishangul-Gomuz al sur del Nilo Azul 150 mil oromos tuvieron que huir de sus comunidades instalandose muchos de ellos en campos de desplazados en Oromya. Mark Aguirre ha visitado estos campos para conocer como es la vida allí y las causas de la violencia étnica que esta convirtiendo a Etiopía en el país con mayor números de desplazados del mundo.L1221724.jpg

Esta area del oeste de Etiopía es una zona semi boscosa pero el primer campo de desplazados que visitamos estaba en Sasiga en una llanura de tierra seca. Las lluvias todavía no habían comenzado lo que permitía facilmente el acceso desde Nekemte. Era un campo relativamente nuevo. La ayuda humanitaria apenas había empezado a llegar. Aún con todo había casí12.000 desplazados y esperaban que llegasen 9.400 más durante esos días. Mientras estabamos llegaron varios camiones con familias. La mayoría expulsadas de sus comunidades en la zona fronteriza entre Wollega (1) (Oromya)y Kamashe (Benishangul-Gumuz) donde la tierras altas empiezan a perder altura. La mayoría campesinos oromos que habían sido expulsados de sus comunidades por campesinos gumuz. A medida que las familias de desplazados dscendían de los camiones eran conducidos a sus nuevas viviendas: una cabaña de 5 metros cuadrados construida con palos, tierra como suelo y plástico como paredes.

Habían diseñado el campo con las pequeñas viviendas una junto a otra formando calles como si de un nuevo poblado se tratase. Las letrinas estaban a un lado del campo. La brecha entre lo que necesitaban y la ayuda que recibían era enorme, incluso faltaba agua limpia. Cuando llegamos un grupos de niños empezó a rodearnos. Se pasaban el tiempo deambulando sin ir a la escuela. Contaban que cuando llegaron habían empezado a asisitir -una counidad cercana al campo los recibió bien, son oromos como ellos- pero después de varias semanas habían desistido. Sin trasporte necesitaban dos horas para ir a la escuela y dos para volver. Sólo una niña de nombre Najate había resistido y seguía yendo todos los días. Ahora pasaban el día en el campo ayudando a sus madres a traer agua o leña.

Un hombre se nos acercó. Tenía cubierta la cabeza con una bufanda a cuadros vestida a modo de turbán como hacen los musulmanes, le faltaba alguno de sus dientes. Se llamaba Tafaril. “Todos hemos perdido nuestra forma de vida y necesitamos ayuda para sobrevivir. La huida de nuestras comunidades fue tan difícil como cuando nos echaron violentamente de nuestras casas. Hasta hubo una mujer que dio a luz en el trayecto sin ayuda. Cuando oímos los disparos y los gritos salimos disparados de la casa con lo que llevabamos puesto. Dejamos todo atras. Ni una muda. Fueron tres días duros caminando por el bosque sin apenas comida.Teníamos miedo de que nos persiguieran. Vi morir a gente por las flechas que disparaban (los gomuz) escondidos en los árboles.”

No sabe cuantos murieron durante el conflicto pero tiene conocimiento directo de cuatro personas. Se ha reportado evidencia de al menos 72 muertos , 4 de ellos niños. La mayoría en enfrentamientos armados entre oromos y gomuz. Pudó haber más pero no ha podido ser verificado. El acceso a ciertas zonas de Benisahngul-Gumuz son difíciles. Son datos antes del recrudecimiento del conflicto a principios de mayo en el norte que no se sabe como va a afectar en la zona.

Los conflictos nacen localizados pero en la situación política que vive el país se expanden como el fuego en un bosque seco. La población se alínea rapidamente en términos étnicos. En la Etopía rural todavía el poder comunitario y colectivo es muy fuerte. Estos campesinos sometidos a politicas de modernización productiva y cultural las enfrentan identificandose en etnias con potentes raíces antropólogicas. La modernización y el desarrollo hacen sus estragos en la vieja sociedad. El nuevo gobierno interviene lo menos posible. Hay llamas en todas las esquinas del país. La mediación es difícil y Abiy el nuevo primer ministro no quiere perder la fama que ha ganado al dejar la represión a un lado para enfrentar los problemas. Sólo en Wollega hay 23 campos de desplazados oromos. Toda la frontera entre Wollega y Kamashe esta afectada por el conflicto.. Estamos hablando de cientos de kilómetros de frontera, desde Gimbi hasta Bambasi y desde Haro Lima hasta Nekemte. Al menos 157.240 oromos habían sido obligadas a salir de sus comunidades y buscar refugio en Oromya. La mitad menores de 18 años. Había también campos en Benishangul-Gumuz con gumuz desplazados de Oromya pero los grupos de ayuda humanitaria no podían llegar por la inestabilidad.

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El conflicto estalló en septiembre cuando el gobernador de la zona de Kamashe, el vicegobernador y el jefe de la policia fueron ejecutados por hombres armados. Un comando posiblemente del Frente de Liberación Oromo (FLO) detuvo en Oromya al coche en que viajaban de regreso a Kamashe. Les obligaron a salir del mismo y les dispararon. Estaban regresando de una reunión con funcionarios oromos para discutir la manera de resolver las tensiones crecientes. La presión del nacionalismo oromo se sentía muy fuerte en Khamase y querían pararlo. (2)

Los oromos habían propuesto cambiar el amariña la lengua amhara por el oromo como segunda lengua oficial en Kamashe. Había habido muchas quejas de maltrato y vejaciones de los gomuz en la zona oroma cuando viajaban a Assosa, su capital. Eran días en que había rumores de que Abiy el nuevo Primer Ministro de Etiopía, que es oromo, había llegado a un acuerdo con las autoridades de Wollega para quitar tierra a los gomuz y darsela a los oromos. Eran falsos pero la presencia del FLO en la zona, la paralisis inicial del ejercito (3) y el asesinato de las autoridades gomuz se malinterpretaron disparando el conflicto.

