Viaje en el Cuerno de Africa: el nuevo tren Addis Ababa -Djibouti (Parte II)

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Nueva estación de Dire Dawa

En Dire Dawa la mayoría de los viajeros se apearon pero llegaron otros a reemplazarlos. Era como si el vagón hubiese cambiado de alma. Mi compañero del otro lado del pasillo que no había hecho otra cosa que dormir en todo el viaje tambien se bajó. Estaba acompañando a un hombre viejo, era la primera vez que lo veía, debía haber estado en otro vagón.  Dos mujeres jóvenes ocuparon su lugar. Casi no encontraron sitio para acomodar todas sus bolsas apesar de que la fila de asientos que ocuparon estaba completamente vacía.

Cuando salimos de la estación rumbo hacia Djibouti había anochecido. Estaba frustrado porque quería ver el territorio en donde las tierras altas del Cuerno de Africa se desvanecen en un lugar que dicen es uno de los más duros del planeta.  Dire Dawa está todavía a 1200 metros de altura. Familias de Djibouti vienen a pasar el verano refugiándose del calor.  Pero apesar de las condiciones tan difíciles grupos pastoriles lograron adaptarse durante milenios al ecosistema de estas  tierras bajas.

En las afueras de Dire Dawa hay una cueva, Porc-Espin, donde paleontólogos han encontrado evidencia de que ha sido habitada por grupos de cazadores recolectores hace 70 mil años. En Laga -Hoda a 35 kilómetros de Dire Dawa  hay un portal en un barranco con pinturas pastoriles de probablemente hace siete mil años.  No hay duda de que este territorio ha estado poblado durante decenas de miles de años por nuestra especie. Los últimos siete mil por grupos nomadas pastoriles. Sería una tragedia inmensa que dejara de ser  habitable en apenas unas décadas por el cambio climático.

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Vaca pintada en Laga-Hoda. No tiene joroba a diferencia de las vacas actuales en el cuerno de Africa que si tienen. Tiene que ser de una emigración de grupos pastoriles originarios del Sahara probablemente entre hace cinco y siete mil años.

Una de las azafatas me había sugerido viajar al día siguiente si quería hacer el trayecto de día. Tenía dos posibilidades me había dicho.  Había un tren que salía  a las ocho de la misma estación, tomarlo fue su consejo; la otra viajar el viernes o lunes en el viejo tren francés. En este caso sólo llegaría hasta la frontera

Me quedo desconcertado. No tenía ni idea de que el viejo tren francés funcionara todavía dos días a la semana. No sabía que hacer. Tenía un boleto de avión para regresar desde Djibouti hasta Addis. Al final decidi seguir el viaje y regresar días después en tren hasta Dire Dawa. Podía cambiar mi billete de avión y volar desde Dire Dawa a  Addis. El tren desde Djibouti salía a las ocho de la mañana.

Había sido para mi una sorpresa que ferrocarrileros etíopes hubiesen sido capaces de hacer funcionar la línea vieja hasta ahora.  Es una línea de hace más de cien años. Sabía que eran un grupo activo.  Fueron ellos quienes en 1947  formaron el primers sindicato en Etiopía, pero no  me había imaginado que fueran capaces de mantener la línea. Al regreso llevado por la curiosidad visite la vieja estación y los talleres. Había amontonadas viejas partes y accesorios de maquinas y vagones que debían reusar. Maquinistas  cuidaban sus viejas maquinas Alsthom. La estación en buen estado asemejaba una vieja estación rural francesa.

 

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En rojo el nuevo trazado hecho por ingenieros chinos. En azul el viejo trazado hecho por ingenieros franceses

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Vieja estación de Dire Dawa construida en los albores del siglo XX

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Antes de arranacar el tren, nos habían puesto a todos los viajeros en un mismo vagón. Habían cerrado los otros. Me imagino para facilitar el control de los pasajeros en la frontera. Sin poder ver nada del mundo exterior me concentré en mis vecinas. Eran de Djibouti pero vivían en Dire Dawa. Vestían abaya y tenían cubierta su cabeza. Una de ellas de nombre Awa me dijo que iban a visitar a la familia y que regresarían días después por carretera. Al rato vino una amiga y empezaron a mover las bolsas y después su contenido cambiándolo entre ellas. Luego discutieron donde colocarlas y la amiga regresó a su lugar.

