El investigador, la Princesa y la farmacéutica. Los oscuros negocios de la cooperación española en Mozambique

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La cooperación y el Investigador

Manhiça (leído Maniza) es una muy pequeña ciudad a hora y media al norte de Maputo, la capital de Mozambique. No tendría nada de relevante sino fuera porque se ha convertido en uno de los epicentros de la cooperación española y uno de los lugares de peregrinación de la familia real en sus giras “solida- rias” por África.

Tanto es así que cuando los fondos de cooperación se pulverizaron (1), Mozambique se salvó de la debacle. Fue elegido uno de los tres países prioritarios de la cooperación (2). El dinero siguió llegando a pesar de que se había cerrado el grifo para la mayoría de los países africanos, muchos de ellos con índices de bienestar humano tan bajos como los de Mozambique y sin la riqueza de sus grandes recursos energéticos y mineros. Mozambique ha recibido en los últimos años el 40% de todos los fondos de ayuda al desarrollo que la AECID, Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo, ha gastado en el África subsahariana.(3)

La razón que este periodista ha encontrado después de varias entrevistas –lamentablemente no pudo ser con los responsables de la cooperación española en Mozambique– está en el Centro de Investigación en Salud de Manhiça (CISM). Su- puestamente el proyecto con mayor proyección internacional de la cooperación española, porque según los informes de su director, Pedro Alonso, el Centro lideraba la lucha mundial contra la malaria al estar a punto de crear la vacuna.

La lucha por la creación de una vacuna contra la malaria estaba más que justificada. Cada año se infectan 200 millones de personas, de las que mueren 600.000, la mayoría niños y mujeres embarazadas. La duda inicial del proyecto surgía so- bre la financiación. ¿Por qué la cooperación debía correr con los gastos de un instituto de investigación científica?

La propuesta inicial de Pedro Alonso dejaba en un lugar se-cundario la ayuda al sector salud mozambiqueño. Las cosas se complicaban porque mientras su proyecto tenía carta blanca con los gastos, los demás los tenían restringidos. Además, los estudios de evaluación de la propia cooperación española se lavaban las manos diciendo que “La especificidad del proyecto de la Fundació Clínic implica una dificultad a priori en la eva- luación de la eficiencia del uso de los recursos”. Pero de todas formas justificaban el proyecto porque “La Fundació Clínic aporta una especial presencia, visibilidad y prestigio a la AECID” (4)

En el CISM trabajan unas 260 personas, la mayoría personal local. Hay investigadores y médicos, pero también administrativos y encargados de logística y una categoría muy especial: brigadas de recogidas de datos. Fue establecido en 1996 con dinero público del Hospital Clínico de Barcelona y la Coope- ración española, bajo la dirección del médico Pedro Alonso. Un investigador que llevaba años trabajando en África –Gambia y Tanzania– vinculado a un proyecto de vacuna contra la mala- ria (la Spf66 del Dr. Patarroyo) y que dirigía uno de los centros de investigación del Clínico, en Barcelona(5).

El centro había nacido como una criatura del sector público, pero no resistió el asalto neoliberal de las farmacéuticas (organizado por el gobierno del PP de Aznar y continuado por el gbierno PSOE de Zapatero) al dinero público de los impuestos y del dinero generado por la solidaridad o de la caridad con los países menos favorecidos. La farmacéutica inglesa GlaxoSmithKline (GSK), que venía investigando una vacuna contra la malaria, la RTS,S, llegó a un acuerdo para seguir su desarrollo en el CISM. Lo que Pedro Alonso ofrecía era el marco de campo experimental que necesitaba la vacuna para ser aprobada. Mozambique estaba entre los 10 países más afectados por el paludismo (malaria), el Centro tenía un equipo de científicos, ficheros (Sistema de Vigilancia Demográfica y de Sistema de Información) y permiso de las autoridades6. La Cooperación seguiría financiado el centro, independientemente de las otras ayudas que consiguiera Pedro Alonso de organismos multilaterales o de donantes privados. Pronto se sumaría la Fundación Gates, entre otras. Aunque la vacuna no era el único proyecto del Centro –había otros– era su referente. El gobierno esperaba que la creación de la vacuna catapultara a lo más alto la “marca España”, o así lo vendían, mientras sus ministros cerraban sus acuerdos con las farmacéuticas. Desde su concepción neoliberal, sería una buena muestra de las bondades de subordinar el sector público (nuestro dinero) a las necesidades de la empresa privada (el dinero de sus accionistas).

