¿Por qué hay una guerra en Tigray?

Lo que se suponía iba a ser una “operación quirurgica para hacer cumplir la ley” parece que se esta convertiendo en una insurgencia popular de resistencia a una ocupación militar. Es difícil estar seguro de ello porque no hay acceso independiente a periodistas en Tigray, pero después de casi tres meses de iniciarse la guerra continuan llegando refugiados a los campos fronterizos de Sudán. Estos refugiados han dicho a periodistas que “huyen de la guerra” y de la “violencia étnica”. La falta de seguridad esta retrasando la llegada de ayuda humanitaria. Los que llegan encuentran una región devastada. Plantas de agua, escuelas y carreteras destruidas. Hospitales saqueados sin medicinas. Lo que si es seguro es que Tigray no volverá pronto a la normalidad. El costo humano y humanitario es enorme. Hablan de miles de muertos. La cuestión de cualquier manera es como la crisis afectará al futuro de Tigray, Etiopía y el Cuerno de Africa. Las posibilidades de una guerra entre Etiopía y Sudán por la fertil tierra de al-fashaga esta creciendo.

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La guerra de Tigray empezó como una guerra entre élites que se disputaban proyectos y cuotas de riqueza y poder. Fue concebida como una solución militar a un impass político. Se trataba de una especie de punch contra la dirigencia del Frente de Liberacion Popular de Tigary (TPLF) que mantenía un pulso con el primer ministro Abiy Ahmed. Tigray había celebrado en septiembre elecciones para elegir a su gobierno sin la autorización del gobierno federal (aducía la pandemia del coronavirus 19), en las mismas el TPLF había obtenido una aplatante victoria, y Abiy Ahmed , el primer ministro, lo sintió como una afrenta personal a su poder.

La guerra había sido diseñada por los militares para unos días. El objetivo era desarmar al TPLF y arrestar a sus líderes particularmente a su presidente Debretsion Gebremichael y a Getachew Assefa el anterior jefe etíope de espías huido de la justicia desde que Abiy llegó al poder. Se trataba de poner al partido, al gobierno de la provincia y su territorio bajo control del gobierno federal en Addis Abeba. Abiy Ahmed hasta nombró a Mulu Nega como el nuevo gobernador de Tigray. La huída de los líderes y el fracaso en desarmar a las milicias tigriñas – lograron disparar varios misiles contra Asmara la capítal de Eritrea- hacen dudar de que los objetivos hayan sido cumplidos a pesar de que el ejercito federal ha ocupado la capital Mekelle. Ha habido detenciones y ejecuciones de dirigentes del TPLF entre ellos la de Seyoum Mesfin el Ministro de Exteriores con Meles, asesinado posiblemente por soldados eritreos, pero los dirigentes de la resistencia siguen libres. La misma ocupación militar de Mekelle fue criticada por organizaciones de derechos humanas después de que el ejercito federal advirtiera a su población que no habría clemencia sí resistía. Human Rights Watch ha dicho que la amenaza constituye un crímen de guerra bajo la ley internacional; desde el año 2005 los estados tienen la responsabilidad de proteger a civiles en conflictos.

Ciudad de Mekelle

Tigray es una de las 9 provincias federales (10 si se incluye la ciudad de Harar y sus alrededores) en que se divide territorialmente la República Federal de Etiopía. Adis Abeba y Dire Dawa dos ciudades tienen un estatus especial. La importancia de Tigray no viene del tamaño de su población o de su economía. El 80% de su población de siete millones (la población de Etiopía es de 110 millones) son campesinos pobres que trabajan su propia tierra diseminados cultivando teff, trigo y cebada, mantienéndose con el dinero que sus hijas-os les envían desde los paises del Golfo o Europa donde han emigrado. Hay unas pocas fábricas del textil en Mekelle en nuevos poligonos industriales y comercio en Mekellle y las pequeñas ciudades fronterizas con Sudán y Eritrea. Su relevancia viene por razones históricas -Tigray fue la cuna de Etiopía hace 2000 años- pero sobre todo políticas y estratégicas. Tigray es fronteriza con Eritrea con quien Etiopía mantiene una relación difícil -logró independizarse de Etiopía en 1991 mediante una guerra- y volvio a tener otra, esta vez ya como estado independiente durante 1998-2000.

El TPLF fue el corazón del gobierno en Addis Abeba durante casí 30 años (1991-2018) . Su líder Meles Zenawi fue también el hombre fuerte de Etiopía desde 1991 hasta su muerte en el año 2012 cuando fue sustituido por Hailemariam Desalegn. La legitimación del TPLF para gobernar descansaba en su liderazgo durante la lucha armada que derrocó al regimen centralista y autoritario del Derg; el régimen instaurado tras la revolución de 1975 que había destronado al mítico emperador Haile Sellasie acabando con el Imperio.

El TPLF había sido fundado tras la revolución por estudiantes tigriños maoistas que dejaron la universidad de Addis Abeba para formar en Tigray un movimiento revolucionario popular. Querían sacar a los campesinos de su atraso, ignorancia y pobreza secular. El Derg que acabó adoptando el marxismo soviético cómo su ideología había acusado a los estudiantes marxistas de ser sus enemigos declarándoles una guerra, literalmente, a muerte. Estos jóvenes que se refugiaron entre los campesinos a mediados de la década de 1970 abogaron primero por la independencia de Tigray cómo habían hecho sus camaradas eritreos, la cuestión nacional había sido uno de los grandes debates del movimiento de los estudiantes revolucionarios, pero en medio de la lucha abandonaron la independencia decantándose por un federalismo que mantuviera unida a Etiopía.

mercado campesino en Wucro

El TPLF consiguió articularse con otros movimientos definidos en base étnica, incluídos oromos y amharas, las etnias mayoritarias, para formar un partido etíope el Frente Democratico Revolucionario del Pueblo de Etiopía (EPRDF) que bajo su liderazgo derribó el regimen centralista y autoritario del Derg para construir otro federal sin adoptar el liberalismo político. El federalismo (derecho a la autodeterminación y la separación) fue visto como un compromiso para mantener unida a Etiopía cuando diversos frentes estaban armados y el estado colapsando. El EPRDF gobernó en una Etiopía federal con relativo éxito desde 1991 hasta que hace dos años una rebelión de jóvenes oromos que duraba tres años y amenzaba convertirse en una insurgencia obligó al régimen a hacer cambios. Acusaban al gobierno de corrupción -los tigriños se habrían aprovechado de la bonanza económica- y de favorecer sólo a los inversores. Abiy usaría después la rabia de los jóvenes oromos contra el “poder tigriño” para depurar de miembros del TPLF la administración del estado y la gerencia de las poderosas empresas estatales algunas como METEC en manos del ejército. Las movilizaciones forzaron a las élites a llegar a un acuerdo sobre una transición política – no ha habido ni referendums ni elecciones en que la población haya podido dar su opinión- pero por el resultado obtenido dos años después muestra que bien no había un acuerdo entre las elites hacia donde ir o bien la transición no ha sido bien tripulada.

La transición política de un regimen autoritario a uno democratico a la vez que se liberaba la economía fue presentada como la gran tarea del nuevo primer ministro Abiy Ahmed un militar que trabajaba en la seguridad del estado, parlamentario oromo que llegó al poder en la primavera del 2018 desde dentro del regímen. Había tenido apoyo del TPLF quien votó por él en el parlamento después de una timida resistencia dentro del partido. Tradicionalmente se requería ser Presidente del EPRDF para poder ser primer ministro. Abiy incluso visitó Mekelle de la mano de Debretsion Gebremichael, el líder tigriño, pero pronto las relaciones se enfriaron cuando fue obvio que estaba limpiando las instituciones de militantes del TPLF dejándolos sin poder y sin grifo económico.

Durante los primeros meses Abiy fue considerado una especie de “profeta político” -el mismo es un predicador pentecostes- que iba a ‘salvar’ a Etiopía del atolladero en que se encontraba. Llegó a publicar un libro Medemer (Caminando juntos) en el que justificaba la disolución del EPRDF para formar desde el gobierno un partido unitario el Partido de la Prosperidad, donde él sería su Presidente. Una propuesta que, tanto líderes oromos como tigriños se negaron a aceptar. Jawar Mohammed, Bekele Gerba y Lemma Mergesa lideres oromos antiguos aliados fueron detenidos en julio último tras los incidentes que generó el asesinato del cantante oromo Haacaaluu Hundeesa. Crisis étnicas similares anteriores -Etiopia es el país con más desplazados del mundo- fueron utilizados de igual manera. El poder de Abiy empezo a descansar cada vez más en generales y políticos amharas resentidos con los tigriños (hay una disputa por territoro desde hace décadas) quienes quieren una Etiopía más cercana al modelo centralista del Derg que al régimen federal actual. De hecho Abiy remodeló su gabinete nada más empezar la guerra aumentando la presencia amhara en el mismo en detrimento de oromos. Los Amhara es la etnia en que se apoyaron los emperadores para expandir el Imperio conquistando nuevos territorios.

Los tigriños empezaron a ver da Abiy como una amenaza cuando vieron que estaba acercándose demasíado a Issayas Afeworki el lider autoritario eritreo que odiaban desde la guerra de 1998-2000, sino desde antes cuando luchaban en diferentes organizaciones armadas contra el Derg. En realidad el odio es mutuo. Tienen proyectos políticos diferentes aun hablando la misma lengua, el tigriño, y siendo ámbos de la misma zona, el área frontertiza del norte del altiplano. En 1940 hubo un movimiento para establecer una nación que incluyera Tigray y la zona tigriña de Eritrea (en Eritrea el 60% de la población hablan tigriña) pero no prospero, cada zona se desarrolló políticamente de forma diferente. Eritrea no es un estado que tiene sus raices en la etnia, religión o en un nicho ecológico particular, es un estado multiétnico cuyo territorio tiene como Etiopia zonas bajas y altas y algutina a diferentes etnias. Sus raices estan en la herencia colonial italiana. Los eritreos se siente diferentes sociologicamente a los tigriños y a los etíopes después de décadas de haber sido una colonia (1890-1940). De cualquier forma a pesar del odio entre Issayas Afeworki y los líderes del TPLF se estima que hay medio millón de eritreos en Etiopía huyendo de la miseria. Muchos tienen familia en Etiopía. En Tigray hay cuatro campos de refugiados con 100 mil eritreos muchos de ellos huídos de un servicio militar que puede durar más de 20 años. Ha habido denuncias de que miles habrían sido repatriados a la fuerza de forma ilegal por soldados eritreos que estan ayudando a Abiy en la guerra contra elTPLF. En caso de confirmarse se trataría de un crimen humanitario.

