La guerra de Yemen y la complicidad de la comunidad internacional

Enero ha sido el mes con mayor número de civiles muertos desde que empezó la guerra de Yemen en 2015. Una guerra que después de siete años ha perdido su sentido político si alguna vez lo tuvo más allá de alimentar las cuentas de los fabricantes de armas y servir a la ambición personal de los príncipes herederos Mohammed bin Salman y Mohammed bin Zayed.

La semana pasada aviones de Arabia Saudí bombardearon con bombas guiadas de precisión entregadas por Estados Unidos un centro de detención temporal en Saada al norte de Yemen. Murieron 91 detenidos y 190 resultaron heridos, entre ellos mujeres y niños, la mayoría migrantes del Cuerno de África arrestados en su paso hacia Arabia Saudí. El mismo día aviones saudíes atacaron el centro de comunicaciones de Hodeidah, matando según Save the Children a tres niños que jugaban a fútbol en las inmediaciones, dejando a Yemen sin internet durante 4 días. En las siguientes 24 horas hubo 50 incursiones aéreas contra infraestructuras y barrios civiles en Sanaa y Taiz en las que murieron decenas de personas.

Era la respuesta de la coalición, liderada por Arabia Saudí y Emiratos Árabes Unidos y en la que participan Estados Unidos y Gran Bretaña, al ataque con misiles y drones del gobierno de facto de Sanaa contra instalaciones petroleras cercanas al aeropuerto de Abu Dhabi que había causado la muerte de tres trabajadores.

El día de la masacre de Saada el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas mientras condenaba como “crimen atroz” el ataque a la riqueza petrolera emiratí se limitaba a “condenar” en letra pequeña la masacre de seres humanos en Saada. Ahmed Mahat, responsable de Médicos sin Fronteras, la había calificado de “horrorífico acto de violencia”. Noruega preside el Consejo de Seguridad este mes. Un ataque vergonzoso dirigido contra los más vulnerables entre los vulnerables, migrantes buscando dejar atrás la pobreza, esta vez muriendo no ahogados sino asesinados por los aviones del país rico a donde se dirigían.

La guerra de Yemen se ha convertido en la gran vergüenza del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas. En vez de actuar como un mediador en un conflicto etiquetado por Naciones Unidas como “la mayor catástrofe humanitaria de los últimos años” ha tomado partido por una parte. Los cinco miembros permanentes del Consejo de Seguridad apoyan interesadamente a la parte con quien se puede hacer negocios de armas o tratos petroleros lucrativos, olvidándose de sus obligaciones con el país más pobre de Oriente Medio.

Yemen sufre un bloqueo de gasolina, comida y medicinas impuesto por la coalición que está condenando a los yemenís al hambre y la muerte por enfermedades curables. El Programa de Alimentación Mundial ha advertido que más de cinco millones están a las puertas del hambre y otros 50 mil viven en condiciones de hambre.

Hay que recordar que cuando empezó la guerra Yemen no era una amenaza para nadie. No había atacado a ningún país vecino o de la región. El gobierno de facto de los huzíes en Sanaa era enemigo de al-Qaida e ISIS. La crisis yemení era un asunto interno en un país que llevaba diez años en conmoción política y que estaba en proceso de encontrar por sí mismo una salida negociada a la crisis. La guerra abortó el proceso porque los saudíes consideran a Yemen su patio trasero y no querían perder su influencia. Los emiratos decidieron sacar partido de la situación; tienen intereses en las costas de Yemen, y se sumaron a la coalición.

Cuando Mohamed bin Salman y Mohammed bin Zayed se reunieron en Washington con el Presidente Obama a principios del 2015 para ultimar los detalles de la agresión a Yemen, Obama aseguró la venta billonaria de armas de Estados Unidos durante el conflicto. Los cabilderos armamentistas eran muy poderosos en su administración, como lo son ahora en la de Biden. Pero no ha sido Estados Unidos el único país del Consejo de Seguridad que ha vendido contratos armamentistas millonarios a Ryad y Abu Dhabi, lo mismo han hecho Gran Bretaña, Francia y China. Vieron la guerra como una oportunidad de sacar dinero fácil. Lo mismo están haciendo el gobierno de España y la Casa Real con sus negocios de armas.

El dinero saudí garantiza también su impunidad. Sus militares pueden cometer los más horrendos crímenes de guerra, que nada les ocurre. Hicieron saltar por los aires con un misil estadounidense un autobús lleno de niños en un viaje escolar, bombardearon un masivo funeral en un tanatorio de Sanaa, atacaron mercados en hora punta, bombardearon bodas, hospitales, depuradoras, escuelas, fábricas, etc., etc., hasta un centro detención con los más vulnerables de los vulnerables. Saben que el sistema está tan podrido que todo está permitido si se paga.

En 2016 Ban Ki-moon, entonces secretario general de Naciones Unidas, reconoció públicamente que se vio obligado –los saudíes y emiratos amenazaron con reducir sus contribuciones– a retirar a Arabia Saudí de una lista que la ONU elaboraba anualmente con los países que matan y mutilan niños en el campo de batalla. El informe anual de aquel año, “Los niños y los conflictos armados», había relatado que la coalición liderada por Arabia Saudí había sido responsable de la mayoría de las muertes de niños en Yemen el año anterior. El nombre de Arabia Saudí estuvo en la lista cuatro días.

En octubre del 2021 el Consejo de las Naciones Unidas, que cuida de los derechos humanos, disolvió la única organización independiente que existía para investigar serias violaciones y abusos de la ley internacional en Yemen dando una carta en blanco a los perpetradores. Los crímenes de guerra dejaban de ser investigados garantizando la impunidad de los criminales.

La escalada del conflicto se debe a que Emiratos Árabes Unidos ha vuelto a involucrase directamente en la guerra. Su intervención había quedado restringida desde hacía dos años al Sur, donde apoya en Aden a un movimiento independentista para asegurar sus intereses. Posiblemente los avances de los huzíes en Marib y Shabaw durante estos últimos meses le han obligado a intervenir. Las dos provincias tienen campos de gas y petróleo. Trasladó sus divisiones bien armadas y equipadas del sur de Hodeidah a Shabwa, desde donde empezó una ofensiva por retomar el territorio perdido por la coalición en los últimos meses. Es difícil saber lo que está ocurriendo, pero es posible que hayan recuperado territorio a los huzíes. Fuentes en Sanaa dicen que “el frente de guerra está más activo que nunca¨. Puede que solo quieran ganar tiempo en una guerra que la mayoría de los analistas dicen que está perdida por la coalición, o al menos que no pueden ganar. Lo que es seguro es que las negociaciones para un alto el fuego sigan estancadas abriendo más incertidumbre en un mundo convulsionado sobre el catastrófico futuro humanitario que se vislumbra en el horizonte.

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