El Investigador y la Princesa

En el año 2008 Pedro Alonso recibía el premio Príncipe de Asturias. El galardón le fue otorgado, así se nos vendió a las masas, supuestamente por inventar una vacuna (o estar a punto) contra la malaria. De haber sido verdad hubiera sido un fabuloso logro que podía acabar con una de las enfermedades más letales de África, donde una persona muere cada minuto a causa de ella. Uno de los patrocinadores del galardón fue la Princesa Cristina (o lo que sea ahora tras la reestructuración de la familia borbónica), que supuestamente había visto de prmera mano los logros del Investigador. Había visitado por primera vez Manhiça en 2005. La Caixa, donde trabaja la Princesa (un ingreso anual de 220 mil euros trabajando en la obra social), había financiado con generosidad –junto a la cooperación española y la fundación Bill Gates– el proyecto basado en Manhiça y encabezado por una farmacéutica privda. Desde el premio han transcurrido seis años, la vacuna no existe (todavía tiene que ser aprobada y el proyecto se ha deshinchado), la Princesa Cristina está imputada en los tribunales acusada de fraude fiscal, y el centro sigue cosechando importantes sumas de dinero aparentando que nada ha ocurrido.

Si la política española no estuviera monstruosamente asociada con la corrupción, uno podría suponer, dado que las investigaciones no siempre resultan como se planean, una contrariedad cientifica. Un planteamiento que entra en gran duda cuando se repasa la prensa española de los últimos años buscando noticias del médico madrileño Pedro Alonso y su vacuna. Lo que se encuentra es una serie prácticamente anual de anuncios de la inminencia de un descubrimiento que nunca se produce, sin la menor autocrítica o explicación de lo que ha sucedido (7). Un permanente esperando a Godot. Tocar con la punta de los dedos la otra esquina justificaba la ayuda pública a su proyecto. En realidad la cooperación estaba financiando una investigación que en vez de dar resultados solo entregaba promesas. Eso ocurre durante una década, mientras las inversiones millonarias seguían llegando. Después de tantos años diciendo lo mismo, Pedro Alonso había convertido con notable éxito la búsqueda de una vacuna contra el paludismo en una confortable forma de vida. En Maputo suele alojarse en el Hotel Polana (el precio de la habi- tación standard oscila entre los 370 y 390 dólares la noche), desde donde se desplaza a Manhiça. A la vacuna, conocida como RTS,S, le han apodado “la eterna candidata”. Porque siempre estaba a la vuelt de la esquina pero nunca llegaba.

Todavía en enero del 2014 le dijo a Lola Huete, una periodis- ta de El País que le visitó en Mozambique, que la vacuna pro- bablemente se comercializaría en 2015. Pero aunque Pedro Alonso seguía como si nada pasara, el juego había cambiado radicalmente en el verano anterior. En Maryland, Estados Unidos, la firma Sanaria y el Instituto Nacional de Alergia y Enfermedades Infecciosas de EEUU habían presentado un nuevo prototipo de vacuna contra la malaria, llama- do PfSPZ, que en los experimentos había tenido mucho mejores resultados que la RTS,S promocionada por Pedro Alonso. GSK había estado investigando y desarrollando RTS,S desde hacía años en su centro de Investigación en Ri- xensart, Bélgica. Pero no desperdició la oportunidad de seguir investigando con dinero público español cuando llegó a un acuerdo con el gobierno de Aznar. El Investigador se adaptó muy bien a los nuevos tiempos. Con el aval de una multinacional y una Princesa saltaba a la fama internacional al ser incluido por la revista Time en 2007 entre las 18 personas más influyentes en la lucha por la mejora de la salud en países en desarrollo. Sin perder tiempo visitó Seattle, sede de la Fundación Bill y Melinda Gates, de quien consiguió ese mismo año 88,6 millones de dóla- res extras para su Centro.

