Murmullos de guerra en el Nilo la disputa de Etiopía y Egipto por el control del agua

 

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La garganta del Nilo azul en Etiopìa

A principios de marzo, al día siguiente del fracaso de las conversaciones en Washington sobre la Gran Presa Renacimiento de Etiopía, Egipto amenazó veladamente con usar la fuerza si empezaba a llenarse la presa mientras preparaba maniobras militares disuasorias.

No era la primera vez que Egipto amenazaba a Etiopía. Lo viene haciendo periódicamente desde 2011 cuando empezó a construirse la presa en el Nilo Azul. Lo diferente es que después de más de ocho años la presa está en condiciones de empezar a ser llenada. El primer ministro de Etiopía, Abiy Ahmed, ha anunciado que se abrirá el grifo este verano durante la época de lluvias, dos años antes de que se complete su construcción. Sin acuerdo, los murmullos de una posible guerra empiezan a escucharse en la región.

El proyecto de la presa fue lanzado por Meles Zenawi, el anterior hombre fuerte de Etiopía. Partidario de un sistema federal con derecho a la separación, necesitaba un objetivo que uniera a todos los etíopes independientemente de su etnia, y vio en la presa la manera de hacerlo. Era además la garantía de una industrialización semi autóctona que convertiría a Etiopía en una potencia emergente. Meles tuvo éxito y logró identificar la presa con el renacimiento de Etiopía y su orgullo nacional en el ideario colectivo.

La presa está siendo construida por Salini, una empresa italiana, a unos 40 kilómetros de la frontera con Sudán, donde el Nilo dice adiós a las zonas altas de Etiopía, pero ha sido financiada localmente (4.800 millones de dólares) mediante colectas populares y compra de bonos; inclusive hubo donaciones de salario para su construcción. China financia la parte eléctrica (1.200 millones de dólares). La presa, la más grande de África en su género, está diseñada para producir electricidad, no para irrigación. El muro tiene 170 metros de altura y 1,8 kilómetros de longitud. Está previsto que 16 turbinas produzcan 6.450 megawatios de electricidad. El pantano formado puede alcanzar los 246 km2 y almacenar 74 mil millones de metros cúbicos de agua.

El premier Abiy Ahmed, un oromo enemigo político de Meles, ha acabado asumiendo el proyecto. Al principio de su mandato, hace dos años, hubo dudas de que lo haría. Semegnew Bekele, el hombre a cargo de la construcción, murió violentamente en el centro de Addis –la policía calificó su muerte de suicidio– días después de que Abiy Ahmed difundiera mensajes confusos que sugerían que no se produciría electricidad en diez años. Abiy Ahmed utilizó la presa para ajustar cuentas con los tigriños, que estaban en el poder desde 1991, acusándoles de corrupción. Sacó a METEC (Metales y Corporación Ingenieril), una empresa del Ejército, del proyecto creando más incertidumbre. Al final Abiy Ahmed ha acabado usando la presa en su propio beneficio. Hay elecciones previstas en agosto y su nuevo partido, el Partido de la Prosperidad, se presenta como un partido nacional no étnico. La presa frente a un enemigo externo puede unir a los etíopes en una época en la que la violencia étnica amenaza la unidad del país.

Egipto depende del agua del Nilo casi a un 100% y ve la presa como un peligro existencial, un peligro a su propia existencia como nación. Egipto, desde que fue establecido por los faraones, no se entiende a sí mismo sin el Nilo. El Nilo azul contribuye con un 85% a un flujo de agua que Egipto siempre ha defendido obsesivamente. Los expertos no prevén que haya escasez de agua en un futuro próximo a pesar del cambio climático. En todo caso, si la hay, ocurrirá esporádicamente. Las lluvias en las tierras altas de Etiopía no van a retroceder a largo plazo, aunque no se descarta que haya episodios de sequía. Lo que puede ocurrir es que el aumento de las temperaturas evapore más agua –como ya sucede en el Nilo Blanco a su paso por Sud Sudán– reduciendo su caudal. A ello habría que añadir el consumo de poblaciones cada vez más numerosas (tanto Egipto como Etiopía sobrepasan ya los 100 millones de habitantes), que pondrá más presión en el caudal del Nilo que la presa del Renacimiento.

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El Nilo en Egipto es un corredor verde en medio de un desierto

Etiopía repite que la presa no tiene otro objetivo que producir energía eléctrica y por tanto no es una amenaza para Egipto. Etiopía no va a consumir el agua almacenada. El problema solo existiría durante el período que tarde en llenarse. Un problema resoluble si hubiera una voluntad política. ¿Por qué entonces un problema de carácter técnico con menos calado que el ecológico está causando un conflicto político que amenaza convertirse en una guerra?