A la izquierda Issayas Afeworki el Presidente de Eitrea a la derecha Abiy Ahmed el primer ministro etíope en un cartel en Addis abeba

La amistad entre Abiy Ahmed y Issayas Afeworki se selló con el reconocimiento de Etiopía de los acuerdos de Paz de Algeria que acabaron con la guerra de 1998-2000 entre Etiopía y Eritrea; unos acuerdos que los gobiernos anteriores a Abiy se negaron a implementar. El acuerdo daba fin a 18 años de guerra fria entre etiopía y Eritrea y valió para Abiy el tan cuestionado premio Nobel de la Paz. La alianza beneficiaba a Abiy Ahmed y a Issayas Afeworki en detrimento del TPLF. Para Eritrea era un problema de seguridad: el ascenso al poder de Abiy eliminaba a sus enemigos políticos en su frontera sur; y a su vez, Abiy conseguía ayuda para derrotar a sus enemigos políticos internos en su lucha por el poder como ha sucedido. Hay evidencia de que soldados eritreos, posiblemente 20 brigadas, han entrado a territorio etíope desde Zalambessa, Rama y Badme participando en la guerra a favor de Abiy; testigos dicen que Humera fue bombardeada desde Eritrea facilitando el control del oeste de Tigray por milicias amharas y el ejercito federal; y que tropas etiopes transportadas en aviones a Eritrea entraron a Tigray. El mismo Abiy ha agradecido publicamente la ayuda dada a los soldados etiopes en Eritrea. En Asmara la capital de Eritrea dicen que soldados etiopes estan siendo atendidos en hospitales y que han visto llegar convoys con maquinaria y mercancías del saqueo de los soldados eritreos en ciudades tigriñas.

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Hay infomes de que drones de Emiratos Arabes Unidos estan ayudando a Abiy en la guerra del norte. Estos drones estacionados en el puerto de Assab en el Mar Rojo, en suelo eritreo, donde Emiratos tiene una base militar que ha usado para atacar a Yemen, hubieran obligado al TPLF a cambiar su táctica militar al hacer inservibles sus unidades mecanizadas. Pero a la vez que Abiy aceptaba la ayuda militar árabe rechazaba la mediación que le ofrecía la Unión Africana. “La guerra continuaría” fue la respuesta del gobierno etíope a los ex-presidentes Ellen Johnson Sirleaf de Liberia, Joachim Chissano de Mozambique y Kgalema Motlanthe de Sudáfrica cuando se presentaron en su oficina en Addis Abeba para mediar.

La ciudad de Shire al oeste de Tigray una de las más dañadas por la guerra

Los arabes siempre han soñado con convertir al Cuerno de Africa en la otra orilla del mar Arabe como llaman al Mar Rojo. Para disipar cualquier duda de la voluntad africanista de Etiopia el emperador Haile Sellasie había conseguido que Addis Abeba fuera la sede de lo que es hoy la Unión Africana. Meles Zenawi, el líder del TPLF que gobernó Etiopía durante 20 años, entendía su proyecto de industrializar de la manera más endógena posible a Etiopía también en clave africana: como una contribución a la descolonización de Africa. Un proceso al que Etiopía había contribuído anteriormente derrotando al ejercito colonial italiano en 1898. Para ello llego a un acuerdo con China para construir infraestructuras y tranferir tecnologías industriales apropiadas a su nivel de desarrollo y abrió estratégicamente y selectivamente sectores a la inversión extranjera. Meles quería un proyecto lo más endógeno posible, no era un partidario del neoliberalismo. China que empezaba a buscar mercados aceptó. Durante la década pasada Etiopía ha sido uno de los países más importantes de su iniciativa Belt and Road un proyecto de miles de millónes de dólares para construir infraestructuras. En el Cuerno de Africa China ha construido carreteras,líneas de ferrocaril, puertos , presas para generar elecricidad , oleoductos y una base militar en Yibouti. Debretsion Gebremichael el líder trigiño trajo el 4G de Huawei a Etiopía cuando era ministro de comunicación y tecnología en Addis Abeba. En Tigray China ha ayudado a construir además de infraestructuras, poligonos industriales e ingenios azucareros. La BBC informó que uno de ellos había sido bombardeado por aviones etíopes durante el conflicto. China habría evacuado a 630 ciudadanos de Tigray desde que empezó la guerra.

Abiy ha hecho público que quiere traer el neoliberalismo a Etiopía. Ha dicho que quiere privatizar las empresas más importantes y rentables del país: Ethiopía Airlines, las telecomunicaciones y los ingenios azucareros. Ha aceptado el consejo del Banco Mundial para atraer invesión privada extranjera aprovechando los bajos salarios. Su proyecto ecónomico camina en otra direción al de Meles. Este apoyaba el capitalismo pero favorecía a empresas públicas. Prefería oligarcas locales a inversionistas extranjeros. Controlaba sectores básicos, el sector financiero y el mercado de divisas. Tenía un proyecto nacional de desarrollo que estaba simbolizado en la construcción de la gran presa del Nilo Azul para producir electricidad. El cambio neoliberal propuesto por Abiy no se debe a los malos resultados económicos obtenidos por la estrategia industrializadora de Meles. El PNB se ha multiplicado 8 veces desde el fin de la guerra con Eritrea (2000), millones de personas han salido de la pobreza extrema, y la educación había permitido una importante movilidad social. Se trataba sin duda de una decisión política, no económica; de un cambio geopolítico favorable a las ricas monarquías arabes que tienen suficiente dinero para moverse en economías con proyección y estados debiles a los que se pueda influir. El Cuerno de Africa entraría en esta categoría. Tiene agua , fertilidad del suelo en las orillas de los ríos, petróleo y gas, y consumidores que ellos no tienen. Etiopía con una población de 110 millones ofrece un mercado potencial donde invertir la riqueza acumulada durante años de bonanza petrolera ahora que este sector comienza su declive. La guerra en el norte de Tigray es un movimiento en el tablero de un gran juego político por el control del Cuerno de Africa.

En este juego Abiy es cada vez más dependiente de los países del Golfo como muestra la intervención de Emiratos en la guerra. Su movida agresiva en el tablero contra el TPLF busca dar un golpe decisivo al viejo proyecto económico apartando a viejos jugadores, China perdería su rol central en el proyecto, trayendo otros nuevos del Golfo que se aprovecharían de las privatizaciones y de facilidades a sus inversiones. No es casual que el acuerdo entre Etiopía y Eritrea que acababa formalmente la guerra de 1998-2000 se firmase en Ryad y no en la sede de la Unión Africana. Tampoco lo es que Abiy sea un asiduo vistante a Emiratos Arabes Unidos, quien le dío 3.000 millónes de dólares cuando llegó al poder. Emiratos ha empezado a invirtir en desarrollos urbanisticos y hoteles en Addis Abeba. El propio Abiy esta utilizando el dinero que le dieron para construir parques y museos en la capital para contentar a la clase media, mientras no mejora las infraestructoras de los barrios populares sin desagues, recogida de basuras o transporte público. Arabia Saudí le suministra petróleo en condiciones ventajosas mientras miles de etiopes pobres trabajan en el Golfo desde donde envían remesas. Abiy sabe que necesita el apoyo de la incipiente clase media de la capital para su proyecto centralizador y neoliberal. La clase media ha sido la más receptiva a su proyecto; esta más identificada con las promesas de una nueva forma de vida de centros comerciales y auotomoviles que con la identidad histórica de pertenencia a una etnia. En Addis Abeba a pesar de los controles de seguridad establecidos la guerra queda lejos. La ciudad parece indiferente a los despidos, hostigamiento y detenciones abitrarias que los tigriños estan sufriendo ante sus ojos por el sólo hecho de serlo.

Mekelle, Monumento a los martires caidos en la guerra contra el Derg (1975-1991)

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La guerra había sido concebida como un medio de resolver lo que las elites políticas no acababan de hacer en los despachos. Pero según las noticias que se filtran se esta convirtiendo en una guerra de carácter popular. Los campesinos tigriños estan haciéndola suya.El TPLF tiene sus raices sociales entre ellos. Fueron sus dirirgentes, estudiantes, los que los formaron y educaron.

Estos campesinos no son la clase media de Addis Abeba. Los centros comerciales no les dicen nada. Tienen suerte si tienen una buena cosecha y no dependen para comer de lo que les envían sus hijos desde el Golfo. Su alianza con el TPLF se ha mantenido todos estos años porque tienen la percepción de que su situación económica esta mejorando de la mano del desarrollo. La llegada de los soldados federales y las milicias amharas enviadas por Abiy para detener a los líderes del TPLF la estan viendo como la llegada de un ejercito de ocupación. La presencia de soldados eritreos echa todavía más leña al fuego.

Estos campesinos tienen una historia de lucha y resistencia. En 1943 se insurreccionaron contra Haile Selassie. Los aviones ingleses basados en Adén los derrotaron después de bombardear Mekelle. La segunda insurgencia tuvo éxito. Despues de 16 años de lucha (1975 -1991) derrotaron al Derg y marcharon sobre Addis Abeba organizados por el TPLF. Saben como pelear. Podemos estar en los inicios de una tercera insurgencia sino se negocia una salida politica. Abiy proclamó victoria cuando cayó Mekelle. Pero según dijo Debretsion Gebremichael , el líder tigriño, las fuerzas militares tigriñas se habrían retirado hacia las montañas vecinas para evitar la destrucción de la ciudad y el sufrimiento humano que le acompañaría. La guerra, dijo, va a continuar. Algo que parece esta ocurriendo. Testigos hablan de ataques guerrilleros, aunque no se pueda confirmar porque las redes telefonicas y el internet siguen semicortados por el gobierno de Etiopía.