En la ciudad de Kamashe jovenes gomuz salieron a la calle gritando “oromo regresa a tu país¨. El 35% de la población del distrito de Kamashe es oroma. La mayoría campesinos pero tambén trabajadores del gobierno y comerciantes. Los ataques violentos en represalia al asesinato empezaron. Los gomuz responden muerte por muerte. Su sistema de justicia sigue anclado en la vieja ley de revancha. Hubo un intento de asaltar el deposito de armas por jóvenes gomuz pero las autoridades lo impidieron. En medio de los enfrentamientos miles de oromos huyeron de Kamashe y gomuz de Oromya. El conflicto se extendió rapido por todo el área fronteriza. En días había decenas de miles de desplazados.

A principios de mayo me reuní en Adís Abeba con Juan González un misionero comboniano y periodista de la revista Mundo Negro que ha vivido más de una década con los gomuz y ha publicado dos libros de carácter antropólogico sobre ellos. Acababa de regresar de Kamashe. Habían pasado más de seis meses desde el ataque pero la tensión seguía. En Metekel una zona al norte de Kamashe en la orilla norte del Nilo azul al menos 250 personas habrían muerto de forma violenta esos días. La mayoría gomuz masacrados por milicias amharas en los distritos de Jawe y Dangur. Los nacionalistas amharas se vengaban del asesinato de 18 amharas a manos de gomuz después de que varios jovenes gumuz habían sido asesinados por la policía en una disputa por el precio de los billetes en un autobús.

Juan González decía que el conflicto tenía raíces históricas. Benishangul-Gumuz fue incorporada administrativamente a Etiopía sólo en 1902 despues de ser conquistada por el emperador Menelik II y ser reconocido por Gran Bretaña que gobernaba entonces Sudan y con que es frontera Benishangul-Gumuz(4). Los gomuz llegaron a Kamashe atravesando el río Nilo desde el norte a final del siglo XIX , mientras los oromos llegaron desde el sur de las zonas altas de Wollega quizá antes, pero había mucho territerio semi boscoso vacío, era una tierra de nadie. Kamashe era una zona muy poca poblada. Cuando los gumuz empezaron a llegar no había conceptos ni de limite fronterizo ni de propiedad. El que ocupaba la tierra tenía el derecho sobre ella. Los oromos mismos atravesaron el río Nilo hacia el norte colonizando la zona montañosa de Wenbera donde cultivan café.

Las dos etnias reivindican sus derechos. Los oromos les dicen a los gomuz “Vosotros sois sudaneses marcharos a Sudan. Esta tierra es nuestra”. Los gomuz les dicen que cuando llegaron aqui no había nadie y que esa tierra es suya. “Hay una relacion dificil entre otras cosas porque los gomuz son de raza sudanesa son nilóticos y los highlanders sean oromos ó sean amharas los desprecian. El gumuz es muy suceptible y tiende a reaccionar violentamente ante cualquier ataque y eso es lo que esta pasando ahora estos días en el norte, en Metekel”, decía Juan González.

Puede que Benishangul-Gumuz haya sido absorbido como territorio formal de Etiopía a finales del siglo XIX pero ha estado ligado a lo que se ha llamado la Gran Etiopía desde que existe un poder político estructurado en las tierras altas. Estamos hablando de hace más de 2000 años cuando una monarquía empezo a establecerse en Aksum. En estas tierras bajas del oeste los poderosos de las zonas altas, donde residía el poder político, se han abastecido de oro, marfil y esclavos durante siglos para su consumo y el comercio del mar Rojo. Los señores etíopes renunciaron a cultivar estas tierras en nombre del comercio y sus impuestos. Hasta la segunda década del siglo XX hacían razias sistematicas en busca de esclavos y cazaban elefantes y otras especies valiosas. Hacia 1930 la esclavitud había acabado -Etiopía es uno de los países que mas tardó en abolirla- pero los etíopes de las zonas altas siguen discriminando a los de las zonas bajas del oeste. Los consideran inferiores. Sin posibilidad de cazar esclavos las tierras bajas pasaron a ser explotadas de manera diferente.

La vieja manera de explotar el territorio de las tierra bajas había permitido paradójicamente a los gomuz conservar un extenso territorio hasta practicamente finales del siglo XX. Los gomuz vivían cultivando la tierra esparcidos en comunidades poco pobladas y dispersas, apenas comunicadas entre sí, a dos o tres horas de camino de la primera escuela o clínia.

“Cuando llegue a Gomuz rascaban con una azada, quemaban y sembraban. El sitio erá suyo por dos o tres cosechas. A los dos o tres años cambiaban de sitio y buscaban otro. La tierra era muchisima. Para que te hagas una idea le dieron a una empresa india 50 mil hectáreas y no tuvieron que desalojar a nadie. Había abundante tierra. Con esa excusa el gobierno empezó a concentrar a los gomuz en poblados y a disponer de su territorio. Esto ocurre con Meles. Estamos hablando del año 2012-2013, una fecha muy reciente¨decía Juan González.

En Etiopía la tierra es del Estado y puede ajudicarla a su criterio. El gobierno pensaba que los gomuz tenían demasiada tierra en un país que necesitaba al maximo recursos para el desarrollo y para una población creciente. Empezó a concentralos y a construir grandes poblados. Al mismo tiempo repartieron entre tres y cinco hectáreas de tierra a cada familia gomuz. Había suficiente para no tener que echarlos de su tierra como hicieron en Gambella con los anuak. Los convirtieron de la noche de la mañana en campesinos con propiedad. La tierra que sobraba después del reparto, el gobierno la entegó a inversores privados nacionales e internacionales. Necesitaba divisas para financiar su proyecto de industrialización.

La forma tradicional de cultivo empezo a desaparecer. Los gumuz ya no podían moverse a buscar nueva tierra. Estaba ocupada por el agronegocio. El cultivo de corta y quema murió. Para sacar productividad a su lote tuvieron que recurrir al arado que no sabían usarlo. Acabaron trayendo campesinos agaw de las zonas altas que si sabían arar(5). También cambiaron lo que sembraban. Empezaron a hacerlo por dinero y no para consumo. Sembraron sesamo o cacachuete para el mercado. Los agaw que llegaron con sus arados pagaban una renta o repartían la cosecha con los gumuz los nuevos propietarios. Pero han acabado quedándose aunque no pudieran poseer por ley la tierra en una región que no es la suya. La presión demográfica es fuerte en sus comunidades de la región Amhara y estan hambrientos de tierra. En Yaso una woreda de Kamashe a orillas sur del rio Nilo han pedido a los amharas que regresen a sus comunidades de orígen pero estos se resisten. La tierra que hace dos décadas era abundante ha dejado de serlo. En veinte años los gomuz pasaron de cultivar como se hacía antes de que se inventara el arado y de usar el arco al telefono mobil. Los jovenes no quieren saber de la vida tradicional y los viejos piensan que su época ha acabado. La amenaza histórica de las razias de los de las zonas altas en busca de esclavos ha sido sustituida por la amanaza de perder lo que queda de su tierra y su forma de vida.

