UN VIAJE DESDE LA FRONTERA NORTE A UN MÉXICO EN TRANSFORMACIÓN (II)

Texto y fotos Mark Aguirre

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EN LA FRONTERA

A las 8:30 estaba en Mexico. Lo hice un día después de lo planeado pero seguía con todas mis plumas puestas.  La estación de autobuses de Grayhound en Calexico está pegada a la frontera. Los escasos cien metros que la separan de Mexicali es tierra de nadie: un corredor de cemento vacío. El puesto de Estados Unidos estaba cerrado. Llamamos a una puerta de metal sin ventanas. El funcionario que medio abrió nos dijo que continuaramos nuestro camino. Le faltó el “no molesten por favor”. La garita mexicana estaba abierta. Lo primero que vimos al entrar eran tres guardias nacionales con chalecos antibalas y cascos militares. Tenían sus dedos en el gatillo de sus metralletas. Revisaron nuestras mochilas en uno de esos detectores como los que hay en los aeropuertos pero no nos pidieron pasaportes ni nos dieron una visa de entrada. Cuanto antes salieramos mejor. Había quedado encontrarme con una amiga en el hotel que hay al otro lado de la calle. Debía haber sido un hotel importante. Había fotos de varios presidentes mexicanos de la época del desarrollismo. Ahora se veía modesto. La ciudad se ha extendido tanto que habían inagurado un nuevo paso fronterizo en el este de la ciudad hacia donde se ha extendido la mancha urbana.

Mexicali es la tipica ciudad de frontera.  Posiblemente fue un asentamiento indigena . Empezó a crecer con trabajadores chinos expulsados de California a finales del siglo XIX y principios del siglo XX. Ya no los querían allí una vez acabada la construcción del ferrocarril y los canales y se refugiaron en México. Todavía es la ciudad con más restaurantes chinos fuera de China por habitante. Después fue creciendo con el desarrollo del Valle Imperial. Necesitaban mano de obra. Alimentar a California no es una tarea pequeña. Poco a poco fue convirtiéndose en una de las entradas de inmigrantes más importantes a los Estados Unidos. Luego llegaron las maquilas y las farmacias, dentistas, cirugías plásticas y otros servicios a buen precio para los vecinos del norte. La población debe estar ahora cercana al millón de habitantes.

Mena es un investigador de la migración en la frontera. Hasta hace poco enseñaba en la Universidad pero ahora jubilado además de llevar a sus hijos a sus centros de estudio, “la mayoría lo hacemos por miedo a los secuestros” decía, dedica el tiempo que puede, a patear los lugares donde sabe puede encontrar migrantes. Le gusta el trabajo de campo. Nos vimos en un restaurante chino. Estaba a dos manzanas de donde me estaba quedando pero mi amiga insistío en que no fuera a pie. “No hay aire acondicionado cuando caminas”, me dijo. Parece que en Mexicali no andan por la calle ni los perrros. La mesera que nos atendió me dijo que había tenido suerte en llegar en primavera. El termometro a fuera marcaba 32 grados centigrados¡¡¡. Mena vive entre Mexicali y Tijuana. Alli enseña en ei Colegio de la Frontera Norte. Son unas tres horas de viaje. Tienes que atravesar la Rumorosa una sierra majestuosa de piedras y tierra que separa el Mar de Cortes del Pacífico. Desde la carretera se ve el nuevo muro levantado por Trump siguiendo la línea fronteriza. 

Una patrulla de la migra vigila al otro lado del muro
Publicidad en el muro
El muro de Trump en Mexicali

Acababa de regresar de Tijuana. Había cuatro mil ucranianos esperando pasar al otro lado. Calculaban que podían llegar hasta 10 mil. Habían creído que al ser ucranianos podrían facilmente obtener la visa. Pero las autoridades migratorias no tomaban decisiones por lo que publican los periódicos. Según lo que contaba Mena hasta entonces se habían limitado a abrir una lista de registro. No saben cuando tiempo costará la tramitación de sus visas. De momento tienen que esperar. Estuvieron concentrados a la entrada del paso pero después de varios días fueron “rescatados” por los mexicanos. El gobierno municipal acondicionó varios lugares en donde alojarlos.

Cuando Biden fue nombrado Presidente hubo algo de movimiento en la frontera. Pensaban que cumpliría sus promesas de campaña y derrogaría las medidas de Trump. Fue una desilusión. Desde hace años no ha habido grandes caravanas. Mena decía que generalmente detrás se esconden objetivos políticos. Hasta que Lopez Obrador (AMLO) fue elegido presidente nunca había habido una caravana desde Honduras.  “Querían crearle problemas frente a Trump que había hecho de parar a los inmigrantes uno de los objetivos de su Presidencia. Al final la caravana fue un fracaso. Hubo divisiones internas. Había diferentes agendas entre los organizadores. Sólo una minoría intentó entrar a la fuerza en los Estados Unidos permitiendo al nuevo gobierno manejar la situación ”, decía.

No siempre hay agendas escondidas otras veces son movimientos organizados por los propios migrantes. Se comunican a través de aplicaciones y redes sociales y son capaces de moverse rapido. Contaba el caso de los haitianos que intentaron pasar la frontera antes de que Trump jurara el cargo. Llegaron 3 mil en semanas sobre todo desde Brasil, pero muchos lo hicieron tarde. Trump ya había cambiando las reglas del juego. Han acabado estableciendo una colonia haitaina en la frontera. Consigueron papeles para quedarse.Viven en Tijuana y Mexicali. Hay quien trabaja en la prostitución pero la mayoria lo hace en las maquilas. Los haitianos suelen ser gente que ha ido a la escuela y los empleadores los consideran productivos. La mayoría no ha renunciado a sus planes originales de llegar al otro lado. Ahora esperan que Biden cambie las leyes como prometió pero de momento no ha ocurrido.

En Méxicali es fácil ver el muro construido por Trump. Una avenida corre paralela en el lado mexicano. En el estadunidense un camino de tierra. El suelo no ha sido urbanizado. Se ve el verde de los regadíos a lo lejos. Muchas calles terminan en los altos barrotes de acero del nuevo muro. En algunas interseciones han aprovechado para colgar publicidad.  Antes existía un muro pequeño fácil de pasar pero ahora es practicamente imposible franquearlo. Hay quien todavía lo consigue. Las patrullas de la migra suelen darse sus vueltas para impedirlo. Aprovechan para subir los árboles que todavía existen junto al muro. Pero lo hacen a costa de sufrir serias heridas producidas por el almabre de puntas y espinos que han puesto para impedirles saltar.

Mena decía que el nuevo muro ha dado la puntilla a los tradicionales poyeros de las comunidades. “Se han extinguido. Sólo quedan los profesionales” dice.  Estos organizan el viaje desde el punto de salida, muchos lo hacen desde Guatemala. El precio ha subido mucho. La corrupción se ha convertido en la pertiga con la que saltar el muro. Estos poyeros se aprovechan de sus lazos con los guardas fronterizos muchos de ellos hijos de poyeros como ellos. Pagan hasta 10 mil dólares para que cuando pasen la migra mire para otro lado.  Mena decía que la profesión de poyero esta herida de muerte. Además del muro tienen la competencia de traficantes de droga que se estan pasando al trafico humano por ser cada vez más rentable.

Los días que visite Mexicali había campaña para un referendum sobre si AMLO, como llaman al Presidente, debía seguir o ser revocado. La nueva ley introducida por el nuevo gobierno no era vinculante incluso si votase el 40% del censo como se requiere, algo que se veía muy improbable. La ley no podía ser retroactiva pero el actual Presidente quería dar ejemplo para futuros colegas que podrían perder su mandato si la gente no estaba satisfecha con ellos. Meses antes la prensa había desatado un caso de corrupción en la oficina migratoria en Mexicali, unos ciudadanos cubanos con papeles en regla habían denunciado que se les exigían 25 mil pesos (1250 dólares) para sellar la renovación a que tenían derecho. La lucha a la corrupción había sido el estandarte número uno de la política de AMLO durante los tres primeros años de su mandato y quería saber como podía afectar a la votación.

Mena defendía la gestión de AMLO decía que tiene compañeros que le han bloqueado el whatsApp por ello. Según él  la corrupción, que no niega sigua ocurriendo, tiene más que ver con una estructura heredada donde la “mordida” es algo habitual que con la nueva administración . “Los objetivos de AMLO  chocan con la vieja estructura administrativa y la mentalidad tradicional de muchos funcionarios. Han sacado varias veces a funcionarios corruptos pero las denuncias siguen. Es más fácil cambiar a corto plazo el comportamiento de la cupula como esta ocurriendo que las practicas de los funcionarios de abajo. Eso lleva más tiempo. Necesitan ver primero que los de arriba han cambiado”, decía.