Los costos humanos y humanitarios pueden ser devatadores. Las cifras de muertos de acuerdo con el Grupo de Crisis Internacional en lo que llevamos de guerra pueden ser de miles. Doctores en Mekelle han reportado muertos de civiles a cosecuencia de bombardeos en áreas residenciales. Ha habido robos y saqueos por las tropas ocupantes en fábricas y almacenes. Han sido reportados episodios de limpieza étnica, masacres, asesinatos brutales, golpizas y violaciones mayoritariamente pepetrados por Fano una milicia amhara que esta acompañando a los soldados federales. Más de 50 mil personas se han refugiado en Sudan. Muchas más se han desplazado dentro de Tigray para evitar los daños colaterales de la guerra. El ejercito federal ha cercado la región y sigue restringido el acceso de la ayuda humanitaria convirtiendo el hambre en un arma de guerra. Los médicos hablan de una situación crítica en los hospitales. Hay necesidad de medicamentos básicos entre ellos tanques de oxigeno. Hay que tener en cuenta que 600 mil personas dependían en Tigray de ayuda humanitaria antes de empezar la guerra entre ellos 100 mil refugiados eritreos que había huído de Eritrea para no hacer el servicio militar. Ahora puede haber millones. Anne Encontre la representante de la agencia de regugiados de Naciones Unidas (ACNUR) ha dicho “ Nosotros hemos escuchado de muertes de refugiados, nosotrios hemos escuchado de algunos siendo reclutados a la fuerza, nosotros hemos oido de secuestros”.

campesinos en Tigray cosechando Teff

Este articulo ha sido publicado en la revista de enero de 2021 El Viejo Topo

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La situacio a Etiopia podria encendre la banya da Africa

Montañas del norte de Etiopia donde una guerra ha comenzado despues de que tropas del ejercito federal, milicias amharas y soldados eritreas ocuparan la provincia de Tigray.

Hace más de un mes que empezó la guerra en el norte de etiopía pero 50 mil tigriños siguen refugiados en Sudan. Muchos más han sido desplazados. Los combates aunque esporádicos continuan y no ha llegado las medicinas y comida necesarias a Mekelle. Josep Cabol a mitad de diciembre me invitó a su programa Vida verda-emergència climàtic en Radio 4 para hablar de la situación en Etiopía. Abordamos la crisis humanitaria creada y su impacto en el Cuerno de Africa. Estaban también presentes los periodistas Jaume Portell y Siscu Baiges. A continuación se reproduce la conversación que tuvimos

https://josepcabayol.cat/drets-humans/la-situacio-a-etiopia-podria-encendre-la-banya-dafrica-i-provocar-una-guerra-amb-egipte-emergenciaclimatica

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¿Podrá acabar Joe Biden con la guerra de Yemen como ha prometido?

Yemen está en el umbral de lo que puede ser la peor hambruna conocida en décadas. Estamos hablando de la muerte miserable de decenas de miles de personas, la mayoría niños y mujeres, si no se pone fin a la guerra. Joe Biden, el Presidente electo de los Estados Unidos, tiene en sus manos hacerlo. Él mismo ha dicho en campaña que quiere acabar la guerra, pero ¿lo hará? ¿Podrá hacerlo?

En noviembre, durante la última reunión del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, en donde se discutió la crisis del Yemen, el jefe de la agencia humanitaria de Naciones Unidas, Mark Lowcock, volvió a quejarse de que los fondos para la ayuda humanitaria para Yemen se habían reducido drásticamente. De los 3.200 millones de dólares esperados solo se habían recogido 1.500, dijo. Puso la mirada en Arabia Saudí y Emiratos Árabes Unidos, los países que iniciaron la guerra contra Yemen. Hasta entonces habían contribuido como se esperaba, pero este año habían reducido drásticamente su aportación humanitaria mientras seguían comprando armas como en el pasado.

Mark Lowcock hablaba como si el dinero humanitario otorgase una licencia de caza para poder atacar a la población civil. Naciones Unidas había tenido que reducir a la mitad las raciones de comida por falta de fondos, se quejó. La malnutrición y el hambre crecía. Pero nunca llamó a un embargo de armas para acabar la guerra. Su intervención venía a decir “pueden seguir comprando armas pero tienen que pagar lo que destruyan con ellas”.

Lo que resulta aterrador de la crisis del Yemen es que esta escalofriante tragedia humana, solo falta ver las fotos que llegan de niños escuálidos hasta la muerte, no se debe a causas naturales. A los yemeníes se les está matando de hambre, como dijo el propio Mark Lowcock. Lo hacen para hacer negocios con las armas mientras limpian su alma con donaciones.

Oxfam, que se beneficia de las mismas, ha dicho que en Yemen el G20 ha gastado desde que empezó la guerra (2015) en “asistencia humanitaria” un tercio de los 17 mil millones de dólares que el grupo ha ingresado por la exportación de armas solo a Arabia Saudí

El gobierno de Pedro Sánchez es uno de estos gobiernos que comercian dinero por hambre contra la población civil. Hay un bloqueo usado como arma de guerra que impide la entrada de comida y combustible al Yemen, el país más pobre del Mundo Árabe, y España vende barcos militares a Ryad. Naciones Unidas ha dicho que los países que ayudan a Arabia Saudí a realizar tácticas de guerra que imponen el hambre a civiles podrían ser cómplices de crímenes de guerra en Yemen.

La situación puede empeorar durante las últimas semanas de la presidencia de Trump. Se ha publicado que su administración está discutiendo meter a los huzíes, que lideran el gobierno de facto en Sanaa, en la lista negra de organizaciones terroristas. Expertos militares creen que si llegan a hacerlo tendría poco impacto en la evolución de una guerra que los huzíes están ganando, pero empeoraría las condiciones de vida de una población ya devastada por la violencia, la malnutrición y el hambre

En las últimas semanas los huzíes han roto el asedio de Ad Durayhimi, una población al sur del puerto de Al-Hudayda, y han ganado el control de la base militar de Al-Mas, un paso más a su favor en la batalla por Mareb, la única ciudad importante en el norte que sigue en manos del gobierno reconocido por Arabia Saudí y sus aliados. La inclusión de los huzíes en la lista de terroristas sería como un mensaje a la población del Yemen que dijera “no podemos en el frente de combate con los huzíes, pero os jodéis por apoyarles”.

Joe Biden dijo en campaña que si era elegido acabaría con la guerra, la izquierda del partido demócrata viene denunciando desde hace tiempo la intervención militar estadounidense y recogió su mensaje. Pero el nombramiento para su equipo de seguridad de antiguos funcionarios de la administración Obama que apoyaron la guerra es una mala señal. Alguien definió el nombramiento como una reunión de viejos alumnos. Yo me atrevería añadir de malos alumnos viendo los crímenes cometidos y el desastre humano creado por estos halcones de la “intervención humanitaria” en Siria, Libia y Yemen.

Obama no fue quien diseñó la guerra de Yemen, pero después de dar su consentimiento a Arabia Saudí y Emiratos aprovechó para venderles armas. Su administración se llevaba muy bien con contratistas militares. Vendió a los saudíes bombas guiadas por un valor de 1.300 millones de dólares. Las bombas usadas por la coalición contra mercados, bodas, funerales y viajes escolares de niños.

La guerra de Yemen significó un parteaguas en la estrategia de Estados Unidos en la región después del desastre de Iraq. La ruta hacia Irán se había encallado en Bagdad y Kabul. Había una presión ciudadana por acabar con guerras que solo despilfarraban los recursos necesarios para infraestructuras. Mientras Estados Unidos, tras la derrota, iba retirando paulatinamente de la región a sus soldados –continúa haciéndolo–, Arabia Saudí y Emiratos Árabes Unidos (aliados con Israel) se convertían en sus operadores militares directos. Estados Unidos les vendía armas y servicios militares y ellos hacían el trabajo sucio.

Un firme defensor de esta alianza era Tony Blinken, un alto cargo entonces en el Departamento de Estado, un colaborador cercano de Joe Biden, y distinguido miembro del establishment demócrata, que ha sido designado el próximo Secretario de Estado. Tony Blinken también era favorable a la guerra de Yemen, aunque parece que ha cambiado, como Biden, de posición. Firmó una carta en 2018 pidiendo el fin de la participación de Estados Unidos en ella. También lo era Michèle Flournoy, una alta funcionaria con buenas relaciones con el complejo militar industrial, muy cuestionada por la izquierda del partido, nombre que se ha barajado como posible Secretaria de Defensa con Biden; o Avril Haines, que ha sido elegida por Biden como Directora de Inteligencia Nacional, uno de los autores de “la guía de política presidencial” donde se normaliza el uso de drones para asesinar alrededor del mundo a presuntos “terroristas”. Yemen fue uno de los países donde más personas inocentes fueron asesinadas con dicho programa.

Trump respetó la alianza establecida por Obama. Pero partidario de llevar el mercado a la política se aprovechó para enriquecerse, él y su familia, dejando a Mohammed bin Salman hacer lo que quisiera, incluso descuartizar disidentes, para mantener su poder. De cualquier forma lo que han mostrado estos cuatro años de Trump es que no es tan fácil controlar a unos operadores repletos de dólares que desprecian los derechos humanos. Una dificultad que había conocido ya Obama cuando en el último año de su presidencia un abogado del Departamento de Estado le advirtió que funcionarios americanos podrían ser acusados de crímenes de guerra por armar a la coalición saudí

En uno de los debates presidenciales Biden llamo a Ryad en la televisión un “paria”. Dijo que nunca más iba a darles un “cheque en blanco”, que llamó “peligroso”. No criticaba a Trump por vender armas a los saudíes. De hecho parece que Tony Blinken, el nuevo Secretario de Estado, está dispuesto a aprobar la compra por Emiratos Arabes Unidos de 50 aviones de combate F-35, 18 drones MQ-9B Reaper, misiles aire-aire y otras municiones, por un valor de 23 mil millones de dólares; lo que criticaba Biden era que Trump no había parado los excesos que dejaban al descubierto el carácter criminal de una alianza que no exige respetar las leyes internacionales y los derechos humanos.