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Cuando en Sasiga nos movíamos por caminos de tierra visitando campos de desplazados veíamos a grupos de jóvenes oromos patrullandolos armados con lanzas como las que había visto en el múseo de Nekemte la capital de Wollega. Era obvio que la crisis se había expandido hasta aqui y que había tensión y miedo a repesalias de los gomuz. ¿Porqué los incidentes que habían ocurrido en la ciudad de Kamashe a más de cien kilómetros se habían extendido como la polvora hasta la frontera con el este de Wollega?

Era cierto que los rumores que habían ayudado a desencadenar la crisis eran falsos pero movían un conflicto por la tierra latente en esta zona fronteriza entre oromos y gomuz. Administradores de uno de los campos que visitamos nos explicaron que había una categoría de desplazados que no estaban en los campos. Eran campesinos oromos que tenían su vivienda en Sasiga (Oromya) pero cultivaban tierras en Balo (Kamashe). Los consideraban “dsplazados” porque ahora los gomuz no les dejaban entrar a recoger la cosecha. Los gomuz tienen miedo de que los oromos acabasen quedandose con su territoro.

Antes de que el nuevo regimen de 1991 instaurarse el federalismo la zona de Kamashe pertenecía a Wollega una de las provincias administrativas durante el Derg. Tanto en Sasiga en Oromya como en Balo hoy en Kamashe se cultivaba trigo bajo control de las autoridades oromas en Nekemte. La nueva división territorial instaurada por el regimen de Meles que separaba Kamashe de Wollega para crear una nueva región federal tenía sentido porque la población era mayoritariamente gomuz. La herida que abría la ruptura se intentó corregir impulsando ma-trimonios entre las comunidades oromas de las zonas altas y la de los gomuz de las bajas; a la vez que se reforzaron los lazos economicas y sociales entre ámbas. El acuerdo funcionó a medias. Las nuevas fronteras no estuvieron propiamente marcadas lo que facilitaba esporadicos brotes de violencia sobre quien debía administrar ciertas zonas y quien explotar los recursos de arena y bambu que hay en el área.

De cualquier modo Kamashe no se libró de la política del gobierno federal de entregar tierras bajas de Benishangul-Gumuz a grandes inversores agricolas. El Ministerio de Agricultua planeó tranferir a inversores en todo Benishangul-Gumuz 619.900 hectareas. La mitad de ellas habían sido entregadas en arriendo a final del 2018, de ellas 40.000 en Kamashe. Sólo en Kamashe hay 29.500 hectareas entregadas a inversores baldías a los ojos de campesinos a los que le falta tierra. Han sido finlandeses financiado por la cooperación de ese país los que han hecho el reparto de títulos de propiedad a los campesinos. Los europeos financian gustosos los proyectos de adjudicación de propiedades porque libera tierra para potenciales grandes inversores.

El reparto ha creado nuevos problemas. Hay fincas ubicadas a ámbos lados de la frontera pero los oromos cobran todos los impuestos incluídos los que debían cobrar las woredas de Kamashe. En los primeros años del siglo XXI campesinos oromos de los alrededores de Harar, su tierra estaba dejando de ser productiva por las sequías, fueron relocalizados en una área que tradicionalmente había pertenecido a los gomuz generando resentimiento. Eran estos nuevos y viejos problemas lo que estaba debajo de la superficie de la crisis de desplazados
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Naiara es una médica cirujana vasca. Estaba trabajando temporalmente en Sasiga como voluntaria para Médicos sin Fronteras. Llevaba semanas de campo en campo de dsplazados entregando médicinas o viendo enfermos. Coincidimos en uno de los escasos centros de salud que hay en la zona y nos encontramos después en Nekemte. “La vida en los campos es una vida de dificultades”, decía. No había todavía desnutrición severa aunque muchas mujeres y niños estaban malnutridos. Puso el número en un 40%. Los desplazados padecían las enfermedades normales que suele haber en los campos: infecciones de piel, urinarias, respiratorias, diarreas… Se requerían medicinas, sobre todo disoluciones pedríaticas para los niños. Había enfermos que en la huida habían perdido sus papeles y no podían conseguir ayuda oficial. Había problemas de transporte pero incluso si no los hubiera los desplazados no tendrían dinero para pagarlo. Muchas familias llevan meses en los campos y han acabado con sus ahorros. “Necesitan una pequeña ayuda monetaria”, decía. Naiara confirmó la muerte de personas a causa de heridas de flecha o envenenadas por ellas. Habían tratado pacientes heridos con largos cuchillos. Habían atendido también casos de enfermos con crisis mentales. Personas traumatizadas a causa de la brutal violencia que habían sufrido o presenciado. Cinco de ellos habían atacado violentamente a sus propias familias en los campos. Había personas desaparecidas entre ellas 34 niños.

La falta de comida era quiza el mayor problema en los campos. Los desplazados se movían de campo en campo buscando uno en donde se entregase suficiente comida. Pero incluso si lo encontraban no acababan comiendo lo que necesitaban. Se veían obligados a vender parte del suministro que reciben (un saco de maiz o arroz, algo de aceite y azucar y jabón…) para conseguir algo de dinero. Lo necesitan para comprar otros productos o moverse fuera del campo. Llamaba la atención la falta de comida porque el acceso al menos a los campos que visitamos era fácil. Cualquier camión podía llegar aunque el firme fuese de tierra ¿Porqué no llegaba en las cantidades que se necesitaba?

