Guerra de Yemen: un nuevo nivel de vergüenza

La epidemia del coronavirus se ha convertido en Yemen en un nuevo capítulo de un genocidio silenciado. La empobrecida nación árabe, según la Organización Mundial de la Salud, es el peor lugar del mundo para enfermarse de coronavirus. La posibilidad de morirse es cinco veces mayor que un infectado global.

La razón: la guerra. Las bombas saudíes han destruido la mitad de los hospitales y centros de salud; y con ellos laboratorios, tanques de oxígeno y equipo básico protector que podrían ayudar a parar la epidemia. La gasolina que alimenta los generadores de los hospitales empieza a escasear debido al bloqueo. Por la misma razón los precios de la comida se han disparado. Millones de personas comen una vez al día debilitando todavía más su ya precario sistema inmunológico.

Es difícil aceptar que en este escenario dantesco la comunidad internacional, incluido el gobierno español, esté contribuyendo a este brutal desastre humanitario. No solo está reduciendo su ayuda humanitaria a Yemen; ha comenzado de nuevo a vender armas a Arabia Saudí, el líder brutal del asalto a la población civil.

Ya había comenzado la pandemia cuando los donantes del programa en Yemen de Naciones Unidas se reunieron a principios de junio para discutir la ayuda humanitaria para este año, el sexto de la guerra. Más de 40 participantes representando a gobiernos y organizaciones humanitarias hablaron sobre la situación trágica que atraviesa el país. Ninguna propuesta para prohibir la venta de armas en una guerra –la raíz del problema– que ha matado a más de 112.000 personas, destruido el sistema de salud y ha hecho que 24 millones necesiten alguna forma de ayuda humanitaria.

Los donantes, entre ellos Estados Unidos y Gran Bretaña, que venden armas para la guerra por miles de millones de dólares, ofrecieron para este año 1.350 millones de dólares. La mitad de lo que se necesita. El Programa Mundial de Alimentación que da comida a 10 millones de yemeníes ya ha anunciado que se verá obligado a reducir su ayuda. El hambre escalará peligrosamente amenazando convertirse en una hambruna.

Arabia Saudí, el perpetrador número uno de este genocidio ofreció en la reunión 500 millones de dólares de ayuda humanitaria. Una cantidad 130 veces menor que lo que gasta cada año en la guerra. Dicho de otra manera, los 500 millones para todo el año ofrecidos por Ryad equivalen a lo que gasta en tres días de guerra. Emiratos Árabes Unidos, el perpetrador número dos, no puso ni un dólar sobre la mesa. La guerra para ellos es un juego macabro.

La situación ha llegado a ser tan perversa que los 65 mil millones de dólares que Ryad gasta anualmente en la guerra equivalen a cuatro veces el actual PNB yemení.

Es incomprensible que el cinismo saudí –por llamarlo de alguna manera­– haya sido “premiado” por la Organización de las Naciones Unidas (ONU). Antonio Guterres, su Secretario General, ha sacado a Arabia Saudí de la lista negra que Naciones Unidas elabora cada año con estados acusados de matar y herir niños con sus operaciones militares. UNICEF había denunciado que cada día morían o resultaban heridos ocho niños a causa de los ataques saudíes. Save the Children denunció en febrero que 26 niños fueron asesinados con bombas saudíes cuando civiles se concentraron para ver los restos de un avión de guerra derribado en la provincia de Al Hayjah. Human Rights Watch (HRW), una organización cercana al Departamento de Estado de los Estados Unidos, calificó el anuncio de Guterres como “un nuevo nivel de vergüenza”.

A pesar de que el desastre humanitario se está agravando drásticamente en Yemen, Gran Bretaña, Estados Unidos o España entre otros países han decidido sacar provecho de la guerra vendiendo nuevas armas o servicios militares a los saudíes. La decisión es criminal porque Arabia Saudí depende de Occidente para mantener su máquina de guerra. Compañías militares públicas o privadas occidentales coordinan ataques, proveen bombas, reparan aviones o entrenan a pilotos.

The New York Times ha publicado recientemente que el gobierno de Estados Unidos está valorando aprobar la exportación a Arabia Saudí y Emiratos Árabes Unidos de drones MQ-9 Reaper fabricados por General Atomics. Estos drones tienen la habilidad de cargar bombas más potentes haciéndolos más letales. En mayo del 2019 Mike Pompeo, el Secretario de Estado, no hizo caso a una petición del Congreso de congelar la venta de armas por un valor de 8.100 millones de dólares a los dos países por sus crímenes en Yemen.

En julio Londres anunció que la venta de armas a Arabia Saudí se reanudaba. Un tribunal las había prohibido un año antes porque los funcionarios que aprobaron su venta no habían valorado bien el riesgo que tenían en la muerte de civiles. La excusa que ha dado ahora el gobierno británico para reanudar la venta es la misma que curiosamente había esgrimido el Secretario General de las Naciones Unidas para sacar a Arabia Saudí de la lista negra. Esta excusa –la de que los saudíes tienen más cuidado que antes con sus bombas– no cuadra con la evidencia suministrada por UNICEF o Save the Children. Solo el 15 de junio murieron al menos 25 personas, la mayoría de ellas mujeres y niños, por ataques aéreos saudíes en una boda en el norte de Yemen. Tanto el gobierno británico como el Secretario General se habían plegado a los intereses de Ryad y los fabricantes de armas en vez de escuchar a los que defienden los derechos humanos.

El negocio de vender armas a posibles criminales de guerra tiene un rasgo particular en el caso español. Está manchado por las comisiones que el jefe del estado (hoy emérito), el Rey Juan Carlos, cobró de la monarquía saudí. Un dinero que el Rey escondió como un vulgar criminal en un banco suizo. Esperemos que el PSOE dé una oportunidad a Juan Carlos para defenderse en un tribunal de estas horrendas acusaciones.

No sé si es casual todo esto, pero el gobierno del PSOE ha incrementado 30 veces los contratos de armas con Arabia Saudí según las organizaciones que sostienen la campaña Armas bajo control. En 2019 el gobierno habría autorizado 22 licencias para exportar armas a Arabia Saudí por valor de 392,78 millones. El diario.es probó “cómo aviones de fabricación española o con componentes españoles se utilizan para bombardear Yemen o para reabastecer en el aire a aeronaves que después tiran bombas sobre el territorio”. El mismo diario ha denunciado que “una empresa española presidida por Josep Piqué produce los motores de los cazas saudíes –motor EJ200– que bombardean Yemen”.

A finales de junio, en el Congreso, el gobierno socialdemócrata justificó las exportaciones de armas a Arabia Saudí por la ausencia de embargos internacionales. Se olvidó de los derechos humanos y la lucha contra los crímenes de guerra. Solo Bildu y ERC se opusieron. Unidas-Podemos se alineó junto a VOX, que esta vez apoyó al gobierno en la defensa de la exportación de armas a Arabia Saudí. Antes, el alcalde de Cádiz, miembro de Podemos, había apoyado la fabricación en los astilleros de la ciudad de barcos militares que usará Arabia Saudí para impedir el acceso de gasolina y comida a Yemen. ¿Son los pobres del Yemen solo carne de cañón para el gobierno “progresista” PSOE y Unidas-Podemos? ¿Han renunciado a defender los derechos humanos?

Este artículo ha sido publicado en El Viejo Topo express

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Yemen, ¿Puede crear la guerra un nuevo estado en el Sur de Arabia?

La complejidad y volatilidad de la guerra del Yemen es conocida. En este artículo se explica la aparición del Consejo de Transición del Sur (STC), los reclamos de independencia y por qué el STC está adquiriendo cada vez más importancia en el curso de una guerra que no acaba y ha provocado la peor catástrofe humanitaria de nuestros días.

Adén antes de la guerra

I
LOS SEPARATISTAS

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SOCIALDEMOCRACIA cómo y cuándo ha dejado de ser de izquierda

La editorial El Viejo Topo acaba de publicar mi último libro.

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Mark Aguirre efectúa en Socialdemocracia una breve síntesis de la trayectoria del proyecto socialdemócrata, desde sus orígenes como ideología revolucionaria hasta la aceptación del capitalismo –y ahora el neoliberalismo– y la democracia representativa.

Se realata aquí una secuencia en la que los partidos socialdemócratas se han ido reinventando con mayor o menos fortuna. Con mayor fortuna con el keynesianismo, con menor fortuna con la Tercera Vía. Todo, hasta llegar al momento actual, cuando es visible un retroceso electoral de esas formaciones. Y no solo en España sinó en toda Europa.

Historia

Las ideas propias de la socialdemocracia flotaban en el ambiente, pero no fue hasta 1889 que se constituyó la II Internacional como partido político de clase que debía abolir la explotación y la injusticia. La clase obrera asumía así que la emancipación sería obra de la propia clase obrera, vinculando su éxito a su capacidad de convertirse en un sujeto político capaz de conquistar el poder.

En el congreso de Frankfurt (1951) la socialdemocracia abandonó el marxismo como referente ideológico y aceptó el capitalismo. Aunque, eso sí, se puso énfasis en la necesidad de intervenir en la economía.

En la década de los treinta del siglo pasado, Keynes cuestionó los planteamientos de la economía liberal, abriendo la época dorada del Estado de bienestar.

Pero en los sesenta el modelo empezó a dar muestras de agotamiento. La salida, liderada por Tony Blair y teorizada por Anthony Giddens, implicó la renuncia definitiva a las premisas sobre las que se había construido la socialdemocracia. Y se aceptó sin ambages el orden neoliberal.

Hoy, la socialdemocracia está lejos de perseguir los objetivos que estableció cuando se constituyó, y lejos de constituir un referente indiscutible de la clase obrera, enfrentándose al reto de reinventarse de nuevo.