En este contexto la guerra de Yemen no va a ser la primera prueba de que Biden ha dado un giro a la política exterior, no lo va a dar. Se trata de saber si Biden puede reinar en la alianza con los saudíes y emiratos. Si no lo consigue será arrastrado a la deriva por sus operadores como le ocurrió a Obama. Su administración hubiera podido cometer crímenes de guerra en Yemen. ¿Han leído algo de eso en su libro?

Este artículo ha sido publicado en El Viejo Topo express

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Guerra en el norte de Etiopía

Una nueva crisis humanitaria acecha al Cuerno de África ante el silencio de Europa. El jueves once mil refugiados habían llegado a Sudán huyendo de la guerra en el norte de Etiopía. Dicen que pueden llegar hasta doscientos mil. Ese mismo día Amnistía Internacional certificó una masacre de cientos de civiles, la mayoría campesinos amharas, en Mai-Kadra, un pueblo al oeste de Tigray, en el frente de guerra.

Amnistía Internacional no ha sido capaz de confirmar quién es responsable de unos asesinatos brutales de base étnica aunque hay testigos que acusan a las fuerzas especiales de la policía tigriña. Sean quien sean los perpetradores, la masacre no augura nada bueno si no se detiene la guerra de inmediato. Etiopía tiene ya el mayor número de desplazados en el mundo por violencia étnica. Por eso llama la atención el silencio de Europa, que no ha hecho ningún llamamiento todavía para que cese un conflicto que ha entrado en su segunda semana.

Es difícil saber qué está pasando en el interior de Tigray. Se han reportado al menos diez rondas de bombardeos aéreos, disparos de artillería y cientos de muertos. Tigray tiene una desarrollada red de carreteras y de comunicaciones pero el gobierno etíope ha aislado completamente la provincia. Un castigo para la población civil que recuerda lo que han hecho los saudíes a la población del Yemen, en donde no pasan hambre, se les mata de hambre.

Sajjad Mohammad Sajid, el jefe humanitario de las Naciones Unidas en Etiopía, ha dicho que hay largas filas de camiones con suministros humanitarios a los que el ejército no deja pasar y gente esperando en grandes colas para comprar pan en Mekelle, la capital de Tigray.

El conflicto parece sacado de la teoría de Carl von Clausewitz, que ve a la guerra como la continuación de la política con otros medios. Pero esto ocurre en un territorio donde heridas del pasado imperial entendidas en clave étnica no están curadas. Las elites etíopes no se ponen de acuerdo entre ellas sobre la dirección que debe tomar el país. El conflicto puede llevar al colapso de Etiopía.

El 4 de noviembre el premier Aby Ahmed, tras meses de conflicto institucional, decidió mandar al ejército a detener a los dirigentes del Frente de Liberación Popular de Tigray (TPLF) por no acatar sus decisiones, acusándoles de estar fuera de la ley. El problema es que el propio Aby Ahmed gobierna excepcionalmente –habilitado por el parlamento (Casa de la Federación)– sin haber ganado ninguna elección. Las previstas para agosto pasado fueron canceladas alegando la situación creada por el coronavirus, mientras Tigray celebró las suyas en septiembre con la victoria del TPLF.

Tigray, la provincia situada más al norte, fronteriza con Eritrea, apenas tiene el 6% de la población nacional –Etiopía tiene 110 millones de habitantes– pero es importante porque además de ser la cuna de Etiopía, hasta la llegada de Aby el TPLF gobernaba en Addis Abeba mediante una federación de partidos constituidos con base étnica. Guerrilleros del TPLF habían sido quienes en 1991 habían derrotado al Derg, un régimen autoritario y centralista, implantando el régimen federal actual que Aby quiere cambiar. Aby, que llegó al poder hace dos años, ha disuelto el viejo partido federal y ha establecido el suyo propio: el Partido Prosperidad, al que no se ha sumado el TPLF.

Tigray es una de las nueve provincias étnicas federales que constituyen la República Federal de Etiopía. Cuenta con una milicia propia (250 mil combatientes) además de que muchos de los cuadros del ejército federal son tigriños adscritos al poderoso comando del norte con base en Mekelle, que según informaciones ha desertado con armas y equipo militar del gobierno federal pasando al lado tigriño. El resultado ha sido que la operación de arrestar a los líderes tigriños ha fracasado –con poca estima para los que no son eficientes, Aby reemplazó al jefe del ejército a los dos días de empezar la operación–, dejando a Aby sin otra opción militar que ocupar Tigray. Se ha metido en un camino que es fácil tomar, pero resulta difícil salir de él.

A la izquierda Debretsion Gebremichael elactual lider tigriño, a la derecha Meles Zenawi lider del TPLF y hombre fuerte de Etiopía desde 1991 hasta su muerte en el 2012

Hay riesgo de que la guerra pueda extenderse a otras partes de Etiopía o incluso al Cuerno de África. Isaías Afwerki, el autoritario presidente eritreo, es aliado de Aby Ahmed y podía verse tentado a intervenir. Lo mismo sucede con Sudán, donde hay un poder compartido después de la revolución entre fuerzas democráticas y militares. Abdel Fattah al-Burhan, el lider militar y actual hombre fuerte de Sudán, visitó Addis Abeba dos días antes del comienzo del conflicto.

Hay una insurgencia oroma –la etnia más numerosa– al oeste de Addis Abeba que podría tomar ventaja del desplazamiento de soldados al norte. A finales de octubre al menos 54 personas fueron asesinadas en un ataque de la guerrilla oroma en Gawa Qnaqa, al oeste de Wollega, según Amnistía Internacional.

En Addis Abeba cientos de tigriños han sido arrestados, están escondidos o buscan salir de la capital temerosos de lo que les pueda ocurrir. En julio cientos de personas fueron asesinadas por jóvenes oromos después de que Hachaluu Hundessa, un cantante oromo, fuera asesinado en la capital. Temen que algo similar pudiera ocurrirles. Desde hace dos años existe una campaña acusando a los tigriños de todos los males que tiene Etiopía.

Aby Ahmed, un militar ligado a la seguridad y la información, se abrió paso hasta el puesto de primer ministro apoyado en una rebelión de jóvenes oromos que se quejaban de su marginación. Lo irónico del caso es que Aby Ahmed fue galardonado con el premio Nobel de la Paz cuando apenas llevaba unos meses en el poder. En su discurso de aceptación comparó la guerra con el infierno. Emiratos Árabes Unidos puso tres mil millones de dólares en su cuenta una vez llegó al poder. Sus colaboradores dicen que Aby, un creyente pentecostal, se siente a sí mismo elegido para una misión especial. Al principio impresionó a la incipiente clase media de la capital, pero poco a poco ha ido perdiendo vapor. En julio los mismos jóvenes que le auparon al poder quemaron un libro escrito por él defendiendo el Partido Prosperidad al grito “abajo Aby”. La guerra contra Tigray pudiera ser la última baza para mantener su poder después de perder su base oroma y depender del poder amhara, que está en manos de una elite que controlaba el Imperio y que apuesta mayoritariamente por un estado centralista y autoritario.

Hace un año Aby Ahmed recibió el premio nobel de la paz, un año después nadie sabe si tendrá que devolverlo

Debretsion Gebremichael, el líder tigriño buscado por Aby para llevarlo a los tribunales, fue ministro de comunicación y tecnología en Addis hasta la llegada de Aby al poder. Fue él quien llegó a un acuerdo con Huawei para llevar el 4G a Etiopía, ocupó cargos de dirección en compañías eléctricas, participó en la construcción de la gran presa en el Nilo y puso la primera piedra del parque industrial Bole Lemi en Addis Abeba. El viernes 6 Aby nombró a Mulu Nega, viceministro de Ciencia y Educación Superior en su gobierno, nuevo líder de Tigray, como gobernador en el exilio, echando más leña al fuego de lo que parece convertirse paso a paso en una guerra civil.

Josep Borrell estuvo en Addis Abeba semanas antes de que fuera nombrado Ministro de Asuntos Exteriores de la Unión Europea. Visitó la Unión Africana y al gobierno de Aby. Tiene que conocer las tremendas implicaciones humanitarias que para la región tendría una guerra civil en Etiopía. Por eso llama la atención el silencio europeo.

El periódico Addis Standard publicó esta semana en su web que Heiko Maas, ministro de exteriores alemán, había telefoneado al jeque Abdullah bin Zayed Al Nayhan, su colega de Emiratos Árabes Unidos, para discutir la crisis. Ambos dijeron estar preocupados con los acontecimientos en Etiopía pero ninguno pidió a Aby detener la operación militar. Se limitaron a advertir que el conflicto no debe expandirse en la región.

La Unión Europea es uno de los aliados extranjeros más importante para Aby. Bruselas dona cientos de millones de euros al gobierno en programas para crear empleo y favorecer la inversión privada. Etiopía lo paga cooperando en programas para detener la emigración hacia el Mediterráneo vía Sudán y Libia. Europa tiene que romper su silencio y llamar de inmediato al fin de las hostilidades.

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Entrevista a Mark Aguirre «Muchos movimientos persiguen ahora los objetivos abandonados por la socialdemocracia»

Reproduzco la entrevista hecha por mi amigo y periodista Siscu Baiges sobre mi último libro Socialdemocracia. Cómo y cuándo ha dejado de ser de izquierda.