Uno de los enfermeros de un centro de salud que visitamos pensaba que era parte de la política del gobierno para que regresen a las comunidades. Una situacíon similar había visto en los campos de desplazados de Gadeo, en el sur de Etiopía a los que se les había bloqueado la entrega de comida. El gobierno quiere que los desplazados -Etiopía tiene 2.8 millones de personas desplazadas- regresen a sus lugares de origen cuanto antes pero la situación no lo permite.

Los desplazados en Sasiga tomaban sus decisiones a base de rumores. Según lo que escuchan se van acercando o alejando de sus comunidades. Puede un día vacíarse un campo para volverse a llenar a los días siguientes. Desplazados que habían vuelto a sus comunidades -lo habían tenido que hacer escoltados por militares- habían acabado regresando de nuevo a los campos de desplazados. No se sentían seguros.

Juan Gonzàlez decía que hay una situación de calma pero la situación no esta normalizada. Hablaba de la ciudad de Kamashe como unas ciudad semidesierta donde quedan pocos oromos. La mayoría trabajadores del gobierno. Apenas circulan vehículos. Alguna camioneta que trae algo de mercancía y dos autobuses. Uno que va hacia el norte al Río Niio, hacia Yaso y el otro hacia Assosa, la capital, por el interior. La situación es tan tensa todavía que han reparado urgentemente con picos y palas una vieja carretera de tierra para evitar viajar por la nueva que atraviesa Oromya.

Han pasado seis meses desde que estalló la crisis pero la situación no mejora o al menos no lo suficiente. El miedo sigue presente. Mientras los gomuz siguen sin atraverse a viajar a a través de Oromia, los oromos no se atraven a regresar a Kamashe. Para colmo de males el conflicto se ha extendido hacia el norte. La incertidumbre sobre el futuro político de Etiopía no ayuda a solucionar las crisis escondidas que la primavera política en el Cuerno de Africa esta destapando. El régimen ha cambiado de cara pero no ha definido todavía el nuevo rostro que quiere.

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(1) Leído Wol-lega

(2) El nacionalismo oromo es muy fuerte en Wollega. Esta zona de Oromya es uno de los centros de su resistencia. La bandera del Frente de Liberación Oroma esta pintada en cada pueblo que atraviesa la carretera que desde Adís Abeba va a Assosa. El FLO tiene una larga historia. Fue parte de la alianza de rebeldes que derrotó en 1991 al regimen militar del Derg. Pero decidió quedarse al margen del nuevo regimen federal que se instauro. El FLO fue ilegalizado y etiquetado como organización terrorista. En junio del 2018 con la primavera politica etiope fue legalizado y sus líderes regresaron a Etiopía para participar en la democracia. El FLO es visto como un competidor deñ Partido Democratico Oromo al que pertenece el nuevo Primer Ministro Abiy. En Wollega muchos jovenes se han afiliado al FLO y se han incorporado a la guerrilla. Nekemte estuvo paralizado en una huelga que protestaba el uso de aviones miliatares contra los militantes. El gobierno ha informado de arrestos en campos de entrenamiento militar del FLO y la requisa de armamento.

(3)Los militares tardaron en actuar. Cuando vieron las intenciones del FLO tras volver del exilio desplegaron unidades militares de elite en la zona. Hasta desplazaron uno de sus comandos operativos especiales del norte del país -Abiy había llegado a un acuerdode paz con Eritrea- a Assosa la capital de Benishangul-Gumuz.

(4)Benishangul-Gumuz fue establecida oficialmente como región federal en 1995 cuando se aprobó la nueva Constitución. Fue creada con la franja más occidental de la provincia amhara de Gojjam y la parte noroccidental de la provincia oroma de Wollega. Zonas en que amharas y oromos eran minorías. Hace frontera al oeste con Sudan y es atravesada por el Nílo azul. En su territorio se esta construyendo la polémica gran presa sobre el Nilo. Los Gomuz un grupo nilótico son los mas numerosos pero hay otro grupos ètnicos. Berta y Kwama también nilóticos y Shinasa y Mao de origen omótico.

(5)Los agaw es un grupo étnico campesino de la región amhara que cultiva con arado. Se piensa que era el grupo originario de lo que es hoy Amhara cuando el poder de Aksum más al norte empezó a expandirse militarmente hacia el sur en el siglo IV o V de nuesta era. Estan ligados en muchos aspectos con los amharas pero han perservado su lengua propia pertenece a la rama cushita (el amariño es semtitica) y otras costumbres ancestrales. Pero la mayoría de los agaw estan muy amharizados. Muy posiblemente los judíos etiopes conidos como falasha podías tener su origen en grupos de agaw que para ressitir al cristianismo ortodoxo de Aksum adoptaron el judaísmo.

Este artìculo ha sido publicado en https://www.elviejotopo.com/revista/el-viejo-topo-num-377/

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Contrarrevolución en Sudán de la mano de Arabia Saudí

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El pasado lunes Jartum amaneció como un campo de batalla. Las Fuerzas de Ayuda Rápida (Janjaweed) llegaron de todas las direcciones disparando fuego real al campamento que la Revolución mantenía desde principios de abril cuando decidió convertir una marcha en una sentada permanente enfrente del cuartel general de los militares. Al menos 65 ocupantes fueron asesinados y otros cien heridos de bala. Los detenidos se cuentan por centenares. Las tiendas para dormir y otras instalaciones fueron quemadas. El campamento destruido.

No había ninguna excusa para la brutal represión. Los revolucionarios habían apostado por la resistencia cívica y habían convertido el campamento en una ocupación festiva. Periodistas que lo habían visitado lo describían más como un festival contracultural de verano que como el escenario de una Revolución. Los ocupantes habían decidido mantener el campo hasta que los militares entregaran el poder a un gobierno civil para organizar unas elecciones creíbles. Sabían que la detención del dictador al-Bashir en abril y su sustitución por un Consejo Militar era nada más que un cambio de cara. Los generales genocidas en Darfur, los coroneles corruptos que se habían enriquecido ilegalmente con el petróleo, el oro o el comercio de ganado, o los que habían hecho negocios con la Unión Europea para frenar la migración en el desierto de Sudán, seguían. Bashir había sido depuesto pero el viejo régimen continuaba y querían derribarlo.