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UN VIAJE DESDE LA FRONTERA NORTE A UN MÉXICO EN TRANSFORMACIÓN

Texto y fotos Mark Aguirre

El Muro construido por Donald Trump entre Mexicali y Tijuana en la frontera californiana entre Estados Unidos y México visto desde la Rumorosa

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hacia la frontera

Si alguien quiere saber como anda socialmente Estados Unidos le recomiendo tomar el autobus que desde Nueva York va a Los Angeles. Es una nave de pasajeros desesperados en busca de un lugar donde no ahogarse. Gente tan quemada con lo que ha vivido que duda de que exista, pero de cualquier forma si vas a perder tu casa o ya la has perdido siempre es mejor ser un homeless con el sol del sur que en el frio del noreste. Hice la ruta entre Alburquerque y Phoenix. Nueve horas que uno normalmente sobrevive gracias al paisaje. No esperen comodidad. Los autobuses son los mismos que había en el siglo pasado. Era un paisaje semidesértico pero las montañas al norte anunciaban los bosques de pinos donde los apaches pasaban buenas temporadas. De tanto en tanto veías nativos que viven en casas de barro protegidas por paredes de roca. Saben como moverse entre el rio Bravo y el río Colorado a pesar de la falta de lluvia y el calor sofocante. Con las horas llegó a ser más interesante lo que ocurría dentro que lo de afuera. Después de dos días de viaje hacia el sur se había establecido una especie de comunidad viajera y la gente contaba sus historias. 

La mujer jóven y blanca que estaba a mi lado no hacía más que hablar por telefóno. Estaba huyendo de su familia. Hablaba articuladamente algo extraño para alguien que decía apenas había pisado las aulas. Su padre un nazi – ella y su madre tenian que teñirse el pelo de rubio para que no las golpeara- le había obligado a dejar la escuela para prostituirse. Había trabajado en una barra de striptease de esos bares de solo para hombres. Luego era ofrecida a clientes. Le decía su padre que era mucho mejor para ella que la escuela. Había seguido leyendo por su cuenta. Le gustaba leer. Decía que su historia de abusos no era rara. Conoce a otras chicas con experiencias similares o incluso peores. El juicio contra la amiga de  Jeffrey Epstein el millonario que ofrecia adolescentes a los del 1%  empresarios y politicos estaba en las noticias.  El abuso y el maltrato que veía a su alrededor le habían llevado a huir.  Cuando decidió escaparse estuvo  deambulando por las calles de Nueva York con miedo de que su padre la encontrase hasta que decidió visitar un centro de acogida. Le aconsejaron salir de Nueva York y apuntarse en un centro de rehabiltación. Encontró uno en Phoenix una ONG que ayuda a mujeres abusadas y explotadas a salir del pozo. Eran los píscologos quienes llamaban frecuentemente para checar que todo estaba bien con ella. Quería salir de Estados Unidos e instalarse en Suecia. Había leído que allí las mujeres tienen un mejor trato y quería vivir allí.

Aúnque el autobús paraba cada dos horas un hombre iba cada rato a fumar al baño. Era un veterano de guerra que había perdido su pierna y llevaba una faja especial por fuera de los pantalones entre las inglés. Para avanzar usaba las cabezeras de los asientos a ambos lados del pasillo como muletas. Al pasar siempre intercambiaba algunas palabras con un hombre afroamericano que se había hecho con el control de la zona trasera del autobús. Este ocupaba dos asientos, las piernas estiradas, y no usaba mascarilla a pesar de ser mandatorio. Venía de Milwaekee (Wiskonsin) donde acababa de perder su apartamento por no pagar el alquiler de 1500 dólares mensuales por una habitación. “Los alquileres estan creciendo sin fin. Es imposible pagarlos” decía. De tanto en tanto entraba en conversación con sus vecinos del otro lado del pasillo. Dos jóvenes bien vestidos que parecían estar fuera de sitio. Generalmente hablaban entre ellos de los mejores lugares donde vivir y donde comprar drogas. Los jóvenes habían vivido los últimos meses en varias ciudades del Medio Oeste. Uno de ellos hacía un par de años había vivido en Phoenix y recomendaba un lugar en el área central donde un chino hacía tattoos. “Es el mejor lugar para comprar marihuana en la ciudad” repetía como un comercial. Cuando necesitaban hacer una llamada pedían a una mujer latina que viajaba con su hijo que les prestara su teléfono.

Flagstaff en la mítica ruta 66

El Gran cañón del Colorado

En Flagstaff donde se ven las montañas que llevan al Gran Cañón el autobús hizo la última parada antes de cambiar de dirección hacia Phoenix. La ciudad esta a dos horas hacia el sur por la I-17. Habíamos venido de este a oeste a través de Gallup el centro de los navajos por la histórica ruta 66 . El grupo bajó a fumar como acostumbraba. Un jóven mochilero nuevo en el autobus se sentó junto al hombre de Milwakee. La animación empezó nada más arrancar. Una mujer sentada detrás le confundió con alguien que habría estudiado en su misma HighSchooll. El jóven le contestó que lo creía muy improbable. Era de Hamburgo. La mujer le pregunto que donde estaba. El alemán se saco de onda. Ella le dijo que la única ciudad que conocía por nombre de Alemania era Berlin. El jóven alemán la ignoró y se puso hablar con su vecino. No le fue mejor. Estaba buscando un sitio para pasar la noche en Phoenix. El hombre de Milwakee le dijo que no sabía. Su presupuesto era muy estrecho y no sabía si tendría que acabar durmiendo en la calle. Cambio de tema. Le preguntó por que viajaba al sur. “Hacía unas semanas habían asesinado a su hija en la calle”. No volvió a preguntar más.

Había comprado un billete de Phoenix a Calexico para las 15:30 en un autobus que iba a San Diego. Sabía que tenía que cruzar la frontera antes de que oscureciera. Un robo sería lo “mejor” que me pudiera suceder si intentaba pasar de noche. Estaba seguro que llegaría viendo un atardecer rojizo sobre las montañas de la Rumorosa con suficiente luz para pasar sin peligro. Son tres horas de viaje pero en la puerta de embarque había un cartel informando que el autobus salía con retraso. Los de Gray Hound no habían encontrado un conductor en todo Phoenix ¡¡.  Al final dieron con uno que había llegado en la mañana desde San Diego. Acabamos saliendo tres horas más tarde de lo previsto. El conductor parecía un zorro asustado. Repetía una y otra vez que el retraso no había sido su culpa. Gritaba como un poseso cuando alguien se levantaba si el autobus estaba en marcha. Debía tener miedo de que le asaltasen. Las armas en la frontera las usan como se usan pantalones. No hace falta tener esas fotocopias tridemensionales para fabricarlas como hacen en Nueva York, las armas estaban en todas partes. No quería llegar de noche bajo ninguna circustancia. Decidí dejar el autobus y pasar la noche en Yuma un viejo pueblo de cowboys donde acaba el tren que viene de Chicago. Pasaría al otro lado al día siguiente. Podría ver las raras dunas del desierto de Arizona.

En el hotel en Yuma pregunté al recepcionista sobre la posibilidad de entrar a México por San Luis un punto fronterizo a orillas del rio Colorado en Sonora . En el mapa me parecía más cerca que Calexico. Estaba en la ruta hacia el sur que siguen los de Phoenix si se atreven ir a la playa de San Félipe en el Mar de Cortés en Baja California. Podría llegar a Mexicali siguiendo la carretera que va hacia el oeste paralela a la frontera en el lado mexicano en vez de hacerlo por el lado estadounidense. Me dijo que ni se me ocurriera. Había una guerra abierta entre carteles por los corredores hacia Estados Undos y ese era uno de los puntos más calientes. “Son muy desconfiados con los que no conocen y no les gusta verlos” dijo. Luego en Mexicali me enteré que sicarios en camionetas blancas patrullan la carretera identficando a todo vehículo que pasa atacando a los sospechosos.

El autobus a Calexico salía a las 7:30 de la mañana . Eramos apenas cuatro pasajeros. Entre ellos una mujer china que no hablaba ni ingles ni español. Se comunicaba con el chofer con un traductor digital. Ella escribia en chino, el pequeño instrumento lo traducía al ingles, y se lo pasaba al conductor que lo leía. Era más difícil que la mujer recibiera una respuesta entendible. El conductor se olvidaba del instrumento y contestaba en inglés o español. La mujer Iba más lejos que Calexico a El centro una  ciudad que ha crecido con el “Valle Imperial”, el area de California que ha convertido el desierto en un vergel. Lo riegan con canales abastecidos por el Río Colorado antes de que entre en México. Parece que Estados Unidos se aprovecha de su situación geográfica. Hay una industria del agronegocio a ámbos lados de la frontera que se abastece del agua de los canales y alimenta California. Hay un acuerdo entre los dos países desde 1944 pero cada año hay menos agua para los dos. 