Fue publicada en El Triangle https://www.eltriangle.eu/es/entrevistas/muchos-movimientos-persiguen-ahora-los-objetivos-abandonado_107032_102.html


Desvelemos su conclusión: ¿Cuándo y porqué dejó la socialdemocracia de ser de izquierda?

Ha sido un proceso histórico que empezó a principio del siglo XX pero que ha culminado en estas últimas décadas, sobre todo cuando la socialdemocracia aceptó el neoliberalismo y se olvidó de sus propios programas y proyectos.

¿Es un proceso reversible? ¿Puede volver a ser de izquierdas la socialdemocracia y los partidos que la representan?

Hay que distinguir entre lo que es el proyecto socialdemócrata y lo que ha llegado a ser el aparato o los partidos que se reclaman de la socialdemocracia. En la última cumbre de la Unión Europea vimos dos socialdemocracias, por llamarlo de alguna forma. La del norte, Suecia, Finlandia, Dinamarca, se oponía incluso a una política solidaria con los países más afectados por el coronavirus, uno de ellos España, gobernada por la socialdemocracia. Es la expresión de que los partidos socialdemócratas que hoy existen, como el PSOE, es dudoso que puedan retomar los principios en que se fundó la socialdemocracia. Están muy perdidos y parece que cada uno tira por su lado. Los objetivos históricos por los cuales la socialdemocracia fue establecida –crear una sociedad igualitaria, sin explotación, sin discriminación, donde las decisiones se tomasen racionalmente- siguen más vivos que nunca. El problema es qué actores o sujetos políticos van a retomar esos principios que siguen vivos con la crisis del neoliberalismo. Desde 2008 ha sido muy claro como se ha desatado la desigualdad, el desempleo, las situaciones precarias, de discriminación racial o por género. ¿De dónde se va a generar un movimiento que retome esos principios? Es una buena pregunta, pero, por otra parte, desde 2008 hemos visto que se han generado muchos movimientos que están persiguiendo estos objetivos, parcialmente o en su conjunto.

Históricamente se ha vinculado la socialdemocracia con modelos del norte de Europa. ¿Siguen sirviendo como modelos o también se han contaminado por el neoliberalismo imperante?

Han hecho concesiones al neoliberalismo. Lo ves en las políticas que siguen. ¿Dónde está la solidaridad, que es una de las bases de la socialdemocracia, con los países que más la necesitan? No hay solidaridad. Simplemente defienden los intereses de sus empresas o de sus ciudadanos. Es difícil encontrar una relación común entre la socialdemocracia actual del norte de Europa y los principios con que se estableció. La socialdemocracia, con la Tercera Vía, pensó que la narración, el relato del neoliberalismo era cierto. Pensó que no habría más crisis, que la sociedad iba por un camino más igualitario, con más clases medias, que se podía hacer algo con el medio ambiente. Lo que ha mostrado la crisis desde 2008 es que el sistema no da lo que promete. La desigualdad es más grande, quizás, que la que había cuando se fundó la socialdemocracia. El desempleo es cada vez mayor. La crisis del coronavirus es alarmante. El cambio climático hace insostenible un crecimiento de acumulación como el que ha habido en las últimas décadas. Esa es la paradoja que se vive. Mientras la socialdemocracia acepta el neoliberalismo o las premisas de la revolución conservadora, la realidad ha ido por otro lado. Al final, obviamente, la socialdemocracia tendrá que tomar una posición, pero dudo que de los partidos y organizaciones socialdemócratas surja una discusión sobre lo que estamos hablando. Ellos tienen otro calendario, otra agenda, que es intentar salvar el sistema tal como ha sido. Es una ilusión pero en eso están trabajando.

¿Por qué nunca oímos hablar de socialdemocracia en África, en el Tercer Mundo? ¿Por qué no ha cuajado allí este concepto?

En las sociedades de África o de América Latina no había las condiciones estructurales para que naciera una socialdemocracia. La socialdemocracia nació con una clase obrera organizada en una sociedad industrial, donde las fábricas eran el centro del sistema, cosa que no ha ocurrido en los países dependientes o en desarrollo. Nunca han sido sociedades industriales en el sentido que lo han sido las europeas. La socialdemocracia está ligada a la clase obrera, a la industria, al desarrollo de la manufactura, de los nuevos sectores industriales, donde obreros y patrones negociaban, donde había un Parlamento donde se discutía un presupuesto donde invertir, había una negociación colectiva. Eso nunca ha existido en estos países, que son agrícolas mayoritariamente, con un sector industrial débil, donde las clases no están bien constituidas. Son sociedades más proclives a lo que se llamó populismo, en el sentido que no estaban ligadas al liberalismo, a una clase, sino a un pueblo, a un líder. Los discursos socialdemócratas no encajaban con la estructura social. Hay partidos progresistas pero no socialdemócratas ligados a la clase obrera. Por eso el partido socialista en España se llama Partido Socialista Obrero porque es su referencia histórica.

¿Por qué tampoco se abren camino las ideas socialdemócratas en Estados Unidos? ¿Nunca habrá un presidente socialdemócrata allí?

Creo que vamos en esa dirección o que, por lo menos, hay una posibilidad. Ya a principios del siglo XX hubo un candidato socialista, Eugene Debs, que ganó bastante apoyo. Con los cambios que hubo entonces no continuó pero tenemos ahora el movimiento de Bernie Sanders, que retoma un programa de sanidad para todos, salarios dignos, apoyo social a la gente que lo necesita, un discurso socialdemócrata. En las elecciones que ha habido en las últimas semanas, candidatos que defienden este programa, han hecho progresos. Además, la situación de Estados Unidos es realmente mala, ahora, porque la perspectiva de que iba a haber una crisis en forma de V se está alejando. El desempleo va a ser más grande de lo que ha sido normalmente en Estados Unidos. La recuperación va a ser lenta. Está el movimiento en las calles en defensa de los afroamericanos que muestra que hay una gran preocupación en la sociedad norteamericana, entre los trabajadores, sobre su futuro. Pueden plantearse por qué no van por esa vía más socialdemócrata donde los intereses de la gente cuenten más que los intereses de Wall Street. ¿Por qué no?

A raíz de la pandemia se ha revalorizado el sector público. Se ha demostrado la necesidad de potentes servicios públicos sanitarios y sociales. ¿Eso puede facilitar el regreso de una socialdemocracia de izquierda?

Por lo menos lo está planteando objetivamente. Una de las razones por las que la pandemia ha sido tan severa en España, en Brasil, en Estados Unidos o en el Reino Unido es porque se ha desmantelado la sanidad pública y se ha invertido menos dinero en los servicios sociales públicos, que es una de las doctrinas del neoliberalismo, que quiere privatizar, que el mercado resuelva. Invertir para evitar o luchar contra una pandemia no da beneficios. Por consiguiente, cuando llega la pandemia los sistemas de salud públicos de esos gobiernos que los han destruido no están preparados. Como ya pasó en la crisis de 2008, lo público empieza a estar más en boga que lo privado. Es una batalla de intereses, política. Si incides en gastar en lo público estás tomando decisiones con las que el neoliberalismo no está de acuerdo, que dice que esas decisiones las tienen que tomar los propietarios de los hospitales, los inversionistas, y no el sector público. La ventaja de los que defendemos lo público frente a lo privado es que ellos han demostrado que son inútiles, que han fracasado a la hora de resolver la pandemia, como fracasan en dar una vida digna a la gente. Hay hechos que podemos medir, cuantificar, que muestran que el neoliberalismo está fracasado y que si continúa no es por el bienestar social sino por los intereses privados de un grupo que controla las decisiones de los gobiernos y donde se hacen las inversiones. Ahí sí que se abre un espacio para una lucha política por recuperar una sociedad en la que cualquier ciudadano tenga una vida digna, no haya discriminación, no haya explotación y que dé seguridad médica, permita la educación y que combata el cambio climático que está detrás de esta pandemia. ¿Que la izquierda sea capaz de ocupar ese espacio en lugar de la derecha? Eso es la política, es un juego. Los que defendemos lo público estamos en mejores condiciones que el año pasado antes de que empezara la pandemia. Se ha demostrado que lo privado no funciona.

Cierra el libro con un párrafo en el que dice que “la izquierda necesita establecer alianzas para gobernar si quiere enterrar al neoliberalismo de manera democrática. En nombre de la igualdad”. ¿Qué futuro augura para la izquierda y para la socialdemocracia?

La socialdemocracia organizada ya lleva unos años en un vacío programático. Se ha puesto detrás de la Unión Europea, donde, como sabemos, los ciudadanos no decidimos nada y cuando hacemos un referéndum no nos toman en serio. Es una organización muy clasista, muy elitista, muy controlada por los banqueros, las grandes corporaciones y los intereses de las burocracias. Se han puesto detrás de ese carro pero los que lo manejan no saben bien por donde tirar. No le veo capacidad de hacer algo que nos separe de ese carro que nadie sabe dónde va. Lo que vemos es que hay más desigualdad, que los servicios sociales colapsan, que el cambio climático va a peor, la pandemia… No veo realmente una salida en el sentido de lo que hemos soñado. No tengo mucha esperanza en que estos políticos nos lleven al sitio que queremos. Pero los sectores de mujeres, afroamericanos, emigrantes, asalariados… están cada vez más excluidos y les va cada vez peor. Ahí se abre una posibilidad de discutir porqué un grupo pequeño tiene que decidir hacia dónde va el carro. Hacia donde ir vendrá más de abajo, de movimientos sociales, como se formó en su origen la socialdemocracia, que desde los palacios, Bruselas o Luxemburgo. Es un proceso abierto, que va a durar tiempo, pero ahora sabemos que hay posibilidades. Hace cuatro o cinco años mucha gente creía que el sistema iba bien, que no se podía hacer nada. Ahora sabemos que esa imagen con la que hemos crecido durante décadas no es tan cierta. Todo está en una situación de incertidumbre y ahí se puede hacer algo.

¿Veremos el libro Socialdemocracia. Cómo y cuándo ha vuelto a ser de izquierda?