El autor

MARK AGUIRRE (Félix Lasheras, Zaragoza, 1954) es periodista y escritor. Ha sido profesor de Sociología Política en la Universidad Veracruzana de México y es Doctor en Estudios Latinoamericanos por la Universidad Nacional Autónoma de México. Fue corresponsal de El Mundo en Beijing y en la sede de las Naciones Unidas en Nueva York. Colaborador habitual de El Viejo Topo, es autor de seis libros y docenas de artículos. Actualmente reside en Addis Abeba.

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¿Por qué en el norte de Mozambique hay una insurgencia islamista?

La maldición de los recursos no descansa. En abril 52 personas, la mayoría jóvenes, fueron asesinadas en Xitaxi, en el distrito de Muidumbe, en el norte de Mozambique, por guerrilleros islamistas. Según testigos la negativa de los jóvenes a alistarse en las guerrillas les costó la vida. Muidumbe está en el interior, camino a la meseta de Mueda, a 50 kilómetros de Mocimboa da Praia, una pequeña ciudad costera en el Oceáno Índico donde nació la insurgencia. En su costa, la industria extractiva -Exxon Mobbil, Anadarko, ENI y otras compañías de la energía fósil- han comenzado a explotar el mayor yacimiento de gas encontrado en las últimas décadas.

En lo que va del 2020 Naciones Unidas había reportado a finales de abril al menos 30 ataques guerrilleros en la provincia de Cabo Delgado. Sobre todo en los distritos de Mocimboa da Praia, Macomia, Nangade, Palma y Quissanga. Ataques a comunidades, quema de casas, asalto a cuarteles de la policía, emboscadas a patrullas militares, ejecuciones de jefes de comunidades e informantes. Ataques cada vez más sofisticados. Radio Canadá Internacional ha informado de ataques a convoyes del grupo petrolero estadounidense Anadarko. Durante un tiempo el gobierno contrató primero a mercenarios de Estados Unidos (Blackwater) y después a rusos (Wagner Group) para protegerlos, pero ahora ha desplegado también al ejército.

En estos ataques 400 personas, la mayoría civiles, han muerto, y cien mil personas han sido desplazadas. Imágenes de cientos de personas caminando entre vehículos militares por la única carretera asfaltada que hay en el norte de la provincia, la carretera que une Pemba –su capital– con Mocimboa da Praia, han circulado por las redes sociales. Estos campesinos –el 80% de la población de Cabo Delgado lo son– han huido de sus comunidades y han dejado sus cultivos, sus playas y sus bosques por miedo a la violencia. Estamos hablando de un conflicto en donde tras tres años de violencia armada han sido contabilizados cerca de 1.000 muertos y 200 mil desplazados de una población de 2,4 millones. La población tiene miedo de los guerrilleros y del ejército.

El taxista de uno de mis viajes a la zona antes del conflicto decía que “el norte de Cabo Delgado es como el sur de Tanzania, pero más atrasado”. El rio Rovuma separa a los dos países, pero no a las etnias. Cabo Delgado es la provincia más pobre de Mozambique, y junto a Niassa la que menos infraestructuras tiene. Solo el 12,1% de los hogares están conectados a la red eléctrica. Hay comunidades sin cobertura telefónica, apenas hay carreteras y faltan escuelas y centros de salud. Tanto es así que el 65% de los niños no están escolarizados. En 2015 el 60% de la población era analfabeta (la media nacional es del 40%). La poligamia y el matrimonio infantil predominan.

Llama la atención el abandono del gobierno. Aunque Pemba está más cerca de Nairobi que de Maputo (Mozambique tiene más de 2.000 kilómetros de costa) la provincia de Cabo Delgado está fuertemente ligada al nacimiento del estado independiente mozambiqueño. No se puede hablar de una provincia aislada. En Cabo Delgado empezó la lucha de liberación nacional (1965-1974). En Chai, una población muy cercana a Muidumbe, el FRELIMO llevó a cabo el primer ataque militar contra los portugueses. Hay en Chai un pequeño museo que lo explica. El FRELIMO es el único partido que ha gobernado Mozambique desde su independencia en 1975. Muchos de los generales más influyentes en el ejército son macondes, la población étnica que habita la meseta en torno a Mueda. Estos generales macondes son los padrinos del actual presidente Nyussi, él mismo de Cabo Delgado y ministro de defensa con el anterior Presidente Armando Guebuza. Felipe Nyusi, quien inauguró su segundo mandato en enero, nunca hubiese llegado a Presidente sin el apoyo de aquellos.

Uno de ellos es el general Raimundo Pachiuapa. Copropietario con accionistas ingleses de Montepuez Ruby Minning, la mayor mina de rubíes del mundo, expulsó a los campesinos que cultivaban la tierra en donde estaban los rubíes para quedársela él y su familia. La expulsión de los campesinos fue organizada por el gobernador de entonces de Cabo Delgado.

estatua de Samora Machel en la isla de Ibo donde 31 insurgentes murieron en abril en enfrentamientos con el ejercito

Estos generales se olvidaron de las promesas socialistas del FRELIMO para reclamar un derecho a explotar en beneficio de sus familias los recursos naturales de Cabo Delgado. El neoliberalismo, que buscaba con quién hacer negocios, se frotaba las manos. Su jefe, el general Alberto Chipande, ministro de defensa cuando Samora Machel murió en un accidente de avión en extrañas circunstancias –se ha hablado de un atentado–, llegó a decir (el diario Noticias de Maputo se hizo eco de su discurso), cuando se supo la enorme riqueza que había bajo el mar: “No queremos ser mendigos. También queremos comer como individuos, como grupo. Estamos en fase de desarrollo económico, no de voluntariado, como aquella en que participamos para la liberación del país”. La familia del general Chipande tiene negocios en la explotación de gas.

La cantidad de gas encontrada en la Bahía de Rouma, a 50 kilómetros de la costa de Mocimboa da Praia, es enorme. Expertos calculan 5,7 billones de metros cúbicos. Una cantidad de gas que solo tiene comparación con los depósitos en Qatar. Podría satisfacer la demanda europea durante 10 años. Economistas estiman que Mozambique podría ingresar entre 60 y 95 mil millones de dólares en 25 años. Estamos hablando de un país con un PIB anual de aproximadamente 15 mil millones de dólares. Un país que Naciones Unidas sitúa en el octavo lugar por la cola en desarrollo humano. Más de 10 millones de mozambiqueños, de una población de 30 millones, viven en la pobreza absoluta y no tienen seguridad alimentaria.

La masacre guerrillera de Muidumbe llegó a los teletipos dos semanas después de que ocurriera. Los guerrilleros no suelen reivindicar sus ataques y el gobierno no quiere publicidad. A pesar del silencio que rodea a la insurgencia se ha ido abriendo paso información sobre quiénes son y sus razones.

Durante la toma guerrillera de Mocimboa da Praia corrió por las redes un vídeo donde uno de los ocupantes en uniforme militar decía: “lo ocupamos para mostrar que el gobierno actual es injusto. Humilla a los pobres y da los beneficios a los jefes”. En su discurso, rodeado por otros guerrilleros armados, intercambiaba elogios al Islam con denuncias de abusos del ejército.

Ha habido una discusión sobre si el movimiento –conocido por los locales como al-Shabab (la juventud)– era local o implantado desde fuera por militantes islamistas de Tanzania y Somalia, donde hay un movimiento islamista con el mismo nombre. Los locales no tienen duda de que es autóctono. El movimiento creció en las comunidades alrededor de Mocimboa de Praia. Eso no quiere decir que el movimiento islamista internacional no quiera sacar partido de la insurgencia en Mozambique.

Los Imams de la zona –el norte es mayoritariamente musulmán aunque globalmente en Mozambique los musulmanes son alrededor del 18%– han dicho a periodistas que el grupo se originó en Magule, un pueblo del distrito de Mocimboa da Praia, con ideas sobre el Islam provenientes de clérigos de Tanzania. Este grupo fue capaz de ganarse a los jóvenes del lugar, quienes empezaron a cuestionar los ritos tradicionales del Islam en las comunidades alrededor de Mocimboa da Praia dividiéndolas con una línea generacional. Los Imams acabaron expulsando a lós jovenes de las mezquitas y estos acabaron construyendo otras1.

Estamos hablando del 2014-2015, cuando el anterior presidente Armando Guebuza estaba siendo acusado de corrupción; su hijo actualmente está en la cárcel en espera de juicio, y Anadarko y ENI empezaban los preparativos para explotar el gas. En Palma, coqueros y pescadores estaban siendo desalojados de su territorio de la misma manera que había ocurrido con los campesinos de la mina de Montepuez. Estos jóvenes tres años después estaban en la lucha armada. El primer ataque fue en agosto de 2017, en la provincia de Nampula, para robar armas de un almacén.

Desde los inicios del movimiento los jóvenes se quejaban de que los nuevos trabajos generados por la industria extractiva del gas iban a gente de otras provincias. En mayo 2018 la situación no había cambiado. Hubo una manifestación de jóvenes protestando en Palma por el desempleo. La exclusión social y económica estaba alimentando la insurgencia. Lo mismo ha ocurrido con la corrupción. El poder de al-Shabab ha crecido hasta el punto de que han sido capaces de ocupar durante varias horas las capitales de los distritos de Mocimboa da Praia y Quissanga.

comunidad en el distrito costero de Quissanga uno de los más afectados por la violencia

La respuesta del gobierno ha sido militar. Una estrategia que en vez de ir a la raíz del problema resuelve problemas creando nuevos problemas. El ejército ha establecido un grueso cordón para aislar a los distritos en conflicto; soldados patrullan ostentosamente la zona e imponen estados de alarma para restringir los movimientos de la población. Cientos de jóvenes han sido detenidos. Los militares han llegado a usar aviones y lanchas marítimas en los combates con los insurgentes. Recientemente el ejército de Tanzania ha sido desplegado en la frontera para aislar tanto como sea posible la zona. Lo mismo ocurre con la información. El gobierno no quiere que se sepa lo que está ocurriendo. Periodistas han sido detenidos en Pemba, o han sido expulsados de la zona a la fuerza por los militares.