Paisaje del desierto de Arizona-Sonora. Muchos Saguaros, cactus gigantes, fueron afectados por la construcción del muro de acero que aisla a Estados Undos de su vecino del sur

Este desierto es uno de los lugares más trágicos que puedan existir. Se desconoce el número de personas que han fallecido intentando cruzarlo pero son miles. El calor es tal que es imposible sobrevivir si pierdes el camino y se te acaba el agua. Mueres en horas. Hay una organización que se dedica a buscar cadáveres de desafortunados. Su objetivo es identificarlos. Tienen una base de datos con los desaparecidos intentando llegar a Estados Unidos donde cotejan lo que encuentran. Suelen hallar los cadáveres debajo de pequeños árboles o arbustos que les protegieron del sol en sus últimos momentos. Los animales no han dejado más que sus huesos pero si hay suerte lo que queda de la ropa, lo que encuentran en las mochilas dejadas puede ser suficiente para identificarlos y avisar a sus familias.

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El conflicte de Iemen ha causat la catàstrofe humanitària més gran del món

campo de desplazados de la guerra de Yemen . Naciones Unidas calcula su numero en cuatro millones

La guerra de Yemen se ha intensificado en enero causando más daño a una población civil que sufre la guerra desde el año 2015 y la pandemia del Covid 19. Solo en enero 650 personas incluidos niños y mujeres murieron a consecuencia directa de la misma, la mayoría en bombardeos aereos de la coalición liderada por Arabia Saudi y Emiratos Arabes Unidos. A ellos habría que añadir los muertos de covid 19 a causa de la falta de asistencia o medicinas que los ataques ocasionan.

Naciones Unidas ha denunciado que los agresores no cumplen con su obligación de reparar los daños causados a la población civil. Hay carencia de fondos humanitarios a la vez que los arsenales de armas estan más surtidos que nunca. En el año 2020 Arabia Saudi se convirtió en el mayor comprador de armas del mundo 57.500 millones de dólares. Emiratos casi 20 mil millones. En el año 2021 las agencias humanitarias de Naciones Unidas encargadas de la ayuda humanitaria se quejaron de falta de fondos. Recibieron 2.300 millónes de dólares de lo 3.850 necesitdaos.

Este año todavía no se han hecho público las cifras pero hay indicios de que serán todavía más desfavorables. El sufrimiento de la pobalción será mayor. Como consecuencia de ello ocho millónes de yemeníes perderan la ayuda humanitaria que necesitan y hasta ahora han recibido. El último año a causa de la guerra 20 millónes necesitaban algun tipo de ayuda. La población del Yemen es casi de 30 millónes. De ellos 14.5 millónes no tienen suficiente comida, el 47.5% de los niños menores de cinco años estan malnutridos, 5 millones estan en el umbral del hambre y 50 mil pasan hambre. A ellos se añade la escasez de medicinas y el precio inasumible de la gasolina.

Hace unos días converse con el periodista Siscu Baiges de SICOM una asociación comprometida, sin animo de lucro, dedicada a fomentar el periodismo critico e independiente sobre las razones de la guerra y el sufrimiento humano que ha generado

https://www.sicom.cat/blog/mark-aguirre-el-conflicte-de-iemen-ha-causat-la-catastrofe-humanitaria-mes-gran-del-mon-laplacadelsfuturs-11-2-2022/

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La guerra de Yemen y la complicidad de la comunidad internacional

Enero ha sido el mes con mayor número de civiles muertos desde que empezó la guerra de Yemen en 2015. Una guerra que después de siete años ha perdido su sentido político si alguna vez lo tuvo más allá de alimentar las cuentas de los fabricantes de armas y servir a la ambición personal de los príncipes herederos Mohammed bin Salman y Mohammed bin Zayed.

La semana pasada aviones de Arabia Saudí bombardearon con bombas guiadas de precisión entregadas por Estados Unidos un centro de detención temporal en Saada al norte de Yemen. Murieron 91 detenidos y 190 resultaron heridos, entre ellos mujeres y niños, la mayoría migrantes del Cuerno de África arrestados en su paso hacia Arabia Saudí. El mismo día aviones saudíes atacaron el centro de comunicaciones de Hodeidah, matando según Save the Children a tres niños que jugaban a fútbol en las inmediaciones, dejando a Yemen sin internet durante 4 días. En las siguientes 24 horas hubo 50 incursiones aéreas contra infraestructuras y barrios civiles en Sanaa y Taiz en las que murieron decenas de personas.

Era la respuesta de la coalición, liderada por Arabia Saudí y Emiratos Árabes Unidos y en la que participan Estados Unidos y Gran Bretaña, al ataque con misiles y drones del gobierno de facto de Sanaa contra instalaciones petroleras cercanas al aeropuerto de Abu Dhabi que había causado la muerte de tres trabajadores.

El día de la masacre de Saada el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas mientras condenaba como “crimen atroz” el ataque a la riqueza petrolera emiratí se limitaba a “condenar” en letra pequeña la masacre de seres humanos en Saada. Ahmed Mahat, responsable de Médicos sin Fronteras, la había calificado de “horrorífico acto de violencia”. Noruega preside el Consejo de Seguridad este mes. Un ataque vergonzoso dirigido contra los más vulnerables entre los vulnerables, migrantes buscando dejar atrás la pobreza, esta vez muriendo no ahogados sino asesinados por los aviones del país rico a donde se dirigían.

La guerra de Yemen se ha convertido en la gran vergüenza del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas. En vez de actuar como un mediador en un conflicto etiquetado por Naciones Unidas como “la mayor catástrofe humanitaria de los últimos años” ha tomado partido por una parte. Los cinco miembros permanentes del Consejo de Seguridad apoyan interesadamente a la parte con quien se puede hacer negocios de armas o tratos petroleros lucrativos, olvidándose de sus obligaciones con el país más pobre de Oriente Medio.

Yemen sufre un bloqueo de gasolina, comida y medicinas impuesto por la coalición que está condenando a los yemenís al hambre y la muerte por enfermedades curables. El Programa de Alimentación Mundial ha advertido que más de cinco millones están a las puertas del hambre y otros 50 mil viven en condiciones de hambre.

Hay que recordar que cuando empezó la guerra Yemen no era una amenaza para nadie. No había atacado a ningún país vecino o de la región. El gobierno de facto de los huzíes en Sanaa era enemigo de al-Qaida e ISIS. La crisis yemení era un asunto interno en un país que llevaba diez años en conmoción política y que estaba en proceso de encontrar por sí mismo una salida negociada a la crisis. La guerra abortó el proceso porque los saudíes consideran a Yemen su patio trasero y no querían perder su influencia. Los emiratos decidieron sacar partido de la situación; tienen intereses en las costas de Yemen, y se sumaron a la coalición.

Cuando Mohamed bin Salman y Mohammed bin Zayed se reunieron en Washington con el Presidente Obama a principios del 2015 para ultimar los detalles de la agresión a Yemen, Obama aseguró la venta billonaria de armas de Estados Unidos durante el conflicto. Los cabilderos armamentistas eran muy poderosos en su administración, como lo son ahora en la de Biden. Pero no ha sido Estados Unidos el único país del Consejo de Seguridad que ha vendido contratos armamentistas millonarios a Ryad y Abu Dhabi, lo mismo han hecho Gran Bretaña, Francia y China. Vieron la guerra como una oportunidad de sacar dinero fácil. Lo mismo están haciendo el gobierno de España y la Casa Real con sus negocios de armas.

El dinero saudí garantiza también su impunidad. Sus militares pueden cometer los más horrendos crímenes de guerra, que nada les ocurre. Hicieron saltar por los aires con un misil estadounidense un autobús lleno de niños en un viaje escolar, bombardearon un masivo funeral en un tanatorio de Sanaa, atacaron mercados en hora punta, bombardearon bodas, hospitales, depuradoras, escuelas, fábricas, etc., etc., hasta un centro detención con los más vulnerables de los vulnerables. Saben que el sistema está tan podrido que todo está permitido si se paga.

En 2016 Ban Ki-moon, entonces secretario general de Naciones Unidas, reconoció públicamente que se vio obligado –los saudíes y emiratos amenazaron con reducir sus contribuciones– a retirar a Arabia Saudí de una lista que la ONU elaboraba anualmente con los países que matan y mutilan niños en el campo de batalla. El informe anual de aquel año, “Los niños y los conflictos armados», había relatado que la coalición liderada por Arabia Saudí había sido responsable de la mayoría de las muertes de niños en Yemen el año anterior. El nombre de Arabia Saudí estuvo en la lista cuatro días.

En octubre del 2021 el Consejo de las Naciones Unidas, que cuida de los derechos humanos, disolvió la única organización independiente que existía para investigar serias violaciones y abusos de la ley internacional en Yemen dando una carta en blanco a los perpetradores. Los crímenes de guerra dejaban de ser investigados garantizando la impunidad de los criminales.