Creo que sí que lo veremos. Si no lo vemos será realmente doloroso. Mejor pensemos que lo vamos a ver. ¿Quién nos iba a decir hace cinco o seis años que en Estados Unidos un socialista como Sanders tendría opciones de ser presidente, de incidir en la política del país central del capitalismo. Ahí lo vemos. Las cosas van rápido. Si Estados Unidos avanza en esa dirección y saca a la derecha radical del gobierno eso abrirá muchas perspectivas. Si realmente la política por salvar el Planeta se abre camino, como muestran movimientos como el Great (Green)New Deal, o el de los chicos de los institutos en todo el mundo. Hay indicios de que es posible. Espero que veamos, al menos, un camino hacia un mundo mejor que el que tenemos, que es bastante deplorable.

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Etiopía: el macabro juego político del conflicto étnico

A finales de junio Hachaluu Hundessa, un popular cantante oromo, fue asesinado. El crimen desató una ola de devastación, violencia y caos que asustó al país. En una semana al menos 240 personas murieron asesinadas, 9.000 fueron detenidas y casas y negocios fueron quemados. La violencia pasó semidesapercibida para las empresas de comunicación internacional pero el conflicto no está solucionado. En agosto volvió haber incidentes violentos en Oromia, la región que circunda Addis Abeba.

Etiopía es el país en el mundo con más desplazados por violencia étnica. El Cuerno de África es una de las últimas fronteras de la globalización y ningún actor quiere mostrar unas cartas que pueden incluir el uso de diferencias étnicas para alcanzar fines políticos o económicos, como muestra la historia del colonialismo en África.

A mitad de agosto otras 10 personas murieron por heridas de bala en protestas no relacionadas con el asesinato del cantante. Los asesinatos ocurrieron cuando jóvenes de Woleyta, una nacionalidad en el sur que quiere establecerse como provincia federal autónoma, se enfrentaron en manifestaciones a fuerzas de seguridad. Etiopía tiene 10 provincia federales pero 80 grupos étnicos, muchos de ellos en el sur agrupados en una sola provincia: Región de Pueblos, Nacionalidades y Naciones del Sur (SNNPR).

Por si esto no fuera suficiente en uno de los países más pobre y poblados de África, un litigio entre la provincia federal de Tigrai y el gobierno central a causa de las elecciones tiene todos los ingredientes para convertirse en una peligrosa tormenta política. El Frente de Liberación Popular de Tigrai quiere seguir con las elecciones previstas para septiembre mientras el gobierno de Aby Ahmed no quiere que se celebren.

Aby ha declarado el estado de alarma y cancelado las elecciones federales –estaban previstas para el 29 de agosto– por el coronavirus. Gobierna sin ganar ninguna elección. Fue elegido por el parlamento como primer ministro hace dos años. Al posponer las elecciones la oposición le acusa de aprovechar la epidemia para incrementar su poder personal.

El conflicto puede desestabilizar al país porque Aby sacó del poder, en una lucha interna partidista, al Frente de Liberación Popular de Tigrai, que conserva gran influencia en el ejército y la seguridad del Estado. Esta organización política había sido el alma del Frente Democrático Revolucionario del Pueblo de Etiopía (EPRDF), la espina dorsal del régimen federal instaurado en 1991 hasta la llegada de Aby Ahmed al poder. Ahora el nuevo hombre fuerte ha establecido su propio partido, el Partido Prosperidad, que aboga por más centralismo y al que se opone el TPLF, que defiende sus derechos federales.

La situación es preocupante porque Aby Ahmed fue visto como una esperanza por la mayoría de los etíopes para salir de la crisis en que se encontraba el país. Etiopía llevaba tres años enfrentando una rebelión de jóvenes oromos conocidos como qarrooss que no pudo ser aplastada a pesar de varios estados de alarma, más de mil muertos y decenas de miles de prisioneros. Pero dos años después el optimismo ha empezado a evaporarse. Empieza a haber la sensación de que Aby está revirtiendo como el cangrejo las ganancias democráticas ganadas durante los dos últimos años, para convertirse en una especie de Bonaparte étnico.

El crimen del cantante Hachaluu Hundessa, un héroe para los qarrooss, conmocionó a la comunidad oroma. El cantante había recibido amenazas de muerte después de decir que la estatua del rey Menelik II en el centro de la ciudad de Addis Abeba debía ser derribada. Hachaluu, en un programa en la televisión OMN, acusó a Menelik de haber cometido un genocidio contra los oromos cuando conquistó y ocupó el sur de Etiopía a finales del siglo XIX, incorporándolo al Imperio.

Estatua de Menelik II en Piaza en el centro de Addis Abeba

En Addis Abeba casas y negocios fueron quemados en un toma y daca entre nacionalistas radicales oromos y nacionalistas radicales amharas cuando se supo del asesinato. En Oromia, donde las carreteras fueron cortadas,10.000 personas salieron de sus casas huyendo de la violencia, la mayoría no oromos En Adama, la capital oroma, hubo 117 muertos algunos de ellos quemados dentro de sus casa y otros asesinados a varazos y disparos. En Shashamane, a 90 Km al suroeste de la capital, la violencia se convirtió en un huracán de destrucción contra los no oromos. En algunos casos fue tal que organismos de derechos humanos hicieron sonar la alarma de la “limpieza étnica”. En Arsi y Bale, al sur de Addis Abeba, también hubo violencia, esta vez entre musulmanes y cristianos. Cuarenta personas murieron, la mayoría cristianos.

La policía detuvo a Jawar Mohammed, el líder radical más importante de los qarrooss, quien había ayudado a Aby a llegar al poder. Su empresa de comunicación OMN, establecida en Minesota con ayuda de Al Jazeera hace 7 años y que operaba en Etiopía desde que Aby llegó al poder, fue cerrada tras los incidentes. Había sido un símbolo de la nueva libertad de expresión. El gobierno le acusa ahora de instigar conflictos étnicos y religiosos con mensajes incendiarios y de odio. Pero las detenciones de líderes oromos, la etnia más numerosa junto a los amharas, no se ha detenido en líderes radicales. Lema Mergessa, un líder reformista aliado de Aby, hasta hace poco ministro de defensa, está bajo arresto domiciliario. La misma suerte ha seguido Dawid Ibsa, el líder del Frente de Liberación Oromo (OLF), quien regresó desde Eritrea en 2018 como aliado de Aby creando más incertidumbre sobre el futuro. Nuevas movilizaciones contra las detenciones pueden surgir. Guerrillas oromas proindependencia están activas en el oeste del país y muchos temen que ganen fuerza con las detenciones de líderes oromos.

Las detenciones han hecho saltar las alarmas en organismos de derechos humanos que hasta ahora identificaban a Aby Ahmed con la primavera política etíope. Internet estuvo cortado durante tres semanas después del asesinato del cantante. Amnistía Internacional ha denunciado detenciones masivas y arbitrarias y abusos del gobierno contra los derechos humanos. Este año Aby fue galardonado con el premio Nobel de la paz y la UNESCO había dado un premio al gobierno por su política de libertad hacia los medios de comunicación.

Es verdad que la represión había continuado, pero había sido vista como una tendencia del pasado de la que Aby se estaba deshaciendo. Desde que está en el poder había habido al menos cuatro crímenes políticos de alto nivel entre ellos, en junio del 2019, el de Seare Mekonnen, jefe de staff del ejército, un tigriño, y Ambachew Mekonnen, un alto militar afiliado al nacionalismo radical amhara. Ninguno de los crímenes ha sido resuelto. Había intentado detener sin éxito –la justicia lo busca– a Getachew Assefa, un tigriño cabeza de la inteligencia nacional y miembro del buró político del TPLF. Pero a pesar de acciones puntuales represivas habían sido liberados miles de prisioneros y el país había vivido una atmósfera de libertad. Ahora la perspectiva estaba cambiando, después de ver cómo Aby multiplicaba los arrestos de altos líderes políticos y retomaba las detenciones arbitrarias de gente ordinaria, como ocurría durante el anterior gobierno autoritario.

Hay temores de que la nueva espiral de violencia étnica que está conociendo Etiopía implique un giro en la situación del país, acabando una etapa de apertura política. La vieja política centralista y autoritaria del estado etíope puede reaparecer abriendo la posibilidad de caos y violencia, acabando con un ciclo político de estabilidad.

Hasta ahora poco se ha avanzado para esclarecer el asesinato de Haacaluu, el cantante y activista oromo asesinado en Addis Abeba. El gobierno acusa del crimen a oromos independentistas para hacer descarrilar la agenda de Aby. Ellos lo niegan. Otros han puesto su mira en el TPLF o incluso en nacionalistas amharas, indignados por los ataques del cantante contra Menelik. Asusta no solamente que el crimen político siga siendo un método ordinario para deshacerse de enemigos políticos, sino sobre todo que se use para desatar una espiral de violencia étnica que nadie sabe cómo puede terminar, tal como ha ocurrido otras veces en el Cuerno de África. Jugar con el enfrentamiento étnico para fines políticos o económicos es despertar a los demonios. A veces no se pueden controlar, como hemos visto en los Balcanes o Ruanda…

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Guerra de Yemen: un nuevo nivel de vergüenza

La epidemia del coronavirus se ha convertido en Yemen en un nuevo capítulo de un genocidio silenciado. La empobrecida nación árabe, según la Organización Mundial de la Salud, es el peor lugar del mundo para enfermarse de coronavirus. La posibilidad de morirse es cinco veces mayor que un infectado global.

La razón: la guerra. Las bombas saudíes han destruido la mitad de los hospitales y centros de salud; y con ellos laboratorios, tanques de oxígeno y equipo básico protector que podrían ayudar a parar la epidemia. La gasolina que alimenta los generadores de los hospitales empieza a escasear debido al bloqueo. Por la misma razón los precios de la comida se han disparado. Millones de personas comen una vez al día debilitando todavía más su ya precario sistema inmunológico.

