Viaje en el Cuerno de Africa: el nuevo tren Addis Ababa -Djibouti (Parte III y última)

 

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La estacíon de Nagad no tiene la sofisticación de la de Addis Abeba pero recuerda también a las viejas estaciones chinas construidas en estilo neoclásico como le gustaba a Mao Zedong. Es un edificio con una fachada diseñada con simples formas geométricas ordenadas simétricamente y con un gran espacio abierto en su interior para acomodar a grandes grupos. Esta era una gran diferencia. Mientras en China es una pesadilla subirse a un tren por el número de viajeros en Djibouti todos cabíamos en un sólo vagón. Los ingenieros chinos debían pensar en el futuro.

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Esta vez no era música moderna lo que empezó a sonar nada más arrancar el tren. Eran recitaciones coránicas lo que se escuchaba. Lecturas cantadas de suras del Coran. Los rezos venían del mobil de un señor vestido con una túnica blanca. Las mujeres que le acompañaban cubrían su pelo con chales coloridos. Los viajeros no eran tan jóvenes y estilistas como los que se habían subido en Addis Ababa.

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Durante un rato corto viajamos paralelos al mar. Lo hicimos por una llanura de arbustos y hierbas que habían aprendido a vivir con la humedad del mar sobre la tierra seca.  Hasta que giramos hacia el oeste hacia las montañas no vimos a un alma. Quizá fuera por ser viernes el día que los mulsumanes rezan juntos en las mezquitas. El panorama empezó a cambiar algo cuando salimos de la estación de Ali Sabieh y empezamos nuestro ascenso hacia las zonas altas del Cuerno de Africa. No habrían pasado diez minutos cuando en la ladera de una pequeña colina vimos las primeras viviendas de nomadas pastoriles. Suelen ser de familias que se mueven de un lado a otro en busca de pozos de agua y pastos para sus rebaños. Tenían la forma semicircular de los uglus de los esquimales pero hechas con una estructura de palos cubierta con pieles y plásticos. Eran tres o cuatro viviendas juntas pero no vi a personas.

Estas familias de pastores nomadas son cada vez más vulnerables. Habitan una zona arida ó semiarida en donde cada vez es más difícil la vida humana por sus duras condiciones ecológica. Sus ancestros encontraron la manera de vivir en ellas organizados en clanes cuidando rebaños, moviendose de un lado a otro, a veces tan lejos como 200 kilómetros. Cuando la solidaridad del clan no era suficiente  vendían ganado en el mercado para dotarse de granos. Ahora esta forma de vida esta agonizando con la merma de los rebaños por sequías continuas y prolongadas. La situación es tan mala que en las actuales condiciones ecológicas la mayoría de los pastoriles necesitan ayuda alimenticia. Puede que las personas sobrevivan pero no ocurrirá lo mismo  con sus animales. La sequía prolongada es la muerte del mañana.  Una forma de vida estaba agonizando.

 

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Poco después llegamos a Dewele. El paso fronterizo. Esta vez nos hicieron bajar del tren. Dos trabajadores del sector salud vestidos con batas blancas nos tomaron la temperatura y empezaron a hacer preguntas. En pocos días la pandemia del coronavirus había empeorado. El Presidente Trump había cancelado los viajes a Estados Unidos desde Europa y la epidemia había explotado en Irán e Italia. Me extrañó que me hicieran más preguntas que las que habían hecho a mis compañeros sobre mis últimos movimientos. Etiopia Airlines todavía seguía volando a China y Europa. Luego me enteré que varios militares españoles incluido un alto almirante destinados en Djibouti con la OTAN habían sido repatriados a España enfermos de coronavirus. Como un anuncio de lo que ocurriría más tarde en España los marineros españoles habían traído la pandemia a Djibouti o al menos eran los primeros casos detectados.

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Estación en el paso fronterizo de Dewele

Seguíamos subiendo buscando las lomas fáciles y los pequeños valles. El paisaje no tenía el dramatismo que había visto los días que estuve en Djibouti donde el Valle del Rift empieza a romper el continente en el golfo de Tadjura , pero rocas negras de todos los tamaños estaban esparcidas allí donde miraras. La lava de los volcanes debió ser intensa hace 30 millones de años cuando la fractura geólogica del Rift se estaba formanado empezando a separar a Africa.

Cuando salimos de las primeras montañas y llegamos a una planicie las piedras negras habían sido sustituidas por el color marron de la tierra . Matorrales, arbustos y pequeñas acacias se habían abierto camino a pesar de la arena y la sequedad. Vimos nuevas cabañas de nomadas pastoriles. Una mujer con un bebe a sus espaldas se movía entre ellas. Un rebaño de cabras se alejó disparado de la vía seguido por sus pastores corriendo detrás. Se había asustado por el pitido del tren.

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La arena flotaba en el aire. Volví a agradecer que las ventanas no se abrieran y hubiera aire acondionado. El área tiene fama de ser uno de los lugares más torridos del planeta. No había visto ni un sólo cultivo. Sólo camellos y rebaños de cabras. Los ingenieros chinos habían construido puentes sobre los wadis ahora secos pero en donde rebaños bebían agua bajo la arena.

Vimos a un grupo de jóvenes caminando hacia Djibouti siguiendo la línea del tren. No podían ser otra cosa que migrantes. Cargaban botellas de agua y bolsas de plastico en sus manos. Cada año decenas de miles de jóvenes  etíopes intentan llegar al puerto de Obock en el golfo de Tadjura para llegar a Yemen. Parece un sin sentido que quieran llegar a un país en guerra pero no  tienen salida. En Etiopía no hay empleos. Yemen es para ellos la puerta a un futuro que ven en los países del golfo. La realidad parece ser otra. Los informes que llegan hablan de traficantes sin escrupulos que se aprovechan miserablemente de la situación.  Esos días autoridades saudíes asustadas por el coronavirus estaban deportando  a miles de etíopes a la frontera del Yemen. No se si por ignoranacia o porque creían que con ellos iba a ser diferente vimos pasar a más de uno de estos grupos de jóvenes en dirección a Djibouti.

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grupos de jóvenes camino al puerto de Obock

El primer frenado brusco lo tuvimos cuando llevamos casi cuatro horas de viaje y nuestro destino estaba cerca. Un camello no quería dejar la vía. El maquinista espero paciente hasta que pudimos avanzar.

Nuevas montañas aparecieron en el horizonte. Estabamos llegando a Dire Dawa: la puerta de acceso hacia las zonas altas del Cuerno de Africa. Empleados del tren se habían puesto a limpiar el vagón. Lo mismo hacían en China incluso si viajabas en litera. Entraban al departamento y te quitaban las mantas para ganar tiempo. Esta vez solo tuve que levantar los pies cuando pasaban la escoba. Llegamos a tiempo. Habían sido algo más de 4 horas y media lo que nos había costado recorrer los 320 kilómetros que hay desde Nagad hasta Dire Dawa. Habíamos salido a nivel del mar y ahora estabamos a más de 2000 metros. Había sido un viaje  por uno de los sitios más torridos del planeta en donde pequeños grupos de nomadas pastoriles han hecho su habitat. Uno no termina de asombrarse de la capacidad de adaptación al medio ambiente de los humanos modernos.

 

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interior estación de Dire Dawa

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