La escalada del conflicto se debe a que Emiratos Árabes Unidos ha vuelto a involucrase directamente en la guerra. Su intervención había quedado restringida desde hacía dos años al Sur, donde apoya en Aden a un movimiento independentista para asegurar sus intereses. Posiblemente los avances de los huzíes en Marib y Shabaw durante estos últimos meses le han obligado a intervenir. Las dos provincias tienen campos de gas y petróleo. Trasladó sus divisiones bien armadas y equipadas del sur de Hodeidah a Shabwa, desde donde empezó una ofensiva por retomar el territorio perdido por la coalición en los últimos meses. Es difícil saber lo que está ocurriendo, pero es posible que hayan recuperado territorio a los huzíes. Fuentes en Sanaa dicen que “el frente de guerra está más activo que nunca¨. Puede que solo quieran ganar tiempo en una guerra que la mayoría de los analistas dicen que está perdida por la coalición, o al menos que no pueden ganar. Lo que es seguro es que las negociaciones para un alto el fuego sigan estancadas abriendo más incertidumbre en un mundo convulsionado sobre el catastrófico futuro humanitario que se vislumbra en el horizonte.

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¿HA LLEGADO EL MOMENTO DE ACABAR LA GUERRA EN ETIOPIA ?

Hace más de un año que Etiopía esta en guerra civil. Las consecuencias humanitarias estan siendo brutales y no hay vencedor a la vista. El jueves pasado 56 personas, la mayoría niños y mujeres, murieron en un bombardeo en un campo de desplazados al norte de Tigray. La entrevista aqui ofrecida puede ayudar a entender las causas del conflicto y el tremendo impacto humanitario que esta teniendo. Fue hecha por Siscu Baigues de Sicom TV. Solidaritat i Comunicació. Mark Aguirre periodista vivió hasta el inicio de la guerra en Addis Abeba. La entrevista fue realizada antes de que Abiy Ahmed anunciara una oferta para un dialogo nacional con el objetivo de resolver políticamente el conflicto. Es pronto para saber lo que significa pero de cualquier manera abre un posible camino a la paz y reconciliación.

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¿Puede la guerra desintegrar Etiopía desatando un genocidio?

Las tropas de una alianza militar entre el TPLF, que gobierna la provincia federal de Tigray, y el Ejército de Liberación de Oromia, una guerrilla de la etnia más numerosa del país, estarían en la localidad de Shewa Robita a 220 kilómetros de Adis Abeba (el gobierno dice que la ha recuperado). La amenaza a la capital puede ser el preludio de la desintegración del segundo país más poblado de África, con toda la violencia que suele acompañar a estos procesos, si las fuerzas combatientes no encuentran una solución política al conflicto.

La situación es desesperada para el primer ministro Abiy Ahmed, un premio Nobel de la Paz que de forma extravagante ha ido personalmente al frente de batalla. Abiy Ahmed quiere cambiar con solo su presencia el rumbo de una guerra hasta ahora perdida mientras encorajina a jóvenes etíopes hacia el “martirio”. Abiy, un cristiano pentecostal, ha dicho públicamente en varias ocasiones que Dios le ha elegido para liderar Etiopía.

El pasado octubre –acababa de ganar unas elecciones con el “97%” de los votos– inició una ofensiva militar para recuperar el territorio perdido durante el verano, ahora en manos de las Fuerzas de Defensa Tigriñas, pero dos meses después no solo no ha recuperado un centímetro de territorio sino que en una contraofensiva sus enemigos han penetrado hasta las profundidades de Amhara y Afar, disputando el control de la carretera que abastece desde el puerto de Yibuti a Addis Abeba y amenazando la capital. Tanto es así que las embajadas de Estados Unidos, Gran Bretaña, Alemania y Francia han pedido a sus ciudadanos salir de Addis Abeba. Temen que el aeropuerto de la ciudad, uno de los más transitados de África, se convierta en un punto de combate en las próximas semanas.

Tsadkan Gebretensae, el jefe de las tropas tigriñas, un general que había comandado durante diez años al ejército federal etíope y en 1991 había sido uno de los estrategas que derrotaron al ejército etíope de Mengistu llegando a la capital, ha dicho a periodistas en entrevistas telefónicas que lo único que puede cambiar la situación militar sobre el terreno es un nuevo ataque contra Tigray del ejército eritreo de Isaias Afwerki. “Si la comunidad internacional está buscando seriamente una solución pacífica, no se logrará un arreglo sin tener un ojo puesto en Isaías”, ha dicho Tsadkan.

La guerra está siendo violenta y cruel contra la población. No se trata de los crímenes de guerra que suelen ocurrir en todas las guerras cometidos por las dos partes. Es otra cosa. Abiy Ahmed organizó la guerra como un genocidio, quería dar un castigo no solo a los líderes del TPLF sino a toda la población de Tigray por apoyarlos. Fue un gran error. La población se alistó en masa en el ejército tigreño después de lo que vieron y sufrieron, impulsando su exitosa contraofensiva.

Naciones Unidas ha denunciado que la población vulnerable de Tigray ha empezado a morir de hambre a consecuencia de un bloqueo a la asistencia humanitaria impuesto por el ejército etíope. En Tigray 400 mil personas estarían sufriendo hambre. Se han reportado violaciones en grupo por soldados etíopes y eritreos y masacres de civiles (ver el informe de Amnistía Internacional sobre Axum). Internet y los cajeros siguen cortados. Faltan medicinas y equipo médico en los hospitales. Los aviones y drones federales siguen bombardeando Mekelle. Nueve millones de personas en el norte de Etiopía, tigriños, amharas y afares, necesitan ayuda alimentaria. Esta sobredosis de violencia explica al menos en parte por qué una guerra que comenzó hace un año como “una operación para forzar el cumplimiento de la ley” se haya transformado en una guerra “existencial para el país”.

Un año ha bastado para que la fábrica social se resquebraje, pero no hay nada en el horizonte que pueda repararla. La guerra se está transformando en una guerra de sobrevivencia étnica que complica la existencia de Etiopía, una república federal con derecho a la separación basada en la diversidad y convivencia étnica. Cualquiera que haya vivido en Adis Abeba en los últimos tres años conoce el relato contra los tigriños a los que se les ha identificado automáticamente con los líderes del TPLF. Unos dirigentes a los que se les acusa de aprovecharse de años de bonanza económica en su propio provecho. En este relato, el problema no son políticos corruptos sino los tigriños, y la guerra ha acabado convirtiendo a ciudadanos que hace un año querían instaurar un régimen democrático en militantes etno-nacionalistas que se alistan para defender su existencia ante la supuesta amenaza de la otra etnia.

En Adis Abeba están deteniendo a tigriños que viven desde hace décadas en la capital por el solo hecho de su condición étnica. Muchos son apolíticos. Grupos entrenados por el estado van rastreando los barrios, entrando en cafés y restaurantes, llamando a las puertas buscando “tigriños”. Los detenidos son conducidos a campos de detención en vehículos militares. Hay detectados al menos cuatro grandes campos. Tres en Afar y uno en Adis Abeba. Solo en las últimas semanas han sido detenidos más de treinta mil tigriños, pero puede haber muchos más en los campos. Las razias empezaron con la guerra. Activistas de derechos humanos advierten que en una situación definida por el gobierno como “amenaza existencial” puede ocurrir lo peor. Advierten que muchos de los prisioneros pueden ser asesinados. La situación es más preocupante aún porque Jawar Mohammed and Bekele Gerba, líderes oromos opuestos a Abiy Ahmed, en prisión desde hace un año, han hecho una declaración la semana pasada a través de sus familias diciendo que tienen miedo de que los guardas de la prisión los maten.

En Etiopía la historia suele actuar como un actor vivo. La guerra de Tigray, que en principio era una disputa de élites políticas del mismo partido por el poder, proyectos y regalías, se va transformando en una guerra sobre cómo debe reorganizarse el estado etíope o incluso si tiene sentido la existencia del mismo. Es un problema que pusieron sobre la mesa los estudiantes marxistas que dominaban el movimiento estudiantil durante la revolución que derribó a Haile Selassie y su Imperio en 1974. La revolución misma creó dos fuerzas antagónicas: los militares que querían rehacer la estructura centralista imperial de otra manera y los guerrilleros que querían crear estructuras nacionalistas con poder en lo que hasta entonces podíamos decir habían sido etnias en sentido antropológico. Ambos se reclamaban marxistas-leninistas. El debate fue resuelto en una guerra que duró más de una década con la victoria de los guerrilleros. Establecieron una República Federal con derecho a la separación que mantuvo unida y estable a Etiopía durante casi treinta años. Ahora el conflicto entre las élites por el poder está abriendo de nuevo la caja de pandora del conflicto centralismo-nacionalismo étnico.

La crisis actual empezó con una rebelión de jóvenes oromos que reclamaban sus derechos federales. Acusaban al gobierno del TPLF de no ser consecuentemente federal y gobernar en realidad como un estado centralista expoliando los recursos oromos en su beneficio. Esta rebelión llevo a Abiy Ahmed al poder. Los oromos, la mayoría más numerosa, aproximadamente un tercio de los 110 millones de etíopes, pensaban que Abiy Ahmed siendo oromo defendería sus reivindicaciones nacionales, pero se equivocaron, optó por el modelo centralista. En su camino tenía que “someter” a somalíes, oromos y tigriños. Solo con los primeros tuvo éxito. Los jóvenes oromos se radicalizaron con el asesinato del cantante y activista Hachaluu Hundessa. Muchos de ellos se sintieron traicionados y se afiliaron al Ejército de Liberación Oromo, que ahora ha establecido una alianza con el TPLF y otras organizaciones de otros grupos étnicos.