Tanto la Comisión Nacional de Derechos Humanos (CNDH), como Human Right Watch, una organización de Estados Unidos con lazos con el Departamento de Estado, han acusado al gobierno de detenciones arbitrarias, malos tratos a los detenidos y ejecuciones sumarias, conocidas popularmente “como mandar a por leña al bosque”

La violencia ha empezado a irse de las manos, como muestra la masacre de Xitaxi. Horribles fotografías con cuerpos decapitados y mutilados con machetes han circulado por las redes. La guerrilla ha llegado a quemar chapas (taxis colectivos) con mujeres y niños dentro. Un recordatorio de la enorme violencia que el país conoció durante la guerra civil entre el FRELIMO y el RENAMO (1977-1992), en la que murieron un millón de personas. La cultura del miedo y la desconfianza se está fomentado, destrozando la vida de las comunidades.

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La industria de la confección en Etiopía: Costureras explotadas más que nunca

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Una de las factorías del Parque industrial de Hawassa

 

La industria de las marcas de confección es nueva en Etiopía. Había una oportunidad de haberlo hecho diferente a como se hizo en Camboya, Sri Lanka o Bangladesh, donde es notorio el mal trato que reciben las costureras. Pero las cosas han ido a peor en vez de a mejor.

Los capitalistas de la moda pagan los salarios más bajos e todo el mundo. Menos de un dólar al día (27 dólares al mes o si se prefiere 18 centavos de dólar por hora). El salario es tan pequeño que las costureras tienen que recurrir a sus familias para llegar a final de mes. La mayoría, campesinos pobres que viven por debajo de la línea de la pobreza. Estas familias empobrecidas subvencionan a una industria que produce capitalistas que amasan increíbles fortunas. Sus propietarios están entre los diez más ricos del mundo mientras los salarios de sus costureras estan entre los más bajos.

¿Por qué aceptó el gobierno estas condiciones draconianas para sus trabajadoras? ¿Cómo es posible que mujeres jóvenes estuvieran dispuestas a trabajar por tan miserable paga? ¿Cómo sobreviven con lo poco que ganan?

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La ciudad de Hawassa está a orillas de uno de los lagos del Valle del Rift, al sur de Addis Abeba. Hace cinco años, cuando empezó a construirse el polígono donde trabajan 32.000 costureras, era una ciudad sin industria. Un centro administrativo, con universidad, con comercio y pescadores, pero sin fábricas. El propio polígono era tierra agrícola. El gobierno tuvo que desalojar a 500 campesinos –se han quejado de no recibir lo prometido– para construirlo.

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En diciembre, cuando lo visité, había instaladas 22 fábricas, pero hay espacio construido para el doble. Todas las factorías menos una, Textil Ethiopia PLC, de capital chino, que produce tela, se dedican a la confección. La mayoría de ellas tienen su sede en China, Hong Kong o India, pero la compañía PVH es el motor del polígono. Esta empresa de Estados Unidos es la propietaria entre otras marcas de Calvin Klein, Tommy Hifinger y Warner Underpants, una marca de ropa interior que se vende en Walmart. Sus ingresos ascendieron el año pasado a 9.700 millones de dólares. También confeccionan su ropa en Hawassa Children Place, H &M, Guess, Decathlon, Fila y Levi’s, por citar algunas marcas conocidas.

Etiopía es un país de campesinos pobres que quiere convertirse en 10 años en uno de bajo-medio ingreso produciendo manufacturas. Su modelo son los tigres asiáticos, o al menos ese era el proyecto de Meles Zenawi, el anterior hombre fuerte de Etiopía que soñaba con industrializar al país. Meles, fallecido en 2012, quería convertir a Etiopía, con la ayuda de China (China ha financiado los 10 mil millones de dólares que ha costado el polígono en Hawassa), en el primer país industrializado de África como una manera de combatir la herencia colonial de dependencia africana; pero se trataba también de dar una salida productiva a las inmensas cohortes de jóvenes que entran cada año en el mercado de trabajo. Etiopía, con 109 millones de habitantes, es el segundo país más poblado de África. Estos jóvenes necesitan empleos y el gobierno quiere dárselos en la manufactura. Quiere crear dos millones para el año 2025, y ve en estos polígonos industriales (hay 21 en desarrollo, la mayoría están en fase de construcción, de ellos 15 son públicos y 6 privados) una manera de lograrlo.

Hawassa está a mitad del eje que une Djibuti con Mombasa, el MarRojo con el Oceáno Índico, sobrepasando Somalia. China ha financiado la mejora de la carretera que desde Nairobi llega a la frontera con Etiopía, hasta el punto de que lo que hace tres años costaba recorrer tres días ahora se recorre en 12 horas. De Nairobi al puerto de Mombasa China ha construido un tren rápido, como ha hecho desde Addis Abeba al puerto de Djibuti. La construcción de la polémica presa en el Nilo azul para producir energía eléctrica es parte del proyecto industrializador.

La infraestructura está casi lista para impulsar la industria en el cuerno de África (solo la inestabilidad política puede perturbarlo) y las empresas que se han instalado en Hawassa quieren 
sacar ventaja de ello aprovechando los bajos salarios. El nuevo primer ministro, Aby Ahmed, quiere liberalizar la economía, es un fan neoliberal, para facilitar la entrada de inversiones extranjeras no chinas; una inversión que hasta ahora estaba altamente regulada y restringida a algunos sectores, entre ellos el textil y la confección.

El gobierno pensó en estos polígonos como un medio de impulsar sus exportaciones, aprovechar la transferencia de tecnología y crear empleo. Pero uno duda de su impacto más allá de crear un empleo muy precario. Estas empresas son una especie de maquilas en el interior del país. Las divisas que se pueden obtener con ellas son mínimas. Las empresas tienen una exención de impuestos a la importación y exportación de 10 años. Solo consumen de Etiopía el trabajo de las costureras que cosen las piezas importadas para volverlas a exportar una vez cosidas. El valor agregado es mínimo. El gobierno está intentando que compren al menos accesorios producidos nacionalmente, pero las empresas se resisten. El algodón lo importan, a pesar del que se produce en el sur de Etiopía. No confían en la calidad y en que lo entreguen cuan- do lo necesitan.

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BF trabaja para una ONG que hace trabajo social con las costureras (no quiere dar su nombre porque a las empresas no les gusta que se sepa lo que hacen y teme represalias), y decía que el empleo era el tema que obsesionaba al gobierno cuando negoció con las marcas. “Estaba dispuesto a aceptar cualquier cosa que las marcas propusieran para que se instalasen. Les horro- riza el desempleo de masas de jóvenes. Su oferta en la mesa de negociaciones siempre era el bajo coste de la mano de obra etíope. Los incentivaba diciéndoles que podían pagar lo que quisieran a sus trabajadores”.

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Principales marcas de la moda que producen en el Parque Industrial de Hawassa

El gobierno aceptó que no hubiera un salario mínimo y que no se permitieran sindicatos. El resultado ha sido que las compañías deciden el salario de los trabajadores del polígono colectivamente, sin que los trabajadores tengan ningún instrumento para incidir en la decisión. BF decía que Etiopía aceptó estas condiciones porque tenía miedo de que las empresas no vinieran. El salario de hambre de sus costureras era la ventaja comparativa que ofrecía Etiopía a las marcas de los millonarios.

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parque industrial de Hawassa

En diciembre, 2.000 empleadas de Indochina, una empresa china con sede en Shanghai, pararon la producción pidiendo mejoras para la comida. Indochina tiene cinco factorías en el polígono, donde trabajan 4.500 empleadas. Las costureras querían que la empresa, en vez de darles un bonus de comida, sirviera un menú en los comedores como hacen otras compañías. Dejaron sus puestos de trabajo y salieron al recinto del polígono a protestar. El gobierno mandó de inmediato al ejército. Se había comprometido con las empresas a que no habría ninguna protesta. Llegaron soldados con sus fusiles para amedrentar a las huelguistas indefensas. La dirección del parque industrial tuvo que mediar para evitar que las cosas fueran a mayores. Las trabajadoras volvieron a sus puestos bajo la promesa de que sus reclamaciones serían consideradas.

En el polígono trabajan actualmente 32.000 obreras/os (el polígono tiene una capacidad para 60.000 trabajadores), la inmensa mayoría mujeres costureras, pero alrededor de 1.000 son expatriados, capataces o ingenieros de la India, Bangladesh o Sri Lanka, la mayoría hombres con experiencia en este tipo de factorías. El 90% son mujeres jóvenes de la zona con un promedio de edad de 20 años que apenas saben leer y escribir. Obreras que han sido clasificadas por las empresas según su talento en costureras, empaquetadoras o limpiadoras. Sidamo, la provincia federal de la que Hawassa es su capital, cuenta con el 20 % de la población etíope. Estamos hablando de una oferta de mano de obra de 5 millones de costureras potenciales. Son jóvenes no preparadas para afrontar la disciplina de la cultura industrial, pero necesitan el empleo; mucho menos lo están para trabajar en cadena y a no hablar cuando trabajan, como quieren los capataces.

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parque industrial de Hawassa

Este periodista pudo hablar con alguna de ellas y se quejaron por el bajo salario, el ritmo asfixiante de trabajo y de la falta de dormitorios y otros servicios. Trabajan seis días a la semana en turnos mínimos de ocho horas, a veces hasta 10, con un receso para la comida de media hora. El salario mensual de entrada es de 850 birr (27 dólares) y las que tienen suerte y consiguen algún incentivo extra no pasan de los 1.000 birr (32 dólares).