La amistad con la Princesa Cristina se remontaba a muchos años atrás, cuando Cristina de Borbón empezó a trabajar en La Caixa y Alonso estableció el centro de Manhiça. La prensa siempre ha hablado de la buena relación entre Alonso y la Casa Real. El rey Felipe le recibió en el primer día de audiencias después del verano. Es impensable pensar que el Premio Príncipe de Asturias lo hubiese ganado sin esa amistad. Es como si hubiesen dado el premio Nobel de literatura a un escritor por estar trabajando muchos años en un libro que nunca ha publicado. No es la primera vez que ha ocurrido con estos premios algo similar. David Jiménez, ex-corresponsal de El Mundo en Asia, denunció cómo se lo dieron a Somaly Mam, una amiga camboyana de la Reina Sofía que había falsificado su biografía. “El apoyo de la familia real ha sido determinante para que Mam recibiera fondos de la cooperación de España”, escribe el periodista. La Princesa consiguió que el mismo año en que Pedro Alonso fuese premiado, Isidre Fainé, ya entonces presidente de La Caixa, viajara a Mozambique y visitara Manhiça, asegurando para las actividades de su amigo en el país africano el apoyo de la entidad financiera. En la actualidad Alonso es miembro del Consejo Internacional el Instituto de Salud Global de Barcelona (una organización en la que participan La Caixa y la Fundación Gates), cuyo patronato “casualmente” preside o encabeza todavía Cristina de Borbón.

La imputación de la Princesa ha abierto dudas sobre la natraleza de un proyecto que solo ha conocido promesas a pesar de haberse invertido en el mismo cientos de millones de euros, públicos y privados. Se sabe que la Princesa usó su posición real para apoyar a su amigo en momentos difíciles. Vocesdeldesierto ha publicado que en el año 2011 la Infanta Cristina anuló con una llamada telefónica la decisión tomada por la Cooperación española de bloquear la partida dirigida al centro de Manhiça. “¿Donde esta el dinero de Pedro?”, dicen que preguntó la Princesa a los del ministerio. Los pagos siguieron. En el año 2013, para que no quedara dudas de la intención monárquica, la Reina Sofía visitó el Centro de Manhiça en una visita de cooperación a Mozambique. Bill Gates había telefoneado personalmente –desde Mark Twain se sabe la admiración de los nuevos ricos de Estados Unidos por la nobleza del viejo continente– pidiendo que el gobierno del Reino de España no cerrara el grifo a Pedro Alonso. Su fundación, de por sí criticada por sus relaciones extrañas con las multinacionales farmcéuticas y sus vacunas, quedaría una vez más en evidencia si el proyecto se deshinchara.

Este tipo de llamadas de “coacción” (no pueden ser un cabideo dada la posición del que marca el número) aparecen con frecuencia en el sumario de más de 200 páginas que elaboró el Juez José Castro y que terminó en la imputación de la Princesa. En él se demuestra cómo Cristina de Borbón pagaba sus gastos personales con una tarjeta de crédito a cargo de Aizoon, la compañía de fincas y propiedades que poseía junto a su mari- do. Una práctica que parece común entre la casta, como sugiere el caso Bankia y las tarjetas B.

Mozambique ha aparecido varias veces durante la investigación penal. El diario La Razón reportó en abril del 2012 que el juez Castro estaba investigando el desembolso en el año 2005, por parte de la Generalitat de Cataluña, de 34.375 euros al Instituto Nóos por recibir asesoramiento en asuntos de cooperación y desarrollo. Entre los temas aparecían las relaciones con la Universidad de Mozambiqe (es de suponer, porque no existe una universidad con ese nombre, qu se refiera a la Universidad Eduardo Mondlane o a la pedagógica). El juez define a Nóos como una organización desde donde se generan fondos expropiados al bien público. En el sumario aparece una factura del 3 de agosto, de un alojamiento en Mozambique a nombre de la infanta, que la infanta pagó con la tarjeta de Aizoon, la compañía de fincas y propiedades asociada a Nóos de la que eran propietarios la Princesa y su marido.

La fiesta de la “vacuna a la vuelta de la esquina” acabó cuando se presentó en Maryland la nueva vacuna PfSPZ, que los experimentos habían mostrado ser más efectiva. Los últimos ensayos de este nuevo prototipo daban un resultado del 100% de protección contra la infección, mientras la de Pedro Alonso mostraba unos resultados muy inferiores, una eficacia del 30%, con una eficacia frente a la infección primaria por Plasmodium P. falciparum (el parásito que causa la enfermedad) del 45%; y del 58% frente a la forma grave de la enfermedad. Los datos sobre su efecto en infantes también levantaron una gran sombra sobre la vacuna (8).