La alianza se ha propuesto derribar a Abiy Ahmed. Quieren negociar las condiciones de su renuncia y establecer “una autoridad transitoria” que discuta el futuro del estado etíope, pero si no hay negociaciones han advertido que usarán la fuerza para derribarlo. Son organizaciones que están a favor de la federación o confederación. Por su parte Abiy Ahmed cuenta para su visión centralista con el apoyo amhara ­–sus nobles fueron la base del viejo Imperio– y sectores oromos de clase media o empresarios favorecidos por su gobierno, sobre todo en la capital.

Las negociaciones pueden ser el último resorte para salvar Etiopía y evitar una violencia étnica desatada, pero no hay indicios de que exista voluntad política, como demuestra la llegada de Abiy Ahmed al frente y los movimientos del TPLF-ELO hacia la capital. La comunidad internacional ha actuado muy tarde y de manera errática. Olusegun Obasanjo, el enviado al Cuerno de África por la Unión Africana, parece que no ha tenido mucho éxito en sus conversaciones para encontrar una salida negociada al conflicto. Emiratos Árabes Unidos sigue enviando armas a Abiy Ahmed, dinamitando cualquier esfuerzo para acabar con la guerra. Una empresa española y otra ucraniana hacen la entrega en el aeropuerto de Harar desde Dubai. Llama la atención que el gobierno español del PSOE-UP guarde silencio cuando organizaciones de derechos humanos están alertando de una situación que presenta todos los rasgos preparativos de un genocidio. Pero ese es otro tema.

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Amplia resistencia civil frente al golpe de Estado en Sudán

la resistencia califica de traición el acuerdo del primer ministro depuesto  Addalla Hamdok con los militares para ser reinstalado quieren que los golpistas abandonen el poder y sean jzgados

Una versión anterior antes de que Addalla Hamdok llegara a un acuerdo con los militares fue publicado en El Viejo Topo express

El domingo 22 los sudaneses volvieron masivamente a la calle y un adolescente de 16 años fue asesinado por disparos de los militares. Van 41 los asesinados por los golpistas. Lo novedoso es que el jóven era la primera víctima después del acuerdo entre Abdalla Hamdok, hasta ayer preso de los miliares golpistas, y sus carceleros contra la voluntad de SPA la organización que cataliza las fuerzas populares contra el golpe. El acuerdo reinstala a Hamdok como premier pero deja al golpista general Abdel Fattah al-Burhan como jefe de estado. La resistencia quiere que los militares abandonen el poder según lo acordado hace dos años. El SPA califica el acuerdo de Abdalla Hamdok de «traicionero» por permitir que los golpistas continuen en la jefatura del estado en vez de ser juzgados.

El 25 de octubre el teniente general Abdel Fattah al-Burhan y el general Mohamed Hamdan “Hemeti”, antiguos socios del dictador al-Bashir, detuvieron al primer ministro Abdalla Hamdok, a cuatro ministros y a decenas de activistas y abogados, asumiendo todo el poder.

Ese mismo día grupos de jóvenes levantaron barricadas mientras en los barrios organizaban comités de resistencia; cortado internet y a veces el teléfono móvil, establecieron redes de comunicación, sacaron octavillas, hicieron pintadas o usaron los altavoces de las mezquitas para organizarse. Los militares los querían aislados, pero ellos consiguieron unirse. Los trabajadores de la banca fueron a la huelga, lo mismo hicieron los maestros y muchos trabajadores de la salud convocados por la Asociación de Profesionales de Sudán (SPA), la organización que había desempeñado un papel decisivo durante la Revolución.

La respuesta de los militares ante las protestas ha sido brutal. Sus líderes son los mismos que organizaron los janjaweed, las milicias genocidas en Darfur, o enviaron en su provecho a jóvenes huérfanos a la guerra de Yemen a cambio de dinero saudí. Vídeos subidos a la red han mostrado cómo soldados y paramilitares disparaban con fuego real a manifestantes pacíficos. Al menos 41 de ellos han sido asesinados desde el golpe y otros cientos han sufrido heridas de bala. Pero parece que la gente está perdiendo el miedo, como ocurrió durante la Revolución.

El golpe militar es en cierto modo una continuación de la misma. Durante la Revolución ninguna de las fuerzas en litigio pudo ser derrotada. Los militares que controlaban el poder y los revolucionarios que habían derribado la dictadura tuvieron que llegar a un compromiso después de meses de confrontación. Al final las dos partes firmaron un acuerdo para compartir el poder durante tres años, tras los cuales deberían celebrarse elecciones y establecerse un gobierno civil democrático.

Para los militares, ahora lo sabemos, el acuerdo era en realidad una estratagema para ganar tiempo, esperando que la revolución se deshinchara mientras se aseguraban el control de los aparatos de seguridad e información del Estado. Fue el golpista teniente general Abdel Fattah al-Burhan quien asumió la jefatura del estado para los siguientes 21 meses, mientras los restantes 18 meses –hasta las elecciones– estaría ocupada por un civil. El traspaso de poder según lo acordado tenía que haberse realizado a mediados de este mes de noviembre. Pero en vez de ello, el pasado jueves 11 el golpista al-Burhan anunció que él mismo continuaría como jefe de estado rompiendo el acuerdo e impidiendo que un civil ocupara ese cargo.

Los militares no podían perder el poder si querían seguir manteniendo su impunidad y su situación económica privilegiada. Generales y coroneles controlan cientos de compañías propiedad del estado que raramente contribuyen al presupuesto nacional. Los beneficios de minas de sal, de oro, de empresas de importación y exportación de ganado, de farmacéuticas, de materiales de construcción… van a sus bolsillos. El general al-Burhan controla el Sistema Industrial de Defensa, una de las empresas militares más grandes. El general Mohamed Hamdan, “Hemeti”, el mercado del oro.

El gobierno depuesto había formado comités de investigación con el objetivo de que los militares devolvieran las empresas al estado una vez se hicieran cargo los civiles de su jefatura. Lo mismo ocurría con las violaciones de los derechos humanos. Había un compromiso para llevar a los tribunales a los responsables de las masacres cometidas durante la Revolución, sobre todo la cometida el 3 de junio del 2019 cuando soldados y milicias asesinaron a docenas de revolucionarios arrojando sus cadáveres al Nilo.

Para evitarlo los militares venían preparando el golpe desde hacía meses. Hubo antes un intento fallido. Estaban aprovechándose del malestar social creado por el alza de precios a consecuencia de la subida de la gasolina. El gobierno de Abdalla Hamdok había cometido el error de seguir los consejos del FMI de suprimir los subsidios. Además los militares fomentaron una huelga portuaria –acabó milagrosamente el día del golpe– que vació de harina y medicinas las estanterías. Pensaron que ante la mala situación económica –su mejora había sido una de las reivindicaciones de la Revolución– nadie defendería al gobierno, pero se equivocaron. A pesar de todo, las mujeres, los jóvenes, los trabajadores consideraban al gobierno depuesto su gobierno. Lo habían impuesto a los militares con su martirio y sufrimiento durante la Revolución y no iban a entregarlo gratis a sus enemigos.

Los días anteriores al golpe hubo un tira y afloja entre la Comunidad Internacional y el general al-Burhan. Tanto las Naciones Unidas como la Unión Africana presionaron a los militares para que no dieran el golpe. El Presidente Biden, quien se presenta como el paladín de la democracia y los derechos humanos en su “guerra fría” contra la “totalitaria” China, mandó a Jeffrey Feltman, su enviado especial en el Cuerno de África, a Jartum. Llegó a entrevistarse con el general al-Burhan, hasta lo amenazó con retirar los 700 millones de dólares que Sudán recibe de ayuda estadounidense si seguía con sus planes golpistas, pero el enviado de Biden no había puesto un pie en el avión que lo llevaba a Qatar que el general al-Burhan ya había mandado detener al primer ministro y sacado sus soldados a la calle.

Abdulla Hamdok

Washington es cada vez más irrelevante en la región y depende cada vez más de sus operadores (antiderechos humanos) saudís y emiratíes que tienen sus propios intereses. El general al-Burham lo sabe. Podía prescindir del dinero de Washington porque sus patrones, las monarquías absolutistas y ricas de Ryad y Abu-Dhabi y el dictador egipcio Al-Sisi, todos ellos con grandes intereses económicos y geopolíticos en Sudán, cubrirán de sobra los 700 millones perdidos. Necesitan el agua, las rutas al corazón de África y las orillas del Nilo para sus plantaciones comerciales y tienen el dinero del petróleo para pagarlo.