Las empresas se quejan de su baja productividad, es lo único que les preocupa. Pero las chicas se quejan del mal trato de los capataces, casi siempre hombres. Dicen que son agresivos cuando cometen errores, les gritan y abusan de ellas. Las empresas dicen que se trata de malos entendidos culturales, al no estar acostumbradas a la disciplina laboral. Pero al menos una de cada cuatro chicas contratadas se despide de su empresa antes de llegar al tercer mes por las condiciones de trabajo, los malos tratos y los bajos salarios. No aguantan.

No hay estudios sobre lo que hacen estas jóvenes una vez dejan su empleo de costureras. Volver con sus familias es raro y muy difícil de hacer. Dejaron a la familia para trabajar en las fábricas porque los ingresos de sus padres no llegaban. Las familias son numerosas, de 4 o 5 hijos. Hay como un mandato implícito en las comunidades a las que no se puede regresar con las manos vacías. “No pueden perder la cara”, dice Belante Tebkew, uno de los jóvenes gerentes del polígono. Es muy probable que acaben en la industria del sexo como ocurre en Camboya o intenten emigrar a los países del golfo.
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parque industrial de Hawassa

Hay que reconocer que las fábricas son modernas, limpias, con luz y bien equipadas, como si las marcas quisieran limpiar su deteriorada imagen con las instalaciones en vez de hacerlo con las condiciones de vida de las costureras. Han construido viviendas para los directivos, ingenieros y capataces pero se han olvidado de construir dormitorios para las costureras. Hay supermercados y áreas de recreo para ellos, pero no centros de atención o una clínica para las obreras (los administradores del polígono las llaman operarias). Hay cantidad de cámaras de seguridad dentro del polígono, pero ninguna seguridad para las mujeres una vez salen del polígono camino a sus casas. Decenas de ellas han sido asaltadas y violadas, sobre todo las que trabajan en los últimos turnos.
La vulnerabilidad de las costureras en sus desplazamientos nocturnos y sus protestas han obligado a muchas empresas a establecer un sistema de autobuses desde el polígono a donde viven las costureras. Pero no lo han hecho todas las empresas y algunas costureras siguen dependiendo de ellas mismas para desplazarse.

Tula es una comunidad rural a media hora de viaje al sur de Hawassa, en la carretera que va a Dilla. El precio de ida de un taxis colectivo para llegar allí desde Hawassa es de 10 birrs. Una costurera gana al dia 28,8 birrs. Es uno de los lugares donde viven las costureras. Otras lo hacen en comunidades rurales como Daka, Chefe Kole, o Referal. Viven en habitaciones construidas con barro y láminas de zinc y suelos duros de tierra o a veces de cemento. Por eso señalan la falta de dormitorios como uno de sus grandes problemas cuando les preguntas cuáles son los desafíos que enfrentan. No solo están en riesgo de ser atacadas en sus desplazamientos a casa, las condiciones en que viven son supermínimas, por decir algo.

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Dormitorio en Bole Lami Industrial Park

Tienen que vivir en la periferia de la ciudad, porque los salarios no les permiten alquilar ni tan siquiera una habitación compartida. Los precios de las habitaciones están en Hawassa en 1.000 birrs al mes. En Addis Abeba, donde hay otro polígono con fábricas de confección, Bole Lami Industrial Park, en el que trabajan 19.000 costureras, una habitación cuesta entre 1.500 y 2.000 birrs y el sueldo es el mismo 850 birrs al mes. Las costureras sobreviven juntándose en grupos y viviendo en el extrarradio. Ya lo había visto con las costureras de Phnom Penh, pero aquellas tenían entonces sueldos de 50 dólares y todavía eran capaces de enviar algo a los pueblos del arroz de donde venían y vivían sus familias.

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Tula donde viven muchas de las costureras del parque industrial de Hawassa

En Tula pagan 500 birr por una habitación que comparten entre cuatro, cinco o seis de ellas, como hacen en Addis Abeba o hacían en Camboya. Duermen en colchones de espuma en el suelo y acomodan la poca ropa que tienen como pueden. No hay espacio para armarios o barras donde colgar la ropa. Comparten con otras habitaciones wáteres y lavabos. Con el salario que tienen las costureras se ven obligadas a pedir dinero a su familia para comprar jabón, productos higiénicos, o poder tomar café los fines de semana. En Etiopía la industria de las marcas ha llegado a ser tan perversa que los millonarios del 1% chupan dinero de campesinos pobres que viven con dos dólares al día. Las costureras están tan explotadas que en vez de enviar dinero a sus familias campesinas, como ocurre en Camboya, son estas las que lo envían a sus hijas obreras a pesar de su enorme pobreza. Es increíble que estas familias campesinas pobres estén hinchando las cuentas de los billonarios, pero la realidad siempre supera a la ficción. En la explotación no es distinto

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Viaje en el Cuerno de Africa: el nuevo tren Addis Ababa -Djibouti (Parte III y última)

 

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La estacíon de Nagad no tiene la sofisticación de la de Addis Abeba pero recuerda también a las viejas estaciones chinas construidas en estilo neoclásico como le gustaba a Mao Zedong. Es un edificio con una fachada diseñada con simples formas geométricas ordenadas simétricamente y con un gran espacio abierto en su interior para acomodar a grandes grupos. Esta era una gran diferencia. Mientras en China es una pesadilla subirse a un tren por el número de viajeros en Djibouti todos cabíamos en un sólo vagón. Los ingenieros chinos debían pensar en el futuro.

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Esta vez no era música moderna lo que empezó a sonar nada más arrancar el tren. Eran recitaciones coránicas lo que se escuchaba. Lecturas cantadas de suras del Coran. Los rezos venían del mobil de un señor vestido con una túnica blanca. Las mujeres que le acompañaban cubrían su pelo con chales coloridos. Los viajeros no eran tan jóvenes y estilistas como los que se habían subido en Addis Ababa.

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Durante un rato corto viajamos paralelos al mar. Lo hicimos por una llanura de arbustos y hierbas que habían aprendido a vivir con la humedad del mar sobre la tierra seca.  Hasta que giramos hacia el oeste hacia las montañas no vimos a un alma. Quizá fuera por ser viernes el día que los mulsumanes rezan juntos en las mezquitas. El panorama empezó a cambiar algo cuando salimos de la estación de Ali Sabieh y empezamos nuestro ascenso hacia las zonas altas del Cuerno de Africa. No habrían pasado diez minutos cuando en la ladera de una pequeña colina vimos las primeras viviendas de nomadas pastoriles. Suelen ser de familias que se mueven de un lado a otro en busca de pozos de agua y pastos para sus rebaños. Tenían la forma semicircular de los uglus de los esquimales pero hechas con una estructura de palos cubierta con pieles y plásticos. Eran tres o cuatro viviendas juntas pero no vi a personas.

Estas familias de pastores nomadas son cada vez más vulnerables. Habitan una zona arida ó semiarida en donde cada vez es más difícil la vida humana por sus duras condiciones ecológica. Sus ancestros encontraron la manera de vivir en ellas organizados en clanes cuidando rebaños, moviendose de un lado a otro, a veces tan lejos como 200 kilómetros. Cuando la solidaridad del clan no era suficiente  vendían ganado en el mercado para dotarse de granos. Ahora esta forma de vida esta agonizando con la merma de los rebaños por sequías continuas y prolongadas. La situación es tan mala que en las actuales condiciones ecológicas la mayoría de los pastoriles necesitan ayuda alimenticia. Puede que las personas sobrevivan pero no ocurrirá lo mismo  con sus animales. La sequía prolongada es la muerte del mañana.  Una forma de vida estaba agonizando.

 

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Poco después llegamos a Dewele. El paso fronterizo. Esta vez nos hicieron bajar del tren. Dos trabajadores del sector salud vestidos con batas blancas nos tomaron la temperatura y empezaron a hacer preguntas. En pocos días la pandemia del coronavirus había empeorado. El Presidente Trump había cancelado los viajes a Estados Unidos desde Europa y la epidemia había explotado en Irán e Italia. Me extrañó que me hicieran más preguntas que las que habían hecho a mis compañeros sobre mis últimos movimientos. Etiopia Airlines todavía seguía volando a China y Europa. Luego me enteré que varios militares españoles incluido un alto almirante destinados en Djibouti con la OTAN habían sido repatriados a España enfermos de coronavirus. Como un anuncio de lo que ocurriría más tarde en España los marineros españoles habían traído la pandemia a Djibouti o al menos eran los primeros casos detectados.

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Estación en el paso fronterizo de Dewele

Seguíamos subiendo buscando las lomas fáciles y los pequeños valles. El paisaje no tenía el dramatismo que había visto los días que estuve en Djibouti donde el Valle del Rift empieza a romper el continente en el golfo de Tadjura , pero rocas negras de todos los tamaños estaban esparcidas allí donde miraras. La lava de los volcanes debió ser intensa hace 30 millones de años cuando la fractura geólogica del Rift se estaba formanado empezando a separar a Africa.

Cuando salimos de las primeras montañas y llegamos a una planicie las piedras negras habían sido sustituidas por el color marron de la tierra . Matorrales, arbustos y pequeñas acacias se habían abierto camino a pesar de la arena y la sequedad. Vimos nuevas cabañas de nomadas pastoriles. Una mujer con un bebe a sus espaldas se movía entre ellas. Un rebaño de cabras se alejó disparado de la vía seguido por sus pastores corriendo detrás. Se había asustado por el pitido del tren.

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La arena flotaba en el aire. Volví a agradecer que las ventanas no se abrieran y hubiera aire acondionado. El área tiene fama de ser uno de los lugares más torridos del planeta. No había visto ni un sólo cultivo. Sólo camellos y rebaños de cabras. Los ingenieros chinos habían construido puentes sobre los wadis ahora secos pero en donde rebaños bebían agua bajo la arena.