Nos estabamos acercando a la frontera en Dewele. Llegamos a las 10:30 de la noche. Habían sido algo menos que cuatro horas lo que nos había costado recorrer los 200 Kilómetros que aproximadamente separan a Dire Dawa de la frontera. Era de noche y el maquinista conociendo como los camellos pasan la vía había decidido viajar despacio. Los guardias fronterizos etiopes se limtaron a mirar los pasaportes y hacer algunas peguntas sobre a quien pertenecían los equipajes. No estuvimos muchos tiempo. Pero no fue lo mismo en la frontera de Djibouti. Primero fueron los polícias de migración quienes nos pidieron los pasaportes y las visas. Después los de aduanas identificando la pertenencia de los equipajes y revisándolos. Uno de los funcionarios tuvo una breve conversación con mis compañeras de viaje cuando se percato del número de bolsas que transportaban. Las jóvenes mujeres fueron elocuentemente persuasivas porque apenas perdio tiempo en mirar las bolsas. Por último subieron dos trabajadores de la salud cubiertos de arriba abajo vestidos con trajes especiales a medirnos la fiebre. Eran los días que la pandemia del coronabirus estaba comenzando a llegar a Africa. Entre una y otra cosa estuvimos 45 minutos.

Le pregunté a Awa que clase de negocio hacían. Traían frutas y mucho Qat, Harar uno de los mayores centro de producción esta cerca de Dire Dawa, pero decían que el negocio estaba en los chales de algodón etíopes que eran muy apreciados. Harar se hizo famosa en Europa porque Rimbaud uno de los poetas malditos franceses vivió allí cuando dejo la poesía por el negocio de armas.  De regreso a Dire Dawa traían perfumes, aceites y pequeños electrodómesticos. Me dijeron que ahora hay más vigilancia porque hace unos días habían descubierto un cache de pistolas turcas cuando iba a ser introducidas de contrabando en Etiopía. Decía que el negocio que hacían era rentable porque tenían familia en las dos ciudades y no necesitaban gastar en alojamiento.

Djibouti es un país pequeño establecido por los franceses para asegurar el control del puerto. A finales del siglo XIX juntaron dos territorios fronterizos, uno  habitado por clanes somalíes y otro por clanes afares, ambos pastoriles,  para constituir una sola entidad y establecer una colonia francesa al otro lado de Aden, la colonia inglesa a la salida del Mar Rojo. Eran los tiempos que Francia e Inglaterra se disputaban entre ellos colonias en Africa. Me imagino que los franceses pensaron que sería más facil gobernar si ponían juntas a poblaciones en conflicto histórico entre ellas por los pozos y los pastos. Aunque según cuenta Thesiger en sus memorias los oficiales franceses de las guarniciones del interior tenían tanto miedo que procuraban no salir de sus cuarteles y si lo hacían solo era de día. Ahora en Djibouti junto a los franceses tienen bases militares todos los países que se aprecien de ser algo en el orden mundial. Los últimos en llegar han sido los chinos quienes tienen sus marinos y sus soldados pared con pared con los estadounidenses.

Desde Ali Sabieh la primera estación en Djibouti no tardamos más de 45 minutos en llegar a la estación de Nagad. Eran las 12 de la noche cuando llegamos a la ciudad de Djibouti. Nos había costado 16 horas recorrer los 759 kilómetros que la separan de Addis Abeba.

Los días siguientes tome la oportunidad que me había abierto el cambio de planes para visitar lo que pude del país. Djibouti resultó tener unos paisajes difíciles de encontrar en otros lugares quiza porque en su territorio penetra desde el mar hacia el sur el rift Valley.

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Tienda de Qat en la ciudad de Djibouti

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Tienda de moda femenina en la ciudad de Djibouti

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mercado en la ciudad de Djibouti

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Estos comerciantes de sal vienen del lago Assal a 155 metros debajo del nivel del mar

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En el lago Abbé donde termina el rio Awash en la frontera entre Etiopia y Djibouti

 

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