La resistencia sabe que depende de ella misma para parar el golpe. Lo esta haciendo invíable con sus movilizaciones a la vez que apunta a la raíz del problema. Sudan tiene escaseces de productos básicos y carece de libertad porque los militares se han apoderado del estado en su propio provecho y el de sus patrones. Es por lo que rechazan cualquier negociación con los militares. Reivindican la liberación con vida de todos los detenidos y que los golpistas sean juzgados. “La legitimidad viene de la calle, no de los cañones”, cantan en sus manifestaciones. No confían ya en unos generales cleptómanos que han roto su palabra. Es por eso que califican a Abdulla Hamdok que llego al gobierno gracias a ellos de un traidor que ha vendido a la revolución. Es lo que gritaban en la calle el domingo los manifestantes cuando el adolescente fue asesinado. La resistencia no están dispuesta a compartir el poder con los militares. Es por eso que en sus marchas gritan: “No negociación, no compartir el poder, no compromiso”. Exigen todo el poder para los civiles, “gobierno de civiles”, gritan. Es por lo que vienen saliendo a la calle desde el primer día. Son manifestaciones tan masivas como las que hubo durante la Revolución. “Nosotros somos revolucionarios, somos libres y terminaremos nuestro viaje”, cantan en las calles.

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Etiopía en el umbral de una nueva hambruna a causa de la guerra

Otra vez la hambruna amenaza a Etiopía.  Trabajadores humanitarios han advertido que en septiembre no habrá comida suficiente en el norte del país. No es la sequía como ocurrió en 1974 y 1984 cuando cientos de miles de campesinos murieron de hambre y el mundo se movilizó indignado, esta vez se trata de una guerra maquiavélica.

Grant Leaity el Coordinador Humanitario de las Naciones Unidas en Etiopía dijo la semana pasada que 5.2 millones de personas, el 90% de la población en Tigray, necesita urgentemente ayuda humanitaria. Entre ellas 400,000 que ya estan pasando hambre. Leaity advirtió que si no se actua será “la peor situación de hambre en el mundo en décadas”. Si está en lo cierto, conociendo lo que ocurre en Yemen y el desastre que amenaza a Afganistán, el Sahel y Madagascar, tiene que ser una catastrofe de proporciones épicas.

La catastrofe humanitaria empezó a incubarse desde el primer día de guerra. Periodistas que lograron visitar la región este verano han confirmado que soldados etíopes y sus aliados erítreos robaron grano, quemaron cosechas y destrozaron aperos agrícolas y graneros cómo si se tratase de una guerra genocida. Tigray  es una región de campesinos pobres que viven mayoritariamente de sus cosechas. A causa de la guerra cientos de miles de personas tuvieron que huir de sus comunidades para salvar su vida, las mujeres para evitar ser violadas, abandonando temporalmente sus milpas.  De 1.3 millónes de héctareas posibles de cultivo este año solo han sido sembradas 320 mil. Se estima que este mes cuando acaba la época de lluvias y empieza la cosecha del teff y cebada se recolectara entre el 25 y el 50% de lo habitual. Si no se compensa el grano perdido el hambre arrasará Tigray. 

La guerra comenzó el pasado noviembre después de que Abiy Ahmed  el primer ministro galardonado irónicamente con el Premio Nobel de la Paz  decidiera resolver con la guerra sus diferencias políticas con el TPLF (Frente de Liberación Popular de Tigray) quien había gobernado el país durante las tres últimas décadas. Abiy  Ahmed decidió invadir Tigray ayudado por el ejercito eritreo -el Presidente de Eritrea Isaias Afwerki odia al TPLF-y milicias amharas con quien Tigray tiene litigios territoriales

Abiy Ahmed y los líderes del TPLF habían sido camaradas en el mismo partido incluso algunos eran amigos. Pero Abiy Ahmed quería crear uno nuevo el Partido Prosperidad, más centralista y neoliberal y el TPLF se resistía. Abiy Ahmed pensó que la guerra sería breve. Daría una lección a los del TPLF por su rebeldía. Pero ha pasado casi un año y la guerra en vez de terminar ha empeorado.

En junio la guerra dio un vuelco inesperado. Las comunicaciones habían sido cortadas y poco se sabía de lo que ocurría en el terreno. Para sorpresa de todos las Fuerzas de Defensa de Tigray (TDF),  que aglutinan a diferentes fuerzas politicas no solo al TPLF, lograron derrotar al ejercito etíope. Siete de sus 12 divisiones fueron destruidas. Se calcula que 18 mil soldados habrían muerto. El ejercito etíope se retiró de Tigray. Tras la victoria Debretsion Gebremichael, el lider de Tigray, regresó a Mekelle desde las montañas. Había dicho semanas antes que no esperaba regresar vivo. Además de los muertos al menos siete mil soldados etíopes fueron hechos prisioneros por los tigriños y obligados a desfilar como prisioneros en Mekelle.

La derrota fue una humillación para Abiy Ahmed quien acababa de ganar unas elecciones cuestionadas por la oposición. El TDF había podido cambiar la marea de la guerra gracias a un masivo alistamiento de la población que pedía ser movilizada, entrenada y armada. Los jovenes , hombres y mujeres, acudieron en masa a los centros de reclutamiento. Unos porque sentían su cultura e identidad pisoteada pero la mayoría fueron motivados por las masacres, los asesinatos y las violaciones cometidas por soldados etíopes y eritreos. Según un portavoz del TDF, “ los voluntarios para luchar eran tantos que no podian recibir a todos”.

Abiy Ahmed quien había proclamado victoria reaccionó furioso ante la derrota con un lenguaje inflamatorio. Se refirió a los líderes tigriños como “cancer” “malas hierbas” «híenas» que hay que remover. Diplomáticos lo vieron peligroso en unos tiempos donde la violencia étnica esta a flor de piel. El recuerdo de Ruanda estaba presente. Llamaba la atención que eran los mismos diplomáticos que le ayudaron a ganar el Premio Nobel de la Paz. 

Abiy Ahmed no se limitó al lenguaje inflamatorio, hizó un llamamiento a los jovenes amharas a incorporarse a la guerra. Sintayehu Abate, un vice-alcalde de Addis Abeba  dijo que tras el llamamiento 3000 residentes se habían alistado en la ciudad y que miles más habían firmado su incorporación a filas. En Bahir Dhar la capital amhara docenas de camiones con cientos de nuevos reclutas partieron para el frente como había ocurrido meses antes en Axum una ciudad de Tigray. La guerra se extendía a civiles aliníados en bases étnicas. La violencia étnica se estaba haciendo cada vez más difícil de controlar.

Días después 50 cadáveres fueron recogidos flotando en el río Tekeze  en Sudán a escasos metros de la frontera con Etiopía. Tewodros Tefera un cirujano trabajando para la Media Luna Roja dijo a al-jazeerra “que los cadaveres estaban terriblemente heridos algunos llenos de balas”. Esos días FANO una milicia amhara había ido casa por casa en Humera una ciudad disputada por amharas y tigriños. En Dabat una woreda en las montañas Simien el gobierno etíope ha denunciado que más de 100 campesinos amharas han sido asesinados a principio de septiembre por el TPLF quien lo niega y ha llamado a una investigación independiente. En Oromia al oeste de Addis Abeba la Comisión de Derechos Humanos de Etiopía denunció la muerte de 210 personas en varios días de violencia etnica entre oromos y amharas.

Es difícil saber que está ocurriendo en el terreno pero hay alarmantes noticias de que la guerra se esta extendiendo. Miles de voluntarios habrían muerto. Han sido reportados combates en Amhara, Afar y Oromia. EL TPLF y OLA (Ejercito de Liberación Oromo), los oromos son la etnia más numerosa y su territorio se extiende al oeste y sur de Addis Abeba,  han formado una alianza que disputa la visión centralistas de Abiy Ahmed poniendo en riesgo a la propia Etiopía. Las necesidades humanitarias se han extendido a Afar y Amhara. Naciones Unidas ha dicho que 1.7 millónes de personas de estas provincias federales necesitan ayuda en las zonas fronterizas con Tigray. Ha habido reportes que los tigriños habrían tomado Lalibela.

Trabajadores humanitarios han denunciado que el gobierno de Addis Abeba está haciendo todo lo posible por impedir que la ayuda llegue al norte en donde los graneros  están vacíos y hay escasez de gasolina y medicinas. Abiy Ahmed un cristiano pentecostes estaría usando el hambre como arma de guerra. Todavía la electricidad, el internet, los cajeros y los vuelos siguen sin funcionar normalmente. En Mekelle el precio del aceite vegetal ha aumentado cinco veces en el último mes. La comida no llega en la cantidad que se necesita. Se requieren un minimo de 100 camiones diarios para enfrentar la crisis. A finales de agosto y desde el 12 de julio unicamente habían entrado a Tigray 335 camiones, es decir un 9% de lo que se necesita. En Semera la capital de Afar hay 172 camiones varados esperando permisos o que las batallas terminen para viajar a Tigray.