Vimos a un grupo de jóvenes caminando hacia Djibouti siguiendo la línea del tren. No podían ser otra cosa que migrantes. Cargaban botellas de agua y bolsas de plastico en sus manos. Cada año decenas de miles de jóvenes  etíopes intentan llegar al puerto de Obock en el golfo de Tadjura para llegar a Yemen. Parece un sin sentido que quieran llegar a un país en guerra pero no  tienen salida. En Etiopía no hay empleos. Yemen es para ellos la puerta a un futuro que ven en los países del golfo. La realidad parece ser otra. Los informes que llegan hablan de traficantes sin escrupulos que se aprovechan miserablemente de la situación.  Esos días autoridades saudíes asustadas por el coronavirus estaban deportando  a miles de etíopes a la frontera del Yemen. No se si por ignoranacia o porque creían que con ellos iba a ser diferente vimos pasar a más de uno de estos grupos de jóvenes en dirección a Djibouti.

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grupos de jóvenes camino al puerto de Obock

El primer frenado brusco lo tuvimos cuando llevamos casi cuatro horas de viaje y nuestro destino estaba cerca. Un camello no quería dejar la vía. El maquinista espero paciente hasta que pudimos avanzar.

Nuevas montañas aparecieron en el horizonte. Estabamos llegando a Dire Dawa: la puerta de acceso hacia las zonas altas del Cuerno de Africa. Empleados del tren se habían puesto a limpiar el vagón. Lo mismo hacían en China incluso si viajabas en litera. Entraban al departamento y te quitaban las mantas para ganar tiempo. Esta vez solo tuve que levantar los pies cuando pasaban la escoba. Llegamos a tiempo. Habían sido algo más de 4 horas y media lo que nos había costado recorrer los 320 kilómetros que hay desde Nagad hasta Dire Dawa. Habíamos salido a nivel del mar y ahora estabamos a más de 2000 metros. Había sido un viaje  por uno de los sitios más torridos del planeta en donde pequeños grupos de nomadas pastoriles han hecho su habitat. Uno no termina de asombrarse de la capacidad de adaptación al medio ambiente de los humanos modernos.

 

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interior estación de Dire Dawa

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Viaje en el Cuerno de Africa: el nuevo tren Addis Ababa -Djibouti (Parte II)

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Nueva estación de Dire Dawa

En Dire Dawa la mayoría de los viajeros se apearon pero llegaron otros a reemplazarlos. Era como si el vagón hubiese cambiado de alma. Mi compañero del otro lado del pasillo que no había hecho otra cosa que dormir en todo el viaje tambien se bajó. Estaba acompañando a un hombre viejo, era la primera vez que lo veía, debía haber estado en otro vagón.  Dos mujeres jóvenes ocuparon su lugar. Casi no encontraron sitio para acomodar todas sus bolsas apesar de que la fila de asientos que ocuparon estaba completamente vacía.

Cuando salimos de la estación rumbo hacia Djibouti había anochecido. Estaba frustrado porque quería ver el territorio en donde las tierras altas del Cuerno de Africa se desvanecen en un lugar que dicen es uno de los más duros del planeta.  Dire Dawa está todavía a 1200 metros de altura. Familias de Djibouti vienen a pasar el verano refugiándose del calor.  Pero apesar de las condiciones tan difíciles grupos pastoriles lograron adaptarse durante milenios al ecosistema de estas  tierras bajas.

En las afueras de Dire Dawa hay una cueva, Porc-Espin, donde paleontólogos han encontrado evidencia de que ha sido habitada por grupos de cazadores recolectores hace 70 mil años. En Laga -Hoda a 35 kilómetros de Dire Dawa  hay un portal en un barranco con pinturas pastoriles de probablemente hace siete mil años.  No hay duda de que este territorio ha estado poblado durante decenas de miles de años por nuestra especie. Los últimos siete mil por grupos nomadas pastoriles. Sería una tragedia inmensa que dejara de ser  habitable en apenas unas décadas por el cambio climático.

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Vaca pintada en Laga-Hoda. No tiene joroba a diferencia de las vacas actuales en el cuerno de Africa que si tienen. Tiene que ser de una emigración de grupos pastoriles originarios del Sahara probablemente entre hace cinco y siete mil años.

Una de las azafatas me había sugerido viajar al día siguiente si quería hacer el trayecto de día. Tenía dos posibilidades me había dicho.  Había un tren que salía  a las ocho de la misma estación, tomarlo fue su consejo; la otra viajar el viernes o lunes en el viejo tren francés. En este caso sólo llegaría hasta la frontera

Me quedo desconcertado. No tenía ni idea de que el viejo tren francés funcionara todavía dos días a la semana. No sabía que hacer. Tenía un boleto de avión para regresar desde Djibouti hasta Addis. Al final decidi seguir el viaje y regresar días después en tren hasta Dire Dawa. Podía cambiar mi billete de avión y volar desde Dire Dawa a  Addis. El tren desde Djibouti salía a las ocho de la mañana.

Había sido para mi una sorpresa que ferrocarrileros etíopes hubiesen sido capaces de hacer funcionar la línea vieja hasta ahora.  Es una línea de hace más de cien años. Sabía que eran un grupo activo.  Fueron ellos quienes en 1947  formaron el primers sindicato en Etiopía, pero no  me había imaginado que fueran capaces de mantener la línea. Al regreso llevado por la curiosidad visite la vieja estación y los talleres. Había amontonadas viejas partes y accesorios de maquinas y vagones que debían reusar. Maquinistas  cuidaban sus viejas maquinas Alsthom. La estación en buen estado asemejaba una vieja estación rural francesa.

 

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En rojo el nuevo trazado hecho por ingenieros chinos. En azul el viejo trazado hecho por ingenieros franceses

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Vieja estación de Dire Dawa construida en los albores del siglo XX

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Antes de arranacar el tren, nos habían puesto a todos los viajeros en un mismo vagón. Habían cerrado los otros. Me imagino para facilitar el control de los pasajeros en la frontera. Sin poder ver nada del mundo exterior me concentré en mis vecinas. Eran de Djibouti pero vivían en Dire Dawa. Vestían abaya y tenían cubierta su cabeza. Una de ellas de nombre Awa me dijo que iban a visitar a la familia y que regresarían días después por carretera. Al rato vino una amiga y empezaron a mover las bolsas y después su contenido cambiándolo entre ellas. Luego discutieron donde colocarlas y la amiga regresó a su lugar.

Nos estabamos acercando a la frontera en Dewele. Llegamos a las 10:30 de la noche. Habían sido algo menos que cuatro horas lo que nos había costado recorrer los 200 Kilómetros que aproximadamente separan a Dire Dawa de la frontera. Era de noche y el maquinista conociendo como los camellos pasan la vía había decidido viajar despacio. Los guardias fronterizos etiopes se limtaron a mirar los pasaportes y hacer algunas peguntas sobre a quien pertenecían los equipajes. No estuvimos muchos tiempo. Pero no fue lo mismo en la frontera de Djibouti. Primero fueron los polícias de migración quienes nos pidieron los pasaportes y las visas. Después los de aduanas identificando la pertenencia de los equipajes y revisándolos. Uno de los funcionarios tuvo una breve conversación con mis compañeras de viaje cuando se percato del número de bolsas que transportaban. Las jóvenes mujeres fueron elocuentemente persuasivas porque apenas perdio tiempo en mirar las bolsas. Por último subieron dos trabajadores de la salud cubiertos de arriba abajo vestidos con trajes especiales a medirnos la fiebre. Eran los días que la pandemia del coronabirus estaba comenzando a llegar a Africa. Entre una y otra cosa estuvimos 45 minutos.

Le pregunté a Awa que clase de negocio hacían. Traían frutas y mucho Qat, Harar uno de los mayores centro de producción esta cerca de Dire Dawa, pero decían que el negocio estaba en los chales de algodón etíopes que eran muy apreciados. Harar se hizo famosa en Europa porque Rimbaud uno de los poetas malditos franceses vivió allí cuando dejo la poesía por el negocio de armas.  De regreso a Dire Dawa traían perfumes, aceites y pequeños electrodómesticos. Me dijeron que ahora hay más vigilancia porque hace unos días habían descubierto un cache de pistolas turcas cuando iba a ser introducidas de contrabando en Etiopía. Decía que el negocio que hacían era rentable porque tenían familia en las dos ciudades y no necesitaban gastar en alojamiento.

Djibouti es un país pequeño establecido por los franceses para asegurar el control del puerto. A finales del siglo XIX juntaron dos territorios fronterizos, uno  habitado por clanes somalíes y otro por clanes afares, ambos pastoriles,  para constituir una sola entidad y establecer una colonia francesa al otro lado de Aden, la colonia inglesa a la salida del Mar Rojo. Eran los tiempos que Francia e Inglaterra se disputaban entre ellos colonias en Africa. Me imagino que los franceses pensaron que sería más facil gobernar si ponían juntas a poblaciones en conflicto histórico entre ellas por los pozos y los pastos. Aunque según cuenta Thesiger en sus memorias los oficiales franceses de las guarniciones del interior tenían tanto miedo que procuraban no salir de sus cuarteles y si lo hacían solo era de día. Ahora en Djibouti junto a los franceses tienen bases militares todos los países que se aprecien de ser algo en el orden mundial. Los últimos en llegar han sido los chinos quienes tienen sus marinos y sus soldados pared con pared con los estadounidenses.

Desde Ali Sabieh la primera estación en Djibouti no tardamos más de 45 minutos en llegar a la estación de Nagad. Eran las 12 de la noche cuando llegamos a la ciudad de Djibouti. Nos había costado 16 horas recorrer los 759 kilómetros que la separan de Addis Abeba.