Durante dos meses la Revolución había estado en un impasse. Las demandas de la Revolución se habían estrellado contra el muro que habían levantado los militares. Pero el lunes entró en una nueva fase peligrosa. La semana anterior Jartum había conocido una huelga general para forzar a los militares a volver a la mesa de negociaciones de la que se habían retirado. El lunes los militares decidieron mover ficha para romper el impasse y tomar la iniciativa, hasta entonces en manos de la Revolución, destrozando su principal símbolo.

El mismo día del ataque los militares confirmaron que no querían más negociaciones y convocaron unilateralmente a unas elecciones a celebrar en nueve meses. Unas elecciones de ningún modo creíbles para la Revolución. Los militares han optado por una vía de confrontación para mantenerse en el poder de cualquier manera, como muestra el ataque al campamento.

El humo del campo desmantelado se veía el lunes en vídeos subidos en directo a las redes sociales en los que se apreciaba también la brutalidad de los Janjaweed y a jóvenes heridos de bala sangrando en el suelo, algunos inmóviles. De cualquier forma el asalto al campo no había paralizado a los ocupantes. Ellos dicen que el miedo lo perdieron hace tiempo. Los revolucionarios dispersados no volvieron a sus casas derrotados. La Asociación de Profesionales (SPA), la organización que está liderando la Revolución, llamó a continuar en las calles después de calificar el ataque de “traicionero” y de “sangrienta masacre”.

En otros vídeos se veía a jóvenes heridos en camas improvisadas en el suelo de hospitales haciendo el signo de la victoria. Los que no habían sido heridos o detenidos se habían organizado en pequeños grupos. Al Jazeera –sus periodistas habían sido expulsados el día anterior– mostraba imágenes de estos jóvenes levantando barricadas con ladrillos, piedras y neumáticos ardiendo. Incluso llegaron a cerrar uno de los seis puentes del Nilo para dificultar el movimiento de los Janjaweed, que habían empezado a detener a gente en hospitales y domicilios. La determinación de estos jóvenes permite pensar que puede que los militares hayan tomado la iniciativa, pero el curso de la Revolución todavía no está decidido. La Revolución sigue contando con el apoyo popular.

Los militares lo saben y tratan de compensarlo con la ayuda de Arabia Saudí, Emiratos Árabes Unidos y Egipto. Países que no quieren una Revolución en Sudán. No es casual que la contrarrevolución haya empezado dos días después de una visita del General Abdel-Fattah Burhan, el jefe del Consejo Militar, a Arabia Saudí y Emiratos Árabes Unidos.

Los egipcios, saudíes y emiratís quieren la continuidad del régimen militar porque han encontrado en Sudán suministro de agua; suelo agrícola para su seguridad alimentaria e inversiones; y soldados para su guerra del Yemen.

El propio al-Burhan fue el organizador del contingente sudanés que combate junto a Ryad contra los huzíes en Yemen. Los saudíes y emiratís aprovecharon la quiebra financiera –Sudán perdió dos tercios de sus ingresos estatales, que provenían del petróleo, cuando se separó de Sudán del Sur— para convertir a los militares sudaneses en sus clientes, desplazando a Qatar, Turquía e Irán –con quien mantienen una lucha por la hegemonía en la región. En abril, en medio de la crisis, Emiratos depositó 500 millones de dólares en la caja del tesoro sudanés. Forma parte de una cantidad prometida de 3.000 millones. La falta de pan, gasolina y medicinas es lo que desató las primeras manifestaciones que desencadenaron la Revolución, poniendo al régimen en peligro.

El número dos del Consejo Militar –muchos lo ven como el poder real– es Mohamed Hamdan Dagalo, conocido como Hemeti, también amigo de Ryad y Abu Dabi. Mientras al-Burhan estaba en Abu Dabi, Hemeti estaba en Jedda reuniéndose con Mohammed bin Salman, el príncipe a cargo de Ryad. Su poder le viene de ser el líder de las Fuerzas de Apoyo Rápido (Janjaweed). Las milicias árabes que estuvieron en la vanguardia del genocidio en Darfur. El núcleo de las milicias lo forman 7.000 hombres de la tribu árabe Rizaygat de Darfur, a la que pertenece Hemeti y que luchan en Yemen junto a las tropas de Emiratos. Fueron las víctimas de los Janjaweed en Darfur los que se presentaron en Jartum para sumarse a la Revolución. Se hicieron famosos en el campamento, porque trajeron con ellos fotos de su sufrimiento, que enseñaban desafiantes a los militares. Fueron los Janjaweed quienes llevaron a cabo la brutal represión el lunes. El poder parece estar cada vez más concentrado en los generales más violentos.

La escueta respuesta europea a la brutal represión se puede explicar porque el principal objetivo de su política en el cuerno de África es la estabilidad para evitar flujos de migrantes hacia el Mediterráneo. Los derechos humanos y la democracia los han aparcado en nombre de sus reaccionarias políticas migratorias, hasta el punto de que están financiando a los genocidas janjawees para que controlen las fronteras.

Es muy probable que el apoyo de la Comunidad Internacional al movimiento revolucionario democrático se quede solo en declaraciones y traguen lo que Arabia Saudí haga. Estados Unidos, Gran Bretaña, Francia o España lo están haciendo ya en Yemen, donde han sacrificado los derechos humanos a cambio del dinero de los accionistas de sus empresas de armamento, y es posible que vuelvan hacerlo en Sudán.

La Unión Africana ha dado un ultimátum hasta el 30 de junio a los generales sudaneses para que traspasen el poder a los civiles. (El pasado jueves anunció que suspendía a Sudan de la organización hasta que pase el poder a los civiles) Pero el presidente de la Unión Africana es Abdel Fattah el Sisi. Él mismo líder de un golpe de Estado sangriento en 2014 que derrocó al primer presidente elegido democráticamente en la historia de Egipto.

En estas condiciones es difícil imaginar cómo ciudadanos que han optado por una vía pacífica para llevar a cabo su Revolución democrática pueden parar a un ejército conocido por su genocidio en Darfur. Pero la Asociación de Profesionales Sudaneses (SPA), quien lidera la revolución, piensa que puede conseguirlo y ha llamado al pueblo sudanés a ser parte de una “total desobediencia civil” para derribar al Consejo Militar.