El Cuerno de África vive un Gran Juego en muchos aspectos equivalente al que conoció Asia Central en los inicios del siglo XX. Addis Abeba se ha convertido en una de las capitales más visitadas por la diplomacia mundial. Las potencias se están disputando corredores, mercados y recursos generando tensiones e incertidumbres sobre el futuro. Una Etiopía con energía, industria y abundante agua, amiga de China, no está bien vista por Estados Unidos, las ricas petromonarquías árabes de la otra orilla del Mar Rojo y por la industria europea, que se siente desplazada en África por la industria china.

Etiopía misma empieza a ver el problema como un remanente del problema colonial. Egipto intentó conquistar Etiopía para asegurarse las fuentes del Nilo, una de las obsesiones de los poderes coloniales durante las últimas décadas del siglo XIX. Una aventura que fracasó, como fracasaría después la italiana. A ojos etíopes Egipto estaría actuando como si fuera el único país con derecho al agua del Nilo; como si Etiopía fuera una colonia hidrológica de los egipcios.

De hecho Egipto defiende su posición en base a los viejos tratados coloniales de 1902, 1929 y 1959, impuestos por Gran Bretaña. Estos tratados reconocen el derecho histórico, casi natural de Egipto, al agua del Nilo, dándole poder para vetar cualquier construcción a lo largo del Nilo o sus afluentes. Establece también la cantidad de agua que tiene derecho cada Estado, favoreciendo a Egipto frente a Sudán y sin mencionar a Etiopía. Por ejemplo, en el tratado de 1902 se prohíbe a Etiopía cualquier trabajo en el Nilo azul, el lago Tana o el río Sobat, un afluente del Nilo, excepto si llega a un acuerdo con el gobierno colonial de Londres en Sudán.

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El Nilo a su paso por karima en Sudan

Teóricamente Egipto no se niega a que Etiopía llene la presa, sino a que lo haga rápido. Exige también controlar el proceso operativo de la misma, como hace en Uganda en el Nilo Blanco. Hay un acuerdo para que la presa solo se llene durante la época de lluvias y el agua no alcance un nivel superior a los 595 metros sobre el nivel del mar, pero no lo hay sobre el tiempo de llenado y cómo operar la presa. Egipto propone 12 años y que se garantice a Egipto un flujo de 40 mil millones de metros cúbicos anuales de agua de un total de 49 mil millones que fluye por el Nilo azul; exige también poder en la gestión de la presa para poder controlar su funcionamiento. Etiopía propone un llenado mucho más rápido, cuatro años, y una liberación de agua de 31 mil millones de metros cúbicos anuales y soberanía sobre la gestión de la presa. Estados Unidos, en las negociaciones, ha propuesto 37 mil millones de metros cúbicos que deben ser liberados, un período de llenado más acorde con las exigencias egipcias y una gestión compartida. Sudán no ve un impacto significativo de la presa y mantiene posiciones cercanas a Etiopía. Se puede beneficiar de la electricidad producida.

Ante las dificultades para llegar a un acuerdo, en noviembre pasado el Presidente egipcio Abdel Fatah el-Sisi propuso al Presidente Trump como mediador político y al Banco Mundial como técnico. Abiy Ahmed, quien como el-Sisi está en la órbita de Trump, aceptó la propuesta. Etiopía acababa de recibir 6 mil millones de dólares en créditos multilaterales, incluyendo uno de 3 mil millones del Fondo Monetario Internacional.

Abiy Ahmed, quien ha recibido este año el premio Nobel de la Paz sin mucho motivo para ello, era uno de los políticos de moda por su acercamiento a Washington y Bruselas en detrimento de Beijing. Hasta ahora todo se le perdonaba, incluidas desapariciones de políticos disidentes. El Presidente Trump delegó la tarea de mediador en el secretario del Tesoro Steven Mnuchin, pero tres meses después la mediación había fracasado. Mike Pompeyo acababa de visitar Addis Abeba para exigir a Abiy Ahmed que rompiera más los lazos con China, quien es el socio económico principal de Etiopía y está financiando la presa. Al final Etiopía no se presentó en Washington a la ceremonia de la firma de un documento que a su juicio favorecía a Egipto y perjudicaba a Etiopía. El riesgo de una salida militar a la crisis en un Cuerno de África cada vez más convulsionado por el Gran juego político del siglo XXI, aumentaba.

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