Llama la atención que mientras el gobierno esta gastando su presupuesto en comprar armas, habría comprado drones a Turquía, Azerbayan e Irán ,no atienda las necesidades básicas de su población. Se estima que la guerra ha costado al país ya 2500 millones de dólares. Dos grandes empresas Ethiopia Airlines o el Comercial Bank controladas por el gobierno estarían desvíando recursos al esfuerzo de guerra en vez de pensar en las necesidades de la economía o impedir la hambruna. El FMI ha estimado que este año la economía crecerá un 2% bien lejos del 10% de los últimos años.

El gobierno etíope se negó desde el principio de la guerra a establecer un dialogo necesario para parar la catastrofe humana.  Una comisión de expresidentes africanos formada por la Unión Africana que buscaba establecer puentes entre ámbos bandos ni tan siquiera fue recibida por Abiy Ahmed. En junio el parlamento clasificó al TPLF como una organización terrorista haciendo todavía más difícil el dialogo. Abiy Ahmed ha amenazado con movilizar a medio millón de combatientes, pero cada vez es más difícil pensar que esté en condiciones de ganar la guerra, mucho menos pronto. Si la guerra continua la catastrofe será épica han advertido jefes humanitarios de las Naciones Unidas. Los gobiernos europeos deberían presionar a Abiy Ahmed para buscar una salida negociada al conflicto,  al fin y al cabo fueron ellos quienes celebraron y faciltaron su Premio Nobel de la Paz que impulso su poder.

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Etiopía: las elecciones no pueden tapar un genocidio

Etiopía ha celebrado elecciones este 21 de junio, pero no han sido libres y justas. La gente fue a votar entre asesinatos, violaciones masivas (hay más de 500 verificadas) y hambre. Abiy Ahmed quería poner una fachada democrática a un gobierno que descansa cada vez más en militares y milicias. No creo que lo haya conseguido y la violencia va a continuar. Baste decir que de 547 distritos electorales que hay en todo el país, en 110 situados en Tigray, Oromia y Benishangul-Gumuz no se ha podido ejercer el derecho al voto. La propia Unión Europea rechazó mandar observadores a unas elecciones que consideraba no podían ser aceptadas como democráticas.

Un día después de las elecciones a la una de la tarde el mercado de Togoga en Tigray fue bombardeado. Testigos dicen que no había soldados. Según fuentes oficiales al menos 43 personas fueron asesinadas, fuentes independientes hablan de un número mayor. La Cruz Roja Internacional ha denunciado que soldados del ejercito etíope no dejaron salir a sus ambulancias desde Mekelle a socorrer a los heridos

Heridos del mercado de Togoga llegan al hospital Aider en Mekelle

Hace dos años Abiy Ahmed, un joven militar encuadrado en el aparato de seguridad del Estado y líder de segunda fila en la sección oroma del EPRDF –un partido federal liderado por el Frente de Liberación Popular de Tigray (TPLF)– fue elegido primer ministro. Jóvenes oromos, la minoría étnica más numerosa, llevaban tres años en una rebelión contra la corrupción y la falta de oportunidades que asociaban con el gobierno “tigriño” del TPLF y el régimen optó por resolver la crisis entregando el poder a un joven líder oromo –apenas había cumplido los 40 años– que podría resolver la crisis de manera diferente a lo habitual.

Abiy Ahmed prometió democratizar el régimen y neoliberalizar una economía que había seguido a su manera pero con éxito el camino de los tigres asiáticos. El régimen instaurado en 1991 en bases federales había convertido a Etiopía en uno de los países con mayor crecimiento económico del mundo y una esperanza para industrializar África. En sus primeros días de gobierno el país conoció una primavera política que coincidió con la revolución sudanesa. Parecía que había espacio en el Cuerno de África, donde la política ha estado secuestrada por militares y mercaderes, para la movilización popular. Abiy liberó a los presos políticos, permitió el regreso de exiliados, detuvo la represión contra los jóvenes oromos, hubo prensa libre y prometió unas elecciones libres y justas.

A pesar de que mucho del éxito económico se debía a China, Etiopía era el socio más importante de Estados Unidos y Europa en la región. Hasta hace poco, cuando el orden económico mundial neoliberal no estaba en crisis, era algo normal que un país hiciera negocios con China y se alineara políticamente con Occidente. China hacía negocios donde consideraba oportuno pero intervenía lo menos posible en la geopolítica; un esquema que parece estar acabando. Etiopía era importante porque además de ser el segundo país más poblado de África, (115 millones), respetado en el continente por no haber sido colonizado, poseía el mayor ejército en el Cuerno de África, una región estratégica para controlar el Mar Rojo –una ruta petrolera–, sus zonas altas alimentan de agua al Nilo y sobre todo el Cuerno es la puerta al centro de África donde se consiguen minerales necesarios para la industria militar.

En una coyuntura cambiante, cuando Estados Unidos empezaba a no ver bien que China hiciera negocios en África, el ascenso al poder de Abiy fue visto como una oportunidad y tanto Washington como Bruselas decidieron apoyarlo. Hace dos años le concedieron el Premio Nobel de la Paz. Veían a Abiy como la expresión de lo que ellos esperaban que iba a traer a África el neoliberalismo. Una nueva clase media consumista y emprendedora iba a resolver con negociaciones y votos las acostumbradas crisis violentas africanas que condenaban al continente a la pobreza.

Bajo este paradigma fantasioso fue como interpretaron su acuerdo con Isaías Afewerki, el dictador de Eritrea, el único presidente que ha conocido el país desde su independencia de Etiopía en 1991. Abiy Ahmed e Isaías Afewerki, bajo la iniciativa del primero, según los del premio Nobel, habrían llegado a un acuerdo para traer la paz a dos países hermanos que vivían de espaldas, abriendo una manera diferente de resolver conflictos en el continente africano.[1] La realidad era otra. Ahora sabemos que Abiy Ahmed e Isaías Afewerki habían llegado a un acuerdo no para traer la paz, sino para aplastar al TPLF, que se oponía al poder total de Abiy en Etiopía, con una nueva guerra. Isaías Afewerki, un hombre que es famoso por sus venganzas, aprovechaba el acuerdo para resarcirse de la humillación de su derrota en la guerra de 1998-2000. Los ejércitos de Etiopía y Eritrea junto a milicias amharas están coordinando sus operaciones en la guerra de Tigray.

El acuerdo entre Abiy Ahmed e Isaías Afewerki traía además de regreso a escena el militarismo y la política como mercancía ofrecida al mejor postor. Los rasgos históricos de la política en el Cuerno de África la hicieron famosa por sus oscilaciones durante la guerra fría. El acuerdo establecido en base a una colaboración entre los ejércitos –el eritreo está activo dentro de Etiopía no solo en Tigray, también en Oromía– enterraba la primavera política que estaba conociendo el Cuerno de África, cerrando la posibilidad de regenerar democráticamente la política. Abiy empezó aplastando al movimiento de los jóvenes oromos con el asesinato hace un año del cantante y activista Haacaaluu Hundeessaa, que ha llevado a muchos jóvenes a la guerrilla oroma, y continuó con la guerra de Tigray.

La semana pasada Pekka Haavisto, el ministro de Asuntos Exteriores de Finlandia –la Unión Europea lo envió en febrero a Addis Abeba para encontrar una salida política a la crisis de Tigray– lo confirmó dejando en ridículo a los del premio Nobel de la paz de Oslo. Pekka Haavisto dijo públicamente que en sus conversaciones con Abiy Ahmed y otros altos funcionarios etíopes le dijeron que con la guerra de Tigray querían “acabar con los tigriños para los próximos 100 años”.

Etiopía lo ha negado, pero ¿por qué se iba a inventar algo así un enviado especial de la Unión Europea? ¿No estarían ofreciendo estos mercaderes neoliberales de la política el silencio ante sus crímenes a cambio de intereses estratégicos frente a otros actores globales en un Cuerno de África controlado por ellos? ¿No estamos entrando en una nueva guerra fría?

La información que llega de la guerra de Tigray parece estar más acorde con lo que dice Pekka Haavisto que con lo que dice el gobierno etíope. La guerra parece estar diseñada para borrar del mapa al movimiento político-popular más que para hacer cumplir la ley como aseguró Abiy Ahmed al principio de la campaña el pasado noviembre. Hace unos días el jefe humanitario de Naciones Unidas aseguró que la situación en Tigray es peor de lo que se pensaba. La guerra está mutando en una crisis humanitaria a gran escala, señaló. Se estima que han sido asesinados miles de personas, dos millones han sido obligados a abandonar sus hogares y sus campos. Amnistía Internacional ha acusado al gobierno de estar cometiendo en Tigray ¨crímenes contra la humanidad” y “masacres”. Human Rigth Watch le acusa de “limpieza étnica”. Naciones Unidas dice que 350 mil tigriños pasan ya hambre y hasta 5,2 millones, el 91% de la población de Tigray, puede sufrirla en septiembre, cuando es tiempo de cosecha.