Los resultados del RTS,S habían sido un auténtico fiasco. Tanto era si, en una de las últimas reuniones celebradas en Maputo para evaluar el trabajo del Centro de Manhiça, a una pregunta de un trabajador de la salud mozambiqueña un representante de la fundación de Bill Gates dijera que a su juicio sería mejor para la lucha contra la malaria gastar el dinero en Mozambique en comprar mosquiteros impregnados de repelente (el parásito que produce la malaria es trasmitido por la picadura de un mosquito) que seguir gastando en la vacuna. Eran duras palabras. La farmacéutica GlaxoSmithKline(GSK) ha hecho público que aportó 350 millones de dólares, y la Fundación Gates otros 200 en la investigación de la vacuna RTS,S. A ello habría que añadir lo que han aportado La Caixa y la cooperación española. Un dinero que se cuenta en millones de euros.

Tras unas semanas Pedro Alonso anunció que cambiaba de empleo. Se iba como Director del Programa Mundial de Malaria de la Organización Mundial de la Salud (un buen lugar para salvar la cara a la vacuna y en lo posible a las inversiones de GSK y el prestigio de la Fundación Gates). El nombramiento hubiera podido ser interpretado como un reconocimiento internacional a su trayectoria de investigador, sino tuviéramos en las narices el caso de Rodrigo Rato. El exdirector del Fondo Monetario Internacional que usaba clandestinamente para su uso personal una tarjeta de crédito a cargo de un di- nero que no era suyo, como hacía la Aizoon en Mozambique. Ahora sabemos que los grandes cargos internacionales no son garantía de nada y mucho menos de honestidad. ¿Por qué entonces el gobierno español sigue dedicando parte de sus fondos de ayuda al desarrollo e mantener el centro de Manhiça, cuando por ejemplo Juan Carlos Izpisúa –una de las lumbreras mundiales de la medicina rege- nerativa– dejaba el Centro de Medicina Regenerativa de Barcelona por falta de apoyo financiero?

La farmacéutica y la cooperación

 

Una de las habitaciones más valiosa del Centro de Manhiça no es un laboratorio donde se trabaja con mosquitos, sino una habitación llena de papeles. Se trata de un inmenso archivo donde se guardan desde hace 15 años datos médicos y personales de decenas de miles de personas, Pedro Alonso ha hablado en conferencias de hasta 70.000 personas. Los datos no son de pacientes, o personas que voluntariamente vienen al centro a revisarse o a ofrecerse como cobayas, sino de la población que vive en un radio de alrededor de 500 kilómetros cuadrados del Centro. Esta información privada y confidencial ha sido recogida por brigadas de jóvenes locales pagadas por el Centro, grupos que visitan en sus domicilios a las familias y recogen información individualizada de sus miembros. En las fichas de las personas se anota si ha habido embarazos, accidentes, enfermedades, muertes… Cada ficha es la vida de una persona. Cada casa y cada persona está codificada bajo un número. Una auténtica joya de información médica. El sueño de cualquier laboratorio farmacéutico. Pero hay un problema evidente: ¿Ha accedido la población libremente a ser cobaya? ¿Se han segui- do las reglas éticas que deben acompañar una injerencia pública en algo tan personal como lo es la historia personal de la condición médica?

Pedro Alonso ha dicho públicamente que ha contado con la autorización y colaboración de autoridades mozambiqueñas delasalud y ques e han seguido los pasos establecidos en los protocolos. Que a cambio de ello la población recibe atención médica. Pero no deja de ser un pago que se aprovecha de la pobreza de las propias familias y del Estado mozambiqueño para garantizar el derecho de salud de sus ciudadanos. La aprobación de las autoridades no legitima nada. La opinión pública europea se ha escandalizado al saber cómo las farmacéuticas se aprovechaban de los ciudadanos de Alemania Oriental a pesar de que aque- llas tenían el consentimiento de unas autoridades que “ven- dían” a sus ciudadanos como cobayas porque el país necesita- ba dinero. En Alemania no han encontrado pruebas de que no se siguiesen los protocolos establecidos. Pero tampoco de que los ciudadanos alemanes fueran informados cabalmente de sus riesgos. ¿Está pasando algo similar en Mozambique? ¿Han sido los ciudadanos mozambiqueños cabalmente informados? (Me hubiera gustado hacerle estas preguntas al Centro, pero aunque me desplacé hasta Manhiça no fue posible).