Es difícil aceptar que en este escenario dantesco la comunidad internacional, incluido el gobierno español, esté contribuyendo a este brutal desastre humanitario. No solo está reduciendo su ayuda humanitaria a Yemen; ha comenzado de nuevo a vender armas a Arabia Saudí, el líder brutal del asalto a la población civil.

Ya había comenzado la pandemia cuando los donantes del programa en Yemen de Naciones Unidas se reunieron a principios de junio para discutir la ayuda humanitaria para este año, el sexto de la guerra. Más de 40 participantes representando a gobiernos y organizaciones humanitarias hablaron sobre la situación trágica que atraviesa el país. Ninguna propuesta para prohibir la venta de armas en una guerra –la raíz del problema– que ha matado a más de 112.000 personas, destruido el sistema de salud y ha hecho que 24 millones necesiten alguna forma de ayuda humanitaria.

Los donantes, entre ellos Estados Unidos y Gran Bretaña, que venden armas para la guerra por miles de millones de dólares, ofrecieron para este año 1.350 millones de dólares. La mitad de lo que se necesita. El Programa Mundial de Alimentación que da comida a 10 millones de yemeníes ya ha anunciado que se verá obligado a reducir su ayuda. El hambre escalará peligrosamente amenazando convertirse en una hambruna.

Arabia Saudí, el perpetrador número uno de este genocidio ofreció en la reunión 500 millones de dólares de ayuda humanitaria. Una cantidad 130 veces menor que lo que gasta cada año en la guerra. Dicho de otra manera, los 500 millones para todo el año ofrecidos por Ryad equivalen a lo que gasta en tres días de guerra. Emiratos Árabes Unidos, el perpetrador número dos, no puso ni un dólar sobre la mesa. La guerra para ellos es un juego macabro.

La situación ha llegado a ser tan perversa que los 65 mil millones de dólares que Ryad gasta anualmente en la guerra equivalen a cuatro veces el actual PNB yemení.

Es incomprensible que el cinismo saudí –por llamarlo de alguna manera­– haya sido “premiado” por la Organización de las Naciones Unidas (ONU). Antonio Guterres, su Secretario General, ha sacado a Arabia Saudí de la lista negra que Naciones Unidas elabora cada año con estados acusados de matar y herir niños con sus operaciones militares. UNICEF había denunciado que cada día morían o resultaban heridos ocho niños a causa de los ataques saudíes. Save the Children denunció en febrero que 26 niños fueron asesinados con bombas saudíes cuando civiles se concentraron para ver los restos de un avión de guerra derribado en la provincia de Al Hayjah. Human Rights Watch (HRW), una organización cercana al Departamento de Estado de los Estados Unidos, calificó el anuncio de Guterres como “un nuevo nivel de vergüenza”.

A pesar de que el desastre humanitario se está agravando drásticamente en Yemen, Gran Bretaña, Estados Unidos o España entre otros países han decidido sacar provecho de la guerra vendiendo nuevas armas o servicios militares a los saudíes. La decisión es criminal porque Arabia Saudí depende de Occidente para mantener su máquina de guerra. Compañías militares públicas o privadas occidentales coordinan ataques, proveen bombas, reparan aviones o entrenan a pilotos.

The New York Times ha publicado recientemente que el gobierno de Estados Unidos está valorando aprobar la exportación a Arabia Saudí y Emiratos Árabes Unidos de drones MQ-9 Reaper fabricados por General Atomics. Estos drones tienen la habilidad de cargar bombas más potentes haciéndolos más letales. En mayo del 2019 Mike Pompeo, el Secretario de Estado, no hizo caso a una petición del Congreso de congelar la venta de armas por un valor de 8.100 millones de dólares a los dos países por sus crímenes en Yemen.

En julio Londres anunció que la venta de armas a Arabia Saudí se reanudaba. Un tribunal las había prohibido un año antes porque los funcionarios que aprobaron su venta no habían valorado bien el riesgo que tenían en la muerte de civiles. La excusa que ha dado ahora el gobierno británico para reanudar la venta es la misma que curiosamente había esgrimido el Secretario General de las Naciones Unidas para sacar a Arabia Saudí de la lista negra. Esta excusa –la de que los saudíes tienen más cuidado que antes con sus bombas– no cuadra con la evidencia suministrada por UNICEF o Save the Children. Solo el 15 de junio murieron al menos 25 personas, la mayoría de ellas mujeres y niños, por ataques aéreos saudíes en una boda en el norte de Yemen. Tanto el gobierno británico como el Secretario General se habían plegado a los intereses de Ryad y los fabricantes de armas en vez de escuchar a los que defienden los derechos humanos.

El negocio de vender armas a posibles criminales de guerra tiene un rasgo particular en el caso español. Está manchado por las comisiones que el jefe del estado (hoy emérito), el Rey Juan Carlos, cobró de la monarquía saudí. Un dinero que el Rey escondió como un vulgar criminal en un banco suizo. Esperemos que el PSOE dé una oportunidad a Juan Carlos para defenderse en un tribunal de estas horrendas acusaciones.

No sé si es casual todo esto, pero el gobierno del PSOE ha incrementado 30 veces los contratos de armas con Arabia Saudí según las organizaciones que sostienen la campaña Armas bajo control. En 2019 el gobierno habría autorizado 22 licencias para exportar armas a Arabia Saudí por valor de 392,78 millones. El diario.es probó “cómo aviones de fabricación española o con componentes españoles se utilizan para bombardear Yemen o para reabastecer en el aire a aeronaves que después tiran bombas sobre el territorio”. El mismo diario ha denunciado que “una empresa española presidida por Josep Piqué produce los motores de los cazas saudíes –motor EJ200– que bombardean Yemen”.

A finales de junio, en el Congreso, el gobierno socialdemócrata justificó las exportaciones de armas a Arabia Saudí por la ausencia de embargos internacionales. Se olvidó de los derechos humanos y la lucha contra los crímenes de guerra. Solo Bildu y ERC se opusieron. Unidas-Podemos se alineó junto a VOX, que esta vez apoyó al gobierno en la defensa de la exportación de armas a Arabia Saudí. Antes, el alcalde de Cádiz, miembro de Podemos, había apoyado la fabricación en los astilleros de la ciudad de barcos militares que usará Arabia Saudí para impedir el acceso de gasolina y comida a Yemen. ¿Son los pobres del Yemen solo carne de cañón para el gobierno “progresista” PSOE y Unidas-Podemos? ¿Han renunciado a defender los derechos humanos?

Este artículo ha sido publicado en El Viejo Topo express

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Yemen, ¿Puede crear la guerra un nuevo estado en el Sur de Arabia?

La complejidad y volatilidad de la guerra del Yemen es conocida. En este artículo se explica la aparición del Consejo de Transición del Sur (STC), los reclamos de independencia y por qué el STC está adquiriendo cada vez más importancia en el curso de una guerra que no acaba y ha provocado la peor catástrofe humanitaria de nuestros días.

Adén antes de la guerra

I
LOS SEPARATISTAS

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SOCIALDEMOCRACIA cómo y cuándo ha dejado de ser de izquierda

La editorial El Viejo Topo acaba de publicar mi último libro.

socialdemocracia

Mark Aguirre efectúa en Socialdemocracia una breve síntesis de la trayectoria del proyecto socialdemócrata, desde sus orígenes como ideología revolucionaria hasta la aceptación del capitalismo –y ahora el neoliberalismo– y la democracia representativa.

Se realata aquí una secuencia en la que los partidos socialdemócratas se han ido reinventando con mayor o menos fortuna. Con mayor fortuna con el keynesianismo, con menor fortuna con la Tercera Vía. Todo, hasta llegar al momento actual, cuando es visible un retroceso electoral de esas formaciones. Y no solo en España sinó en toda Europa.

Historia

Las ideas propias de la socialdemocracia flotaban en el ambiente, pero no fue hasta 1889 que se constituyó la II Internacional como partido político de clase que debía abolir la explotación y la injusticia. La clase obrera asumía así que la emancipación sería obra de la propia clase obrera, vinculando su éxito a su capacidad de convertirse en un sujeto político capaz de conquistar el poder.

En el congreso de Frankfurt (1951) la socialdemocracia abandonó el marxismo como referente ideológico y aceptó el capitalismo. Aunque, eso sí, se puso énfasis en la necesidad de intervenir en la economía.

En la década de los treinta del siglo pasado, Keynes cuestionó los planteamientos de la economía liberal, abriendo la época dorada del Estado de bienestar.

Pero en los sesenta el modelo empezó a dar muestras de agotamiento. La salida, liderada por Tony Blair y teorizada por Anthony Giddens, implicó la renuncia definitiva a las premisas sobre las que se había construido la socialdemocracia. Y se aceptó sin ambages el orden neoliberal.

Hoy, la socialdemocracia está lejos de perseguir los objetivos que estableció cuando se constituyó, y lejos de constituir un referente indiscutible de la clase obrera, enfrentándose al reto de reinventarse de nuevo.

El autor

MARK AGUIRRE (Félix Lasheras, Zaragoza, 1954) es periodista y escritor. Ha sido profesor de Sociología Política en la Universidad Veracruzana de México y es Doctor en Estudios Latinoamericanos por la Universidad Nacional Autónoma de México. Fue corresponsal de El Mundo en Beijing y en la sede de las Naciones Unidas en Nueva York. Colaborador habitual de El Viejo Topo, es autor de seis libros y docenas de artículos. Actualmente reside en Addis Abeba.

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¿Por qué en el norte de Mozambique hay una insurgencia islamista?

La maldición de los recursos no descansa. En abril 52 personas, la mayoría jóvenes, fueron asesinadas en Xitaxi, en el distrito de Muidumbe, en el norte de Mozambique, por guerrilleros islamistas. Según testigos la negativa de los jóvenes a alistarse en las guerrillas les costó la vida. Muidumbe está en el interior, camino a la meseta de Mueda, a 50 kilómetros de Mocimboa da Praia, una pequeña ciudad costera en el Oceáno Índico donde nació la insurgencia. En su costa, la industria extractiva -Exxon Mobbil, Anadarko, ENI y otras compañías de la energía fósil- han comenzado a explotar el mayor yacimiento de gas encontrado en las últimas décadas.