La paradoja que Pekka Haavisto enfrentaba durante sus negociaciones en Addis Abeba es la misma que está encontrando Joe Biden con la guerra de Yemen. Las armas suministradas por Estados Unidos han sido cruciales para crear la mayor crisis humanitaria en el planeta en los últimos años. Estados Unidos necesita a Ryad y Abu Dhabi para controlar las costas del Yemen, vitales en las rutas del petróleo, a pesar de su violación brutal y sistemática de los derechos humanos. Ryad acaba de ejecutar a Mustafa bin Hashem bin Issa Al Darwish, un adolescente, por participar en manifestaciones políticas hace unos años. Joe Biden quiere poner bozales a sus operadores en Arabia pero no sabe cómo. ¿Mientras dure la guerra de Yemen hacia donde deben mirar Biden y Blinken cuando hablan con los chinos de derechos humanos?

En el cuerno de África empieza a ocurrir algo similar. Necesitan operadores que controlen la región en consonancia con sus intereses estratégicos. Es la apuesta de la alianza entre Abiy Ahmed e Isaías Afewerki contra el TPLF. Saben la importancia vital de su mercancía para los intereses imperialistas. Conocen bien el valor estratégico del Cuerno de África en la nueva guerra fría que flota en el aire. Tiene costas cruciales, agua dulce, orillas fértiles y es la entrada natural al centro de África. Isaías Afewerki, un luchador político durante décadas, sabe por experiencia propia que los intereses del capitalismo son más poderosos para los gobiernos que la vida de las personas y los derechos humanos. Por eso hablaban sin tapujos a Pekka Haavisto. Saben que al final Europa acabará aceptando su oferta si llegan a consolidar su poder. Los intereses de las empresas son los que deciden nuestra política en Bruselas avergonzándonos con la complicidad de nuestros gobiernos en masacres y genocidios.

Nota:
[1]Etiopía y Eritrea seguían técnicamente en guerra desde hacía veinte años al negarse Etiopía a reconocer la delimitación fronteriza acordada internacionalmente entre los dos países. Etiopía había derrotado a Eritrea en una guerra que duró dos años (1998-2000) y que tanto resentimiento había creado entre los gobiernos de los dos países.

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¿Qué nos enseñan seis años de guerra de Yemen?

Yemen ha entrado en el séptimo año de guerra con una gran paradoja. Un bloqueo por tierra, mar y aire ha conseguido que Yemen sufra la peor crisis humanitaria del planeta, pero no ha impedido que los huzíes hayan ganado la iniciativa militar; son ellos quienes deciden dónde se pelea. Por eso extraña que Tim Lenderking, el encargado por Joe Biden de negociar la paz, no exija levantar el bloqueo de inmediato. Afectaría poco al curso de la guerra pero salvaría la vida de miles de niños y mujeres amenazados de hambruna.

Después de 2.193 días de guerra y 22.701 bombardeos aéreos (fuente: Yemen Data Project) el gobierno de facto en Sanaa es capaz de atacar con drones y misiles bases militares e instalaciones petroleras en la profundidad de Arabia Saudí, mientras sus soldados y milicias cercan la ciudad de Marib, la capital petrolera, el último reducto que le queda al ejército de la coalición liderada por Arabia Saudí y Emiratos Árabes Unidos en el norte del Yemen.

La guerra ha llegado a una situación que pocos imaginaban cuando empezó. Mohammed bin Salman, el príncipe heredero saudí, dijo entonces que no iba a durar más de unas semanas. Los daños causados por sus bombas los repararía con creces invirtiendo cuando sus soldados acabaran su trabajo. La economía de Arabia Saudí es casi 40 veces la de Yemen. Ahora, seis años después, apenas tiene el dinero que se había comprometido a pagar a las organizaciones humanitarias para paliar la catástrofe que está causando.

Pocos pensaban que unos pobres y atrasados hombres tribales y gente ordinaria de las ciudades fueran capaces de resistir exitosamente al ejército mejor armado de la región, asesorado por militares de Estados Unidos y Gran Bretaña; y hacerlo de tal forma que está a punto de expulsarlo del norte del Yemen, donde vive el 80% de la población yemení. La victoria de la resistencia popular contra un poderoso ejército agresor no cabía en el relato del neocolonialismo neoliberal.

En septiembre del 2019 las empresas de comunicación no quisieron aceptar que los huzíes habían atacado las refinerías de Aramco, la petrolera saudí, en Abqaiq y Khurais, las más importantes de Arabia Saudí. Los periodistas cuestionaban que un país pobre y atrasado pudiera llevar a cabo un ataque tan sofisticado. Casi dos años después nadie cuestiona que hayan sido los huzíes quienes han atacado depósitos petroleros en Ryad, una refinería de última generación en Jizan y otras instalaciones de Aramco en Ras Tanura.

Ahmed Abdulkareem, un periodista yemení que cubre la batalla por Marib, describe uno de los enfrentamientos de esta manera:

“De un lado los últimos modelos de aviones de guerra y armas hechas por Raytheon y BAE; combatientes de diverso background, incluyendo al-Qaeda e ISIS; egipcios; expertos americanos y británicos; y una extensa red de agentes de inteligencia de todo el mundo monitoreándolo todo. Del otro lado jóvenes partisanos con kalashnikovs y metralletas; algunas veces artillería o misiles montados detrás de una vieja camioneta pickup; y cargas de explosivos, usualmente RPGs de la vieja Unión Soviética. Ellos avanzan bajo duros ataques aéreos y bombas a través de un terreno rugoso, usualmente en sandalias pero a veces descalzos. Algunos están empujados por el patriotismo, algunos tienen un sentido de obligación religiosa; pero una mayoría están guiados por alguna trágica historia”.

El Presidente Obama y el entonces vicepresidente Biden aceptaron la propuesta de la guerra de Mohammed bin Salman y Mohammed bin Zayed a pesar de que Yemen no había hecho nada contra Estados Unidos, ni era una amenaza a su seguridad. Seis años después, Biden, ahora como Presidente, con un Yemen devastado, empieza a saber que la riqueza por si sola no es una garantía para ganar una guerra; lo debería haber sabido ya por Vietnam y Camboya.

La guerra de Yemen ha convertido a Estados Unidos en cómplice de lo que Naciones Unidas llama la mayor catástrofe humanitaria del planeta en las últimas décadas. David Beasley, el director del Programa Mundial de Alimentos, ha dicho que 400 mil niños pueden morir de hambre en los próximos meses si no se para la hambruna amenazante. Una realidad que golpea brutalmente en la cara y ridiculiza la nueva política internacional de paladín de los derechos humanos de Antony Blinken, el nuevo Secretario de Estado, con la que Joe Biden quiere recuperar el liderazgo mundial.

La CNN emitió en marzo un reportaje de Nima Elbagir –una de las escasas periodistas que ha logrado entrar en Yemen, lo hizo sin papeles después de esperar inútilmente durante ocho meses una visa del gobierno reconocido internacionalmente– en el que se ven impactantes imágenes de niños muriendo de hambre en un hospital, petroleros contratados privadamente esperando entrar a puerto a descargar y una línea de camiones humanitarios en la carretera llenos de comida sin poder moverse por falta de gasolina.

Biden necesita acabar la guerra si quiere tener algo de credibilidad (no hablemos de moral) en sus discusiones con Rusia o China sobre los derechos humanos. Por eso llama la atención que Tim Lenderking, su enviado especial, no exija a la coalición levantar inmediatamente y sin condiciones el bloqueo incluso si no hay un alto el fuego, conociendo los informes de las organizaciones humanitarias de Naciones Unidas.

La catastrófica situación humanitaria exige acabar la guerra y entrar en negociaciones. Pero hasta ahora Ryad, en sus propuestas, sigue usando el hambre y el sufrimiento de la población civil como un arma. El acceso a comida, gasolina y evacuación médica desde el aeropuerto de Sanaa no se pueden condicionar a un alto el fuego u otras propuestas hechas por cualquiera de las partes combatientes. Son derechos humanos que están obligados a respetar sin condiciones.

Los huzíes fueron empujados a la guerra, según ha contado Jamal Benomar, el enviado entonces de Naciones Unidas en Yemen en un artículo publicado en The Guardian el pasado 26 de marzo, después de que el gobierno de Hadi les cerrara las puertas a compartir el poder nacional. Hadi quería excluirlos del poder para reestructurar el viejo régimen, contra el que se habían alzado los yemeníes en una revolución, una vez sacrificado el ex-Presidente Saleh. Por eso es fantasioso que después de resistir seis años de guerra, siendo más fuertes que antes, teniendo la iniciativa militar, con Hadi viviendo en un hotel de Ryad, se siga con la misma política de no negociar una salida política reconociendo a los huzíes como un decisivo actor de cualquier régimen político que prospere allí. Yemen puede estar devastado, pero la dignidad de su pueblo sigue en pie.

Este articulo ha sido publicado en Topo express

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