Se da la circunstancia de que el laboratorio Smith Kline aparece en la lista de 50 compañías farmacéuticas encontrada en los archivos del Sistema de Salud de la RDA y de la Stassi que llegaron a un acuerdo con las autoridades de salud para obtener ciudadanos-cobayas; y que Bill Gates se enfrenta a un juicio en la India por probar vacunas de manera ilegal en niñas socialmente marginadas. (9)

Hay otra “circunstancia” más. Según el diario El Economista, María Isabel Barreiro, esposa de José Manuel García-Margallo, es empleada de Glaxo Smith Kline (GSK). El Sr. García Margallo es el ministro de Asuntos Exteriores, responsable directo de la Cooperación española(10.) Pero no solo es con el jefe con quien tiene una directa relación la farmacéutica inglesa, también tiene una muy buena con la ministra de salud Ana Mato. Su ministerio en 2012 compró 325.179 dosis de la vacuna del virus del papiloma humano (previene el cáncer cervical y de garganta) a GSK.

Expertos mozambiqueños de salud consultados por este periodista no han cuestionado que el Centro cumpla los protocolos establecidos. Pero abren interrogantes desde un punto de vista ético. La población de Manhiça es rural, pobre y con grandes índices de analfabetismo. ¿Entienden estas personas lo que significa (efectos secundarios) probar medicamentos? ¿Cómo reaccionar cuando la propuesta viene de los mismos que te dan asistencia médica, teniendo en cuenta que no hay otra opción que ir al centro de salud que tiene un acuerdo con el centro de investigación? ¿No se están aprovechando los laboratorios farmacéuticos que prueban allí sus medicamentos de la falta de conocimientos, precariedad y pobreza de la población rural mozambiqueña?

En octubre del año pasado, en Barcelona, Pedro Alonso al anunciar el nuevo programa para los próximos cinco años para Manhiça (el dinero aportado por la Fundación Gates se ha reducido notoriamente) dejó bien claro que el nuevo programa incluirá la evaluación de fármacos, tanto de los viejos (el DHA- PPQ empleado contra la malaria) y otros nuevos. Estaba claro que Pedro Alonso quería seguir usando a la población de Manhiça como cobayas. Su nuevo programa –ha dejado, sin la menor autocrítica como es usual en sus maneras, la vacuna a un lado– pretende establecer una zona libre de malaria al sur de Mozambique. Como un prestidigitador, Pedro Alonso sigue vendiendo fantasías. Expertos han dicho a este periodista que el objetivo es inalcanzable por razones geográficas y sociales. Las provincias de Inhambane, Gaza y Maputo forman un corredor natural que impide aislar a las personas enfermas de malaria de provincias del centro y norte que viajan diariamente a la capital o a las minas de Sudáfrica. O se declara libre de malaria todo Mozambique, un objetivo inviable en cinco años o es imposible declarar libres de la enfermedad a las provincias del sur. En diciembre del año pasado la Princesa Cristina visitó de nuevo Maputo a fin de participar en una “cumbre” para impulsar la vacuna del virus del papiloma humano en Mozambique. Un país en el que las mujeres tienen una esperanza de vida de 54,4 años y se suelen morir de enfermedades infecciosas o de complicciones de parto por embarazos prematuros; un país en el que la mitad de los niños están mal nutridos. Un país donde los indicadores de salud materna infantil, a excepción de la mortalidad infantil, no han mejorado para nada en los últimos diez años. En estas condiciones la Princesa llegó a promocionar una vacuna contra una enfermedad que ni tan si quiera el Ministerio de Salud sabe las muertes que causa. Cómo no, el Centro de Investigación de Pedro Alonso ya está dispuesto a vincularse al proyecto de su amiga Princesa para vacunar a las niñas mozambiqueñas. GSK ha sido uno de tres laboratorios que han gastado millones de dólares para la promoción de esta vacuna. ¿No tienen ganas de llorar (no me digan de qué) sabiendo que la Prin- cesa, el Investigador, la farmacéutica y la Cooperación española están otra vez de nuevo juntos, colaborando en un “desinteresado” proyecto de cooperación? El único pro- blema es que quizá la salud en las comunidades pobres y rurales mozambiqueñas tenga otras necesidades que las de los accionistas de las farmacéuticas y sus facilitadores de dinero público, sean princesas o investigadores. ¡¡¡Ah, que pequeño detalle ese de las comunidades para almas tan glo- balmente solidarias!!! I