Los días siguientes tome la oportunidad que me había abierto el cambio de planes para visitar lo que pude del país. Djibouti resultó tener unos paisajes difíciles de encontrar en otros lugares quiza porque en su territorio penetra desde el mar hacia el sur el rift Valley.

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Tienda de Qat en la ciudad de Djibouti

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Tienda de moda femenina en la ciudad de Djibouti

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mercado en la ciudad de Djibouti

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Estos comerciantes de sal vienen del lago Assal a 155 metros debajo del nivel del mar

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En el lago Abbé donde termina el rio Awash en la frontera entre Etiopia y Djibouti

 

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Viaje en el Cuerno de Africa: el nuevo tren Addis Ababa -Djibouti (Parte I)

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La nueva estación de Lebu en Addis Abeba

El tren salía a las ocho pero en la taquilla en Stadio donde reservé mi billete me habían advertido estar una hora antes. La nueva estación está en Lebu despues del antiguo aeropuerto al sur de la ciudad. Es un edificio de color amarillo mostaza extraño a la arquitectura local por su neoclasicismo.

Había conseguido un preció local 505 birrs. El jóven etíope que revisaba los billetes me pidió mi credencial de residente. Los turistas no locales pagan tres veces más 1500 birrs.  Un controlador chino  que lo observaba cubria su cara con una mascarilla. Estaba empezando en Africa la pesadilla del coronavirus.

El tren sale todos los días pero solo un día si y un día no llega hasta Djibouti. Los días que no pasa la frontera se queda en Dire Dawa. A los que viajabamos a Djibouti nos pusieron en un vagón. Cuando entré había un grupo de jóvenes  hablando francés pero había muchos sitios libres.

 

 

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El nuevo tren eléctrico diseñado por ingenieros chinos.

 

El tren es operado por trabajadores chinos aunque la compañía es propiedad de una empresa mixta de Etiopía y Djibouti.  Parece que todavía no hay suficiente personal técnico local preparado . Nuestro maquinista era chino, como lo eran los jefes de todas las estaciones que paramos.  No ocurría lo mismo con el personal en el tren que nos atendía. Eran jóvenes etíopes que segun contaban habían estudiado en una academia establecida por los chinos.

Si el siglo XX había sido el siglo de Europa en el Cuerno de Africa, el  XXI parece ser  el siglo de China. Empresas chinas son las que han resucitado la vieja línea Addis Ababa-Djibouti construida por los franceses a principio del siglo XX. Una línea que había contribuido a sacar a Etiopía del aislamiento secular en que se encontraba pero que había acabado muriendo hacía ya más de una década. Ahora eran los chinos quienes habían retomado el viejo proyecto impulsando el renacer económico de Etiopía. Pusieron la mayor parte del dinero (3.400 millones de dólares), trajeron cientos de ingenieros para  construirla y se comprometieron a operarla hasta que técnicos locales se hicieran cargo de la misma. No es fácil electrificar una línea que une las zonas altas del Cuerno de Africa con el mar pero lo hicieron en cinco años. Estamos hablando de un desnivel de 2300 metros  y de 760 kilometros de vía ferrea. La línea electrica más larga de Africa cuando se construyó.

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El viaje desde el principio hasta el fin es un recorrido a través de una antigua vida rural que sobrevive con vigor en el Cuerno de Africa. Shoa en el altiplano a más de 2000 metros es un territorio de campesinos a los que les gusta vivir aislados en familia, cultivar la tierra y frecuentar mercados e iglesias. Los veíamos caminar los hombres abrigados con sus shemma y las mujeres con sus rebozos, solos o acompañados por burros cargados con leña, agachados en sus campos o cogiendo agua en los pozos.

Habíamos empezado a perder altura desde que salimos de Addis pero apenas lo había notado. Después de Adama quiza porque la pendiente era mayor o porque las dos vías que había antes se habían convertido en una sola y el conductor conducía con mayor preocupación los frenos empezaron a sentirse. Estabamos entrando en un área salvaje, sin cultivos, pero no vi otros animales que no fueran vacas. Un númeroso grupo de jóvenes limpiaba a machetazos de rastrojos y matorrales los desagues construidos al lado de pequeños barrancos junto a la vía. La época de lluvias todavía no había comenzado pero comenzaban a preparase.

Un grupo de casas de barro redondas con techo de paja avisaba que estabamos saliendo de Shoa. Pronto los camellos sustituirían a las vacas y los fusiles a las varas. La estación de Awash estaba cerca. El río Awash es uno de los más importantes de Etiopía que como el Omo no llega al mar. Acababa de leer las memorias de Wilfred Thesiger uno de los últimos exploradores ingleses de Africa. Había salido en 1930 desde la estación de Awash para visitar Afar un territorio semidesertico en las zona baja del cuerno de Africa. Aprovechó que había sido invitado por Tafari Mekonen a su coronación con el nombre de Haile Selassi. . La estación de Awash seguía en construcción. El tren que viene del norte desde Weldiya acaba allí y estaban ultimando las obras.

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Afar era uno de esos territorios todavía desconocidos y ocultos a los viajeros europeos cuando la visitó Thesiger. Era gobernado por un sultán desde lo que hoy es Asseyta una pequeña ciudad en medio de un oasis formado por el río Awash cuando llega a su fin en una zona de lagos. El sultán estaba sometido al imperio etiope pero tomaba decisiones en todos los asuntos que no iban contra los interesés de los emperadores. En realidad por sus contactos con el puerto de Tadjoura en Djibouti era funcional al mercado de esclavos con el que los emperadores financiaban sus interminables guerras. Los viajeros que durante el siglo XIX sobrevieron despues de adentrarse en Afar nunca llegaron a la capital del sultanato donde estaba prohibido entrar. Había la leyenda de que los hombres tribales después de matarlos removían el pene y cortaban los testículos del escotro de quien lo intentaba. Lo probaban confeccionando collares con los testículos de sus víctimas. Daba prestigio. Solo los exploradores más intrepidos estuvieron dspuestos a pagar tributo a la orgánica joyería. A penas había un par de crónicas publicadas sobre Afar a principios del siglo XX lo que engrandecía su misterio. Wilfred Thesigger después de semanas de viaje a pie y en camello siguiendo el curso del río Awash llegó a entrevistarse con el Sultan pero lo hizo a las afueras de Asseyta. El Sultán no le permitió entrar a la ciudad. Hacia 1930 la ciudad seguía siendo un lugar oculto a europeos quiza por que su mercado de esclavos todavía coleteaba.

 

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Nada más salir de la estación Awash dejamos a un lado el río después de cruzarlo en un profundo cañon. Habían construido un puente a 60 metros de altura desde el cauce. Restos de la vieja línea construida por los franceses más estrecha que la actual (1.40 frente a 1 metro) se veían a un lado. Los pastores empezaban a sustituir a los campesinos del altiplano. Los cultivos que había, eran espóradicos como lo era el agua. Era un territorio de matorrales, árboles pequeños y acacias que crecían sobre un suelo arenoso y seco. Una mujer con un vestido naranja miraba el tren pasar desde unos arbustos. Parecía perdida en esta sabana seca. A veces ocurría el milagro y había una balsa. Burros, cabras y vacas se aglomeraban en el agua mientras niños y mujeres se refugiaban del calor a la sombra de algún árbol. En una de ellas tuvimos la primera frenada brusca del viaje después de escuchar insistentemente los pitidos del tren. Un rebaño de cabras pasaba la vía. El maquinista tuvo que frenar en seco hasta que la última cabra pasó.

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Había empezado una conversación con mis vecinos que mascaban las hojas del Qat. Esta droga cada vez más consumida por los jóvenes de las ciudades en las zonas altas es popular en las bajas desde siempre. Su consumo produce primero euforia y luego ensimimaniento. Iban a Mieso al funeral de un pariente. Contaban que esta zona era complicada. Lo que a primera vista era un socarral sin aparente valor era en realidad un territorio apreciado. Era una de esas raras esquinas fronterizas donde se juntan diferentes poblaciones étnicas que se disputan entre si los pocos pastos y pozos de agua que quedan. Los conflictos entre afares, oromos y somalíes empezaban fácilmente y a veces acababan violentamente. El tren pagaba las consecuencias. En el vagón comedor había visto una de las ventanas con el vidrio estallado con un agujero de bala y en una de las puertas de entrada al vagón un panel de madera en vez de vídrio. “Paran el tren para presionar al gobierno y disparan para amedentrar al conductor. El tren a veces no puede pasar durante días” decía mi vecino.

 

Tuvimos suerte y salvo un par de bruscos frenazos más para no atropellar a dos camellos no tuvimos mayores incidentes. Atropellarles hubiera significado horas de negociaciones y quiza la inmovilización del tren. Hay construidos pequeños puentes u otro tipo de acceso para pasar la vía cada ciertos kilómetros pero nadie los usa. Los camellos atraviesan las vías como les parece oportuno y lo mismo hacen los pastores con sus rebaños. El gobierno se había comprometido a vallar las vías pero por la razón que sea no  lo había hecho.

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em el vagón jóvenes etíopes vestidos con estilo y pegados a sus moviles contrastaban con el mundo que veíamos por las ventanas

Llegamos a la estación de Mieso a las 2:50 casi  siete horas despues de que salimos de Addis Ababa. La distancia que separa las dos estaciones es alrededor de 280 Kilómetros. En Mieso había un tren de carga esperando. Desde Adama solo hay una vía en las dos direcciones. El 95% del comercio internacional etíope viene y va por el puerto de Doraleh en Djibouti. Había sido una de las razones de porque los chinos con gran presencia económica en Etiopía, puede haber hasta 500 mil chinos en el país, las inversiones son de miles de millónes de dólares en infraestructuras y factorías, construyeron la línea.  Tienen los planes de que llegue hasta Hawassa. Una ciudad en el Rift Valley en el corredor hacia Kenya. En Hawassa hay un polígono donde trabajan casi 30.000 costureras cosiendo ropa para las marcas de la moda. No esperamos mucho en la estación. El jefe de la estación otro empleado chino nos dio la salida a los pocos minutos de llegar.