El martes las movilizaciones seguían en las calles a pesar de que se celebraba la fiesta del fin del Ramadán. Internet había sido cortado. Los vuelos suspendidos. La Asociación de pilotos se ha sumado al llamamiento de la SPA. La destrucción del campamento ha obligado a la Revolución a cambiar de táctica. Ahora pequeños grupos se movilizan dispersos por las principales esquinas de las tres ciudades que forman Jartum, llamando a los militares a pasar el poder a los civiles. La lucha por la libertad no ha terminado.

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Revolución en Sudán: «Todo debe caer»

¿Por qué nos ocultan que el Cuerno de África vive una primavera política?

El año pasado fue Etiopía. Una rebelión de jóvenes acabó con un gobierno que había acudido a la represión para resolver sus problemas. Ahora es Sudán quien está conociendo una revolución popular. Mañana puede ser Eritrea. En Sudán la población se ha levantado contra un régimen autoritario en manos de un banda de cletpómanos que durante treinta años ha saqueado el país. Un régimen al que la Unión Europea le está financiando unas milicias que han asesinado al menos a 60 manifestantes durante las protestas.

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Mural en las calles de Jartun

Omar al-Bashir, el Presidente que cambió su traje de militar por uno de civil tan pronto llegó al poder por la fuerza, fue derrocado la semana pasada, pero miles de personas siguen sentados rodeando el cuartel general del ejercito y los poderosos servicios de inteligencia en Jartum, la capital sudanesa. La gente no se traga que las cosas han cambiado porque hayan sustituido a un general por otro. No quieren que ocurra lo de Egipto o Yemen durante la primavera árabe y por eso siguen en las calles. “Todo debe caer”, gritan. Es una tarea difícil acabar con el régimen porque la revolución apenas está creando sus líderes y la comunidad internacional no está por la labor.

Llevaban meses –desde diciembre, cuando en al menos en 30 localidades la gente salió a la calle a manifestarse por la falta de pan, literalmente no lo había en las panaderías– intentando organizar algo semejante a lo que ocurrió en Cairo en la plaza de Tahrir durante la primavera árabe, pero Jartum es diferente. El Nilo blanco y el Nilo azul, se juntan allí, actúan como murallas naturales que dividen a la población. Los seis puentes que unen las orillas son los únicos pasillos que pueden juntar a la gente. Era fácil para la policía y las milicias, las Fuerzas de Apoyo Rápido (RSF por sus siglas en inglés), impedir que las marchas que ocurrían a diario se transformaran en una gran muestra de fuerza. Al-Bashir había decretado el estado de emergencia en febrero y tenían barra libre. Al menos sesenta personas habrían sido asesinadas por los disparos de la milicia del RSF durante las protestas de estos meses. Las RSF son las milicias contratadas por la Unión Europea para hacer el trabajo sucio en las fronteras y parar la migración del Cuerno de África con destino a Europa. Las milicias fueron establecidas para integrar a los janjaweed, las milicias árabes creadas por al-Bashir, acusadas de genocidio en Dafur. Europa está interesada en Sudán porque es uno de los puntos críticos de la ruta de migración que desde el este y centro de África llega al Mediterráneo y no tiene ningún escrúpulo en usar estas milicias criminales a su servicio como hace Arabia Saudí en la guerra de Yemen.

En Jartum las fuerzas de seguridad solo necesitaban una docena de vehículos militares para cerrar los puentes e impedir que los manifestantes convergieran. Pero a principios de abril una multitud acabó logrando su objetivo. Lo que hasta ese momento había funcionado dejó de hacerlo. La gente había perdido el miedo. El seis de abril una manifestación logró llegar a las puertas de la casa de al-Bashir, en el compound donde el ejército y la seguridad tienen su centro, para entregarle el pliego con sus demandas: persecución de los que estuvieron detrás del golpe de 1989, congelación de las propiedades de los jefes militares y políticos durante los años que al-Bashir gobernó, depuración del sistema de seguridad y judicial, entregar el gobierno de transición a civiles mientras se celebran elecciones… El logro empoderó a los manifestantes.

La marcha decidió quedarse en una sentada hasta que respondieran positivamente a sus demandas. Era una ocupación pacífica y festiva de las calles. Empezaron cinco mil pero de inmediato se sumó gente incluso de fuera de Jartum. Ahora participan decenas de miles. Tuvieron que resistir ataques de la milicia y los soldados. Testigos dicen haber visto 11 camionetas con milicianos bien armados pertenecientes a la milicia de las RSF. Usaron fuego real para reprimirlos. Al menos 20 manifestantes fueron asesinados. Algunos soldados y oficiales del ejército no cumplieron la orden de disparar y se unieron a las protestas protegiendo a los manifestantes. En horas al-Bashir estaba fuera del poder. Dieron un autogolpe para salvar al régimen evitando un hipotético enfrentamiento entre soldados.

Dos días después el Lt. Gen. Awad Mohamed Ahmed Ibn Aufel, jefe del poderoso servicio de información e inteligencia y amigo de al-Bashir, que lo había sustituido, estaba también fuera. Las razones se desconocen pero no era un Presidente creíble. La revolución no lo quería y es muy posible que poderes externos decidieran su destino. El día 13 el general Abdel-Fattah Burhan, un amigo de Ryad, jefe de las tropas sudanesas en la guerra de Yemen y antiguo comandante de las RSF, las milicias contratadas por Europa para proteger la frontera, se convertía en el hombre fuerte de Sudan. A pesar de que Burhan ha mandado encarcelar a al-Bashir, la ocupación sigue. “La cabeza está cortada pero el cuerpo continúa vivo” han dicho los manifestantes a periodistas. La revolución quiere que los militares vuelvan a los cuarteles y entreguen el poder a los civiles. Es la garantía de que se cumpla el objetivo de acabar con el régimen corrupto y represivo de al-Bashir. Saben lo que ocurrió en Yemen o Egipto durante la Revolución árabe y quizá está ocurriendo en Etiopía. Las cabezas fueron cortadas pero los regímenes continúan.