 

Notas

1. Desde 2010 los fondos públicos en la ayuda al desarrollo han disminuido en un 70%. Es un recorte histórico, el mayor de todos los países donan- tes y muy superior al que se ha llevado a cabo en otras áreas sociales, educativas o sanitarias. Aunque la media de AOD a nivel mundial ha des- cendidohastael0,29%delPIB,enEspañahadescendidohastael 0’16%,muylejosdelansiado0,7%.FuenteOXFAMIntermón

2. Los otros dos son Etiopía y Filipinas.

3. Según la Casa Real española, el volumen global de ayuda oficial española en Mozambique superó en el periodo 2006-2010 los 267 millones de euros y, en 2011, tan sólo la financiación procedente de la Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo (AECID) se situó en 22,6 millones. Los ajustes presupuestarios recortaron esta cifra en 2012 un 63,27 por ciento, hasta los 8,3 millones.

4. Ver Evaluación de la Cooperación Española en salud en Mozambique Ministerio de Asuntos Exteriores y de Cooperación, Diciembre 2005.

5. Cuando se publique este articulo el gobierno de Mozambique y de España habrán firmado muy posiblemente un nuevo acuerdo de cooperación. He hecho todos los esfuerzos posibles: llamar por teléfono, presentarme en la oficina de Maputo de cooperación española, enviar un cues- tionario por correo electrónico para saber la cantidad presupuestada y si el nuevo programa de la cooperación seguía apoyando al CISM y de que manera. Pero no ha habido manera de saberlo antes de mandar el artículo. 6. El CISM para involucrar a las autoridades de Mozambique en el “gran éxito” de la vacuna, a iniciativa de los dos gobiernos creó la Fundación Manhiça. El Consejo está presidido por Pascual Mucumbi, ex primer ministro del país entre 1994 y 2004. No sé si por casualidad una nieta de él trabajaba en Barcelona el año pasado en el Instituto de Salud Global que gestionan la Princesa y el Investigador.

7. Por poner unos ejemplos: en el año 2005 en El País se lee “La vacuna ensayada por Pedro Alonso protege contra la malaria a largo plazo”. Dos años después, en diciembre del 2007, en un simposio en Barcelona organizado por la Fundación Ramón Areces, Alonso dijo, refiriéndose al año siguiente, el año del premio real, “con optimismo y cautela, hoy se puede afirmar con cierta seguridad que la primera generación de vacunas con- tra la malaria se pueda aplicar a gran escala”. En febrero del 2012 incluso llegó a decir públicamente, en una conferencia en Cosmocaixa en Barcelona, que la la vacuna de la malaria se comercializará en tres años a cinco o seis euros la dosis.

8. La nueva vacuna abre una perspectiva mejor que la RTS,S. Sin embargo todavía están limitadas las condiciones de su aplicación. Muy difíci- les de crear por las condiciones del sector salud en los países donde la malaria está más extendida. Hoy es un logro más científico que prácti- co. Pero parece más lógico invertir en cómo poder aplicarla que seguir poniendo dinero en el prototipo RTS,S cuyos resultados son menores que modestos.

9. Bill Gates se enfrenta a un juicio en la India por probar vacunas de manera ilegal en niñas marginales, Christina Sarich, Natural Society Web Site, Traducido del inglés para Rebelión por Diana Rodríguez , Rebelión, 31-10-2014

10. http://www.eleconomista.es/interstitial/volver/directm12/salud/noticias/4531542/01/13/La-mujer-de-Margallo-ficho-por-Glaxo-tras-dejar- un-alto-puesto-en-Sanidad.html#.Kku8VTxxSWeELjj

 

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