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El paisaje apenas cambió hasta Dire Dawa. Seguía habiendo matorrales y pequeños àrboles en una tierra seca y arenosa. Unas montañas aparecieron lejanas a los dos lados. El tren inmutable seguía perdiendo altura ahora muy lentamente rumbo a las áreas bajas del cuerno de Africa. Los ingenieros chinos habían construido puentes para atravesar varios ríos secos famosos por sus crecidas sin aviso. El cambio climático esta trayendo estas inundaciones sorpresas, flash les llaman, en medio de períodos de sequía prolongados. Los cultivos seguían pero eran muy escasos. Era fácil ver rebaños de cabras pero las vacas empezaban a ser extrañas. En su lugar camellos comían a sus anchas de pequeños árboles. Se agradecía que las ventanas no se pudiesen abrir y hubiese aire acondicionado en los vagones. El aire empezó a llenarse de arena. El calor debía ser considerable. Volvimos a oir los pitidos del tren y sentir el frenazo con el correspondiente susto. Esta vez era un grupo de niños que atravesaban la vía. Llegamos a Dire Dawa la estación que abría el camino hacia Djibouti a las 18:10.

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Estaba previsto que el tren llegara a las 15:30 eran casi tres horas de retraso. habíamos tardado 10 horas y 10 minutos en recorrer los 450 kilómetros que hay desde Addis Abeba. En el cuerno de Africa el progreso parece llegar despacio y a golpes. Habíamos tardado solo dos horas menos , por lo menos sobre lo programado en los folletos, que el tren francés en 1909.

 

 

 

 

 

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¿Se esta avivando la guerra de Yemen ó llegando a su fin?

La semana pasada se cumplieron  cinco años de la guerra de Yemen.  Una guerra que esta llegando a un momento decisivo. El avance militar de los huzíes sobre Marib ha puesto a la coalición líderada por Arabia Saudí contra las cuerdas.  La coalición no puede ganar la guerra. Si ésta sigue por razones políticas o geopolíticas, Yemen conocería una crisis humanitaria inimaginable agravada por la pandemia del coronavirus.  La situación exige acabar la guerra ya. Un alto el fuego no es suficiente. La comunidad internacional, entre ellos el gobierno de Pedro Sanchez, esta obligada a dejar de entregar armas a Mohammed bin Salman el príncipe heredeo saudí que ha hecho del sufrimiento del pueblo yemení un medio para legitimar su ascenso al trono.

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Hace unos días  el portavoz del ejército yemení del gobierno de facto en Sanaa, Yahya Sari, anunció la liberación de casi todas las ciudades de la provincia septentrional de al-Yawf, una provincia fronteriza con Arabia Saudí. Ese mismo día el canal libanés de televisión al-Manar reportaba que los combatientes huzíes, después de tomar la base militar más importante en la provincia de Marib de la coalición (la alianza militar encabezada por Arabia Saudi que sostiene al gobierno de Hadi depuesto por los huzíes ) habían llegado a la estratégica localidad de al-Talha al-Hamra ubicada a 3 kilómetros de la ciudad de Marib. 

Días antes la toma de la ciudad de al-Hazm, la capital de al-Yawf, había abierto a los huzíes el camino hacia Marib.  Al-Hazm a 150 kiómetros de la frontera saudí, es un punto de vital importancia estratégica. Es la puerta a un corredor que permite controlar el abastecimiento por tierra a las tropas de la coalición desde Arabia Saudí; permite la movilidad de los combatientes entre las provincias del norte; además de poder poner misiles y drones mas cerca de Ryad.

Es pronto para sacar conclusiones de lo que parece ser una batalla todavía no decidida, empezó en enero, pero si se confirma el avance de los huzíes indicaría un cambio dramático en la guerra a su favor. Posiblemente avivaría la guerra que había perdido intensidad en los últimos meses desde que los acuerdos de Estocolmo abrieran una ventana de paz y los saudíes empezaran negociaciones directas con los huzíes.

Los huzíes empezaron a decantar el equilibrio a su favor al desarrollar misiles y drones de fabricación propia con tecnología iraní. En septiembre fueron capaces de atacar en Arabia Saudí las mayores refinerías de la empresa petrolera Aramco en Abqaiq y Khurais comocionando al mercado mundial del petróleo y diezmando las arcas saudíes. Pero desde entonces han dado un paso más al desplegar un sistema de defensa aéreo propio.  En medio de la batalla por al-Hazm  un avión de guerra  Tornado de fabricación inglesa fue derribado por los misiles huzíes. Los bombardeos aéreos siguen pero en la ofensiva sobre Marib aviones F-15 tuvieron que replegarse ante el ataque del nuevo sistema de defenda antiarero yemení. La supremacía área indiscutible de la coalición que hasta ahora equilibraba la guerra está siendo cuestionada en el campo de  batalla.

Marib esta bajo control del gobierno de Hadi desde el comienzo de la guerra. Una ciudad dormida cuando empezó ha aumentado dramáticamente su población desde entonces.  La provincia ha pasado de 300 mil habitantes a 3 millones en estos cinco años de conflicto Muchos de ellos desplazados de todo el país. Los jeques tribales beduinos financiados por los saudíes desempeñan un papel crucial fuera de la ciudad y su posición es clave. Estos jeques que han empezado a negociar con los huzíes  controlan esta esquina del desierto de Rub al-Jali donde el gobierno de Hadi tiene sus pozos petroleros.

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Marib viejo en una fotografía tomada antes de la guerra

 

En caso de que la batalla por Marib  continue los nuevos desplazamientos creados (puede haber cerca de un millón de desplazados en la provincia), esta vez hacia el sur, pondrán mas presion a una crisis humanitaria de proporciones dantescas. Dos tercios de la población siguen dependiendo de ayuda  para sobrevivir; el hambre esta por todas partes; y hay epidemias de colera y  difteria, mientras el coronavirus esta a la puerta.

Hasta fecha de hoy según Naciones Unidas  desde que la guerra empezó al menos 233 mil personas han muerto, la mitad niños. De ellos, 102 mil a consecuencia de la violencia de la guerra misma  y otros 131 mil a consecuencia del hambre, la desnutrición,  y enfermedades curables que el bloqueo saudí esta produciendo entre la población.

En caso de una victoria de los huzíes en Marib, el escenario de un rebrote de la guerra en todos los frentes es probable. Los huzíes verían en su victoria una oportunidad de derrotar a una coalición dividida  y sin una estrategia militar imponiendo una salida politica negociada a la crisis que reconociera su gobierno por la comunidad internacional.

 

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Un pozo petrolero en el desierto de Marib

Mohamed bin Salman el hombre fuerte de Ryad y arquitecto de la guerra vería en la continuidad de la guerra una necesidad para mantenerse en el poder. Sobre todo si la comunidad internacional no presiona acabando con la entrega de armas. Una derrota militar podría costar a Mohammed bin Salman el trono. Fue el quien inventó la guerra de Yemen para poder mostrar su valía a la  familia al -Saud quien cuestionaba su capacidad para el cargo de Principe heredero. Una victora militar los callaría.  Una derrota les daría vigor. Creyó que iba a ser  un paseo ayudado por el Presidente Obama pero ahora esta en el fango y no sabe como salir. La derrota en Marib podría crear un sentimiento numantino dentro de la coalición en caso de que no acepte la derrota.

Durante estos cinco años de guerra ha habido en cierta manera un satus quo en los diferentes frentes mayoritariamente negociado localmente pero hay indicios de que ha empezado a romperse.  En el Sur el independentista Consejo Transicional del Sur esta desde enero en una fiera batalla contra los huzíes en las provincias sureñas de Abyan, al-Dhaley y Lahj, sin que el riesgo de una guerra civil entre el Consejo y el gobierno de Hadi este del todo conjurado. En Hodeidah donde los acuerdos de paz de Estocolmo tuvieron un éxito relativo tanto los huzíes como la coalición pueden recurrir a un incremento de la violencia si lo consideran necesario. Lo mismo puede ocurrir a lo largo de la costa sur del Mar Rojo donde la coalición está profundamente dividida, empozoñada por la división entre Ryad y Abu Dhabi, entre el poderoso señor militar Tareq Saleh un sobrino del ex-presidente Saleh, y el Islah el partido islamista. Es público además  que Tareq Saleh desconfia de Hadi y Hadi de él.

Las perpectivas humanitarias ante un rebrote de la guerra son dantescas. Estudios hablan que en dos años los muertos pueden duplicarse llegando al medio millón. Yemen tardaría décadas en recuperarse del conflicto a los niveles de antes de la guerra.  Es difícil entender como la coalición  no acaba una guerra que no puede ganar y sigue orillando a la guerra a los huzíes que llevan años pidiendo sin éxito una salida a su deteriorada economía. Los huzíes han puesto sobre la mesa condiciones (un pasaje libre de sus barcos a Hodeidah , la apertura del aeropuerto de Sanaa y un mecanismo unificado que permita el cobro de impuestos y el pago de salarios a nivel nacional)  para negociar y relantizar la guerra; unas demandas que han sido sistematicamente ignoradas. Su aceptación es el primer paso para convertir el alto el fuego acordado para estos días en una situación permanente que de impulso a una salida negociada para acabar la guerra.