En lo que va del 2020 Naciones Unidas había reportado a finales de abril al menos 30 ataques guerrilleros en la provincia de Cabo Delgado. Sobre todo en los distritos de Mocimboa da Praia, Macomia, Nangade, Palma y Quissanga. Ataques a comunidades, quema de casas, asalto a cuarteles de la policía, emboscadas a patrullas militares, ejecuciones de jefes de comunidades e informantes. Ataques cada vez más sofisticados. Radio Canadá Internacional ha informado de ataques a convoyes del grupo petrolero estadounidense Anadarko. Durante un tiempo el gobierno contrató primero a mercenarios de Estados Unidos (Blackwater) y después a rusos (Wagner Group) para protegerlos, pero ahora ha desplegado también al ejército.

En estos ataques 400 personas, la mayoría civiles, han muerto, y cien mil personas han sido desplazadas. Imágenes de cientos de personas caminando entre vehículos militares por la única carretera asfaltada que hay en el norte de la provincia, la carretera que une Pemba –su capital– con Mocimboa da Praia, han circulado por las redes sociales. Estos campesinos –el 80% de la población de Cabo Delgado lo son– han huido de sus comunidades y han dejado sus cultivos, sus playas y sus bosques por miedo a la violencia. Estamos hablando de un conflicto en donde tras tres años de violencia armada han sido contabilizados cerca de 1.000 muertos y 200 mil desplazados de una población de 2,4 millones. La población tiene miedo de los guerrilleros y del ejército.

El taxista de uno de mis viajes a la zona antes del conflicto decía que “el norte de Cabo Delgado es como el sur de Tanzania, pero más atrasado”. El rio Rovuma separa a los dos países, pero no a las etnias. Cabo Delgado es la provincia más pobre de Mozambique, y junto a Niassa la que menos infraestructuras tiene. Solo el 12,1% de los hogares están conectados a la red eléctrica. Hay comunidades sin cobertura telefónica, apenas hay carreteras y faltan escuelas y centros de salud. Tanto es así que el 65% de los niños no están escolarizados. En 2015 el 60% de la población era analfabeta (la media nacional es del 40%). La poligamia y el matrimonio infantil predominan.

Llama la atención el abandono del gobierno. Aunque Pemba está más cerca de Nairobi que de Maputo (Mozambique tiene más de 2.000 kilómetros de costa) la provincia de Cabo Delgado está fuertemente ligada al nacimiento del estado independiente mozambiqueño. No se puede hablar de una provincia aislada. En Cabo Delgado empezó la lucha de liberación nacional (1965-1974). En Chai, una población muy cercana a Muidumbe, el FRELIMO llevó a cabo el primer ataque militar contra los portugueses. Hay en Chai un pequeño museo que lo explica. El FRELIMO es el único partido que ha gobernado Mozambique desde su independencia en 1975. Muchos de los generales más influyentes en el ejército son macondes, la población étnica que habita la meseta en torno a Mueda. Estos generales macondes son los padrinos del actual presidente Nyussi, él mismo de Cabo Delgado y ministro de defensa con el anterior Presidente Armando Guebuza. Felipe Nyusi, quien inauguró su segundo mandato en enero, nunca hubiese llegado a Presidente sin el apoyo de aquellos.

Uno de ellos es el general Raimundo Pachiuapa. Copropietario con accionistas ingleses de Montepuez Ruby Minning, la mayor mina de rubíes del mundo, expulsó a los campesinos que cultivaban la tierra en donde estaban los rubíes para quedársela él y su familia. La expulsión de los campesinos fue organizada por el gobernador de entonces de Cabo Delgado.

estatua de Samora Machel en la isla de Ibo donde 31 insurgentes murieron en abril en enfrentamientos con el ejercito

Estos generales se olvidaron de las promesas socialistas del FRELIMO para reclamar un derecho a explotar en beneficio de sus familias los recursos naturales de Cabo Delgado. El neoliberalismo, que buscaba con quién hacer negocios, se frotaba las manos. Su jefe, el general Alberto Chipande, ministro de defensa cuando Samora Machel murió en un accidente de avión en extrañas circunstancias –se ha hablado de un atentado–, llegó a decir (el diario Noticias de Maputo se hizo eco de su discurso), cuando se supo la enorme riqueza que había bajo el mar: “No queremos ser mendigos. También queremos comer como individuos, como grupo. Estamos en fase de desarrollo económico, no de voluntariado, como aquella en que participamos para la liberación del país”. La familia del general Chipande tiene negocios en la explotación de gas.

La cantidad de gas encontrada en la Bahía de Rouma, a 50 kilómetros de la costa de Mocimboa da Praia, es enorme. Expertos calculan 5,7 billones de metros cúbicos. Una cantidad de gas que solo tiene comparación con los depósitos en Qatar. Podría satisfacer la demanda europea durante 10 años. Economistas estiman que Mozambique podría ingresar entre 60 y 95 mil millones de dólares en 25 años. Estamos hablando de un país con un PIB anual de aproximadamente 15 mil millones de dólares. Un país que Naciones Unidas sitúa en el octavo lugar por la cola en desarrollo humano. Más de 10 millones de mozambiqueños, de una población de 30 millones, viven en la pobreza absoluta y no tienen seguridad alimentaria.

La masacre guerrillera de Muidumbe llegó a los teletipos dos semanas después de que ocurriera. Los guerrilleros no suelen reivindicar sus ataques y el gobierno no quiere publicidad. A pesar del silencio que rodea a la insurgencia se ha ido abriendo paso información sobre quiénes son y sus razones.

Durante la toma guerrillera de Mocimboa da Praia corrió por las redes un vídeo donde uno de los ocupantes en uniforme militar decía: “lo ocupamos para mostrar que el gobierno actual es injusto. Humilla a los pobres y da los beneficios a los jefes”. En su discurso, rodeado por otros guerrilleros armados, intercambiaba elogios al Islam con denuncias de abusos del ejército.

Ha habido una discusión sobre si el movimiento –conocido por los locales como al-Shabab (la juventud)– era local o implantado desde fuera por militantes islamistas de Tanzania y Somalia, donde hay un movimiento islamista con el mismo nombre. Los locales no tienen duda de que es autóctono. El movimiento creció en las comunidades alrededor de Mocimboa de Praia. Eso no quiere decir que el movimiento islamista internacional no quiera sacar partido de la insurgencia en Mozambique.

Los Imams de la zona –el norte es mayoritariamente musulmán aunque globalmente en Mozambique los musulmanes son alrededor del 18%– han dicho a periodistas que el grupo se originó en Magule, un pueblo del distrito de Mocimboa da Praia, con ideas sobre el Islam provenientes de clérigos de Tanzania. Este grupo fue capaz de ganarse a los jóvenes del lugar, quienes empezaron a cuestionar los ritos tradicionales del Islam en las comunidades alrededor de Mocimboa da Praia dividiéndolas con una línea generacional. Los Imams acabaron expulsando a lós jovenes de las mezquitas y estos acabaron construyendo otras1.

Estamos hablando del 2014-2015, cuando el anterior presidente Armando Guebuza estaba siendo acusado de corrupción; su hijo actualmente está en la cárcel en espera de juicio, y Anadarko y ENI empezaban los preparativos para explotar el gas. En Palma, coqueros y pescadores estaban siendo desalojados de su territorio de la misma manera que había ocurrido con los campesinos de la mina de Montepuez. Estos jóvenes tres años después estaban en la lucha armada. El primer ataque fue en agosto de 2017, en la provincia de Nampula, para robar armas de un almacén.

Desde los inicios del movimiento los jóvenes se quejaban de que los nuevos trabajos generados por la industria extractiva del gas iban a gente de otras provincias. En mayo 2018 la situación no había cambiado. Hubo una manifestación de jóvenes protestando en Palma por el desempleo. La exclusión social y económica estaba alimentando la insurgencia. Lo mismo ha ocurrido con la corrupción. El poder de al-Shabab ha crecido hasta el punto de que han sido capaces de ocupar durante varias horas las capitales de los distritos de Mocimboa da Praia y Quissanga.

comunidad en el distrito costero de Quissanga uno de los más afectados por la violencia

La respuesta del gobierno ha sido militar. Una estrategia que en vez de ir a la raíz del problema resuelve problemas creando nuevos problemas. El ejército ha establecido un grueso cordón para aislar a los distritos en conflicto; soldados patrullan ostentosamente la zona e imponen estados de alarma para restringir los movimientos de la población. Cientos de jóvenes han sido detenidos. Los militares han llegado a usar aviones y lanchas marítimas en los combates con los insurgentes. Recientemente el ejército de Tanzania ha sido desplegado en la frontera para aislar tanto como sea posible la zona. Lo mismo ocurre con la información. El gobierno no quiere que se sepa lo que está ocurriendo. Periodistas han sido detenidos en Pemba, o han sido expulsados de la zona a la fuerza por los militares.

Tanto la Comisión Nacional de Derechos Humanos (CNDH), como Human Right Watch, una organización de Estados Unidos con lazos con el Departamento de Estado, han acusado al gobierno de detenciones arbitrarias, malos tratos a los detenidos y ejecuciones sumarias, conocidas popularmente “como mandar a por leña al bosque”

La violencia ha empezado a irse de las manos, como muestra la masacre de Xitaxi. Horribles fotografías con cuerpos decapitados y mutilados con machetes han circulado por las redes. La guerrilla ha llegado a quemar chapas (taxis colectivos) con mujeres y niños dentro. Un recordatorio de la enorme violencia que el país conoció durante la guerra civil entre el FRELIMO y el RENAMO (1977-1992), en la que murieron un millón de personas. La cultura del miedo y la desconfianza se está fomentado, destrozando la vida de las comunidades.

Este articulo ha sido publicado en El Viejo Topo Expres

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