Al-Bashir llegó al poder en 1989 en una alianza con el islamista Hasan al-Turabi. Jartum era todavía entonces una ciudad secular con sindicatos poderosos y partidos políticos, entre ellos uno comunista importante. Usó al Islam radical contra todos ellos apoderándose de los centro de educación para cimentar su poder. Los ingresos petroleros que empezaron a llegar en los primeros años del siglo XXI cambiaron al país, pero al-Bashir supo adaptarse. Se deshizo de al-Turabi y compró con los dólares que llegaban lealtades de militares, poderosos señores locales y clases medias. Alex de Waal lo ha llamado la política del mercado. Los conflictos que existían en Dafur, en la región del Nilo azul o en el sur de Kordofa los explotó en beneficio económico de militares y allegados. En aquellos años el 70% del presupuesto fue a los militares. Las milicias islamistas criminales que había creado para masacrar a la oposición durante el periodo islamista pudo convertirlas en policías convencionales. Un país pobre conocía un boom de riqueza pero el 40% de los sudaneses seguía en la pobreza. En vez de aprovechar el dinero para desarrollar la agricultura campesina –Sudán tiene 200 millones de acres de tierra arable y derecho al uso del 25% de las aguas del Nilo– entregó tierra de mejor calidad, millones de acres, a los países del Golfo. Solo en 2016 Sudán entregó a Arabia Saudí un millón de hectáreas cultivadas por campesinos que fueron expulsados de su tierra. Ahora un país que podía alimentar al Cuerno de África explotando el vergel del Nilo no produce ni suficiente harina para el mercado interno. Los beneficios de la exportación van a las cuentas de los fondos de inversión árabes. Al-Bhasir cortejó por igual a Arabia Saudí y Qatar para evitar depender de uno de ellos, a ambos les entregó tierra. La crisis parece que está colocando a Sudán más cerca de Ryad con el ascenso al poder de Burhan, el general que coordinó las tropas sudanesas, incluidos janjaweedes, en Yemen, tropas que combaten junto a los saudíes frente a los huzíes.

Durante el boom Jartum se transformó con altos y modernos edificios. Se abrieron restaurantes y comercios con productos importados. El nuevo consumismo anestesió a la clase media. Lo que no habían podido finalizar los islamistas lo hizo el petróleo. Represión y dinero fácil pulverizaron a la sociedad civil y secular de la capital.

La ruptura de Sudán en 2011 volvió a cambiar el país. Dejó a al-Bashir sin ingresos para hacer sus compras en el mercado de la política. La creación de Sud Sudan implicaba perder tres cuartos de la producción de petróleo, el 50 % del presupuesto y el 90% de las divisas. Esta vez no pudo adaptarse a la nueva situación. En 2013 al-Bhasir tuvo que empezar a ajustar la economía siguiendo las recomendaciones del FMI. Fue el principio del fin. Los subsidios al pan y al combustible desaparecieron. Las importaciones colapsaron. Al menos 170 personas fueron asesinadas por las milicias RSF durante las protestas que siguieron. La crisis económica que empezó entonces es lo que está debajo de la sublevación popular actual. En 2018 la inflación llegó al 72%. Sin dinero para comprar lealtades al-Bashir empezó a perder su base social. La clase media echó en falta gasolina y dinero de los cajeros de los bancos, que escaseaban. El sector popular el pan de las panaderías y los tomates que habían cuadruplicado su precio. La gente salió a la calle.

Las protestas empezaron espontáneamente, pero un grupo hasta ahora desconocido ha emergido como el catalizador de las mismas. La Asociación de Profesionales de Sudán (SPA por sus siglas en inglés). Su identidad es difusa –todavía algunos de sus líderes siguen en la clandestinidad– pero sin duda tiene una raíz en la tradición de los poderosos sindicatos que al-Bashir destruyó cuando llegó al poder. Hay muchos jóvenes –y sobre todo mujeres– profesionales: doctores, profesores universitarios, maestros, arquitectos… La SPA ha tomado cuerpo en la calle. Muchos de sus activistas han nacido en las protestas. Sus nombres no estaban en las listas de los aparatos de seguridad y pudieron burlarlos. Eran parte de la anestesiada clase media que ha despertado y se ha unido a las iniciales protestas populares por la falta de pan.

El SPA parece firme. Después del nombramiento del general Abdel-Fattah Burhan ha hecho un llamamiento a seguir y defender la revolución y sus logros. Como ellos gritan en su ocupación, si queremos libertad “Todo debe caer”.

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¿Por qué no podemos perdonar a Pedro Sánchez que venda armas a Arabia Saudí?

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Greenpeace exige a Pedro Sanchez dejar de vendar armas para la guerra de Yemen

El cólera está de regreso en Yemen. Es la prueba de que la tremenda crisis humanitaria provocada por la guerra sigue viva a pesar de las negociaciones de paz. Médicos sin Fronteras ha denunciado que los casos de cólera se han multiplicado en las últimas semanas. Más de 200 personas han muerto debido a un nuevo brote, muchos de ellos niños menores de cinco años.

Pero no es solo eso. Los bombardeos saudíes contra infraestructuras y hospitales que podrían ayudar a contener la epidemia continúan. El último, un ataque a finales de marzo a un hospital apoyado por Save the Children en la provincia de Sadaa. Cuatro niños y tres adultos murieron.

Hace dos años más de un millón de yemeníes se infectaron de cólera debido a que la coalición bombardeó deliberadamente depuradoras y plantas de tratamiento de agua. Miles de personas murieron. Ahora estamos de nuevo a las puertas de una nueva epidemia. ¿De qué han servido la ayuda humanitaria y las resoluciones del Consejo de Seguridad?

Naciones Unidas dice que Yemen sigue sufriendo la peor hambruna en décadas. La peor crisis humanitaria de la época. Estamos hablando de un promedio de 60 niños muertos cada día a causa del hambre. Esto ocurre desde que empezó la guerra hace cuatro años y es muy posible que su número aumente en los próximos meses.