La situación humanitaria exige que la guerra pare, pero ello requiere una acción concertada y una mediación  de la comunidad internacional para que presione a las partes del conflicto a negociar. Pero por lo que sabemos Estados Unidos, Gran Bretaña, Francia o España prefieren hacer negocios con la guerra vendiendo armas antes que cumplir sus obligaciones humanitarias

Es inconcebible que se siga premiando a Mohammed bin Salman, un dictador, después de asesinar al periodista Jamal Kashoggi y seguir encarcelando a disidentes reales o súbditos ordinarios. Un comportamiento represivo y sangriento que deja en evidencia a los gobiernos europeos conservadores y progresivos como el de Pedro Sanchez .

El diario Público ha reportado que su gobierno sigue entregando armas a los saudíes aún sabiendo que la coalición esta bajo investigación por crimenes de guerra. Organizaciones de derechos humanos opuestos a la guerra han denunciado que desde diciembre al menos cinco barcos saudíes han recalado- cobijados en el secretismo de leyes franquistas- en puertos españoles con armas o en busca de armas con destino a la guerra de Yemen.

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Murmullos de guerra en el Nilo la disputa de Etiopía y Egipto por el control del agua

 

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La garganta del Nilo azul en Etiopìa

A principios de marzo, al día siguiente del fracaso de las conversaciones en Washington sobre la Gran Presa Renacimiento de Etiopía, Egipto amenazó veladamente con usar la fuerza si empezaba a llenarse la presa mientras preparaba maniobras militares disuasorias.

No era la primera vez que Egipto amenazaba a Etiopía. Lo viene haciendo periódicamente desde 2011 cuando empezó a construirse la presa en el Nilo Azul. Lo diferente es que después de más de ocho años la presa está en condiciones de empezar a ser llenada. El primer ministro de Etiopía, Abiy Ahmed, ha anunciado que se abrirá el grifo este verano durante la época de lluvias, dos años antes de que se complete su construcción. Sin acuerdo, los murmullos de una posible guerra empiezan a escucharse en la región.

El proyecto de la presa fue lanzado por Meles Zenawi, el anterior hombre fuerte de Etiopía. Partidario de un sistema federal con derecho a la separación, necesitaba un objetivo que uniera a todos los etíopes independientemente de su etnia, y vio en la presa la manera de hacerlo. Era además la garantía de una industrialización semi autóctona que convertiría a Etiopía en una potencia emergente. Meles tuvo éxito y logró identificar la presa con el renacimiento de Etiopía y su orgullo nacional en el ideario colectivo.

La presa está siendo construida por Salini, una empresa italiana, a unos 40 kilómetros de la frontera con Sudán, donde el Nilo dice adiós a las zonas altas de Etiopía, pero ha sido financiada localmente (4.800 millones de dólares) mediante colectas populares y compra de bonos; inclusive hubo donaciones de salario para su construcción. China financia la parte eléctrica (1.200 millones de dólares). La presa, la más grande de África en su género, está diseñada para producir electricidad, no para irrigación. El muro tiene 170 metros de altura y 1,8 kilómetros de longitud. Está previsto que 16 turbinas produzcan 6.450 megawatios de electricidad. El pantano formado puede alcanzar los 246 km2 y almacenar 74 mil millones de metros cúbicos de agua.

El premier Abiy Ahmed, un oromo enemigo político de Meles, ha acabado asumiendo el proyecto. Al principio de su mandato, hace dos años, hubo dudas de que lo haría. Semegnew Bekele, el hombre a cargo de la construcción, murió violentamente en el centro de Addis –la policía calificó su muerte de suicidio– días después de que Abiy Ahmed difundiera mensajes confusos que sugerían que no se produciría electricidad en diez años. Abiy Ahmed utilizó la presa para ajustar cuentas con los tigriños, que estaban en el poder desde 1991, acusándoles de corrupción. Sacó a METEC (Metales y Corporación Ingenieril), una empresa del Ejército, del proyecto creando más incertidumbre. Al final Abiy Ahmed ha acabado usando la presa en su propio beneficio. Hay elecciones previstas en agosto y su nuevo partido, el Partido de la Prosperidad, se presenta como un partido nacional no étnico. La presa frente a un enemigo externo puede unir a los etíopes en una época en la que la violencia étnica amenaza la unidad del país.

Egipto depende del agua del Nilo casi a un 100% y ve la presa como un peligro existencial, un peligro a su propia existencia como nación. Egipto, desde que fue establecido por los faraones, no se entiende a sí mismo sin el Nilo. El Nilo azul contribuye con un 85% a un flujo de agua que Egipto siempre ha defendido obsesivamente. Los expertos no prevén que haya escasez de agua en un futuro próximo a pesar del cambio climático. En todo caso, si la hay, ocurrirá esporádicamente. Las lluvias en las tierras altas de Etiopía no van a retroceder a largo plazo, aunque no se descarta que haya episodios de sequía. Lo que puede ocurrir es que el aumento de las temperaturas evapore más agua –como ya sucede en el Nilo Blanco a su paso por Sud Sudán– reduciendo su caudal. A ello habría que añadir el consumo de poblaciones cada vez más numerosas (tanto Egipto como Etiopía sobrepasan ya los 100 millones de habitantes), que pondrá más presión en el caudal del Nilo que la presa del Renacimiento.

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El Nilo en Egipto es un corredor verde en medio de un desierto

Etiopía repite que la presa no tiene otro objetivo que producir energía eléctrica y por tanto no es una amenaza para Egipto. Etiopía no va a consumir el agua almacenada. El problema solo existiría durante el período que tarde en llenarse. Un problema resoluble si hubiera una voluntad política. ¿Por qué entonces un problema de carácter técnico con menos calado que el ecológico está causando un conflicto político que amenaza convertirse en una guerra?

El Cuerno de África vive un Gran Juego en muchos aspectos equivalente al que conoció Asia Central en los inicios del siglo XX. Addis Abeba se ha convertido en una de las capitales más visitadas por la diplomacia mundial. Las potencias se están disputando corredores, mercados y recursos generando tensiones e incertidumbres sobre el futuro. Una Etiopía con energía, industria y abundante agua, amiga de China, no está bien vista por Estados Unidos, las ricas petromonarquías árabes de la otra orilla del Mar Rojo y por la industria europea, que se siente desplazada en África por la industria china.

Etiopía misma empieza a ver el problema como un remanente del problema colonial. Egipto intentó conquistar Etiopía para asegurarse las fuentes del Nilo, una de las obsesiones de los poderes coloniales durante las últimas décadas del siglo XIX. Una aventura que fracasó, como fracasaría después la italiana. A ojos etíopes Egipto estaría actuando como si fuera el único país con derecho al agua del Nilo; como si Etiopía fuera una colonia hidrológica de los egipcios.

De hecho Egipto defiende su posición en base a los viejos tratados coloniales de 1902, 1929 y 1959, impuestos por Gran Bretaña. Estos tratados reconocen el derecho histórico, casi natural de Egipto, al agua del Nilo, dándole poder para vetar cualquier construcción a lo largo del Nilo o sus afluentes. Establece también la cantidad de agua que tiene derecho cada Estado, favoreciendo a Egipto frente a Sudán y sin mencionar a Etiopía. Por ejemplo, en el tratado de 1902 se prohíbe a Etiopía cualquier trabajo en el Nilo azul, el lago Tana o el río Sobat, un afluente del Nilo, excepto si llega a un acuerdo con el gobierno colonial de Londres en Sudán.

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El Nilo a su paso por karima en Sudan

Teóricamente Egipto no se niega a que Etiopía llene la presa, sino a que lo haga rápido. Exige también controlar el proceso operativo de la misma, como hace en Uganda en el Nilo Blanco. Hay un acuerdo para que la presa solo se llene durante la época de lluvias y el agua no alcance un nivel superior a los 595 metros sobre el nivel del mar, pero no lo hay sobre el tiempo de llenado y cómo operar la presa. Egipto propone 12 años y que se garantice a Egipto un flujo de 40 mil millones de metros cúbicos anuales de agua de un total de 49 mil millones que fluye por el Nilo azul; exige también poder en la gestión de la presa para poder controlar su funcionamiento. Etiopía propone un llenado mucho más rápido, cuatro años, y una liberación de agua de 31 mil millones de metros cúbicos anuales y soberanía sobre la gestión de la presa. Estados Unidos, en las negociaciones, ha propuesto 37 mil millones de metros cúbicos que deben ser liberados, un período de llenado más acorde con las exigencias egipcias y una gestión compartida. Sudán no ve un impacto significativo de la presa y mantiene posiciones cercanas a Etiopía. Se puede beneficiar de la electricidad producida.

Ante las dificultades para llegar a un acuerdo, en noviembre pasado el Presidente egipcio Abdel Fatah el-Sisi propuso al Presidente Trump como mediador político y al Banco Mundial como técnico. Abiy Ahmed, quien como el-Sisi está en la órbita de Trump, aceptó la propuesta. Etiopía acababa de recibir 6 mil millones de dólares en créditos multilaterales, incluyendo uno de 3 mil millones del Fondo Monetario Internacional.

Abiy Ahmed, quien ha recibido este año el premio Nobel de la Paz sin mucho motivo para ello, era uno de los políticos de moda por su acercamiento a Washington y Bruselas en detrimento de Beijing. Hasta ahora todo se le perdonaba, incluidas desapariciones de políticos disidentes. El Presidente Trump delegó la tarea de mediador en el secretario del Tesoro Steven Mnuchin, pero tres meses después la mediación había fracasado. Mike Pompeyo acababa de visitar Addis Abeba para exigir a Abiy Ahmed que rompiera más los lazos con China, quien es el socio económico principal de Etiopía y está financiando la presa. Al final Etiopía no se presentó en Washington a la ceremonia de la firma de un documento que a su juicio favorecía a Egipto y perjudicaba a Etiopía. El riesgo de una salida militar a la crisis en un Cuerno de África cada vez más convulsionado por el Gran juego político del siglo XXI, aumentaba.

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