Hace ya unos meses que las cinco organizaciones humanitarias más importantes advirtieron que la única manera de acabar con la mayor hambruna en décadas era acabar la guerra. La ayuda humanitaria, por grande que fuese, dijeron, nunca podrá detener esta horrenda crisis causada por el hombre. Su posición fue tan tajante que responsabilizaron de este monstruoso crimen a los países que estaban vendiendo armas a Arabia Saudí. Pedro Sánchez, el Presidente del PSOE, no se libra de ello. España está entre los cuatro primeros países –después de Estados Unidos, Gran Bretaña y Francia– que venden armas a Arabia Saudí.

Lo mismo ha dicho la alianza de ONGs españolas preocupadas por la situación humanitaria en Yemen, “cualquier medida que pretenda aliviar el conflicto debe pasar por detener la venta de armas para detener la guerra”, ha dicho al diario Público su portavoz, Alberto Estévez.

Estos países cínicamente aprovechan que Arabia Saudí se ha convertido en el país que importa más armas de todo el mundo, acapara el 12% de importaciones del mercado mundial. A pesar de su riqueza, los saudíes no pueden ganar la guerra contra Yemen por ellos mismos y necesitan ayuda militar llegada de afuera.

El canal 4, un canal de televisión inglés, emitió la semana pasada un programa sobre la venta de armas de Londres a Ryad. Cinco partidos de oposición, entre ellos el Laborista, habían llamado a terminar con la venta de armas a Arabia Saudí coincidiendo con el cuarto aniversario de la guerra. Un técnico británico, que residía hasta hace poco en Arabia Saudí, dijo en el programa que si Gran Bretaña suspendiera su ayuda militar en “entre siete y catorce días Arabia Saudí dejaría de tener un solo avión en el aire”.

La conducta de Arabia Saudí en Yemen ha sido definida por varias organizaciones como indiferente a las leyes humanitarias. Amnistía Internacional la ha acusado de cometer crímenes de guerra. Nuestras leyes prohíben exportar armas a países que se comportan de esta manera. En estas páginas se ha denunciado cómo han bombardeado funerales, bodas, mercados y escuelas. En agosto los saudíes llegaron a justificar el asesinato en Sadaa de 40 niños en un viaje escolar. Con todo esto, resulta difícil entender que el Presidente Pedro Sánchez siga colocando a España en la coalición del terror. Sánchez se ha situado en el lado perverso de la historia.

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El cruel asesinato del periodista saudí –crítico con Mohammed bin Salman y la guerra de Yemen– Jamal Khashoggi en el consulado de Arabia Saudí en Estambul podía haber sido un parteaguas en nuestra indecente política exterior. La de hacer prevalecer los intereses particulares de accionistas de las empresas de armamento sobre nuestro compromiso común con las leyes humanitarias y los derechos humanos. Fue un crimen que traspasó cualquier línea de convivencia internacional. El forense militar saudí, Salah al-Tubaigy, miembro del equipo de sicarios que acabó con la vida de Khashoggi, desangró con jeringas el cuerpo del periodista antes de trocearlo para hacer desaparecer el cadáver.

Pero Pedro Sánchez se opuso esos mismos días de octubre en el Congreso de los Diputados a detener la venta de armas españolas a estos criminales saudíes como pedían las principales organizaciones humanitarias y de derechos humanos.

La actitud pusilánime de Sánchez contrastó con la de la socialdemocracia alemana, que forzó a la coalición de gobierno a detener la venta de armas a Arabia Saudí. La razón dada fue la brutalidad de la monarquía saudí contra la población del Yemen y contra sus propios disidentes saudíes. Una prohibición que acaba de ser extendida otros seis meses más. Ellos sí que pudieron “convertir los ideales en realidad”, cosa que Sánchez no ha podido hacer, como él mismo reconoció en el Congreso. Quizá fuera porque ellos son una República Federal y no una Monarquía borbónica enriquecida por sus lazos conMohammed bin Salman, el príncipe a cargo de Ryad, quien según la CIA mandó asesinar a Jamal Khashoggi. Una monarquía que Pedro Sánchez protege activamente.

El pasado jueves 4 de abril la Cámara de Representantes de los Estados Unidos aprobó una resolución bajo el Acta de Poderes de Guerra de 1973, que quita poder al ejecutivo para declarar la guerra (primera vez en la historia) exigiendo que se detenga la intervención de Estados Unidos en la Guerra de Yemen, incluida cualquier ayuda a Arabia Saudí. El Senado, a propuesta de Bernie Sanders, había aprobado una resolución similar. Es posible que Trump vete la ley poniendo a Sánchez junto a la derecha radical de Estados Unidos. No sería la primera vez que ocurre, como vimos en su política hacia Venezuela, alineado con Mike Pence, el ultraconservador vicepresidente de los Estados Unidos tras la crisis creada por Guaidó.

La industria armamentista española ha encontrado una mina de oro en la guerra de Yemen. “España” (los accionistas de las empresas) gana 20 euros por segundo con la venta de armas destinadas a Arabia Saudí y Emiratos Árabes Unidos, según un estudio hecho por la alianza de cinco ONGs (Amnistía Internacional, Greenpeace, Save the Children, Oxfam y FundiPau) que pide detener la venta de armas destinadas a la guerra de Yemen. España ocupa la séptima posición exportadora de grandes armas del mundo. Las ventas a Arabia Saudí han sido la catapulta. Desde que comenzó la guerra de Yemen, España ha vendido armas a Arabia Saudí por casi mil millones de euros. Solo en 2017, España vendió a los saudíes un avión de transporte, drones, municiones… por valor de 270,2 millones de euros.

Los argumentos que dio Sánchez para continuar vendiendo estas armas a criminales de guerra era que con su política de Estado “defendía los intereses de los españoles”, en particular “el drama del desempleo”. Pero a uno le cuesta creer que el capitalismo español, por débil que sea, necesite 60 niños muertos cada día para funcionar de la misma manera que los aztecas creían que necesitaban corazones puros palpitando fuera del cuerpo para que su mundo siguiese reproduciéndose. ¿El capitalismo ha llegado a ser tan obsoleto como la sociedad agraria azteca? ¿Sus gestores tan ignorantes? ¿Será que la corrupción de políticos y empresarios españoles, esos de las puertas giratorias, necesita la venta de armas por sangre para seguir engordando sus cuentas? ¿O serán todas esas cosas a la vez?

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